Me dirijo lentamente sin acordarme a penas de como se respira. Trago saliva fuertemente y me armo de valor mirándole a los ojos, desafiante.
- ¿Cómo has podido?
Digo tan flojo que no creo ni si quiera haberlo dicho. Realmente, no sé a que me refiero, si a mis mensajes, y que haya pasado de mi como si no fuera nadie todo este tiempo, o por el desastre que acaba de provocar. Opto por la primera idea. Ahora el coche de mi padre no me importa lo más mínimo.
Me quedo inmóvil, al lado de el coche. La ciudad sigue como de costumbre. Los coches y personas fluyen sin darnos importancia. El sol me da directamente en los ojos y al sentir un nudo en la garganta, una lágrima desfila por mi mejilla. Tengo dificultades para respirar y intento tranquilizarme. Justin se acerca a mi, lentamente, incluso sensual. Pero yo a penas puedo aguantar las demás lágrimas que amenazan con cubrir mi rostro. Acerca su mano a sus gafas de sol y se las quita. Ahora no solo me centro en sus labios, si no en sus ojos. Expuestos al sol son aún marrón más claro. Su rostro está serio, pero su mirada me compadece.
Ahora me quita mis gafas y se agacha sin dejar de mirarme a los ojos, de los cuales se ha percatado de que están a punto de desbordarse y deja ambas gafas de sol en el suelo cuidadosamente. Me pasa un mechón de pelo detrás de la oreja y se acerca a mi. Su boca sigue oliendo a menta, como recordaba. Mmm, bésame, por favor. Bésame.
- El destino, eh. - Dice en un pequeño susurro.
Su voz. Su agradable voz. Hace demasiado tiempo que no lo escuchaba, el tiempo que hace que no lo veo. Unos mil años, mas o menos. O al menos así de eternos se me han hecho. Qué demonios. Bésame, sigo deseando. El destino nos ha juntado, bésame. Me repito en la mente.
- Siento lo de el coche de Bob - Sonríe.
Oh, esa sonrisa. Creo que me voy a abalanzar sobre él y lo besaré yo como no lo haga en menos de diez segundos. Podría estropearlo todo, pero realmente... ¿puedo estropearlo más de lo que ya está?
- Yo también lo siento.
Y otra vez dudo de lo que de verdad siento. ¿Siento que haya abollado completamente el coche de mi padre? Por favor. Siento que se haya marchado, así, tan rápido. Haciendo que mi vida sea un sin sentido constante.
- ¿Qué sientes ______? - Se acerca a mis labios con la boca ligeramente abierta y me quedo sin respiración.
- Siento qué... - Tomo una bocanada de aire y suelto un sollozo - qué... - las lágrimas caen sin cesar, no puedo hacerlo.
- No importa, no lo digas.
Y me abraza. Me hundo en su pecho y lloro desconsoladamente mientras el besa mi cabeza y me acaricia la espalda con la mano.
Lo amo tanto.
- Te quiero Justin - Digo entre sollozos.
- Yo también te quiero ______.
Nos separamos y me percato que he mojado su camisa. Antes de que yo pueda hacerlo, me seca las lagrimas con las yemas de los dedos y sorbo por la nariz, un acto muy poco femenino. Y me sonrojo enseguida.
- Estás preciosa.
Me acaricia la mejilla lentamente y yo me ruborizo otra vez. ¡Bésame demonios!
- Be... bésame, por favor.
Sus ojos se abren exageradamente y sonríe sorprendido.
Y lo hace. Me besa de tal manera que el contacto de sus labios aterciopelados encima de los míos hace que me derrita de placer. Sabe tan dulce. Nuestra lenguas se juntan, desesperadas y con añoranza. Me agarra de la cintura para mantenerme firme mientras sigue con su baile erótico dentro de mi boca. Y nos separamos para poder respirar, algo avergonzados. Y me da un leve beso en los labios. Rápido y delicioso.
Todo queda olvidado. Sus besos hacen que pierda la cabeza. Y los malos recuerdos de estos últimos meses se esfuman. Le quiero, eso es lo que importa.
EPÍLOGO:
El cálido sol me broncea el cuerpo entero haciendo que una sensación deliciosa se desate por todos mis poros. Estar aquí es tan relajante.
Unas pequeñas gotitas de agua helada caen sobre mi y me tenso en seguida. Me levanto y ahí lo veo. El hombre de mis sueños.
Justin se agacha y me besa la frente, empapándome a la vez con su pelo mojado.
- ¡Me estás mojando! - Grito divertida.
Se tumba encima de mi y me besa sin dejarme seguir con nuestras típicas discusiones. Siempre hace lo mismo. Me aparto de sus deliciosos labios y le pregunto.
- ¿Por qué nunca me dejas terminar de regañarte? - Digo melosa.
- Porque no me gusta que nos enfademos, y la mejor forma de hacer que no me regañes, es besándote.
Y me derrito por dentro. ¿Cómo no podría estar locamente enamorada de este hombre?
Esta vez lo cojo de la cara sin importar que su cuerpo esté demasiado frío y introduzco la lengua en su boca. Y luego bajo mordisqueándole el cuello y el lóbulo de la oreja. Él gime de placer y noto su erección contra mi sexo.
- Me estás provocando - Dice con los ojos muy abiertos, llenos de excitación. Yo también estoy excitada.
- Si no fueras tan irresistible, yo no te provocaría.
Y me coge en brazos y me lleva hacia el lago de donde acaba de salir. Chillo ante su reacción. No quiero meterme en el agua, está muy fría, a pesar de que estemos en pleno verano. Este es nuestro sitio preferido. Nuestro lago dorado.
Entramos con una zambullida dentro del agua y me ahogo. Saco la cabeza tosiendo aparatosamente y Justin ríe a carcajadas. Me encanta cuando se ríe así.
- No tiene gracia. Está muy fría. - Digo rodeándome con los brazos y seguidamente lo hace él.
- Te quiero, _______.
- Yo también.
Y nos volvemos a besar. Esos labios que ahora me resultan tan familiares, que ya no podría ni pasar una hora sin probarlos. Su lengua da vueltas lentamente dentro de mi boca y gimo, una y otra vez. Me acaricia los pechos, solo como el sabe hacer y se acerca a mi oído.
- Quiero hacerte el amor, ahora.
Y gimo una vez más. Qué me diga eso, con su sensual voz me excita mucho, muchísimo. Y entonces oímos una voz, la de mi madre, exactamente detrás de nosotros.
- ¡La comida ya está hecha! ¡Salid de ahí o os arrugaréis!
Justin y yo reímos y asentimos con la cabeza.
- Creo que vamos a tener que esperar... - Digo decepcionada.
- Contigo no me importa esperar cuanto sea necesario.
Siento mariposas en el estómago y le beso en la comisura de los labios y entrelazo nuestras manos.
- Lo sé.
- Quiero pasar el resto de mi vida contigo, ______.
- Yo también, todos los días de mi vida junto al hombre al que amo. Parece un sueño hecho realidad.
- Lo es.
Y tras un último beso, salimos del lago con algunas dificultades cogidos de la mano. Al llegar a la tierra salto a su espalda y me coge a caballo dirigiéndose a mi casa de campo. Esa casa que me parecía horrible y vieja cuando la vi por primera vez, ahora está totalmente restaurada gracias a las grandes ventas de vino dentro de nuestra sala de degustación. Ahora es la sala más conocida de Nueva Orleans. Todo gracias a nosotros.
Al fin y al cabo, nuestra historia tiene un final feliz. Más feliz de lo que podría desear. Y estoy muy agradecida que después de tres magníficos años junto a Justin, mi vida sea un sin fin de emociones junto a él.
viernes, 31 de enero de 2014
Golden Lake. Capítulo 33.
Una mujer bajita y con el pelo oscuro me abre la puerta. ¿La madre de Justin? No es posible, en la foto me di cuenta de que tenía los ojos azules y esta señora, sea quién sea, los tiene oscuros, aunque muy bonitos. Me mira seria. Es normal, querrá saber que quiero. Allá voy.
- Buenos días, me preguntaba si está Justin... - Digo con el corazón latiéndome fuertemente.
- Está... en clase.
¡Pues claro! ¿Cómo has sido tan estúpida? Tu tienes clase, y él también, me dice mi conciencia. ¿Cómo no había pensado en eso?
- Ah, claro, lo siento. - Esta vez me dedica una media sonrisa. Esta mujer es adorable cuando sonríe.
- Soy su tía, ¿puedo ayudarte en algo?
- ¿Su tía? - Ella asiente - Solo quería hablar con el... porqué Fred... su padre... vive aquí, ¿no?
- Bueno, Fred viene de vez en cuando, pero más que nada se queda en la casa de campo, trabajando. Mi marido y yo somos los que vivimos con Justin durante los meses que él no tiene que ir a trabajar con su padre.
- Oh.
- ¿Quieres que le diga que has venido...?
- _______, ________ McKenzie. - Sonrío tímidamente - Muchas gracias y perdone las molestias.
Cuando estoy en el ascensor pienso en nuestro verano, y recuerdo perfectamente cuando Justin y yo nos acabábamos de conocer.
- Entonces, ¿tu creciste por aquí? -
- Sí, pero ahora solo vivo aquí durante el verano. Durante el año, estudio en el instituto público de Westside -
- ¿De veras? Yo no sabía que eras de la ciudad - Justin se encogió de hombros -
- Sí, yo vivo con mi tío y mi tía durante el año escolar -
¡Pues claro! Con sus tíos durante el año escolar. Madre mía, ¿porqué he sido tan torpe al venir aquí sin saber quien me atendería? Aunque, al menos... le dirá que he venido.
***
¡PSSSSSSSSSS! ¡PSSSSSSS! Mi black berry suena en la mesita de noche pero estoy tan, tan cansada que a duras penas puedo moverme. Esta tarde ha sido mejor de lo que imaginé. Lo he pasado bastante bien en el gimnasio con mis mejores amigas. Ha servido para dejar de pensar un poco en... él. Para dejar de pensar la cara que habrá puesto cuando su tía le haya dicho que la loca de su admiradora se ha presentado hoy en su casa para verlo. Se habrá enfadado... ¿O no?
Quién sabe.
Me levanto torpemente de la cama y me coloco bien la bata del pijama. Me duele todo. No estoy acostumbrada a pasar una tarde entera de ejercicio. Y mañana más de lo mismo, no sé si seré capaz.
Desbloqueo el móvil y leo atentamente el sms.
«Hola, Srta Bieber.
Veo que te has encaprichado de mi más de lo que imaginé. Siento no haber estado esta mañana en casa, pero como puedes comprender, estaba en clase. Cosa que tú no. Y me pregunto el porqué. ¿Estás siendo una chica desobediente? Porqué estoy seguro de que tus padres no saben que no has ido a clase para venir a verme. ¿Me equivoco?
Quiero que sepas, que no paro de pensar en ti. Ni un minuto de cada día que pasa. Pero ambos sabemos que lo nuestro no funciona. Te quiero y siempre te querré. »
¡Justin! No lo puedo creer. Tantos días esperando respuesta, y al fin la obtengo. ¿Es lo que esperaba? Para nada. Me sigue queriendo, Dios mío, me quiere. Oh, Justin, te echo tanto de menos. Leo el mensaje al menos diez veces. Sonriendo al principio y llorando al terminar. 'Lo nuestro no funciona'. ¿Cómo puede pensar eso?
También pone que me he encaprichado. Cómo si el fuera un juguete. ¡Joder! Estoy cabreada. ¿Qué piensa? ¿Qué me puede pasar como con Brian? ¿Qué estaba enamorada de él y al conocer a Justin dejé todo lo que sentía para reemplazarlo? ¿Cree que me pasará lo mismo con él?
Qué poco me conoce en ese sentido. ¿No se da cuenta de lo mucho que estoy insistiendo solo para verle? ¡Porqué le quiero! ¿Porqué no entiende eso?
Se supone que tengo que responder al sms. Pero, ¿qué puedo decirle que no le haya dicho antes?
Quiero verle, pero me lo ha dejado claro, me quiere pero lo nuestro no funciona. Bien.
Tecleo lentamente, pensando cada palabra y como reaccionará él con éstas.
«Hola, Justin.
Me alegra ver que no te has olvidado de mi y que al menos, me tienes presente. ¿Porqué no has contestado a mis mensajes? ¿Porqué dices lo de encapricharme contigo?
¿Crees que me olvidaré de ti si pasas de todo lo que te digo en los mensajes? Pues te equivocas, ahora que se que me sigues queriendo, no me daré por vencida. Te quiero, Justin, más de lo que he querido nunca a nadie y te necesito.
Desde que te marchaste, siento un gran vacío dentro y necesito que lo llenes estando a mi lado. »
Pulso «enviar» y con el corazón en un puño espero respuesta. Y espero, y espero...
¡PSSSSSSS!
Cojo la bb inmediatamente y leo.
«¿Olvidarme de ti? Creo que eso no ocurrirá nunca.»
¿Ya está? ¿Dónde están las respuestas a mis preguntas?
«No me has respondido.»
Minutos más tarde suena otra vez la black berry.
«Siento ser tan duro contigo, pero ya he dicho todo lo que tenía que decir. Espero verte algún día y el destino sabrá lo que puede pasar entre nosotros. Pero por ahora, dejémoslo así.
Adiós, _______. Te quiero.»
*6 semanas después*
- Hola _____ - Y me besa en la mejilla. Es tan guapo.
- Hola Ángel - Y le sonrío tímidamente.
Ángel es el entrenador del gimnasio al que sigo yendo desde que empecé con las chicas. Es muy cariñoso con todas las chicas, pero especialmente conmigo. Creo que le gusto.
He cogido un poco de peso y ahora me siento mejor que hace algo más de un mes. No he tenido más noticias de Justin después de ese mensaje que me envió. Y después de todo aquello, me prometí a mi misma rendirme. Sé que en uno de los mensajes, le dije que no me daría por vencida, pero... ¿qué puedo hacer si no? No encuentro otra solución. Sólo esperar. Al destino, como él dijo. Siempre le querré, pero en silencio.
A veces tengo la tentación de volver a escribirle, quiero saber cómo está, y si sigue pensando lo mismo que la última vez que me escribió. Pero si el cambia de opinión, me lo dirá. No tengo porqué ir presionándole porqué llegará el día en el que me mande a tomar aire. Y no quiero eso.
Ángel me saca de mi ensimismamiento.
- Bueno, ¿hoy vas a hacer cardio como siempre?
- Sí. Cómo siempre.
- Bien.
Morgan se acerca alegremente y le saluda con dos besos. Él le responde igual pero no le presta atención. Kirsten me da un beso en la mejilla y le sonrío.
- Qué guapa estás hoy, _______. - Me sonrojo. Estoy igual que siempre. ¿Porqué viene mi amiga con esto ahora?
- ¿Pero qué dices?
- Estás buenísima, desde que empezaste a comer y a no parar de venir al gimnasio, estoy empezando a sentirme atraída por ti, nena.
Y me sonrojo aún más. Todas mis amigas me dicen que mi aspecto ahora es incomparable al que he tenido nunca. Y yo también me lo noto. Me siento bien conmigo misma. Pero Morgan podría cortarse un poco. ¡Está Ángel delante de nosotras! Y no para de sonreír con picardía, mirándome de arriba a abajo.
- Bueno, vamos a empezar a calentar, ¿o no?
- Claro, claro. - Mor me sonríe. ¿Qué haría yo sin ella?
- ¿Y Kirsten? ¿No vendrá hoy?
- No, tiene muchos deberes de historia y un examen mañana. Ha preferido quedarse en casa.
- Lo entiendo.
Ángel se acerca y me agarra la cintura por detrás para poder decirme algo al oído.
- Tú amiga tiene razón, tienes un cuerpo impresionante, créeme, el chico que te rechace es idiota. En todos los sentidos. - Susurra y se marcha mientras me quedo petrificada.
- Ey nena, venga, estira conmigo. - Dice Morgan mirándome.
Tengo la cara roja como la remolacha y me da la sensación de que voy a estallar. ¿Es normal que un entrenador te diga estas cosas? ¿Querrá algo conmigo? ¡Es mucho mayor que yo! Tiene 26 años, pero no puedo negar que él tampoco está nada mal.
***
Qué día de perros tengo hoy. Me he levantado con el pie izquierdo, como se suele decir.
Esta mañana al despertarme antes de ir a clase, quería ducharme, como todos los días. Y solo salía agua fría. ¡Con el frío que hace! Estamos en Diciembre y me he duchado con agua helada. Después, mi madre me ha preparado el desayuno y pensando en otras cosas, me he manchado mi camisa favorita. Más tarde, en la clase de filosofía, he quedado en ridículo delante de todos mis compañeros cuando me preguntaban algo realmente fácil y he contestado con la respuesta más estúpida del mundo.
Volviendo a casa, una paloma ha hecho sus necesidades encima de mi pelo y he tenido que ducharme con agua helada, otra vez.
Y ahora, me dirijo al gimnasio, como todos los días. Aunque me lo he pensado bastante después de tropezarme con un bordillo en medio de la calle cuando me dirigía a coger el coche de mi padre, que ya me deja conducir. Después del día que llevo, puede que me pase cualquier cosa en los vestuarios del gimnasio, solo de pensarlo me ruborizo. Me pongo las gafas de sol, ya que a pesar de que el aire sea helado, hace sol.
Paro en un semáforo que dura demasiado en mi opinión, y como todos los días, pienso en el maravilloso verano que he tenido y que no se volverá a repetir. Siento una punzada de dolor y me coloco bien la bufanda verde. Arranco y al girar en una curva alguien me choca por detrás y doy un brinco hacia delante. ¡Será posible!
El cinturón me mantiene derecha pero me lo desabrocho cabreada, muy cabreada. Más cabrada de lo que nunca he estado. ¡Es el coche de mi padre!
- ¡Serás capullo! - Grito bajando la ventanilla. No tengo ni idea de si es un hombre o una mujer, pero eso ahora mismo, me da exactamente igual.
Salgo del coche y miro la parte de atrás. ¡Madre mía! Me han roto la luz de la derecha y han abollado el coche en una gran parte de su trasero, o como se diga. ¡Lo qué va a costar arreglar esto! ¿Es qué no puede pasarme algo bueno hoy?
Y dirijo la mirada a la persona que acaba de causar este desastre al coche de mi padre. Furiosa veo que de una camioneta sale un barón ágilmente. Me quedo petrificada. Un chico muy atractivo se pasa la mano por el pelo y se quita las gafas de sol.
No puede ser, es él.
- Buenos días, me preguntaba si está Justin... - Digo con el corazón latiéndome fuertemente.
- Está... en clase.
¡Pues claro! ¿Cómo has sido tan estúpida? Tu tienes clase, y él también, me dice mi conciencia. ¿Cómo no había pensado en eso?
- Ah, claro, lo siento. - Esta vez me dedica una media sonrisa. Esta mujer es adorable cuando sonríe.
- Soy su tía, ¿puedo ayudarte en algo?
- ¿Su tía? - Ella asiente - Solo quería hablar con el... porqué Fred... su padre... vive aquí, ¿no?
- Bueno, Fred viene de vez en cuando, pero más que nada se queda en la casa de campo, trabajando. Mi marido y yo somos los que vivimos con Justin durante los meses que él no tiene que ir a trabajar con su padre.
- Oh.
- ¿Quieres que le diga que has venido...?
- _______, ________ McKenzie. - Sonrío tímidamente - Muchas gracias y perdone las molestias.
Cuando estoy en el ascensor pienso en nuestro verano, y recuerdo perfectamente cuando Justin y yo nos acabábamos de conocer.
- Entonces, ¿tu creciste por aquí? -
- Sí, pero ahora solo vivo aquí durante el verano. Durante el año, estudio en el instituto público de Westside -
- ¿De veras? Yo no sabía que eras de la ciudad - Justin se encogió de hombros -
- Sí, yo vivo con mi tío y mi tía durante el año escolar -
¡Pues claro! Con sus tíos durante el año escolar. Madre mía, ¿porqué he sido tan torpe al venir aquí sin saber quien me atendería? Aunque, al menos... le dirá que he venido.
***
¡PSSSSSSSSSS! ¡PSSSSSSS! Mi black berry suena en la mesita de noche pero estoy tan, tan cansada que a duras penas puedo moverme. Esta tarde ha sido mejor de lo que imaginé. Lo he pasado bastante bien en el gimnasio con mis mejores amigas. Ha servido para dejar de pensar un poco en... él. Para dejar de pensar la cara que habrá puesto cuando su tía le haya dicho que la loca de su admiradora se ha presentado hoy en su casa para verlo. Se habrá enfadado... ¿O no?
Quién sabe.
Me levanto torpemente de la cama y me coloco bien la bata del pijama. Me duele todo. No estoy acostumbrada a pasar una tarde entera de ejercicio. Y mañana más de lo mismo, no sé si seré capaz.
Desbloqueo el móvil y leo atentamente el sms.
«Hola, Srta Bieber.
Veo que te has encaprichado de mi más de lo que imaginé. Siento no haber estado esta mañana en casa, pero como puedes comprender, estaba en clase. Cosa que tú no. Y me pregunto el porqué. ¿Estás siendo una chica desobediente? Porqué estoy seguro de que tus padres no saben que no has ido a clase para venir a verme. ¿Me equivoco?
Quiero que sepas, que no paro de pensar en ti. Ni un minuto de cada día que pasa. Pero ambos sabemos que lo nuestro no funciona. Te quiero y siempre te querré. »
¡Justin! No lo puedo creer. Tantos días esperando respuesta, y al fin la obtengo. ¿Es lo que esperaba? Para nada. Me sigue queriendo, Dios mío, me quiere. Oh, Justin, te echo tanto de menos. Leo el mensaje al menos diez veces. Sonriendo al principio y llorando al terminar. 'Lo nuestro no funciona'. ¿Cómo puede pensar eso?
También pone que me he encaprichado. Cómo si el fuera un juguete. ¡Joder! Estoy cabreada. ¿Qué piensa? ¿Qué me puede pasar como con Brian? ¿Qué estaba enamorada de él y al conocer a Justin dejé todo lo que sentía para reemplazarlo? ¿Cree que me pasará lo mismo con él?
Qué poco me conoce en ese sentido. ¿No se da cuenta de lo mucho que estoy insistiendo solo para verle? ¡Porqué le quiero! ¿Porqué no entiende eso?
Se supone que tengo que responder al sms. Pero, ¿qué puedo decirle que no le haya dicho antes?
Quiero verle, pero me lo ha dejado claro, me quiere pero lo nuestro no funciona. Bien.
Tecleo lentamente, pensando cada palabra y como reaccionará él con éstas.
«Hola, Justin.
Me alegra ver que no te has olvidado de mi y que al menos, me tienes presente. ¿Porqué no has contestado a mis mensajes? ¿Porqué dices lo de encapricharme contigo?
¿Crees que me olvidaré de ti si pasas de todo lo que te digo en los mensajes? Pues te equivocas, ahora que se que me sigues queriendo, no me daré por vencida. Te quiero, Justin, más de lo que he querido nunca a nadie y te necesito.
Desde que te marchaste, siento un gran vacío dentro y necesito que lo llenes estando a mi lado. »
Pulso «enviar» y con el corazón en un puño espero respuesta. Y espero, y espero...
¡PSSSSSSS!
Cojo la bb inmediatamente y leo.
«¿Olvidarme de ti? Creo que eso no ocurrirá nunca.»
¿Ya está? ¿Dónde están las respuestas a mis preguntas?
«No me has respondido.»
Minutos más tarde suena otra vez la black berry.
«Siento ser tan duro contigo, pero ya he dicho todo lo que tenía que decir. Espero verte algún día y el destino sabrá lo que puede pasar entre nosotros. Pero por ahora, dejémoslo así.
Adiós, _______. Te quiero.»
*6 semanas después*
- Hola _____ - Y me besa en la mejilla. Es tan guapo.
- Hola Ángel - Y le sonrío tímidamente.
Ángel es el entrenador del gimnasio al que sigo yendo desde que empecé con las chicas. Es muy cariñoso con todas las chicas, pero especialmente conmigo. Creo que le gusto.
He cogido un poco de peso y ahora me siento mejor que hace algo más de un mes. No he tenido más noticias de Justin después de ese mensaje que me envió. Y después de todo aquello, me prometí a mi misma rendirme. Sé que en uno de los mensajes, le dije que no me daría por vencida, pero... ¿qué puedo hacer si no? No encuentro otra solución. Sólo esperar. Al destino, como él dijo. Siempre le querré, pero en silencio.
A veces tengo la tentación de volver a escribirle, quiero saber cómo está, y si sigue pensando lo mismo que la última vez que me escribió. Pero si el cambia de opinión, me lo dirá. No tengo porqué ir presionándole porqué llegará el día en el que me mande a tomar aire. Y no quiero eso.
Ángel me saca de mi ensimismamiento.
- Bueno, ¿hoy vas a hacer cardio como siempre?
- Sí. Cómo siempre.
- Bien.
Morgan se acerca alegremente y le saluda con dos besos. Él le responde igual pero no le presta atención. Kirsten me da un beso en la mejilla y le sonrío.
- Qué guapa estás hoy, _______. - Me sonrojo. Estoy igual que siempre. ¿Porqué viene mi amiga con esto ahora?
- ¿Pero qué dices?
- Estás buenísima, desde que empezaste a comer y a no parar de venir al gimnasio, estoy empezando a sentirme atraída por ti, nena.
Y me sonrojo aún más. Todas mis amigas me dicen que mi aspecto ahora es incomparable al que he tenido nunca. Y yo también me lo noto. Me siento bien conmigo misma. Pero Morgan podría cortarse un poco. ¡Está Ángel delante de nosotras! Y no para de sonreír con picardía, mirándome de arriba a abajo.
- Bueno, vamos a empezar a calentar, ¿o no?
- Claro, claro. - Mor me sonríe. ¿Qué haría yo sin ella?
- ¿Y Kirsten? ¿No vendrá hoy?
- No, tiene muchos deberes de historia y un examen mañana. Ha preferido quedarse en casa.
- Lo entiendo.
Ángel se acerca y me agarra la cintura por detrás para poder decirme algo al oído.
- Tú amiga tiene razón, tienes un cuerpo impresionante, créeme, el chico que te rechace es idiota. En todos los sentidos. - Susurra y se marcha mientras me quedo petrificada.
- Ey nena, venga, estira conmigo. - Dice Morgan mirándome.
Tengo la cara roja como la remolacha y me da la sensación de que voy a estallar. ¿Es normal que un entrenador te diga estas cosas? ¿Querrá algo conmigo? ¡Es mucho mayor que yo! Tiene 26 años, pero no puedo negar que él tampoco está nada mal.
***
Qué día de perros tengo hoy. Me he levantado con el pie izquierdo, como se suele decir.
Esta mañana al despertarme antes de ir a clase, quería ducharme, como todos los días. Y solo salía agua fría. ¡Con el frío que hace! Estamos en Diciembre y me he duchado con agua helada. Después, mi madre me ha preparado el desayuno y pensando en otras cosas, me he manchado mi camisa favorita. Más tarde, en la clase de filosofía, he quedado en ridículo delante de todos mis compañeros cuando me preguntaban algo realmente fácil y he contestado con la respuesta más estúpida del mundo.
Volviendo a casa, una paloma ha hecho sus necesidades encima de mi pelo y he tenido que ducharme con agua helada, otra vez.
Y ahora, me dirijo al gimnasio, como todos los días. Aunque me lo he pensado bastante después de tropezarme con un bordillo en medio de la calle cuando me dirigía a coger el coche de mi padre, que ya me deja conducir. Después del día que llevo, puede que me pase cualquier cosa en los vestuarios del gimnasio, solo de pensarlo me ruborizo. Me pongo las gafas de sol, ya que a pesar de que el aire sea helado, hace sol.
Paro en un semáforo que dura demasiado en mi opinión, y como todos los días, pienso en el maravilloso verano que he tenido y que no se volverá a repetir. Siento una punzada de dolor y me coloco bien la bufanda verde. Arranco y al girar en una curva alguien me choca por detrás y doy un brinco hacia delante. ¡Será posible!
El cinturón me mantiene derecha pero me lo desabrocho cabreada, muy cabreada. Más cabrada de lo que nunca he estado. ¡Es el coche de mi padre!
- ¡Serás capullo! - Grito bajando la ventanilla. No tengo ni idea de si es un hombre o una mujer, pero eso ahora mismo, me da exactamente igual.
Salgo del coche y miro la parte de atrás. ¡Madre mía! Me han roto la luz de la derecha y han abollado el coche en una gran parte de su trasero, o como se diga. ¡Lo qué va a costar arreglar esto! ¿Es qué no puede pasarme algo bueno hoy?
Y dirijo la mirada a la persona que acaba de causar este desastre al coche de mi padre. Furiosa veo que de una camioneta sale un barón ágilmente. Me quedo petrificada. Un chico muy atractivo se pasa la mano por el pelo y se quita las gafas de sol.
No puede ser, es él.
Golden Lake. Capítulo 32.
¿El último? Venga, el último.
''Justin, nunca me he arrepentido tanto de algo. Por favor, al menos contéstame. Necesito oír tu voz. Te quiero.''
Y cuelgo. Nunca me coge el móvil. Me siento ignorada y nunca había caído tan bajo, pero realmente, no me importa.
Espero, espero y espero. Pero como siempre, nada.
No lo soporto más y me desplomo en la cama, llorando las últimas lágrimas que me quedan, ya que los últimos días las he soltado casi todas.
Recuerdo cuando la sala de degustación estaba sin empezar. Cuando mi padre me dio la noticia de ir a pasar el verano al campo, cuando conocí a Justin, cuando me caí al subir a la camioneta de mi padre delante de él, cuando me preparó esas galletas deliciosas para que le perdonara, cuando jugábamos pintándonos con las brochas de pintura, cuando comimos en el restaurante de las costillas, cuando fuimos a comprar los muebles y el vendedor pensó que éramos marido y mujer... Oh, Justin, te quiero tanto. Él siempre ha sido tan bueno conmigo... A pesar de que estaba muy enfadado el día de la fiesta, fue el único capaz de ayudarme a que no me manchara de vómito. Dios, que vergüenza. También cuando tocó esa magnífica canción con el piano el día de mi cumpleaños, sin importarle que Brian lo estaba fulminando con la mirada.
Haría cualquier cosa por este hombre, por volverlo a ver, por sentir sus labios... ¿Qué has hecho estúpida? Me pregunta mi conciencia. He perdido al hombre de mi vida y nunca lo recuperaré.
Me hundo en mi almohada mientras lloro incontroladamente y caigo en un sueño profundo.
Y vuelvo a soñar con esa frase. 'No quiero volver a verte, _______'.
Me despierto sudada y me dirijo al baño. Miro mi reflejo y solo veo una chica vacía, que ha perdido la mitad del bronceado del verano, que tiene los ojos rojos y hinchados de tanto llorar y que ha perdido mucho peso.
Suspiro y entro en la ducha, ordenando mis ideas. ¿Y si voy a su casa a buscarle? Al menos podría verle. Aunque no sé si soy capaz de volver a sentirme rechazada por él. Soñaría con nuevos momentos. O a lo mejor le doy pena por mi horrible aspecto y me perdona. Qué demonios, necesito verle, sin importar lo que haga o lo que diga. Sin importar lo que pase luego. ¿Y si le ves con otra chica? Gruñe mi conciencia. ¡No! Él no es así, no es un mujeriego. Aunque con lo perfecto que es, podría serlo. ¿Y si ha cambiado? ¿Y si ya no es como antes? Al fin y al cabo yo también he cambiado. Ahora estoy horrible y terriblemente enamorada. Antes también, del estúpido de Brian, pero lo hacía en silencio y con una sonrisa en la cara. Ahora no puedo hacer eso, no puedo ocultar el sufrimiento que me está causando. ¿Y si solo es cuestión de tiempo? ¿Podría olvidarme de Justin?
Mi corazón le pertenece, y lo está haciendo añicos. Puede que aprenda a vivir con este dolor que siento en el pecho, pero siempre se sentirá vacío.
Me lavo la cara con agua fría y me hago una coleta. No puedo esconder mi aspecto pero si mejorarlo un poco... Me visto con mi ropa preferida. Algo que me haga sentir bien. Unos jeans azules con mis botas de tacón marrones, una camisa marrón y un chaleco de pelo. Me pongo algunos complementos y me maquillo los ojos y me pongo color con maquillaje en la cara. Me vuelvo a mirar en el espejo, wow, los pantalones me hacen bolsa en el trasero y la camisa me marca un poco las costillas y los huesos de la espada. Hablando de comida, ahora que estoy un poco más animada comeré algo, pienso.
Bajo las escaleras y me topo con mi padre que me mira con los ojos como platos. Supongo porque hace bastante que no me ve maquillada y arreglada. O porque me siento más... viva. Supongo porque en un lugar escondido y pequeño de mi cerebro tengo la esperanza de que Justin me perdone. O me hable. Sólo con eso, sería feliz.
Intento sonreírle a mi padre haciendo una mueca, y me responde con una gran sonrisa.
Mamá está con la bata observando la cafetera.
- Hola - Digo sentándome en la mesa y ella me mira sorprendida.
- Hola cariño, estás preciosa - Sonríe y segundos después frunce el ceño - Y demasiado delgada. Come. - Me ordena señalando el plato con tostadas y refunfuño.
Mi madre en el plan autoritario, hacía mucho que no la veía así. Aunque no tengo nada de hambre hago un esfuerzo y me como la tostada con mermelada en silencio. Tengo que preguntarle donde está la casa de Fred, pero sin levantar sospechas, ya que se supone que iré a clase.
- Mamá, ¿cómo está Fred? - Otra vez sorprendida me responde intentando mantenerse serena.
- No he sabido demasiado de él, pero supongo que está bien - Extiende mermelada en otra tostada.
- ¿Y... - trago saliva - Justin?
- Pues no lo sé, deberías ir a verlo o deberíamos quedar para cenar todos juntos.
¡Sí! Joder, es lo que estoy intentado preguntarte, mamá.
- Podría ir a verlo, sí... ¿Dónde vive? - Pregunto cautelosa.
- Hmm, tu padre lo sabe, yo no estoy muy segura. Deberías irte ya, vas a llegar tarde.
Mierda, ahora tendré que preguntarle a mi padre. Y no puedo irme sin saberlo.
- Tranquila mamá, llegaré bien. Voy a preguntarle a papá.
***
¡Piiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡Perdón! - Chillo al coche que ha estado apunto de atropellarme y está haciendo señales con las manos expresando su enfado.
Miro el papel y reviso la dirección. Si mi padre no se ha equivocado, esta es la casa de Fred. Y espero que no se haya equivocado, ya que he tenido que coger el tren y dos autobuses. Justin vive en la otra punta de la ciudad y he tenido que caminar bastante con tacones... Si lo llego a saber me pongo algo plano, y también habría comido un poco más, ya que estoy un poco mareada y la tripa me ruge.
Estoy frente a un edificio gigantesco y bastante lujoso. Miro a todos lados, el corazón me va a mil por hora. ¿Estás preparada para ver a Justin por última vez? Me pregunta mi conciencia. Está bastante convencida de que a Justin no le hará gracia que haya venido. Supongo que tiene razón, pero tengo que intentarlo. Una última vez. Y entonces vuelven las ganas de llorar y parpadeo rápidamente mirando el cielo. Tranquilízate _______.
Abro la puerta y subo en el gran y lujoso ascensor. Me miro otra vez en el espejo. ¡Estás horrible nena! Me habría dicho Morgan en una ocasión como esta. Se preguntará porque no he ido a clase. Y yo me pregunto si después de lo que pase de aquí unos minutos me dará fuerzas para ir al gimnasio y pasar una tarde de amigas esta tarde. Lo dudo, lo dudo mucho. Con el corazón en un puño me dirijo a la puerta de los Bieber. Tomo una bocanada de aire y sin pensarlo dos veces toco al timbre.
''Justin, nunca me he arrepentido tanto de algo. Por favor, al menos contéstame. Necesito oír tu voz. Te quiero.''
Y cuelgo. Nunca me coge el móvil. Me siento ignorada y nunca había caído tan bajo, pero realmente, no me importa.
Espero, espero y espero. Pero como siempre, nada.
No lo soporto más y me desplomo en la cama, llorando las últimas lágrimas que me quedan, ya que los últimos días las he soltado casi todas.
Recuerdo cuando la sala de degustación estaba sin empezar. Cuando mi padre me dio la noticia de ir a pasar el verano al campo, cuando conocí a Justin, cuando me caí al subir a la camioneta de mi padre delante de él, cuando me preparó esas galletas deliciosas para que le perdonara, cuando jugábamos pintándonos con las brochas de pintura, cuando comimos en el restaurante de las costillas, cuando fuimos a comprar los muebles y el vendedor pensó que éramos marido y mujer... Oh, Justin, te quiero tanto. Él siempre ha sido tan bueno conmigo... A pesar de que estaba muy enfadado el día de la fiesta, fue el único capaz de ayudarme a que no me manchara de vómito. Dios, que vergüenza. También cuando tocó esa magnífica canción con el piano el día de mi cumpleaños, sin importarle que Brian lo estaba fulminando con la mirada.
Haría cualquier cosa por este hombre, por volverlo a ver, por sentir sus labios... ¿Qué has hecho estúpida? Me pregunta mi conciencia. He perdido al hombre de mi vida y nunca lo recuperaré.
Me hundo en mi almohada mientras lloro incontroladamente y caigo en un sueño profundo.
Y vuelvo a soñar con esa frase. 'No quiero volver a verte, _______'.
Me despierto sudada y me dirijo al baño. Miro mi reflejo y solo veo una chica vacía, que ha perdido la mitad del bronceado del verano, que tiene los ojos rojos y hinchados de tanto llorar y que ha perdido mucho peso.
Suspiro y entro en la ducha, ordenando mis ideas. ¿Y si voy a su casa a buscarle? Al menos podría verle. Aunque no sé si soy capaz de volver a sentirme rechazada por él. Soñaría con nuevos momentos. O a lo mejor le doy pena por mi horrible aspecto y me perdona. Qué demonios, necesito verle, sin importar lo que haga o lo que diga. Sin importar lo que pase luego. ¿Y si le ves con otra chica? Gruñe mi conciencia. ¡No! Él no es así, no es un mujeriego. Aunque con lo perfecto que es, podría serlo. ¿Y si ha cambiado? ¿Y si ya no es como antes? Al fin y al cabo yo también he cambiado. Ahora estoy horrible y terriblemente enamorada. Antes también, del estúpido de Brian, pero lo hacía en silencio y con una sonrisa en la cara. Ahora no puedo hacer eso, no puedo ocultar el sufrimiento que me está causando. ¿Y si solo es cuestión de tiempo? ¿Podría olvidarme de Justin?
Mi corazón le pertenece, y lo está haciendo añicos. Puede que aprenda a vivir con este dolor que siento en el pecho, pero siempre se sentirá vacío.
Me lavo la cara con agua fría y me hago una coleta. No puedo esconder mi aspecto pero si mejorarlo un poco... Me visto con mi ropa preferida. Algo que me haga sentir bien. Unos jeans azules con mis botas de tacón marrones, una camisa marrón y un chaleco de pelo. Me pongo algunos complementos y me maquillo los ojos y me pongo color con maquillaje en la cara. Me vuelvo a mirar en el espejo, wow, los pantalones me hacen bolsa en el trasero y la camisa me marca un poco las costillas y los huesos de la espada. Hablando de comida, ahora que estoy un poco más animada comeré algo, pienso.
Bajo las escaleras y me topo con mi padre que me mira con los ojos como platos. Supongo porque hace bastante que no me ve maquillada y arreglada. O porque me siento más... viva. Supongo porque en un lugar escondido y pequeño de mi cerebro tengo la esperanza de que Justin me perdone. O me hable. Sólo con eso, sería feliz.
Intento sonreírle a mi padre haciendo una mueca, y me responde con una gran sonrisa.
Mamá está con la bata observando la cafetera.
- Hola - Digo sentándome en la mesa y ella me mira sorprendida.
- Hola cariño, estás preciosa - Sonríe y segundos después frunce el ceño - Y demasiado delgada. Come. - Me ordena señalando el plato con tostadas y refunfuño.
Mi madre en el plan autoritario, hacía mucho que no la veía así. Aunque no tengo nada de hambre hago un esfuerzo y me como la tostada con mermelada en silencio. Tengo que preguntarle donde está la casa de Fred, pero sin levantar sospechas, ya que se supone que iré a clase.
- Mamá, ¿cómo está Fred? - Otra vez sorprendida me responde intentando mantenerse serena.
- No he sabido demasiado de él, pero supongo que está bien - Extiende mermelada en otra tostada.
- ¿Y... - trago saliva - Justin?
- Pues no lo sé, deberías ir a verlo o deberíamos quedar para cenar todos juntos.
¡Sí! Joder, es lo que estoy intentado preguntarte, mamá.
- Podría ir a verlo, sí... ¿Dónde vive? - Pregunto cautelosa.
- Hmm, tu padre lo sabe, yo no estoy muy segura. Deberías irte ya, vas a llegar tarde.
Mierda, ahora tendré que preguntarle a mi padre. Y no puedo irme sin saberlo.
- Tranquila mamá, llegaré bien. Voy a preguntarle a papá.
***
¡Piiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡Perdón! - Chillo al coche que ha estado apunto de atropellarme y está haciendo señales con las manos expresando su enfado.
Miro el papel y reviso la dirección. Si mi padre no se ha equivocado, esta es la casa de Fred. Y espero que no se haya equivocado, ya que he tenido que coger el tren y dos autobuses. Justin vive en la otra punta de la ciudad y he tenido que caminar bastante con tacones... Si lo llego a saber me pongo algo plano, y también habría comido un poco más, ya que estoy un poco mareada y la tripa me ruge.
Estoy frente a un edificio gigantesco y bastante lujoso. Miro a todos lados, el corazón me va a mil por hora. ¿Estás preparada para ver a Justin por última vez? Me pregunta mi conciencia. Está bastante convencida de que a Justin no le hará gracia que haya venido. Supongo que tiene razón, pero tengo que intentarlo. Una última vez. Y entonces vuelven las ganas de llorar y parpadeo rápidamente mirando el cielo. Tranquilízate _______.
Abro la puerta y subo en el gran y lujoso ascensor. Me miro otra vez en el espejo. ¡Estás horrible nena! Me habría dicho Morgan en una ocasión como esta. Se preguntará porque no he ido a clase. Y yo me pregunto si después de lo que pase de aquí unos minutos me dará fuerzas para ir al gimnasio y pasar una tarde de amigas esta tarde. Lo dudo, lo dudo mucho. Con el corazón en un puño me dirijo a la puerta de los Bieber. Tomo una bocanada de aire y sin pensarlo dos veces toco al timbre.
Golden Lake. Capítulo 31.
Voy caminando por una amplia carretera solitaria un poco inclinada cuesta arriba, de manera que no veo el final. El sol me acaricia la cara y una suave brisa me agita el pelo. Sonrío a la nada, estoy feliz. A medida que voy caminando, anochece. Cada paso que doy hace que el sol se esconda, pero no le presto mucha atención.
Ahora es completamente de noche, tengo el pelo mojado por la humedad y el agua. ¿De dónde procede? En un abrir y cerrar de ojos hay una camioneta delante de mí. Tengo el presentimiento de que tengo que huir cuanto antes, pero mis piernas no responden. Cuando por fin empiezo a caminar lentamente ese hombre de pelo engominado con algo de barba me agarra de la mandíbula para besarme. Ese hombre que quiso abusar de mí cuando volvía del lago. En el campo.
Cierro los ojos con fuerza, no quiero vivir lo mismo otra vez. Otra vez no, por favor. Entonces recuerdo que Justin fue quién me ayudó a escapar ese día.
- ¡Justin! - Grito con todas mis fuerzas - ¡Justin!
El hombre me agarra con tal fuerza que apenas puedo articular palabra. Abro los ojos y Justin está besándome en los labios, dulcemente, como solo él sabe. Me agarra del pelo (aún mojado) y tira de él hacia atrás para dejar mi cuello libre y me lo mordisquea. Siento un escalofrío y se me secan las lágrimas que hace un momento he derramado inútilmente. Le quiero tanto. Entonces pronuncia esa frase que hace que me tiemble todo el cuerpo.
- No quiero volver a verte, _______.
Y me despierto temblando.
Mamá está acariciándome la mejilla con suavidad y la luz entra por la ventana, ya es de día. Estoy sudando y con los ojos mojados de lágrimas.
- Buenos días - Me dice con dulzura.
- Hola, mamá. ¿Qué haces aquí? - Gruño.
- Estabas teniendo una pesadilla y al oírte gritar, he subido. - Me ruborizo - Hoy tienes clase, pero aún es pronto, ¿Quieres dormir un rato más?
- No, da igual. Voy a vestirme.
***
Un papelito flota en el aire y me distrae de mi ensimismamiento. El profesor de latín no se ha dado cuenta, mejor.
DÉJALO YA NENA, LA VIDA SIGUE.
NO TE COMAS LA CABEZA POR UN TÍO, HAY MILES.
Miro a Kirsten que está en la otra punta de la clase, con la piernas cruzadas mirándome sonriente. Me guiña un ojo y hago un intento por sonreír, pero no lo consigo y hago una mueca de fastidio. Hago una bola con el papel y lo meto en mi bolso. Cojo apuntes y intento prestar atención a las explicaciones aburridas del profesor.
***
- ¿No vas a comer nada? - Pregunta Morgan con los ojos muy abiertos y le da un mordisco a su manzana.
- No tengo hambre.
Y es la verdad, demasiado esfuerzo he hecho hoy en desayunar un yogurt. Parece ser que este verano me he acostumbrado demasiado a la magnífica comida que Justin me preparaba o me enseñaba a preparar. Siento un nudo en la garganta y me entran ganas de marcharme. Respiro hondo.
Últimamente no tengo ganas de nada, ni si quiera de comer. Mientras sigo pensando en la maldita fiesta que me arruinó la vida hace una semana, Kirsten, Morgan y Lidia (una de las muchas amigas de Morgan) hablan entre ellas.
- ¿Te vienes? - Dice entusiasmada Kirsten.
Inmediatamente pienso en alguna fiesta. ¡Ni hablar! No volveré a ir nunca a ninguna de esas, me lo prometí a mi misma. Además de que sigo sin ganas de nada. Sea lo que sea. Tomo una bocanada de aire y cojo fuerzas para preguntar.
- ¿A dónde?
- Al gimnasio. Nos vamos a apuntar mañana. Hay muchos tíos por ahí y a ti no te iría mal pasar tarde de amigas y olvidarte un poquito de... tus cosas. - Responde Kirsten con dulzura -
¿Gimnasio? Con mis diecisiete años nunca he ido a uno, y creo que este no es el mejor momento para hacerlo. Pero Kirsten tiene razón, necesito pensar en otras cosas... que no sean él. Además, no quiero que Lidia me reemplace. No podría soportar perder también a mis dos mejores amigas.
- Vale - Digo vagamente y las tres me sonríen agradecidas.
Ahora es completamente de noche, tengo el pelo mojado por la humedad y el agua. ¿De dónde procede? En un abrir y cerrar de ojos hay una camioneta delante de mí. Tengo el presentimiento de que tengo que huir cuanto antes, pero mis piernas no responden. Cuando por fin empiezo a caminar lentamente ese hombre de pelo engominado con algo de barba me agarra de la mandíbula para besarme. Ese hombre que quiso abusar de mí cuando volvía del lago. En el campo.
Cierro los ojos con fuerza, no quiero vivir lo mismo otra vez. Otra vez no, por favor. Entonces recuerdo que Justin fue quién me ayudó a escapar ese día.
- ¡Justin! - Grito con todas mis fuerzas - ¡Justin!
El hombre me agarra con tal fuerza que apenas puedo articular palabra. Abro los ojos y Justin está besándome en los labios, dulcemente, como solo él sabe. Me agarra del pelo (aún mojado) y tira de él hacia atrás para dejar mi cuello libre y me lo mordisquea. Siento un escalofrío y se me secan las lágrimas que hace un momento he derramado inútilmente. Le quiero tanto. Entonces pronuncia esa frase que hace que me tiemble todo el cuerpo.
- No quiero volver a verte, _______.
Y me despierto temblando.
Mamá está acariciándome la mejilla con suavidad y la luz entra por la ventana, ya es de día. Estoy sudando y con los ojos mojados de lágrimas.
- Buenos días - Me dice con dulzura.
- Hola, mamá. ¿Qué haces aquí? - Gruño.
- Estabas teniendo una pesadilla y al oírte gritar, he subido. - Me ruborizo - Hoy tienes clase, pero aún es pronto, ¿Quieres dormir un rato más?
- No, da igual. Voy a vestirme.
***
Un papelito flota en el aire y me distrae de mi ensimismamiento. El profesor de latín no se ha dado cuenta, mejor.
DÉJALO YA NENA, LA VIDA SIGUE.
NO TE COMAS LA CABEZA POR UN TÍO, HAY MILES.
Miro a Kirsten que está en la otra punta de la clase, con la piernas cruzadas mirándome sonriente. Me guiña un ojo y hago un intento por sonreír, pero no lo consigo y hago una mueca de fastidio. Hago una bola con el papel y lo meto en mi bolso. Cojo apuntes y intento prestar atención a las explicaciones aburridas del profesor.
***
- ¿No vas a comer nada? - Pregunta Morgan con los ojos muy abiertos y le da un mordisco a su manzana.
- No tengo hambre.
Y es la verdad, demasiado esfuerzo he hecho hoy en desayunar un yogurt. Parece ser que este verano me he acostumbrado demasiado a la magnífica comida que Justin me preparaba o me enseñaba a preparar. Siento un nudo en la garganta y me entran ganas de marcharme. Respiro hondo.
Últimamente no tengo ganas de nada, ni si quiera de comer. Mientras sigo pensando en la maldita fiesta que me arruinó la vida hace una semana, Kirsten, Morgan y Lidia (una de las muchas amigas de Morgan) hablan entre ellas.
- ¿Te vienes? - Dice entusiasmada Kirsten.
Inmediatamente pienso en alguna fiesta. ¡Ni hablar! No volveré a ir nunca a ninguna de esas, me lo prometí a mi misma. Además de que sigo sin ganas de nada. Sea lo que sea. Tomo una bocanada de aire y cojo fuerzas para preguntar.
- ¿A dónde?
- Al gimnasio. Nos vamos a apuntar mañana. Hay muchos tíos por ahí y a ti no te iría mal pasar tarde de amigas y olvidarte un poquito de... tus cosas. - Responde Kirsten con dulzura -
¿Gimnasio? Con mis diecisiete años nunca he ido a uno, y creo que este no es el mejor momento para hacerlo. Pero Kirsten tiene razón, necesito pensar en otras cosas... que no sean él. Además, no quiero que Lidia me reemplace. No podría soportar perder también a mis dos mejores amigas.
- Vale - Digo vagamente y las tres me sonríen agradecidas.
Golden Lake. Capítulo 30.
Me aparto bruscamente de esos labios aterciopelados y una sacudida recorre todo mi cuerpo. Tengo nauseas. Oh Dios, voy a vomitar.
Entonces le veo. Llega con paso firme y decidido, furioso. Oh Justin, al fin estás aquí, pienso para mis adentros.
Miro angustiada a Brian, que observa fulminante a Justin a medida que se acerca a nosotros. Mierda. Siento una arcada y me inclino hacia delante. Mi cuerpo no puede seguir tolerando el alcohol y vomito en el suelo aparatosamente.
- ¡Joder, _______!
Brian se aparta de un salto con asco. Justin me sujeta el pelo, me lo aparta de la cara y me lleva con cuidado al final del aparcamiento. Observo agradecida que está más o menos oscuro.
- Si vas a volver a vomitar, hazlo aquí. Yo te sostengo.
Ha pasado un brazo por encima de mis hombros, y con la otra mano me sujeta el pelo, como si quisiera hacerme una coleta, para que no se me vaya a la cara. Intento apartarlo torpemente, pero vuelvo a vomitar... y otra vez. Oh, mierda... ¿Cuánto va a durar esto? Aunque tengo el estómago vacío y no sale nada, espantosas arcadas me sacuden el cuerpo. Me prometo a mi misma que jamás volveré a beber. Es demasiado vergonzoso para explicarlo. Dejo de sentir arcadas.
A penas me sostengo de pie sola, así que me agarro a Justin como si la vida tuviera que ver en ello. Vomitar es agotador. Justin me suelta y me ofrece un pañuelo. Oh, Justin, que oportuno eres, en todos los sentidos. Estoy muerta de vergüenza.
Brian sigue en la puerta y al ver que he terminado, se dirige a nosotros.
- ¿Estás bien ______? - Pregunta Brian al llegar a mi lado y le fulmino con la mirada.
- ¿Qué si está bien? - Le grita Justin cogiéndole de la camisa y alzándole hacia el cielo, con el rostro furioso. Nunca había visto a Justin tan enfadado - No se te ocurra volver a besarla sin su consentimiento, ¿entendido? - Le dice apretándo la mandíbula.
Lo suelta hacia el suelo con fuerza y Brian cae dolorosamente. Suelta como un gruñido y se aleja con paso firme. Hijo de perra.
Justin me mira sereno, inexpresivo.
- Te llevaré a casa.
Y me coge de la muñeca con fuerza y tira de mí, caminando rápidamente. Oh Justin, tengo tantas preguntas que hacerte... ¿Dónde estabas cuando te he buscado? ¿Dónde demonios vamos a ir ahora? ¿Qué será de nosotros? ¿Realmente estás tan enfadado como para dejarme? Dejarme. Oh Dios, esa palabra resuena en mi cabeza. Mi vida sin Justin, como hace poco. En la ciudad, mis amigas, fiestas... sin él. ¡No! Soy capaz de cambiar todo eso por él. Haría lo que sea para que no se alejara de mi ni me rechazara. Una lágrima cae por mi mejilla.
Me ayuda a entrar en el coche negro con el que hemos venido. Me acomodo en el asiento del copiloto y el arranca, con la mirada fría, muy fría. No me mira ni un instante y yo cierro los ojos, intentando evitar que las lágrimas broten. Paramos en seco y el se baja, rodea el coche y me abre la puerta. Me ofrece la mano y la acepto, rezando que se quede esta noche conmigo.
Tras cruzar el caminito de césped del jardín de delante de mi casa, llegamos a la puerta y me suelta la mano. Le miro.
- Adiós, _______.
Empieza a girarse para irse y le chillo lo más alto que puedo.
- ¡Espera! ¿Dónde vas?
- A casa - Responde inexpresivo.
- ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- No quiero volver a verte, ______.
Su palabras me hieren. Es como si me hubieran atravesado el pecho con un cuchillo. Camino dos pasos hacia delante, con los ojos encharcados y le miro suplicándole perdón. Pero parece estar hecho de piedra. ¿Dónde está ese Justin cariñoso, tierno y bueno que estaba conmigo en la casa de verano? ¿Qué ha pasado con él?
Entra en el coche y se marcha. Así, sin más. Entonces me siento en el suelo, sollozando, y me pego las piernas al pecho. No quiere volver a verte, lo ha dicho bien claro, estúpida, me dice la voz de mi conciencia, y me abandono al sufrimiento.
Entonces le veo. Llega con paso firme y decidido, furioso. Oh Justin, al fin estás aquí, pienso para mis adentros.
Miro angustiada a Brian, que observa fulminante a Justin a medida que se acerca a nosotros. Mierda. Siento una arcada y me inclino hacia delante. Mi cuerpo no puede seguir tolerando el alcohol y vomito en el suelo aparatosamente.
- ¡Joder, _______!
Brian se aparta de un salto con asco. Justin me sujeta el pelo, me lo aparta de la cara y me lleva con cuidado al final del aparcamiento. Observo agradecida que está más o menos oscuro.
- Si vas a volver a vomitar, hazlo aquí. Yo te sostengo.
Ha pasado un brazo por encima de mis hombros, y con la otra mano me sujeta el pelo, como si quisiera hacerme una coleta, para que no se me vaya a la cara. Intento apartarlo torpemente, pero vuelvo a vomitar... y otra vez. Oh, mierda... ¿Cuánto va a durar esto? Aunque tengo el estómago vacío y no sale nada, espantosas arcadas me sacuden el cuerpo. Me prometo a mi misma que jamás volveré a beber. Es demasiado vergonzoso para explicarlo. Dejo de sentir arcadas.
A penas me sostengo de pie sola, así que me agarro a Justin como si la vida tuviera que ver en ello. Vomitar es agotador. Justin me suelta y me ofrece un pañuelo. Oh, Justin, que oportuno eres, en todos los sentidos. Estoy muerta de vergüenza.
Brian sigue en la puerta y al ver que he terminado, se dirige a nosotros.
- ¿Estás bien ______? - Pregunta Brian al llegar a mi lado y le fulmino con la mirada.
- ¿Qué si está bien? - Le grita Justin cogiéndole de la camisa y alzándole hacia el cielo, con el rostro furioso. Nunca había visto a Justin tan enfadado - No se te ocurra volver a besarla sin su consentimiento, ¿entendido? - Le dice apretándo la mandíbula.
Lo suelta hacia el suelo con fuerza y Brian cae dolorosamente. Suelta como un gruñido y se aleja con paso firme. Hijo de perra.
Justin me mira sereno, inexpresivo.
- Te llevaré a casa.
Y me coge de la muñeca con fuerza y tira de mí, caminando rápidamente. Oh Justin, tengo tantas preguntas que hacerte... ¿Dónde estabas cuando te he buscado? ¿Dónde demonios vamos a ir ahora? ¿Qué será de nosotros? ¿Realmente estás tan enfadado como para dejarme? Dejarme. Oh Dios, esa palabra resuena en mi cabeza. Mi vida sin Justin, como hace poco. En la ciudad, mis amigas, fiestas... sin él. ¡No! Soy capaz de cambiar todo eso por él. Haría lo que sea para que no se alejara de mi ni me rechazara. Una lágrima cae por mi mejilla.
Me ayuda a entrar en el coche negro con el que hemos venido. Me acomodo en el asiento del copiloto y el arranca, con la mirada fría, muy fría. No me mira ni un instante y yo cierro los ojos, intentando evitar que las lágrimas broten. Paramos en seco y el se baja, rodea el coche y me abre la puerta. Me ofrece la mano y la acepto, rezando que se quede esta noche conmigo.
Tras cruzar el caminito de césped del jardín de delante de mi casa, llegamos a la puerta y me suelta la mano. Le miro.
- Adiós, _______.
Empieza a girarse para irse y le chillo lo más alto que puedo.
- ¡Espera! ¿Dónde vas?
- A casa - Responde inexpresivo.
- ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- No quiero volver a verte, ______.
Su palabras me hieren. Es como si me hubieran atravesado el pecho con un cuchillo. Camino dos pasos hacia delante, con los ojos encharcados y le miro suplicándole perdón. Pero parece estar hecho de piedra. ¿Dónde está ese Justin cariñoso, tierno y bueno que estaba conmigo en la casa de verano? ¿Qué ha pasado con él?
Entra en el coche y se marcha. Así, sin más. Entonces me siento en el suelo, sollozando, y me pego las piernas al pecho. No quiere volver a verte, lo ha dicho bien claro, estúpida, me dice la voz de mi conciencia, y me abandono al sufrimiento.
Golden Lake. Capítulo 29.
*2 días más tarde*
'Mira Justin... No sé que pretendes haciendo todo esto, pero estoy sufriendo, mucho. ¿Dónde estás? Te necesito.'
Decimosexto mensaje enviado hoy. ¿Qué más puedo decirle? Respiro hondo y me seco otra lágrima. ¿Por qué me hace esto?
*Hace 1 día y medio en Tangerine*
La música resuena en mis oídos. Las cervezas están haciendo efecto, me siento mareada y feliz, realmente feliz. Justin está a mi lado, bailando al ritmo de la música. Baila realmente bien. Me pregunto donde habrá aprendido.
- ¡Me apetece otra cerveza! - Le grito.
Asiente frunciendo el ceño. ¿Debería seguir bebiendo? Creo que no, pero me apetece tanto... Es imposible negarse con este ambiente tan movido. La gente baila, salta, bebe, se besan, fuman. Una fiesta totalmente alocada. Voy apartando a la gente con empujones para poder ir al otro lado de la enorme estancia. Alguien me pisa, ¡au!
Llego a la mesa de refrescos donde una chica rubia reparte las bebidas sonriente. Parece que se divierte, a pesar de que la fiesta esté más allá, en la pista de baile.
- Hola - Me dice alegre.
- Hola, ¿me das una cerveza? - Sonrío amable.
Cuando me la entrega doy un sorbo y me siento aún más mareada. Sí, definitivamente no es buena idea que siga bebiendo. Me quedo embobada mirando la botella. Falta muy poco para terminármela, un poco menos de la mitad. De un sorbo me la acabo. Después del dinero que se ha gastado Morgan en todo esto, no es justo tirar la bebida. ¿Pero que demonios estoy pensando? Deja de beber ya estúpida, me dice la voz de mi conciencia. Le hago caso asintiendo con la cabeza. Me apetece estar con Justin... Me apetece... besarlo. Sí, eso es. Besarle. Entre otros muchos empujones cruzo la pista. Miro a todos lados. ¿Dónde está? Busco entre las caras conocidas. Hay un chico de pelo oscuro y ojos verdes que baila patosamente en la pista, pero es realmente guapo. Me guiña un ojo sonriente y hago como si no le hubiera visto. Sigo buscando a Justin con la mirada. Y entonces se me dispara el corazón. Estoy mareada y puede que me lo esté imaginando, aunque no creo estar tan borracha como para imaginar tal cosa. Brian se dirige hacia a mi, serio. Está tan guapo como siempre, con esa elegancia que solo él consigue perfeccionar.
- Hola ______ - Me dice alzando la voz para que le pueda oír - ¿Te lo estás pasando bien?
No entiendo que hace él aquí. ¿Por qué Morgan lo ha invitado? Es su fiesta, si ella no quiere que esté, él no está. No lo entiendo. Me da vueltas la cabeza. Me quedo mirándo sus ojos azul cielo. Hemos vivido tantas cosas juntos... No sé que decirle así que me limito a sonreir. Me mira perplejo.
- _______, ¿has bebido?
Asiento sonriente. ¿Qué me pasa? ¿Dónde está Justin? No quiero hablar con este impresentable después de todo lo que pasó entre nosotros. Vagamente me viene un recuerdo a la cabeza pero se esfuma antes de que pueda atraparlo. Siento nauseas. Brian sigue plantado delante de mi y me pregunta si quiero salir a que nos de el aire. Sin decir nada asiento, no quiero vomitar aquí dentro. Él me coje de la mano y me arrastra hasta fuera. No aparto mi mano de la suya, ya que me cuesta mantener el equilibrio. Miro a todos lados, si Justin me ve con él...
Nos sentamos en el bordillo del suelo y me acaricia la mejilla con los dedos. Luego me pone un mechón de pelo detrás de la oreja.
- Estás preciosa ______ - Sonrío amablemente. ¿Qué pretende?
- Y mareada - Digo como puedo.
- Vaya, ya pensaba que no ibas a hablarme en toda la noche. ¿Has mezclado el alcohol?
- No.
- ¿Cerveza?
- Sí.
- Qué poco aguantas, _____ - Dice burlándose.
Me levanto de allí y decido seguir buscando a Justin. Me ha molestado ese estúpido comentario. ¿Qué no aguanto? Já. Estoy perfectamente. Me agarra del brazo fuertemente y nos miramos a los ojos.
- ¿Me has echado de menos?
- No - Digo seca.
- Eso no te lo crees ni tú. ¿Qué tal con ese... Justin? - Frunzo el ceño.
- Lo estoy buscando, si me permites...
- ¿Te ha dejado plantada?
- No.
- ¿Entonces?
- ¡No sé! Déjame ya, Brian.
- ¿Quieres que te acompañe a buscarlo?
- No.
¿Por qué es tan amable conmigo? Quiero ir con Justin. ¿Dónde están mis amigas cuando las necesito? Apuesto a que están como yo o peor. Conociendo a Kirsten... debe de estar borrachísima. Y Morgan... es su cumpleaños, ¿por qué no iba a beber?
- Quiero besarte - Dice entre susurros.
Abro los ojos y siento que está demasiado cerca. Oh no. No me salen las palabras. Quiero huir corriendo pero el poco equilibrio que me queda sigue mareándome.
¡Reacciona estúpida! Me dice mi conciencia.
Y como puedo lo aparto de un empujón. Brian se ríe a carcajadas.
- Vamos _____, te deseo, me deseas. Ahora no está Justin para vernos. Bésame - Me ordena.
Me agarra del cuello y junta nuestros labios fuertemente, cierra los ojos, pero los míos siguen abiertos como platos. No puedo moverme.
'Mira Justin... No sé que pretendes haciendo todo esto, pero estoy sufriendo, mucho. ¿Dónde estás? Te necesito.'
Decimosexto mensaje enviado hoy. ¿Qué más puedo decirle? Respiro hondo y me seco otra lágrima. ¿Por qué me hace esto?
*Hace 1 día y medio en Tangerine*
La música resuena en mis oídos. Las cervezas están haciendo efecto, me siento mareada y feliz, realmente feliz. Justin está a mi lado, bailando al ritmo de la música. Baila realmente bien. Me pregunto donde habrá aprendido.
- ¡Me apetece otra cerveza! - Le grito.
Asiente frunciendo el ceño. ¿Debería seguir bebiendo? Creo que no, pero me apetece tanto... Es imposible negarse con este ambiente tan movido. La gente baila, salta, bebe, se besan, fuman. Una fiesta totalmente alocada. Voy apartando a la gente con empujones para poder ir al otro lado de la enorme estancia. Alguien me pisa, ¡au!
Llego a la mesa de refrescos donde una chica rubia reparte las bebidas sonriente. Parece que se divierte, a pesar de que la fiesta esté más allá, en la pista de baile.
- Hola - Me dice alegre.
- Hola, ¿me das una cerveza? - Sonrío amable.
Cuando me la entrega doy un sorbo y me siento aún más mareada. Sí, definitivamente no es buena idea que siga bebiendo. Me quedo embobada mirando la botella. Falta muy poco para terminármela, un poco menos de la mitad. De un sorbo me la acabo. Después del dinero que se ha gastado Morgan en todo esto, no es justo tirar la bebida. ¿Pero que demonios estoy pensando? Deja de beber ya estúpida, me dice la voz de mi conciencia. Le hago caso asintiendo con la cabeza. Me apetece estar con Justin... Me apetece... besarlo. Sí, eso es. Besarle. Entre otros muchos empujones cruzo la pista. Miro a todos lados. ¿Dónde está? Busco entre las caras conocidas. Hay un chico de pelo oscuro y ojos verdes que baila patosamente en la pista, pero es realmente guapo. Me guiña un ojo sonriente y hago como si no le hubiera visto. Sigo buscando a Justin con la mirada. Y entonces se me dispara el corazón. Estoy mareada y puede que me lo esté imaginando, aunque no creo estar tan borracha como para imaginar tal cosa. Brian se dirige hacia a mi, serio. Está tan guapo como siempre, con esa elegancia que solo él consigue perfeccionar.
- Hola ______ - Me dice alzando la voz para que le pueda oír - ¿Te lo estás pasando bien?
No entiendo que hace él aquí. ¿Por qué Morgan lo ha invitado? Es su fiesta, si ella no quiere que esté, él no está. No lo entiendo. Me da vueltas la cabeza. Me quedo mirándo sus ojos azul cielo. Hemos vivido tantas cosas juntos... No sé que decirle así que me limito a sonreir. Me mira perplejo.
- _______, ¿has bebido?
Asiento sonriente. ¿Qué me pasa? ¿Dónde está Justin? No quiero hablar con este impresentable después de todo lo que pasó entre nosotros. Vagamente me viene un recuerdo a la cabeza pero se esfuma antes de que pueda atraparlo. Siento nauseas. Brian sigue plantado delante de mi y me pregunta si quiero salir a que nos de el aire. Sin decir nada asiento, no quiero vomitar aquí dentro. Él me coje de la mano y me arrastra hasta fuera. No aparto mi mano de la suya, ya que me cuesta mantener el equilibrio. Miro a todos lados, si Justin me ve con él...
Nos sentamos en el bordillo del suelo y me acaricia la mejilla con los dedos. Luego me pone un mechón de pelo detrás de la oreja.
- Estás preciosa ______ - Sonrío amablemente. ¿Qué pretende?
- Y mareada - Digo como puedo.
- Vaya, ya pensaba que no ibas a hablarme en toda la noche. ¿Has mezclado el alcohol?
- No.
- ¿Cerveza?
- Sí.
- Qué poco aguantas, _____ - Dice burlándose.
Me levanto de allí y decido seguir buscando a Justin. Me ha molestado ese estúpido comentario. ¿Qué no aguanto? Já. Estoy perfectamente. Me agarra del brazo fuertemente y nos miramos a los ojos.
- ¿Me has echado de menos?
- No - Digo seca.
- Eso no te lo crees ni tú. ¿Qué tal con ese... Justin? - Frunzo el ceño.
- Lo estoy buscando, si me permites...
- ¿Te ha dejado plantada?
- No.
- ¿Entonces?
- ¡No sé! Déjame ya, Brian.
- ¿Quieres que te acompañe a buscarlo?
- No.
¿Por qué es tan amable conmigo? Quiero ir con Justin. ¿Dónde están mis amigas cuando las necesito? Apuesto a que están como yo o peor. Conociendo a Kirsten... debe de estar borrachísima. Y Morgan... es su cumpleaños, ¿por qué no iba a beber?
- Quiero besarte - Dice entre susurros.
Abro los ojos y siento que está demasiado cerca. Oh no. No me salen las palabras. Quiero huir corriendo pero el poco equilibrio que me queda sigue mareándome.
¡Reacciona estúpida! Me dice mi conciencia.
Y como puedo lo aparto de un empujón. Brian se ríe a carcajadas.
- Vamos _____, te deseo, me deseas. Ahora no está Justin para vernos. Bésame - Me ordena.
Me agarra del cuello y junta nuestros labios fuertemente, cierra los ojos, pero los míos siguen abiertos como platos. No puedo moverme.
Golden Lake. Capítulo 28.
Inhalo una bocanada de aire fresco cuando salgo al porche. En el interior de la casa, mis padres están freneticamente haciendo las maletas para su salida de mañana. En cambio, yo me voy hoy. Morgan llamó al parecer ayer noche a mis padres convenciéndolos de que me dejaran marchar una noche antes, para su gran fiesta. Aunque creo que se ahorró ese detalle. Me vendrán a buscar en cualquier momento y me marcharé a mi lujosa casa. Estoy emocionada, con ganas de verlas, pero es una emoción de bajo grado. Sobre todo, porque los pensamientos de Justin ocupan casi toda mi mente.
Una punzada de tristeza me atraviesa. ¿Van a cambiar las cosas entre nosotros? Anoche todo parecía tan fácil. Ahora las palabras de Morgan de nuestra conversación por teléfono se están introduciendo en mi felicidad. ¿De verdad estoy tan enamorada de él como para seguir esta historia en la ciudad? ¡Por supuesto! Estoy convencida de que eso es lo mejor. Da igual como marchen las cosas en un entorno diferente. Él estará conmigo, y eso ya lo hace todo perfecto. Aunque es una vida completamente diferente a la que hemos tenido hasta ahora... Él es diferente a cualquier otra persona que conozco. Divertido, tonto e inteligente, terriblemente atractivo, pero diferente. También tengo que pensar que yo también he cambiado este verano. Pero me gusta mi vida tal y como está ahora. No quiero que las cosas cambien.
Las cuestiones están destelleándo con luces de neón en mi mente: ¿Él quiere seguir conmigo en la ciudad? ¿Se sentirá a gusto con mis amigos? ¿Tendré que cambiar cosas por él? Seguramente sí, pero en realidad no me importa. Estoy realmente enamorada.
Trato de imaginar a Justin pendiente de la bañera de hidromasaje de Morgan con la multitud de costumbre. Me muevo incomoda en el escalón de madera dura. Todo irá bien, me digo. Miro mi reloj. Un chirrido de un coche suena a través de mis oídos. Una tonta sonrisa aparece en mi rostro. Las echaba de menos. Cuando bajan del mercedes, me doy cuenta de que siguen igual de guapas como de costumbre.
- ¡Hey! - Grita Morgan.
- Al fin hemos llegado - Dice Kirsten.
Automáticamente, me levanto de los escalones del porche y me dirijo hacia ellas.
- No puedo creer que esteis aquí - Digo abrazándolas a la vez.
Después de besos y abrazos por parte de cada una, Morgan se queda mirando el paisaje.
- Ay dios mío, ¡mira este sitio! - Lleva unos shorts altos muy cortos y un top blanco, con plataformas de paja rojas y los complementos a conjunto. Kirsten va más normalita, con unos shorts floreados, converse, una básica camisa blanca de tirantes y una alta cola de caballo que deja su largo pelo castaño encima de su hombro.
- Me encanta todo esto - Comenta Kirsten refiriéndose al paisaje. Me mira. - ¡Te hemos echado tanto de menos! - Nos volvemos a abrazar.
- Y mírala - Dice Morgan - tienes un bronceado precioso.
- Es la suerte de trabajar todo el verano aquí.
Reímos a la vez cuando Kirsten fija la mirada a un punto en concreto. Su rostro expresa como una mezcla de confusión y deseo. Morgan y yo nos giramos para ver lo que ella ve.
Justin.
Ahí está. Dirigiéndose a nosotras. Sonriéndome. Una gran sonrisa se crea en mi rostro sin permiso. Y es que está irresistible. Se dirige a nosotras sin camiseta, dejándo al descubierto su torso fuerte y bronceado, algo sudado, con sus jeans grises y el pelo alborotado. Su caminar es increíblemente sexy, y su sonrisa ya es algo increíble.
- ¿Quién es...? - Pregunta Morgan susurrando, pero antes de que pueda responder, Justin ya ha llegado a donde estamos nosotras.
Me deposita un cálido y rápido beso en la comisura de los labios. Más rápido de lo que a mi me hubiera gustado.
- Hola bonita - Me dice sonriente. Morgan y Kirsten me miran boqueabiertas.
- Chicas, este es el chico del que os hablé... Justin.
- Hola - Dicen al unisono y Justin sonríe.
- Estaba... limpiando la cochera de tus padres, _______, esa es la respuesta a mi aspecto.
- ¡Ah! No importa, estás... - irresistiblemente sexy, pienso - muy guapo.
Justin y las chicas ríen.
- ¿Te marchas hoy ______? - Dice algo más serio.
- Sí. Sobre eso quería hablar contigo, si es posible - Miro de una manera significativa a las chicas.
- Nosotras te esperamos en el coche _______ -
- De acuerdo.
Echan un último vistazo al increíble cuerpo de Justin o a su perfecta sonrisa, alguna de las dos cosas y entran en el coche. Apuesto cualquier cosa que están hablando de lo bueno que está. Las conozco como si fuera su madre. Miro directamente a sus ojos color miel.
- Sabes que me voy un día antes que mis padres por la fiesta de Morgan, ¿verdad?
- Emm, algo así me dijiste.
- Pues he pensado que sería un buen momento para que conozcas a mis amigos. Vieniendo a la fiesta.
- ¿A la fiesta?
- Si te parece bien, claro. Y si te apetece... - Digo nerviosa. ¿Se va a negar?
- Pero... tendría que empacar todo hoy para marcharme contigo, ¿no?
- Exacto. ¿Qué me dices? ¿Estás preparado para una nueva experiéncia conmigo en la ciudad?
- Uhm... por supuesto que sí, estoy completamente preparado, señorita Bieber.
Sonrío al acordarme de ese día en la tienda de muebles.
- ¿Y Fred? ¿Qué dirá sobre esto?
- No le importará en absoluto. Él también pensaba llevarme mañana a la ciudad con todas mis cosas, para ir preparándome para el instituto y todo eso... No le importará que me vaya un día antes.
- Eso es genial.
Después de una breve explicación con las chicas, acompaño a Justin a su casa para recojer la cosas. Se da una rápida ducha y se viste mientras espero en el salón. Aparece por las escaleras, elegantemente vestido.
- ¿Estás segura de esto?
- Nunca he estado tan segura de algo - Digo sonriente, pero él permanece serio.
- Bien.
¿Qué le ocurre? ¿Es que es él que no está seguro de lo que va a hacer? ¿No quiere equivocarse? ¿Es eso?
- ¿Estás molesto por algo?
- No, claro que no - Sonríe sin enseñar los dientes, pero aún pensativo.
- ¿Porqué estás tan serio? Yo estoy realmente feliz, ¿tú no?
- ¿Sabes de lo que estoy realmente feliz? - Se acerca a mi y me coge a peso aún mirándome a los ojos desde abajo - De que hayas aparecido en mi vida - Me baja lentamente y cuando estamos uno enfrente del otro me agarra por la cintura y nos unimos en un lento y sincero beso.
- Te quiero - susurro.
***
Metemos sus maletas y las mías en el maletero del mercedes blanco. Entro en casa y me despido rápidamente de mamá y papá y les comunico que esta misma noche ya estaré en casa (ciudad) y que no se preocupen por mi. Después de una mirada fulminante de mi padre entro en el coche y Kirsten arranca con la música alta. Justin me da un largo beso. Un beso que sella que nuestra historia en el campo es solo el principio. Un beso que hace ambos sintamos que habrá obstáculos por medio, pero podremos aguantar hasta el final. ¿O no?
Una punzada de tristeza me atraviesa. ¿Van a cambiar las cosas entre nosotros? Anoche todo parecía tan fácil. Ahora las palabras de Morgan de nuestra conversación por teléfono se están introduciendo en mi felicidad. ¿De verdad estoy tan enamorada de él como para seguir esta historia en la ciudad? ¡Por supuesto! Estoy convencida de que eso es lo mejor. Da igual como marchen las cosas en un entorno diferente. Él estará conmigo, y eso ya lo hace todo perfecto. Aunque es una vida completamente diferente a la que hemos tenido hasta ahora... Él es diferente a cualquier otra persona que conozco. Divertido, tonto e inteligente, terriblemente atractivo, pero diferente. También tengo que pensar que yo también he cambiado este verano. Pero me gusta mi vida tal y como está ahora. No quiero que las cosas cambien.
Las cuestiones están destelleándo con luces de neón en mi mente: ¿Él quiere seguir conmigo en la ciudad? ¿Se sentirá a gusto con mis amigos? ¿Tendré que cambiar cosas por él? Seguramente sí, pero en realidad no me importa. Estoy realmente enamorada.
Trato de imaginar a Justin pendiente de la bañera de hidromasaje de Morgan con la multitud de costumbre. Me muevo incomoda en el escalón de madera dura. Todo irá bien, me digo. Miro mi reloj. Un chirrido de un coche suena a través de mis oídos. Una tonta sonrisa aparece en mi rostro. Las echaba de menos. Cuando bajan del mercedes, me doy cuenta de que siguen igual de guapas como de costumbre.
- ¡Hey! - Grita Morgan.
- Al fin hemos llegado - Dice Kirsten.
Automáticamente, me levanto de los escalones del porche y me dirijo hacia ellas.
- No puedo creer que esteis aquí - Digo abrazándolas a la vez.
Después de besos y abrazos por parte de cada una, Morgan se queda mirando el paisaje.
- Ay dios mío, ¡mira este sitio! - Lleva unos shorts altos muy cortos y un top blanco, con plataformas de paja rojas y los complementos a conjunto. Kirsten va más normalita, con unos shorts floreados, converse, una básica camisa blanca de tirantes y una alta cola de caballo que deja su largo pelo castaño encima de su hombro.
- Me encanta todo esto - Comenta Kirsten refiriéndose al paisaje. Me mira. - ¡Te hemos echado tanto de menos! - Nos volvemos a abrazar.
- Y mírala - Dice Morgan - tienes un bronceado precioso.
- Es la suerte de trabajar todo el verano aquí.
Reímos a la vez cuando Kirsten fija la mirada a un punto en concreto. Su rostro expresa como una mezcla de confusión y deseo. Morgan y yo nos giramos para ver lo que ella ve.
Justin.
Ahí está. Dirigiéndose a nosotras. Sonriéndome. Una gran sonrisa se crea en mi rostro sin permiso. Y es que está irresistible. Se dirige a nosotras sin camiseta, dejándo al descubierto su torso fuerte y bronceado, algo sudado, con sus jeans grises y el pelo alborotado. Su caminar es increíblemente sexy, y su sonrisa ya es algo increíble.
- ¿Quién es...? - Pregunta Morgan susurrando, pero antes de que pueda responder, Justin ya ha llegado a donde estamos nosotras.
Me deposita un cálido y rápido beso en la comisura de los labios. Más rápido de lo que a mi me hubiera gustado.
- Hola bonita - Me dice sonriente. Morgan y Kirsten me miran boqueabiertas.
- Chicas, este es el chico del que os hablé... Justin.
- Hola - Dicen al unisono y Justin sonríe.
- Estaba... limpiando la cochera de tus padres, _______, esa es la respuesta a mi aspecto.
- ¡Ah! No importa, estás... - irresistiblemente sexy, pienso - muy guapo.
Justin y las chicas ríen.
- ¿Te marchas hoy ______? - Dice algo más serio.
- Sí. Sobre eso quería hablar contigo, si es posible - Miro de una manera significativa a las chicas.
- Nosotras te esperamos en el coche _______ -
- De acuerdo.
Echan un último vistazo al increíble cuerpo de Justin o a su perfecta sonrisa, alguna de las dos cosas y entran en el coche. Apuesto cualquier cosa que están hablando de lo bueno que está. Las conozco como si fuera su madre. Miro directamente a sus ojos color miel.
- Sabes que me voy un día antes que mis padres por la fiesta de Morgan, ¿verdad?
- Emm, algo así me dijiste.
- Pues he pensado que sería un buen momento para que conozcas a mis amigos. Vieniendo a la fiesta.
- ¿A la fiesta?
- Si te parece bien, claro. Y si te apetece... - Digo nerviosa. ¿Se va a negar?
- Pero... tendría que empacar todo hoy para marcharme contigo, ¿no?
- Exacto. ¿Qué me dices? ¿Estás preparado para una nueva experiéncia conmigo en la ciudad?
- Uhm... por supuesto que sí, estoy completamente preparado, señorita Bieber.
Sonrío al acordarme de ese día en la tienda de muebles.
- ¿Y Fred? ¿Qué dirá sobre esto?
- No le importará en absoluto. Él también pensaba llevarme mañana a la ciudad con todas mis cosas, para ir preparándome para el instituto y todo eso... No le importará que me vaya un día antes.
- Eso es genial.
Después de una breve explicación con las chicas, acompaño a Justin a su casa para recojer la cosas. Se da una rápida ducha y se viste mientras espero en el salón. Aparece por las escaleras, elegantemente vestido.
- ¿Estás segura de esto?
- Nunca he estado tan segura de algo - Digo sonriente, pero él permanece serio.
- Bien.
¿Qué le ocurre? ¿Es que es él que no está seguro de lo que va a hacer? ¿No quiere equivocarse? ¿Es eso?
- ¿Estás molesto por algo?
- No, claro que no - Sonríe sin enseñar los dientes, pero aún pensativo.
- ¿Porqué estás tan serio? Yo estoy realmente feliz, ¿tú no?
- ¿Sabes de lo que estoy realmente feliz? - Se acerca a mi y me coge a peso aún mirándome a los ojos desde abajo - De que hayas aparecido en mi vida - Me baja lentamente y cuando estamos uno enfrente del otro me agarra por la cintura y nos unimos en un lento y sincero beso.
- Te quiero - susurro.
***
Metemos sus maletas y las mías en el maletero del mercedes blanco. Entro en casa y me despido rápidamente de mamá y papá y les comunico que esta misma noche ya estaré en casa (ciudad) y que no se preocupen por mi. Después de una mirada fulminante de mi padre entro en el coche y Kirsten arranca con la música alta. Justin me da un largo beso. Un beso que sella que nuestra historia en el campo es solo el principio. Un beso que hace ambos sintamos que habrá obstáculos por medio, pero podremos aguantar hasta el final. ¿O no?
Golden Lake. Capítulo 27.
Estoy doblando las camisetas en mi maleta azul cuando alguien llama a la puerta.
- Entra - Digo.
Mamá me ha comentado hace un rato que me subiría la canasta de zapatos. Pero no es mamá la que está parada en la puerta, cuando me doy la vuelta, es Justin. Contengo la respiración.
- Hey. - Me las arreglo para decir.
- Hey.
Por primera vez, desde que le conozco, el parece incómodo, como si no supiera que hacer.
- Estoy empezando a hacer las maletas... - Él habla al mismo tiempo.
- ¿Quieres ir a...? - Lo intenta de nuevo - ¿Quieres ir a dar un paseo?
Hago una pausa. No contaba con nada después de lo que ocurrió ayer noche. Pero me apetece muchísimo estar con él.
- Claro - Se me ilumina la cara.
- Te espero abajo en la camioneta, ¿de acuerdo?
- Bien.
Él se da la vuelta y sale. Me acerco al espejo de la pared y me miro. Los ojos están muy abiertos y brillantes y las mejillas están rosadas. Todo lo que necesito es un poco de brillo labial. Rápidamente me cepillo el pelo, dejándolo colgar suelto y brillante sobre mis hombros. La fresca y profunda noche me rodea cuando salgo del porche. Los grillos cantan en los árboles, igualando el sonido de la camioneta. Justin está sentado en la cabina, con un codo sobre la ventana y dando golpecitos con sus dedos sobre el volante.
- Así que, ¿estás secuestrándome? - Bromeo mientras subo.
- Definitivamente.
- Genial.
Me siento al lado mientras él se dirige por el camino de grava. El pelo se me pega a la cara cuando el viento sopla a través de las ventanas abiertas. Ninguno de los dos decimos nada, pero el silencio es tranquilizador. La radio suena mientras las luces de la camioneta rompen la oscuridad del camino. Cierro los ojos por un minuto y dejo descansar la cabeza en la parte posterior del asiento.
Después de un rato, Justin sale de la carretera y puedo sentir los golpes de la camioneta ya que vamos por un camino de piedras y tierra. Levanto la cabeza y abro los ojos.
- ¿Dónde estamos?
El oscuro e impenetrable bosque se alinea a los dos lados del estrecho camino. Él sonríe, con sus ojos directamente en el camino, sus largas y elegantes manos descansan en el volante.
- ¿Recuerdas que te dije que yo venía aquí con mis amigos el verano pasado?
- Emm, pues... algo así recuerdo.
- Pues este es el sitio que te dije que te tenía que llevar. Es fantástico.
El bosque se abre en un pequeño prado iluminado por la luna llena. Estamos cerca de un gran lago negro.
- Es precioso - Suelto de repente.
El detiene el motor y se inclina hacia la parte trasera de la cabina y saca una cesta. Caminamos hasta llegar a un lugar arenoso. El lago se extiende ante nosotros, la imagen de la luna es como una tinta brillante sobre la superficie del lago. El lago hace suaves sonidos de salpicaduras cuando llega al borde del muelle. Justin camina en la arena. Mientras le observo, el abre la cesta que ha traído y extiende una manta y un recipiente. Luego saca tres pequeñas velas en unas vasijas pequeñas de vidrio y las prende con un encendedor que saca de su bolsillo. Me quedo abrumada.
- Esto es demasiado hermoso, Justin.
El sonríe, más tímidamente de lo habitual.
- Ven aquí - Me dice, acariciando la manta junto a él.
Me siento, metiendo las piernas debajo de mi. El abre el recipiente, revelando el mousse de chocolate.
- ¿Quieres probar?
Corta dos trozos y los pone en dos platos pequeños. Cojo un trocito con los dedos y me lo llevo a la boca. Es oscuro y húmedo.
- ¿Qué te parece? - Pregunta.
- Es increíble.
Por un momento sonreímos y luego Justin mira hacia el lago. Frunce el ceño y empieza a decir algo. Me acerco a toda prisa un poco más a él en la manta.
- ¿Justin? - Pregunto en voz baja.
Él me vuelve a mirar y respira hondo.
- Tengo algo que decirte y voy a tener que hacerlo antes de que los nervios se apoderen de mí - Dice, mientras yo me pregunto si él puede oír los fuertes latidos de mi corazón - No sé tú, pero para mí, este verano ha sido uno de los mas locos, confusos... y los dos mejores meses de mi vida.
Asiento y Justin parece tomar eso como una señal de aliento, continúa, su voz es un poco más estable.
- Y tú eres la razón - Dice finalmente. Respiro y lo miro a la cara. Él está mirando hacia el agua con sus brazos alrededor de sus rodillas. Sus dedos están tan entrelazados, que sus nudillos están blancos - Sé que será difícil volver a la ciudad. Quiero decir, con todos nuestros amigos cerca y todo eso, además, estaremos de vuelta al instituto...
- ¡No será difícil! - Hablo por primera vez desde que él ha comenzado a hablar. Justin me mira - Aún podremos vernos. Quiero estar contigo - Vacilo un poco y bajo los ojos a mi regazo. Cuando levanto la vista, él está sonriendo.
- _________ McKenzie.
El sonido de su voz diciendo mi nombre hace que me pase un escalofrío por la espalda.
- Estaba tan emocionado de conocerte al comienzo del verano. Pero luego enrede todo la primera noche, hablando con Rain. Pensé que eras totalmente superficial, pero estaba completamente equivocado. Y entonces te presioné demasiado rápido después de tu cumpleaños. Debí haberme dado cuenta de que necesitabas tiempo para resolver las cosas. Contigo y con Brian... Estaba tan enfadado conmigo mismo por haber enredado todo contigo... - Él empieza a acariciar el borde de la manta. Desde el otro lado del lago, suena el eco del grito solitario de una cabra. Pongo mi mano encima de la de Justin.
- ¿Quieres oír algo gracioso? - Digo - Después de nuestra pelea en la huerta, me enfadé conmigo misma por haber enredado las cosas también.
Él alza la mirada, sorprendido. Luego nuestros ojos se encuentran y no hablamos por un largo y emocionante rato.
- Hemos tenido un tiempo genial, últimamente - Dice Justin - Ayer, en la cocina, quería decirte como me sentía, pero me acobardé. Esperaba qué - Él se detiene y baja la mirada hacia la manta - No puedo pensar en nada más que en ti.
'Este es el momento' pienso.
- También tengo algo que decirte. Cuando estábamos en la cocina...
- ¿Sí?
- Realmente quería seguir besándote toda la noche.
Justin suelta el aliento audiblemente y sonríe.
- ¿De veras? - Parece esperanzado y incrédulo al mismo tiempo.
- Sí.
Él me mira a los ojos y me levanta la barbilla. Respiro hondo mientras él inclina su cabeza y apreta suavemente sus labios a los míos. Él retira la cabeza y me mira a la cara.
- Hace mucho que estaba esperando esto.
- Yo también - Consigo decir susurrando.
Me inclino hacia él y le pongo los brazos alrededor de sus hombros. Los brazos de Justin abrazan mi cintura y nos besamos de nuevo, esta vez más profundamente. Sus labios son calientes y insistentes. Abro la boca y me pierdo en el beso, el cual envía saltos y estremecimientos por todo mi cuerpo. Lentamente, y aún besándonos, nos deslizamos sobre la manta, con nuestros cuerpos presionándose desde los hombros hasta las caderas y con nuestras piernas entrelazadas. Justin besa mi cuello, cierro los ojos y dejo caer la cabeza sobre la manta. El me atrae a él con más fuerza y nos abrazamos bajo las estrellas, escuchando el chapoteo del agua, no decimos mucho. Pero de hecho, nada necesita ser dicho.
- Entra - Digo.
Mamá me ha comentado hace un rato que me subiría la canasta de zapatos. Pero no es mamá la que está parada en la puerta, cuando me doy la vuelta, es Justin. Contengo la respiración.
- Hey. - Me las arreglo para decir.
- Hey.
Por primera vez, desde que le conozco, el parece incómodo, como si no supiera que hacer.
- Estoy empezando a hacer las maletas... - Él habla al mismo tiempo.
- ¿Quieres ir a...? - Lo intenta de nuevo - ¿Quieres ir a dar un paseo?
Hago una pausa. No contaba con nada después de lo que ocurrió ayer noche. Pero me apetece muchísimo estar con él.
- Claro - Se me ilumina la cara.
- Te espero abajo en la camioneta, ¿de acuerdo?
- Bien.
Él se da la vuelta y sale. Me acerco al espejo de la pared y me miro. Los ojos están muy abiertos y brillantes y las mejillas están rosadas. Todo lo que necesito es un poco de brillo labial. Rápidamente me cepillo el pelo, dejándolo colgar suelto y brillante sobre mis hombros. La fresca y profunda noche me rodea cuando salgo del porche. Los grillos cantan en los árboles, igualando el sonido de la camioneta. Justin está sentado en la cabina, con un codo sobre la ventana y dando golpecitos con sus dedos sobre el volante.
- Así que, ¿estás secuestrándome? - Bromeo mientras subo.
- Definitivamente.
- Genial.
Me siento al lado mientras él se dirige por el camino de grava. El pelo se me pega a la cara cuando el viento sopla a través de las ventanas abiertas. Ninguno de los dos decimos nada, pero el silencio es tranquilizador. La radio suena mientras las luces de la camioneta rompen la oscuridad del camino. Cierro los ojos por un minuto y dejo descansar la cabeza en la parte posterior del asiento.
Después de un rato, Justin sale de la carretera y puedo sentir los golpes de la camioneta ya que vamos por un camino de piedras y tierra. Levanto la cabeza y abro los ojos.
- ¿Dónde estamos?
El oscuro e impenetrable bosque se alinea a los dos lados del estrecho camino. Él sonríe, con sus ojos directamente en el camino, sus largas y elegantes manos descansan en el volante.
- ¿Recuerdas que te dije que yo venía aquí con mis amigos el verano pasado?
- Emm, pues... algo así recuerdo.
- Pues este es el sitio que te dije que te tenía que llevar. Es fantástico.
El bosque se abre en un pequeño prado iluminado por la luna llena. Estamos cerca de un gran lago negro.
- Es precioso - Suelto de repente.
El detiene el motor y se inclina hacia la parte trasera de la cabina y saca una cesta. Caminamos hasta llegar a un lugar arenoso. El lago se extiende ante nosotros, la imagen de la luna es como una tinta brillante sobre la superficie del lago. El lago hace suaves sonidos de salpicaduras cuando llega al borde del muelle. Justin camina en la arena. Mientras le observo, el abre la cesta que ha traído y extiende una manta y un recipiente. Luego saca tres pequeñas velas en unas vasijas pequeñas de vidrio y las prende con un encendedor que saca de su bolsillo. Me quedo abrumada.
- Esto es demasiado hermoso, Justin.
El sonríe, más tímidamente de lo habitual.
- Ven aquí - Me dice, acariciando la manta junto a él.
Me siento, metiendo las piernas debajo de mi. El abre el recipiente, revelando el mousse de chocolate.
- ¿Quieres probar?
Corta dos trozos y los pone en dos platos pequeños. Cojo un trocito con los dedos y me lo llevo a la boca. Es oscuro y húmedo.
- ¿Qué te parece? - Pregunta.
- Es increíble.
Por un momento sonreímos y luego Justin mira hacia el lago. Frunce el ceño y empieza a decir algo. Me acerco a toda prisa un poco más a él en la manta.
- ¿Justin? - Pregunto en voz baja.
Él me vuelve a mirar y respira hondo.
- Tengo algo que decirte y voy a tener que hacerlo antes de que los nervios se apoderen de mí - Dice, mientras yo me pregunto si él puede oír los fuertes latidos de mi corazón - No sé tú, pero para mí, este verano ha sido uno de los mas locos, confusos... y los dos mejores meses de mi vida.
Asiento y Justin parece tomar eso como una señal de aliento, continúa, su voz es un poco más estable.
- Y tú eres la razón - Dice finalmente. Respiro y lo miro a la cara. Él está mirando hacia el agua con sus brazos alrededor de sus rodillas. Sus dedos están tan entrelazados, que sus nudillos están blancos - Sé que será difícil volver a la ciudad. Quiero decir, con todos nuestros amigos cerca y todo eso, además, estaremos de vuelta al instituto...
- ¡No será difícil! - Hablo por primera vez desde que él ha comenzado a hablar. Justin me mira - Aún podremos vernos. Quiero estar contigo - Vacilo un poco y bajo los ojos a mi regazo. Cuando levanto la vista, él está sonriendo.
- _________ McKenzie.
El sonido de su voz diciendo mi nombre hace que me pase un escalofrío por la espalda.
- Estaba tan emocionado de conocerte al comienzo del verano. Pero luego enrede todo la primera noche, hablando con Rain. Pensé que eras totalmente superficial, pero estaba completamente equivocado. Y entonces te presioné demasiado rápido después de tu cumpleaños. Debí haberme dado cuenta de que necesitabas tiempo para resolver las cosas. Contigo y con Brian... Estaba tan enfadado conmigo mismo por haber enredado todo contigo... - Él empieza a acariciar el borde de la manta. Desde el otro lado del lago, suena el eco del grito solitario de una cabra. Pongo mi mano encima de la de Justin.
- ¿Quieres oír algo gracioso? - Digo - Después de nuestra pelea en la huerta, me enfadé conmigo misma por haber enredado las cosas también.
Él alza la mirada, sorprendido. Luego nuestros ojos se encuentran y no hablamos por un largo y emocionante rato.
- Hemos tenido un tiempo genial, últimamente - Dice Justin - Ayer, en la cocina, quería decirte como me sentía, pero me acobardé. Esperaba qué - Él se detiene y baja la mirada hacia la manta - No puedo pensar en nada más que en ti.
'Este es el momento' pienso.
- También tengo algo que decirte. Cuando estábamos en la cocina...
- ¿Sí?
- Realmente quería seguir besándote toda la noche.
Justin suelta el aliento audiblemente y sonríe.
- ¿De veras? - Parece esperanzado y incrédulo al mismo tiempo.
- Sí.
Él me mira a los ojos y me levanta la barbilla. Respiro hondo mientras él inclina su cabeza y apreta suavemente sus labios a los míos. Él retira la cabeza y me mira a la cara.
- Hace mucho que estaba esperando esto.
- Yo también - Consigo decir susurrando.
Me inclino hacia él y le pongo los brazos alrededor de sus hombros. Los brazos de Justin abrazan mi cintura y nos besamos de nuevo, esta vez más profundamente. Sus labios son calientes y insistentes. Abro la boca y me pierdo en el beso, el cual envía saltos y estremecimientos por todo mi cuerpo. Lentamente, y aún besándonos, nos deslizamos sobre la manta, con nuestros cuerpos presionándose desde los hombros hasta las caderas y con nuestras piernas entrelazadas. Justin besa mi cuello, cierro los ojos y dejo caer la cabeza sobre la manta. El me atrae a él con más fuerza y nos abrazamos bajo las estrellas, escuchando el chapoteo del agua, no decimos mucho. Pero de hecho, nada necesita ser dicho.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)