Me dirijo lentamente sin acordarme a penas de como se respira. Trago saliva fuertemente y me armo de valor mirándole a los ojos, desafiante.
- ¿Cómo has podido?
Digo tan flojo que no creo ni si quiera haberlo dicho. Realmente, no sé a que me refiero, si a mis mensajes, y que haya pasado de mi como si no fuera nadie todo este tiempo, o por el desastre que acaba de provocar. Opto por la primera idea. Ahora el coche de mi padre no me importa lo más mínimo.
Me quedo inmóvil, al lado de el coche. La ciudad sigue como de costumbre. Los coches y personas fluyen sin darnos importancia. El sol me da directamente en los ojos y al sentir un nudo en la garganta, una lágrima desfila por mi mejilla. Tengo dificultades para respirar y intento tranquilizarme. Justin se acerca a mi, lentamente, incluso sensual. Pero yo a penas puedo aguantar las demás lágrimas que amenazan con cubrir mi rostro. Acerca su mano a sus gafas de sol y se las quita. Ahora no solo me centro en sus labios, si no en sus ojos. Expuestos al sol son aún marrón más claro. Su rostro está serio, pero su mirada me compadece.
Ahora me quita mis gafas y se agacha sin dejar de mirarme a los ojos, de los cuales se ha percatado de que están a punto de desbordarse y deja ambas gafas de sol en el suelo cuidadosamente. Me pasa un mechón de pelo detrás de la oreja y se acerca a mi. Su boca sigue oliendo a menta, como recordaba. Mmm, bésame, por favor. Bésame.
- El destino, eh. - Dice en un pequeño susurro.
Su voz. Su agradable voz. Hace demasiado tiempo que no lo escuchaba, el tiempo que hace que no lo veo. Unos mil años, mas o menos. O al menos así de eternos se me han hecho. Qué demonios. Bésame, sigo deseando. El destino nos ha juntado, bésame. Me repito en la mente.
- Siento lo de el coche de Bob - Sonríe.
Oh, esa sonrisa. Creo que me voy a abalanzar sobre él y lo besaré yo como no lo haga en menos de diez segundos. Podría estropearlo todo, pero realmente... ¿puedo estropearlo más de lo que ya está?
- Yo también lo siento.
Y otra vez dudo de lo que de verdad siento. ¿Siento que haya abollado completamente el coche de mi padre? Por favor. Siento que se haya marchado, así, tan rápido. Haciendo que mi vida sea un sin sentido constante.
- ¿Qué sientes ______? - Se acerca a mis labios con la boca ligeramente abierta y me quedo sin respiración.
- Siento qué... - Tomo una bocanada de aire y suelto un sollozo - qué... - las lágrimas caen sin cesar, no puedo hacerlo.
- No importa, no lo digas.
Y me abraza. Me hundo en su pecho y lloro desconsoladamente mientras el besa mi cabeza y me acaricia la espalda con la mano.
Lo amo tanto.
- Te quiero Justin - Digo entre sollozos.
- Yo también te quiero ______.
Nos separamos y me percato que he mojado su camisa. Antes de que yo pueda hacerlo, me seca las lagrimas con las yemas de los dedos y sorbo por la nariz, un acto muy poco femenino. Y me sonrojo enseguida.
- Estás preciosa.
Me acaricia la mejilla lentamente y yo me ruborizo otra vez. ¡Bésame demonios!
- Be... bésame, por favor.
Sus ojos se abren exageradamente y sonríe sorprendido.
Y lo hace. Me besa de tal manera que el contacto de sus labios aterciopelados encima de los míos hace que me derrita de placer. Sabe tan dulce. Nuestra lenguas se juntan, desesperadas y con añoranza. Me agarra de la cintura para mantenerme firme mientras sigue con su baile erótico dentro de mi boca. Y nos separamos para poder respirar, algo avergonzados. Y me da un leve beso en los labios. Rápido y delicioso.
Todo queda olvidado. Sus besos hacen que pierda la cabeza. Y los malos recuerdos de estos últimos meses se esfuman. Le quiero, eso es lo que importa.
EPÍLOGO:
El cálido sol me broncea el cuerpo entero haciendo que una sensación deliciosa se desate por todos mis poros. Estar aquí es tan relajante.
Unas pequeñas gotitas de agua helada caen sobre mi y me tenso en seguida. Me levanto y ahí lo veo. El hombre de mis sueños.
Justin se agacha y me besa la frente, empapándome a la vez con su pelo mojado.
- ¡Me estás mojando! - Grito divertida.
Se tumba encima de mi y me besa sin dejarme seguir con nuestras típicas discusiones. Siempre hace lo mismo. Me aparto de sus deliciosos labios y le pregunto.
- ¿Por qué nunca me dejas terminar de regañarte? - Digo melosa.
- Porque no me gusta que nos enfademos, y la mejor forma de hacer que no me regañes, es besándote.
Y me derrito por dentro. ¿Cómo no podría estar locamente enamorada de este hombre?
Esta vez lo cojo de la cara sin importar que su cuerpo esté demasiado frío y introduzco la lengua en su boca. Y luego bajo mordisqueándole el cuello y el lóbulo de la oreja. Él gime de placer y noto su erección contra mi sexo.
- Me estás provocando - Dice con los ojos muy abiertos, llenos de excitación. Yo también estoy excitada.
- Si no fueras tan irresistible, yo no te provocaría.
Y me coge en brazos y me lleva hacia el lago de donde acaba de salir. Chillo ante su reacción. No quiero meterme en el agua, está muy fría, a pesar de que estemos en pleno verano. Este es nuestro sitio preferido. Nuestro lago dorado.
Entramos con una zambullida dentro del agua y me ahogo. Saco la cabeza tosiendo aparatosamente y Justin ríe a carcajadas. Me encanta cuando se ríe así.
- No tiene gracia. Está muy fría. - Digo rodeándome con los brazos y seguidamente lo hace él.
- Te quiero, _______.
- Yo también.
Y nos volvemos a besar. Esos labios que ahora me resultan tan familiares, que ya no podría ni pasar una hora sin probarlos. Su lengua da vueltas lentamente dentro de mi boca y gimo, una y otra vez. Me acaricia los pechos, solo como el sabe hacer y se acerca a mi oído.
- Quiero hacerte el amor, ahora.
Y gimo una vez más. Qué me diga eso, con su sensual voz me excita mucho, muchísimo. Y entonces oímos una voz, la de mi madre, exactamente detrás de nosotros.
- ¡La comida ya está hecha! ¡Salid de ahí o os arrugaréis!
Justin y yo reímos y asentimos con la cabeza.
- Creo que vamos a tener que esperar... - Digo decepcionada.
- Contigo no me importa esperar cuanto sea necesario.
Siento mariposas en el estómago y le beso en la comisura de los labios y entrelazo nuestras manos.
- Lo sé.
- Quiero pasar el resto de mi vida contigo, ______.
- Yo también, todos los días de mi vida junto al hombre al que amo. Parece un sueño hecho realidad.
- Lo es.
Y tras un último beso, salimos del lago con algunas dificultades cogidos de la mano. Al llegar a la tierra salto a su espalda y me coge a caballo dirigiéndose a mi casa de campo. Esa casa que me parecía horrible y vieja cuando la vi por primera vez, ahora está totalmente restaurada gracias a las grandes ventas de vino dentro de nuestra sala de degustación. Ahora es la sala más conocida de Nueva Orleans. Todo gracias a nosotros.
Al fin y al cabo, nuestra historia tiene un final feliz. Más feliz de lo que podría desear. Y estoy muy agradecida que después de tres magníficos años junto a Justin, mi vida sea un sin fin de emociones junto a él.
Awwwwwwww, esta novela le leí en tu otro tuenti. Cuanto tiempo. Me encanta *-*
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