Doy dos pasos atrás y la sombra de un enorme árbol hace que pueda ver con claridad.
El chico misterioso salta fuera de la camioneta, aterrizando con suavidad en el terreno. Mide una cabeza más que yo apróximadamente, y su gastada, estrecha camisa gris cuelga de sus anchos hombros, mostrando los músculos de su pecho y sus brazos.
Desde donde yo estoy de pie, puedo ver que sus antebrazos son fuertes y marcados, y tiene un tipo bronceado que sólo viene de trabajar al aire libre. Lleva un sombrero tipo cawboy de paja, aunque no impide que pueda fijarme en sus preciosos ojos color miel en los que me estoy quedando embobada.
Alguien me interrumpe los pensamientos.
- ______, quiero que conozcas a Justin - Dice mamá agarrando suavemente al joven del brazo acercándolo a la sombra en la que estoy. -
- Hola - Dice con una sonrisa amplia. Me fijo en sus labios y en sus perfectos y blanqueados dientes -
- Hola, soy ______ - Respondo con una sonrisa y acto seguido me coloco el pelo hacia un lado -
- Justin trabajará contigo en el viñedo este verano - Dice mamá sin darnos mucha importancia -.
Vaya, es guapísimo. No aparto la vista ni un segundo de él. Inspecciono cada parte de su cuerpo disimuladamente.
El momento se extiende hasta que él parpadea sus largas y negras pestañas rápidamente, como si estuviera tratando de despertar de algo, y luego me tiende la mano.
- Un gusto conocerte - Su sonrisa es amplia -
Sacudo la mano de Justin con delicadeza. Su mano está caliente y firme contra la mía. Tomo aire en al notar nuestro contacto.
¿Qué está pasando? ¡Para! Suelto su mano y me quito torpemente el pelo de la frente. Mientras pensaba que por mucho que hubiera alguien de mi edad, y por lo que se ve simpático, no cambiaría nada. Voy a seguir aquí, atrapada, él estará acostumbrado a todo esto... El campo, los bichos... Pero yo no.
Mientras por unos segundos estaba metida en mis pensamientos, Justin casualmente se mete las manos en los bolsillos de sus maltratados pantalones vaqueros, y se apoya en el lado de la camioneta.
- Él vuelve a sonreír - Así que acabas de llegar... - Dice -
- Si... - No puedo pensar en nada más que decir -
Justin espera un segundo y vuelve a intentarlo.
- ¿Que piensas sobre este sitio hasta ahora? - Se rasca la nuca observándome -
- Obviamente, es genial - Mierda. El sarcasmo no era intencional; quiero parecer amigable. Demonios. -
Siento que estoy en el instituto, en posición firme, frente a él como si estuviera a punto de recitar el Juramento de la bandera o algo así. Justin parece un poco abatido.
- ¡Ah, sí! ¡La casa es increíble! ¿Has visto la viña todavía? - Yo bufo un poco involuntáriamente -
- Bueno, difícil no verla... - Arggg. Grosera, cuando en realidad quiero llevarme bien con él y ser amistosa. Intento ser educada pero la situación parece ir empeorando cada segundo que pasa.
El sol es abrasador y lo peor es que aún no tengo ni idea del ''impresionante proyecto'' que mis padres han creado para este tipo y yo. No importa lo amable que sea Justin, no puede tele-transportarme de vuelta a la ciudad, y eso es realmente lo único que quiero.
Justin abre la boca, pero la vuelve a cerrar de forma abrupta y me lanza una mirada inquisitiva, como si acabara de descubrir algo.
- Sí, creo que esto es demasiado malo si eres fiestera. Estás alejada una trescientas millas de todo eso - Dice rodando los ojos en broma y con una sonrisa -
- ¡Está bien, chicos! - Papá se acerca, sonriente. Da una palmada con las manos. - Ahora tengo un proyecto muy especial para vosotros dos -
Oh dios, pienso.
- Bueno solo os lo enseñaré, va a ser fantástico cuando lo acabéis. Vamos, subir al camión. - Mi padre sube en el asiento del conductor de la camioneta roja -
- Mmm... Papá, ¿de donde has sacado este camión? - A las ventanas le faltan los vidrios, y el relleno de los asientos, sale por todas partes. El interior de la camioneta está llena, generosamente, de pelo de perro y pedazos de paja.
- Lo compré en una subasta cuando llegamos aquí en Navidad. ¿Recuerdas que te lo conté? - Recuerdo vagamente algo sobre una gran oportunidad de comprar algo... Pero no mucho más. -
- Sube - Justin se encaramó de nuevo a la parte de atrás del camión y me tiende la mano para que suba -
- No importa, puedo sola - Digo segura de mi misma y coloco mis gafas de sol en la parte superior de mi cabeza -
Subo con torpeza tratando de no mostrar mi bikini rosa. Mis pies se deslizan alrededor, la zapatillas de deporte habrían sido una mejor elección para hoy. Ya casi estaba en el camión, cuando una de mis sandalias queda atorada en algo y caigo al suelo. Miro a Justin consternada.
- ¡Mierda! - Estoy atrapada en una posición no muy elegante, a ambos lados del portón trasero, con una pierna en el camión, una fuera, con el trasero sobresaliendo de mi falda. -
Paso una pierna por encima y así poder bajar, pero antes de que pueda hacerlo, escucho un ruido sordo a mis espaldas. En un movimiento, Justin se agacha y me entrega la sandalia, y sin esfuerzo sube de nuevo al camión.
- Gracias - Digo sorprendida -
- No hay problema - Él me guiña un ojo -
Me siento en un fardo de paja, y el motor del camión comienza con un rugido. Me hecho el pelo suavemente hacia atrás.
- Tu padre parece no darse cuenta de que existe este invento llamado silenciador - Dice señalando la parte delantera de la cabina. Me hecho a reír.
El viento sopla en mi cara y mi cabello ondea detrás de mi, como una bandera de oro larga. El camión golpea el suelo rocoso, mientras baja sin asfaltar entre las filas y filas de viñas. La uvas cuelgan de sus racimos debajo de sus cubiertas hojas verdes. A pesar de las ordenadas y curvadas filas, el lugar tiene un aire un poco salvaje.
El camión se detiene delante de un pequeño arroyo. Miro alrededor, al banco rocoso torciéndose a lo largo del campo en una franja de plata, hasta que desaparecía de vista entre dos colinas.
Ese debía ser el límite de la propiedad. Un extenso prado se extiende al otro lado de la corriente, con hierbas altas y rocas dispersas compitiendo por espacio, con montones de flores silvestres azules y amarillas.
Las montañas se extienden mas allá. Papá apaga el motor, Justin se levanta rápidamente y salta de la camioneta. Yo le sigo con cautela, mirando la distancia desde donde estoy hasta el suelo, tratando de calcular si podría hacerlo sin perder ninguna otra cosa.
Miro hacia arriba , dándome cuenta de que Justin me esta mirando otra vez.
- No te preocupes - Bromea - No voy a mirar como saltas - Frunzo el ceño -
Este tipo está leyendo mi mente, es asombroso. Irritante y asombroso. Vuelve hasta el borde de la camioneta.
- ¡Hey! Estaba bromeando - Extiende los brazos en rendición - Vamos te ayudaré -
Miro hacia sus ojos color miel, desde mi posición en el camión, me inclino con torpeza y sujeto la falda de mi vestido entre las rodillas. Me aferro al borde de la puerta trasera con una mano y cierro los dedos alrededor de los de Justin con la otra.
Salto patéticamente, casi cayéndome. Él me agarra por la cintura con rapidez. Por un segundo, sus brazos me rodean, abrazándome contra su amplio pecho. Siento el calor de su piel a través de la camiseta, atrapo un olor fresco, a jabón de pino. Se me escapa un pequeño suspiro.
Molesta, lucho para estabilizarme. Él deja caer sus brazos rápidamente.
- ¿Estas bien? - Pregunta sonrojándose un poco -
- Sí, estoy bien - Murmuro y me concentro en sacudir el polvo de mi vestido para no tener que mirarle. Mis rodillas tiemblan un poco, pero no sé el por qué. ¿Qué me ayude a bajar? No es gran cosa. He tropezado un poco, eso es todo. Este lugar me desequilibra.
- ¡Vamos vosotros dos! - Nos llama papá, desde el porche de un pequeño edificio de madera color rojo, ubicado en la orilla del arroyo.
Mi padre empuja una puerta de roble revelando una habitación vacía. Justin y yo entramos. El espacio es un cuadrado, con paredes de yeso, y un entarimado. No hay techo, sólo parte inferior del tejado y vigas que se alzan unos veinte pies. Golondrinas se arrojan dentro y fuera, por una ventana abierta de lo alto de la pared. La luz del sol se filtra por el vidrio de las ventanas, pintando sombras en el suelo. Un capa ligera de polvo, lo cubre todo.
- Los antiguos propietarios lo utilizaban como almacén - Explica papá - Pero originalmente es un establo de cabras, así como una granja o viñedo. Podéis ver que está bien construida. -
- Sí, lo está - Dice Justin aprobando, dándole con los nudillos en la pared.
Me pongo a mirar por la ventana, intentando olvidar esta horrible pesadilla. Giro la cabeza y veo que papá y Justin me están mirando fijamente.
- Mmm... - Logro decir, fingiendo admirar las paredes llenas de telarañas. - Entonces, ¿cuál es el plan papá? - Mejor acabar con esto de una vez -
- Que bien que lo preguntes - Mi padre sonríe como un niño. - Se puede ver que la estructura está en buena forma. Todo lo que necesita es una limpieza rápida y, entonces... Fred, quién me ayuda en las viñas, y yo, queremos que vosotros dos os encarguéis de transformar esto en nuestra nueva sala de catas -
Hace una pausa para ver nuestras reacciones. Justin alza las cejas ligeramente.
- Ah... Pues genial, Bob - Dice Justin. Mi padre continúa -
- Queremos que vosotros dos os hagáis cargo de este proyecto, que decidáis como queréis ordenar la habitación, donde irán los vasos, las mesas, las sillas, cuadros, las alfombras, después de que se haya limpiado todo, por supuesto.
- Así que, aquí es donde los visitantes vienen a emborracharse de vino, ¿verdad? - No puedo evitar decir -
- Que graciosa ______ - Mi padre se ve molesto. - La sala de cata es donde nuestros visitantes prueban nuestro vino, exploran y discuten su calidad. Ellos pueden ir a la ciudad si quieren emborracharse hasta explotar. Esto se supone que es una sala refinada, de relax, donde las personas pueden centrarse en la degustación del buen vino, disfrutar de una conversación y... - Se acerca al lado contrario de la casa, donde una puerta corredera se extiende por todo lo largo de una pared. Jadeando un poco, la abre. La luz del sol inmediatamente inunda la habitación - ¡Disfruten de las vistas! - Concluye triunfalmente -
Miro hacia fuera las impresionantes montañas. Silencio durante unos segundos, mientras contemplamos el paisaje.
- Asombroso. Esto va a ser genial. ¿Verdad _____? - Todo lo que podía hacer es mirarlo con consternación.
¿Qué le ha pasado a mi verano? ¿Bronceados? ¿Fiestas? ¿Dormir hasta las tantas? ¿Qué estaba haciendo aquí, en un granero en el centro del país? Mi padre, sin embargo, parece ajeno al intenso dolor que le está causando a su única hija.
- Bueno Fred y yo vamos a fijar la manguera de riego, al oeste. Tengo algunos artículos de limpieza, baldes y trapos. No hay agua afuera. - Señala la ventana, donde puedo ver un antiguo grifo de metal, en medio de un espacio libre de hierbas - Tomaros un tiempo para observar lo que tenéis que hacer, y luego empezad -
Miro a papá suplicante, pero él parece no darse cuenta. No tengo salida. Mi padre se marcha y Justin se da la vuelta. Me mira y se acerca a un montón de productos de limpieza que hay en el suelo, en un rincón. Me siento en un cubo boca abajo, no me doy cuenta hasta unos segundos después de que está sucio. Me levanto y me doy media vuelta. Genial. Intento, infructuosamente, sacudir el polvo de la falda con las manos.
Alzo la mirada y veo a Justin observándome otra vez.
- ¿Qué? - Replico -.
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