Desde el columpio de madera del porche, un sábado por la tarde, puedo oír el ronroneo del coche de Brian, mucho antes de que pueda verlo. Siento que mi pulso aumenta de inmediato, pero me obligo a mi misma a permanecer tranquila, empujando suavemente el vaivén de ida y vuelta, con un dedo del pie descalzo.
El sol es ferozmente abrasador, pero en la sombra donde estoy puesta pasa una brisa agradable.
El campo está realmente tranquilo, pero puedo escuchar todos los sonidos de alrededor con claridad: El motor de Brian, el sonido de las cuerdas del columpio, el océano y tenue rumor de las ondas de viento en las copas de los árboles.
El coche amarillo aparca. Escuchándose 'Let's go' fuertemente en el estéreo. A través del parabrisas, puedo ver la cabeza oscura y familiar de Brian. Apaga el motor.
Mi primer instinto es saltar y llamarle, pero algo me mantiene sentada en silencio, oculta en la sombra, balanceándome. Brian sale del coche, lleva una camisa blanca ajustada, y unos baqueros oscuros lavados y perfectamente deshilachados. Sonrío un poco. Silencio el columpio y me quedo quieta, observándole. Brian hace una caminata lenta mientras se acerca, se queda mirando la casa durante un largo rato, con cara de incredulidad. Luego avanza hacia el porche.
- ¡Ey! - finalmente me levanto y Brian salta.
- Vaya, ¡ey! Hola, nena. Me has asustado.
- Lo siento. - Bajo las escaleras para abrazarle. A pesar de todo lo que he pensado estos días, estoy feliz de volver a verle - ¡Estoy tan feliz de que estés aquí!
- Sí, yo también. - Me envuelve con sus brazos.
Me mira valorativamente. Algo en su mirada hace que me pregunte si debería haberme secado y alisado el pelo o haberme puesto algo más, que los pantalones vaqueros y una camisa beige. Él deja caer sus brazos.
- ¿Hay algo frío para beber? - Me pregunta.
- Sí, vamos dentro, así luego te hago un tour por este lugar.
- Excelente.
Comienza a seguirme, mirando aún la casa.
- ¿Cómo te puedes acostumbrar a este sitio?
- ¡Oh, no está nada mal! En realidad es más grande de lo que parece desde el exterior. Tengo mi propia habitación.
Me doy cuenta de lo que estoy insinuando. No era mi intención, simplemente lo he dicho, así sin más. Me voy apagando y me doy cuenta de que no tengo ni la menor idea de lo que estoy diciendo. Brian me mira fijamente, con la boca ligeramente abierta.
- De todos modos, la casa dentro es muy bonita. - Continúo nerviosamente, incapaz de detener el flujo de las palabras. - También tengo un porche - Señalo el balcón de mi habitación.
- Está muy bien.
Le agarro del brazo, pero me sentía más cómoda cuando el brazo estaba apartado. Parece increíble, yo hablándole tan bien del campo a Brian. Cuando me había burlado de eso muchísimo, sin saber nada de lo que sé ahora. Brian parece un poco incómodo por alguna razón, la hierba colgando del techo, parece todo tan fresco y acogedor.
- Este es el patio trasero - Declaro mientras Brian saca su móvil del bolsillo. Él mira hacia arriba.
- Chad me acaba de enviar un sms, ¿que habías dicho?
Ahora mismo tengo problemas para controlar el enfado que llevo encima. ¿Hace cinco minutos que está aquí y ya tiene que mirar los mensajes? Además, que ni siquiera está prestando atención a lo que le digo ni lo que le enseño.
- Había dicho que este es el patio trasero.
- Oh, sí. Muy bonito - Brian señala sin interés.
Me doy por vencida.
- Hay algo de té de menta con hielo en la cocina, ¿no tenías sed? - Digo abriendo la mosquitera. De alguna manera deseo que se quede solo en el porche, pero desgraciadamente entra conmigo a la casa.
Él mira a su alrededor de forma casual, las paredes de color amarillo brillante y los muebles de madera, antes de apoyar el codo sobre el mostrador. Saco la gran jarra de té y nos sirvo a cada uno. Me siento en una silla en frente de él. Vacía su vaso de té en tres tragos y lo pone encima de la mesa con un profundo suspiro. Hago lo mismo.
Recuerdo todos y cada uno de los momentos junto a Brian, cuando íbamos con nuestros amigos a las discotecas, nos lo pasábamos en grande, sus besos, su caricias...
Simplemente estaba locamente enamorada de ese chico de ojos azules. Pero, ¿por qué se levantan los pensamientos del pasado ahora? Puede ser que por que ya no me siento la chica de hace unos meses. Brian se mueve un poco en la silla.
- Cuando venía en el coche, me daba la sensación de que me había perdido, hasta que vi el cartel de la viña - Ríe.
- ¿Ah si? Es poco probable perderse por aquí, la carretera es siempre recta y hay carteles a todos lados... - Sonrío tímidamente.
- Sí, eso ya lo vi. - Silencio unos instantes - ¿Dónde están tus padres? - Sonríe diabólicamente. Le sigo la sonrisa.
- Están fuera. Tenían que ir a la ciudad para conseguir algunas piezas para el tractor. El padre de Justin está reparando algunas estacas en el jardín derecho, y Justin está... En realidad, no sé lo que está haciendo.
- Umm, sí, Justin. ¿El tipo que cogió el móvil? - Frunce el ceño.
- Sí... - Bajo la mirada.
- ¿De dónde viene? ¿De aquí?
- Mmm... sí. Bueno en realidad, solo está aquí los veranos, en invierno está en la ciudad, como nosotros... En la escuela pública de Westside - El corazón me late muy rápido, no sé el por qué. Nada acerca de Justin es un secreto, simplemente es Justin. Miro a Brian con una gran sonrisa, disimulando.
- Oh, sí, ¿Wentside? - Brian resopla - ¿Qué es lo que hace a parte de estudiar en la ciudad? ¿Él es basurero o algo así?
- ¡No! - La vehemencia de la palabra nos sorprende a ambos. Bajo la voz con un esfuerzo - El padre de Justin es el socio de negocios de mi padre, y él le ayuda ¿te acuerdas? ¿Por qué eres así?
- Lo siento - murmura - Me olvidé de eso. Ven a mi lado, te he echado de menos.
Tomo una respiración profunda. Él me agarra de la cintura y me pega el uno con el otro. Simplemente quiero disfrutar de su presencia, es mi cumpleaños. Es lo que toca. Entrelazamos las manos. Sus profundos ojos azul cielo penetran en mí en una mirada fija, encantadora.
- Yo también te he echado de menos - Le digo cerca del oído, susurrando.
Brian me masajea la parte posterior de los muslos a través de mis pantalones vaqueros y luego mete las manos hasta quedar justo debajo de mi trasero. Cierro los ojos. Nuestros labios se juntan, a continuación, la lengua de él se desliza por mi boca. Me echo hacia atrás. Estamos llegando demasiado lejos, hoy no quiero hacerlo. Torpemente me desenredo de él. ¿Cuál es el problema? Solo es Brian, en el campo, conmigo. Tenemos ganas de hacerlo, ¿qué tiene de malo eso? No lo sé, y me molesta.
Respiro pesadamente, me aliso el pelo con ambas manos. Brian me mira decepcionado.
- Ven aquí - Dice señalando su regazo.
- ¿No quieres un paseo? Te puedo enseñar la sala en la que he estado trabajando. Está en un antiguo granero. - Suspira y se levanta.
Mientras caminamos hacia allí, me fijo en él. Parece molesto. Me doy la vuelta, da igual lo que quiera él ahora mismo, a mí no me apetece y punto.
Momentos de silencio, incómodos. Me vuelvo para ver si Brian se atreve a decir algo, pero le veo con el móvil en la mano.
- ¿Otra vez? - pregunto incrédula.
- Sí, lo siento - Dice sin mirarme - Es Chad, todo el mundo va a ir esta noche a Tangerine. Se me olvidó decirle que iba a venir hasta aquí. Me pregunta que si me paso por su casa antes de ir a la fiesta.
Teclea algo rápidamente. Noto como cada vez estoy más enfadada. Al menos podría fingir que le interesa lo que le digo, para algo ha venido desde tan lejos, ¿no?
Continúo enfadada, mientras andamos en el camino de piedras. Luego exhalo audiblemente y trato de hablarme a mi misma otra vez. 'Tú también pensabas que el campo era un aburrimiento la primera vez que viniste aquí, ¿recuerdas? Brian no ha visto las partes geniales todavía. Cuando se familiarice más con este sitio, va a ver lo que tú ves'.
Vemos el hermoso paisaje, el prado, el río y el cobertizo que se extiende ante nosotros como objetos en un cuadro.
- ¿No es bonito? - Digo sin esperanza
- Sí. Entonces, ¿qué pasa con esta noche? - Pregunta él.
Lucho por mantener la expresión herida de mi rostro cuando le respondo.
- Sólo va a ser una cena aquí con mis padres, el padre de Justin y él. Mi madre me dijo que habría una sorpresa. Creo que está cocinando algo, o mi padre tal vez. Hablaban en susurros estos últimos días...
- ¿Por qué ese tipo viene? - Le disparo a Brian una mirada fulminante. Se refiere a Justin.
- ¿Por qué eres tan detestable? Él viene porque vive aquí.
- ¿Dónde?
- ¡Aquí! Ahí mismo. - Señalo la casa blanca, que se ve a través del campo - Él y su padre viven en esa casa.
- ¿Viven allí? Pf - Ríe sarcástico
Me detengo y doy media vuelta.
- ¿Por qué vas de sobrado? No es propio de ti - Le disparo a él. Brian retrocede un paso y levanta las manos.
- ¡Vaya! No te enfades tanto.
Enseña sus sonrisa encantadora.
- Sólo estaba bromeando.
Se abalanza sobre mí, queriéndome abrazar, pero doy media vuelta y me dirijo rápidamente a la orilla del lago. La vista de la clara agua dorada cayendo sobre las piedras grises me tranquiliza. Tomo una bocanada de aire.
- Este es mi sitio preferido para pensar, el lago dorado, a esta hora está precioso.- Le digo a Brian calmadamente.
- Sí, lo es.
Meto los pies en el agua.
- Vamos Brian, está fresquita y es muy agradable.
Se acerca a mi y se sienta a mi lado. Se quita sus caros zapatos y hunde los pies en el agua.
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