A eso de las cuatro de la mañana me despierto en un charco de sudor, mi cuerpo está pegado a las sabanas y mi cara pegada a la cama.
Supongo que la fiebre se ha ido definitivamente.
Pongo mis manos sobre la cama y hago un esfuerzo por levantarme, pero mi equilibrio debe haber sido apagado. Mi cama se siente desigual.
Lo intento otra vez, buscando a tientas la lámpara y enciendo la luz. Entonces pienso que estoy viendo cosas, la apago y la vuelvo a encender. Me pellizco. Me pellizco muy fuerte. Pero nada cambia.
Justin definitivamente está dormido en mi cama.
Mierda.
Mierda.
¿Qué parte de mi fiebre inducida por el sueño era real? Me siento segura al asumir que mi tiempo siendo una abeja era ficción, así como algunos animales mitológicos que juraría que había visto. Cuando yo estaba viviendo en el sol con extraterrestres.
Pero Justin estaba en mi cama. Definitivamente había estado en mis sueños, pero no todo podía ser real. A veces el voló y gran parte del tiempo estaba desnudo. Y había más de una docena de momentos, algunos difusos y otros muy claros. ¿Dónde estaba el límite? ¿Qué había ocurrido realmente? Demonios, ¿Era esto incluso real? Tal vez estaba soñando que mi fiebre se había ido. Me estaba volviendo loca y antes de que tuviera la sensación de mi mente para poder formular un plan, estaba sacudiéndolo a él para despertarlo.
Estaba con los ojos llorosos y hermosos. Me llamó la atención por un momento el hecho de que él estaba durmiendo en mi almohada.
Estaba en mi cama. Conmigo.
Durmiendo.
¡Estábamos durmiendo juntos!
—Estás despierta. —Dios, ¿desde cuando aturdido y magnifico van tan bien juntos? Con los ojos abiertos asiento con la cabeza, después de haber pensado en lo que diría cuando estuviera despierto.
—¿Cómo te sientes?
Que podía responder.
—Como una mierda. Me duele todo. Mi garganta es lo peor.
Extiende su mano y la pone sobre mi muslo. Como si esto fuera normal. Como si nosotros pusiéramos nuestras manos sobre los muslos del otro todo el tiempo.
—Eso es normal, creo —dijo. ¿El muslo? No, no... mi garganta. Y continúa: —¿Necesitas algo?
Negué con la cabeza. ¿Qué demonios había pasado mientras yo estaba tan fuera de mí?
Se sentó, y la sabana cayó alrededor de su cintura, dejando al descubierto todo su torso ante mis ojos. La sabana caía alrededor de sus caderas, dejando ante mis ojos los músculos que desaparecían hacia abajo, en sus pantalones cortos. Dios. Su mano fue hacia mi pelo, el cual caía lacio y grasiento contra mi cara, un claro contraste con lo bien que se veía él en estos momentos. No parecía importarle.
Una vez más, ¿qué diablos estaba pasando?
—Me alegro de que estés bien —dijo.
Asentí con la cabeza. Asentir con la cabeza era todo lo que sabía hacer, lo único que podía entender. Asentir con la cabeza, por lo menos, todavía tenía sentido.
—Tienes que dormir. Tú todavía necesitas descansar. ¿A menos que tengas hambre?
Negué con la cabeza.
—Entonces, duerme.
Me dio un empujoncito y bajé mi cuerpo poco a poco, segura de que en cuanto mi cabeza estuviera en la almohada, este universo alternativo dejaría de existir.
No lo hizo.
Apartó las mantas y se deslizó fuera de la cama.
—¿Te vas? —le pregunté.
Se detuvo, y en una rápida sucesión, lo vi darse cuenta de donde nosotros estábamos y lo poco que llevaba. Vaciló, inseguro. Fue una emoción extraña, una que rara vez le había visto tener.
—¿Quieres que lo haga? —Quería hacer una pausa en ese momento, estudiarlo, romper el segundo en el cual él se había atrevido a tener dudas. Por supuesto que no quería que se fuera. Nunca quise que se fuera.
Negué con la cabeza. Me alegro de que la fatiga me mantuviera un poco tranquila.
Sonrió tan amplio que me olvidé de que la duda existió.
—Entonces no me voy. Voy a coger un vaso de agua. Vete a dormir.
Se fue, y me quedé de lado, tambaleándome. Podía oír el grifo encenderse y apagarse. Traté de imaginar lo que estaba haciendo. El suelo no está crujiendo, así que no estaba caminando hacia atrás. ¿Estaba de pie en el lavabo para beber? ¿O no hacía ningún crujido porque mi ilusión había terminado y él no iba a volver? ¿El suelo crujió en su camino hacia el fregadero? No lo podía recordar. Empecé a sentir pánico. Tal vez tenía que levantarme e ir tras él. Asegurarme de que era real.
Entonces mi cama se hundió, sentí el calor detrás de mí, y una brazo alrededor de mi cintura. Me pongo rígida y luego me relajo tan de repente que yo prácticamente caigo en él. Está tan caliente, me siento como si estuviera con fiebre otra vez.
Aparta mi pelo hacia arriba y lo pone sobre la almohada, para que mi cuello este al descubierto. Entonces siento algo, la punta de su nariz tal vez, rozando suavemente contra mi piel y el soplo de su aliento.
—¿Justin?
Su brazo se aprieta, su cuerpo se curva alrededor del mío, incluso nuestros muslos se presionan entre sí.
—Mañana, Bliss. Ahora duerme.
¿Dormir? La idea parecía imposible, pero cuando su respiración se estabilizó y me acostumbré a sus caricias, me di cuenta que estaba cansada todavía. Quería analizar lo que había pasado, lo que recordaba y lo que no hice, pero el sueño parecía más importante.
Justin estaba en lo cierto. Se podría esperar hasta mañana. El estaría aquí. Dijo que no se iría. Pero, por si acaso puse una de mis manos sobre lo que apoyaba contra mi estómago. Yo había pensado que ya estaba dormido, pero estaba lo suficientemente despierto para responder entrelazando nuestros dedos.
Cuando yo estaba segura, tanto que era real y que no se iría... cuando mi duda se había ido, me dormí.
Me desperté varias horas después. La luz entraba a través de mi alta ventana, y mi piel estaba resbaladiza por el sudor. Por un momento pensé que tenía fiebre otra vez. Me senté, y el brazo de Justin cayó de mi cintura. El gimió.
Sus cejas estaba surcadas por gotas de sudor que salpicaban en su cara. Apoyé mi mano sobre su frente, y efectivamente, estaba ardiendo.
Se veía horrible, pero me imaginé que yo lucía aún peor. Mi piel y mi ropa estaban húmedas de sudor, tanto la suya como la mía. Se sentía como si la suciedad y la enfermedad hubiesen sido untadas sobre la parte superior de mi piel.
Con cuidado me moví fuera del alcance de Justin y puse mis pies en el suelo de madera fresca. Estando de pie me dolían todos los huesos, como si hubieran sido rotos y puesto en el sitio equivocado, y ahora tenían que volver a romperlos para enderezarlos. Cada paso se sentía como si me clavasen clavos en los talones, rodillas y caderas. Puse una mano sobre la pared para mantenerme erguida. Y mi viaje hacia el cuarto de baño estuvo compuesto por treinta pasos lentos arrastrando los pies, en vez de los habituales diez pasos. Cuando llegué allí, me faltaba el aire y estaba lista para otra siesta.
En mi mente confundida y adolorida, me pareció muy importante estar limpia primero. Abría la ducha dejándolo en el lado frío en lugar de automáticamente empujarlo a caliente como de costumbre. Me quité al ropa, lamentándome cada vez que me quitaba algo y descubría que tenía otra capa debajo. Cuando llegó a mi sujetador, pensé que ya estaba a punto de terminar.
Por fin soy libre, pero ya no tengo fuerzas para darme la ducha que quería. Como un niño aprendiendo a caminar, me meto en la bañera con los brazos cruzados y dejo que el agua caiga por mi piel. Mi estómago, sobre todo, se siente tan sensible que cada gota pica por el impacto, como si alguien estuviera dejando caer pequeños misiles desde arriba.
Pero aún así, se siente fresco y encantador, y me fundo en la sensación.
Durante mucho tiempo me quedo allí, cayendo dentro y fuera del sueño. Cuando mi respiración se vuelve estable y se alivia el dolor en mis músculos, me levanto, dejando que el agua empape mi pelo y que corra por mi cara.
El champú se convierte en el malo de mi historia, haciendo que me piquen los ojos, agotándome mientras trato de frotarlo y enjuagarme. Se siente como si hayan pasado horas antes de que el agua corra lo suficiente clara para que yo pueda abrir los ojos sin que me quemen. Y luego no logro convencerme a mí misma de hacerlo otra vez con el acondicionador.
Apago el agua, y me recuesto sintiendo la fuga de agua debajo de mí. Cuanto más tiempo permanezco con los ojos cerrados más pesado se vuelve mi cuerpo. Los pequeños charcos de agua en mi piel se secan lentamente, y se siente bien esta desocupado para estar quieta un momento.
Entonces me acuerdo de Justin y supe que había sido egoísta el tiempo suficiente.
La pared de la bañera bien podría haber sido una almena. Me tomó toda mi fuerza pasar por encima de ella. La ropa estaba completamente fuera de la cuestión. Envolví mi pelo en una toalla y mi cuerpo en una bata. Agarro unas pocas toallas, las remojo en agua fría y las escurro para que no gotee.
Me sentía un poco más viva ahora y logro caminar sin andar a tientas a la pared. El dolor sigue ahí, en el fondo de mi mente a cada paso que doy, pero lo puedo manejar. Aun así, fue un alivio hundirme en mi cama al lado de Justin.
Me quito las mantas otra vez, y él se mueve, pero no se despierta.
Pongo uno de los paños húmedos en su frente y desdoblo otro y lo pongo sobre su pecho. He utilizado el último para pasarlo por sus brazos y piernas. A pesar de que es demasiado difícil, así que pongo el paño que le he pasado debajo de su cuello.
Luego me acuesto a su lado y duermo.
La próxima vez que nos despertamos los dos. Sigue teniendo fiebre, pero le convenzo para que beba un poco de agua. No fue hasta que él tomo un trago que me di cuenta de que estaba sedienta. Le ayudo a beber un vaso y luego bebo dos vasos yo. Tenía la energía suficiente para quitarme mi gorda bata y sustituirla por un pijama suelto. Y luego pongo otra vez un paño húmedo sobre la frente de Justin y suspira.
—Gracias —murmura.
No estaba segura de lo coherente que él era. Definitivamente sabe que estoy allí, por como me había llamado por mi nombre un par de veces desde que se despertó. Y sabía que estaba enfermo, pero yo no sabía cuanto sabia más allá de eso.
—De nada. Pero para ser justos, tú has cuidado de mí en primer lugar.
Sus ojos están cerrados, pero sonríe.
—Eres mejor en ello.
—No importa —le dije—. Era agradable el hecho de no estar solo.
Trató de cambiarse de lado para poder mirarme a la cara, pero termina apenas alcanzándome con sus brazos, su cuerpo todavía plano.
Me pasa un brazo alrededor de mi pecho y tira de mí. Sus brazos están a mi alrededor y vuelve a tirar de mí, así que terminamos en el costado y el mucho más cerca.
Cuando se establece, sopla hacia fuera agotado por el poco movimiento.
Dice: —Lo siento.
—¿Por qué?
¿Necesitaba ayuda? Parecía mucho más fuerte y mejor de como había estado yo.
—Por dejarte totalmente sola. Para conseguir algo entre tu y Cade. Por ser demasiado orgulloso para decirte que te extrañaba. Lo siento.
Estaba confundida, las piezas del rompecabezas no encajaban.
Pero he oído lo que me importaba, que lo sentía y que yo también lo sentía. Y mi cerebro estaba demasiado difuso para recordar todos los detalles de porque esto no debería estar sucediendo. Lo atraje hacia mí y su cabeza cayó en el hueco de mi cuello. Respiré profundamente y se sentía como si fuera la primera vez en meses. Quería preguntarle acerca de la llamada telefónica, de nuestra pelea, de todo. Pero el seguía murmurando una y otra vez en mi cuello: —Lo siento.
Y no me importó.
Solo lo sostuve con más fuerza y juntos, afectados por la enfermedad y el sueño.
lunes, 25 de noviembre de 2013
viernes, 15 de noviembre de 2013
First Love. Capítulo 23.
Me encontré con él tan pronto como las escenas habían terminado.
Los actores se arremolinaban aún en sus trajes. Profesores felicitaban a sus alumnos, y todos corrían hacia sus grupos, haciendo planes para el fin de semana. Todo el mundo parecía tranquilo y feliz, y me sentí como si el mundo se estuviera acabando. Caminar hacia Justin era como entrar en una habitación llena de gas mortal.
Pero lo hice de todos modos.
Por suerte, él no estaba hablando con nadie, simplemente comprobando algo en su teléfono. Estuve detrás de él durante unos momentos. Solo estar tan cerca de él me afectó. Realmente era como un veneno. Lo inhalé, y pude sentir como caían los muros y la protección que había construido.
No sé si hice ruido o si me sintió detrás de él pero se volvió y me miró. Por un segundo, pensé que iba a sonreír. Entonces su expresión cambió y estuvo en alerta. Como si no confiara en mí. Entonces su rostro estuvo en blanco.
Tuve todas estas emociones y recuerdos que empujaron contra mi, tratando de derramarse hacia el exterior. Parecía que no podía importarle menos.
Quería escupirle y correr, pero sabía que era una mala idea. No es exactamente normal advertir a tu profesor de que tal vez le habías contagiado mononucleosis.
—¿Podemos hablar en privado...? —le pregunté.
Miró alrededor de la habitación, y pude imaginar hacia donde se iban sus ojos. Hacia Eric probablemente. Tal vez hacia Cade. O Dom. A quien sea que estuviese mirando, se quedó allí concentrado mientras decía:
—No creo que sea una buena idea, Bliss.
Sí, me había quedado sin buenas ideas hace mucho tiempo.
—Solo será un momento —le prometí.
Me miró, por fin. Quería creer que vi sus ojos suavizarse un poco, pero lo podría haber imaginado.
Lo hice todo el tiempo. Todo lo que tenía que hacer era cerrar los ojos y podía verlo llegar hacia mí, sus labios a milímetros de los míos. Pero siempre... siempre abriría los ojos y no sería real.
Una mano se curvo alrededor de mi hombro, y me atrajo en un abrazo. Era Eric. Empezó a hablar, acerca de los ensayos y trajes y vacaciones de primavera, y más cosas que simplemente no tienen espacio en mi cabeza.
Miré a Justin, sonriendo a su jefe. Su sonrisa era tensa, de labios cerrados. ¿Cuando fue la última vez que vi esa sonrisa tan preciosa?
Tal vez no tenía que decirle nada. Quiero decir, ni si quiera estaba enferma.
Él no se había besado con nadie más de esa fiesta (esperaba). Y si no me ponía enferma, nunca tendría que decirle nada. Además, estaba claro que solo quería olvidar que nuestra pequeña aventura había pasado. Quiero decir, él había hablado de cambiar el trabajo por el amor. Y desde entonces, he cuidado de no mirarlo demasiado tiempo o estar de pie demasiado cerca o dar algún indicio de que no había superado esto más de lo que él lo había hecho. Debido a que tan mal como estaban las cosas, serían infinitamente peores si estuviéramos en esto juntos.
Sí. No le iba a decir nada. No había necesidad de mencionarlo. ¿Para qué? Yo ni siquiera sabía si mi herpes era contagioso en el tiempo en el que lo besé. Ni si quiera estaba enferma yo misma.
Me excusé, me despedí de Eric y Justin. Luego volví a fingir. Por lo menos mi educación estaba siendo sometida a algún uso, incluso si nunca podía hacer otra cosa con ella. Me enseñó a mentir.
***
El último día de clase, antes de las vacaciones de primavera, me desperté agotada y tan fría que me puse un suéter para la clase de Justin, aunque era primavera. Era bastante obvio, o debería haber sido, pero estaba tan preocupada por sobrevivir el día y llegar al descanso que hice a un lado mi inquietud.
Justin nos dejó salir temprano, pero no antes de decir:
—Lamento darles tareas para cuando vuelvan, chicos. Quiero un plan definitivo para lo que estarán haciendo el 23 de mayo, que para aquellos que están buscando el calendario es el día después de su graduación.
Dom rió detrás de mí. —¿Cuenta todavía estar ebrio por la noche anterior como un plan definitivo?
Ni si quiera tengo la energía para hacer rodar mis ojos.
—Veré a alguno de ustedes esta tarde en el ensayo, y para el resto, ¡tengan unas grandes vacaciones de primavera! ¡No sean arrestados o se casen o cualquiera de esas cosas! Disfruten del resto del día.
Creo que hubo aplausos, pero mi cabeza se sentía un poco borrosa.
Recogí mis cosas y decidí que no necesitaba ir al resto de mis clases de hoy. Debía ir a casa y tomar una siesta. Un siesta sonaba bien. Estaría bien después de dormir un poco más.
Me sentí mareada mientras me tambaleaba hacia la puerta.
No me había dado cuenta de que todo el mundo se había ido hasta que Justin y yo estábamos solos, y preguntó:
—¿Estás bien, Bliss?
Asentí con la cabeza. Mi cabeza se sentía como si estuviera llena de algodón.
—Solo estoy cansada —le dije. Estaba suficientemente lúcida como para asegurarme de que mi respuesta fuera cuidadosamente neutral, no necesitada o maliciosa. —Gracias, sin embargo, ¡ten unas buenas vacaciones! —Mi voz sonaba muy lejos, y llevé toda mi concentración para salir de la puerta y a mi coche.
El regreso a casa era un misterio. Había definitivamente conducido, pero no podía recordar las calles, y entonces estaba frente a mi casa, tan cerca de mi cama...
Quería caer directo en ella, pero mi necesidad neurótica de colgar un calendario al lado de mi cama, me recordó que tenía esta tarde ensayo. Puse una alarma a las 5 p.m. así tendría tiempo para preparar la cena antes, y puse otra para las 5:05 solo en caso de que accidentalmente se apagara la primera. Después, la cama se hundió a mi alrededor, y me estaba volviendo directa al olvido.
Minutos más tarde, el mundo estaba gritando y era tan fuerte que traté de presionar mis manos sobre mis oídos, pero ellos estaban muertos, sin vida a mi lado. Tragué saliva, y mi lengua sentía púas, mi garganta ardía como mis labios agrietados.
Rodar en la cama hacia un lado se sentía como mover montañas.
El reloj marcaba las 5:45 p.m.
Parpadeé y leí otra vez.
5:45 p.m.
El mundo seguía gritando y finalmente, finalmente levanté mis manos y empujé mi alarma hasta que el ruido se detuvo.
Tragué saliva de nuevo, pero mi lengua se sentía demasiado grande.
Mi saliva chamuscaba como ácido en su camino hacia abajo.
Aturdida, miré el reloj. Estaba fuera de tiempo. El ensayo comenzaba en quince minutos. De alguna manera... No sé como, de verdad... me empujé fuera de la cama. Mis piernas temblaban como si el suelo fuera un barco y debajo estuviese el mar. Había cosas que tenía que hacer... lo sabía, pero no podía pensar más allá de esa sensación persistente de que había algo que faltaba. Y tenía tanto frío, ¿dónde estaba mi abrigo?
Necesitaba mi abrigo.
Envuelta en las cosas más cálidas que pude encontrar, caminé hacia mi salita. El mundo se volvió por un segundo, como un niño que se niega a quedarse quieto. Saqué una mano por la ventana para comprobar si realmente hacía tanto frío o yo me estaba volviendo loca. Definitivamente yo me estaba volviendo loca. Mis pies se tambalearon pero no me caí, logré sostenerme, a duras penas, contra la pared. Me quedé mirando el suelo, estaba tan cansada. ¿Sería tan malo estar allí? ¿En el suelo?
Aunque, hacía tanto frío. Realmente debería entrar para acostarme... o hacerlo en mi coche. ¿Tenía tiempo para una siesta en mi coche?
Negué con la cabeza, tratando de despejar la niebla y algo terrible se sacudió alrededor de mi cráneo. Dolía. Y vaya si dolía. Lo pulsé con mis manos, tratando de entender porque, y tragué otra vez, lo que dolió, también. Todo dolía. Todo.
No pude resistir más. Estar de pie era demasiado duro. Estaba casi en el suelo, buscando, pensando en como el suelo sería caliente contra mi mejilla cuando algo me enganchó por detrás.
Parecía un pececillo que lo cogían de la cola fuera del agua.
Empecé a llorar porque mi cabeza estaba palpitando y mi garganta estaba tomando medidas drásticas como el hierro. Todavía quería mi abrigo, y no quería ser un pez, quería dormir.
Dormir.
Alguien me decía que estaba bien. El gancho se había ido, y mi almohada me abrazó una vez más, y debo haber estado soñando.
Durmiendo.
Dormir tal vez soñar.
***
Algo zumbó. Pensé en las abejas. Estaba volando entre abejas.
—... Está bien. No puedo decir cuán mal, pero definitivamente tiene fiebre. Mononucleosis, sí. ¿Debo llevarla al hospital? ¿Estás seguro? Sí. Bien. Sí. Adiós.
Tendí una mano hacia fuera. Había demasiadas palabras. Las abejas no deberíamos hablar. Eso no tenía sentido. ¿Dónde estoy?
—¿Dónde? —gemí, entonces—. Ay —porque todo todavía dolía incluso después de dormir. Mi mano encontró algo. O algo encontró mi mano. Y hacía calor. Y me estaba congelando. Suspiré. La calidez encontró mi mejilla y me empujó a hacerlo, con ganas de más.
—Tengo frío —le dije al calor.
Y entonces el calor contestó, bajo y suave: —No sé que hacer.
Agarré la calidez que me cogió la cara y pedí: —Más.
Entonces el calor se fue, a pesar de que traté de aguantar. El aire soplaba a mi lado, y estaba temblando, temblando, temblando. Lloré y sentí las lágrimas como ríos de hielo.
—Frío —le dije. Tragué saliva, pero se sentía aún peor que antes.
Odiaba esto. Quería que terminara. Por favor. Por favor.
Por favor.
—Por favor.
—Estoy aquí, amor. Espera.
El mundo se cayó, se inclinó hacia un lado, roto. Y me acunaba, llevándome con él, pero en vez de morir, caí en calor, sólido y fuerte. Me aferré a él, queriendo estar dentro de él, para dejar de temblar, hacer que todo se detenga.
Era el sol, y me sostuvo en sus brazos, me llamó por mi nombre, me tocó de la frente a los pies. Me quedé dormida acunada en el cielo en los brazos de una estrella.
***
Cuando me desperté después, mi cabeza estaba lo suficientemente clara para saber que estaba enferma. Tuve que respirar por la nariz porque mi garganta estaba demasiado hinchada, demasiado frágil para resistir el paso del aire. Mis músculos me dolían y mi estómago se sentía hueco.
Todavía tenía frío, pero no me congelaba. Descongelada. El sueño me llamó otra vez. Todavía estaba muy cansada.
Pero sabía, sabía lo que eso significaba.
Había conseguido mononucleosis después de todo.
Lo que significaba que tenía que decírselo a Justin. Pero eso podía esperar hasta que mi cabeza no se estuviese reventando y mis pulmones se sintieran completos y mi garganta no estuviese en llamas. Una vez que la fiebre cesara, lo llamaría.
Me moví, deseando que mis rodillas y mis codos y hombros solo dejaran de existir porque en este momento no eran nada, pero dolían. Y entonces, sabía que estaba soñando, que la fiebre había reorganizado mi cerebro porque Justin estaba allí debajo de mí, con el pecho desnudo como mi almohada. Era cruel, esta fiebre. Pero sabía que era solo porque había pensado en él. Probablemente estaba todavía soñando.
Tenía los ojos abiertos, mirándome fijamente, sin hablar, solo mirando,
No puede ser real.
—Me hubiera gustado que fueras real —lloriqueé, antes de dejarme ir otra vez.
Dormir.
Dormir.
***
Cuando me desperté otra vez, los escalofríos se habían detenido, y estaba sola. A pesar de que sabía que era un sueño, presioné mi cara en mi almohada, deseando que no se hubiese ido.
No me había dado cuenta, hasta ahora, o tal vez simplemente no lo había admitido, pero me estaba enamorando de Justin. Tal vez nunca había dejado de enamorarme. Cada recuerdo y fantasía me llevó más profundamente a desearlo. Aunque todavía agotada, esta vez tenía que trabajar para caer otra vez en el sueño.
—Bliss, despierta.
No había pasado el tiempo en absoluto. Tiene que ser un sueño.
—Tienes que beber algo. Despierta.
Traté de darle la espalda, arrastrarme más profundamente en el sueño, pero algo tiró contra mí, y estaba sentada en contra de mi voluntad. Algo empujó mi espalda, negándose a dejar que me acostara, por lo que en lugar de eso me incliné hacia un lado.
Mi cabeza se encontró con algo sólido. No estaba recostada, pero estaba lo suficientemente cerca. Cerré los ojos.
—Oh, no, no. Primero bebe. Entonces puedes dormir.
Estaba durmiendo. Al menos, pensaba lo que hacía. Debe haber sido porque de la nada apareció una taza en mi mano. Estaba caliente, casi tan caliente como las otras manos envueltas alrededor de la mía.
Olía maravilloso, y dejé la copa tirarse a mis labios.
Sopa.
De fideos de pollo, tal vez. Tenía un sabor salado y caliente, pero era demasiado difícil tragar. Empujé la taza lejos.
—Por favor, amor. Estoy preocupado por ti. No me gusta tener que preocuparme por ti.
Conocía esas palabras, y era cruel de mi subconsciente repetírmelas de nuevo ahora, cuando él no estaba preocupado en absoluto. Levanté la mirada, y allí estaba él, quizás incluso más perfecto en mi estado de sueño que en la vida real. Él era el sol. Él siempre había sido el sol parpadeante y brillante.
Esto era demasiado. Me dolía por dentro y por fuera.
—Te echo de menos —le dije a mi sol—. Fui tan estúpida. Y ahora he perdido la luz.
Él no dijo que me echaba de menos también. No dijo nada de lo que quería de él. Él me dijo: —Bebe, Bliss. Hablaremos cuando estés bien.
Hice lo que me pidió, porque estaba demasiado cansada para luchar, demasiado cansada para hacerle frente a la irrealidad. Poco a poco, di un sorbo, inclinando mi cabeza hacia atrás y dejando que el líquido resbalara por la garganta, así no tenía que trabajar tan duro para tragar. A mitad de la copa, ya no podía más. Lo empujé y él me dejó.
—Ahora puedes dormir. Duerme, amor.
Caí hacia atrás contra las almohadas, pero fui capturada por otra cosa, por el miedo. Temía perder este... este espacio onírico entre el mundo en el que no se había arruinado todo. Tal vez Cade llegaría después, y Kelsey. Y por un poco de tiempo, mi vida podría ser simple otra vez.
El Justin de mi sueño pasó una mano por mi frente.
—Creo que la fiebre ya casi ha desaparecido. Eso es bueno. Tienes que sentirte mucho mejor por la mañana.
Fruncí el ceño.
—Eso significa que tendré que llamarte pronto.
—¿Llamarme?
—Para decirte que te puedes poner enfermo, también.
Tenía la cabeza inclinada hacia un lado. ¿Por qué no entiende lo que le digo?
—¿No crees que ya lo sé?
—No eres tú. No eres real.
—¿No lo soy?
—El Justin real no estaría aquí. —Me acurruqué en mi almohada, deseando que este sueño se detuviera.
No era agradable ya. No era real. No éramos nada el uno al otro... ya no.
Pero el Justin del sueño, se quedó allí, con la mano en mi pelo, y me dejé creer, por un poco más de tiempo.
Los actores se arremolinaban aún en sus trajes. Profesores felicitaban a sus alumnos, y todos corrían hacia sus grupos, haciendo planes para el fin de semana. Todo el mundo parecía tranquilo y feliz, y me sentí como si el mundo se estuviera acabando. Caminar hacia Justin era como entrar en una habitación llena de gas mortal.
Pero lo hice de todos modos.
Por suerte, él no estaba hablando con nadie, simplemente comprobando algo en su teléfono. Estuve detrás de él durante unos momentos. Solo estar tan cerca de él me afectó. Realmente era como un veneno. Lo inhalé, y pude sentir como caían los muros y la protección que había construido.
No sé si hice ruido o si me sintió detrás de él pero se volvió y me miró. Por un segundo, pensé que iba a sonreír. Entonces su expresión cambió y estuvo en alerta. Como si no confiara en mí. Entonces su rostro estuvo en blanco.
Tuve todas estas emociones y recuerdos que empujaron contra mi, tratando de derramarse hacia el exterior. Parecía que no podía importarle menos.
Quería escupirle y correr, pero sabía que era una mala idea. No es exactamente normal advertir a tu profesor de que tal vez le habías contagiado mononucleosis.
—¿Podemos hablar en privado...? —le pregunté.
Miró alrededor de la habitación, y pude imaginar hacia donde se iban sus ojos. Hacia Eric probablemente. Tal vez hacia Cade. O Dom. A quien sea que estuviese mirando, se quedó allí concentrado mientras decía:
—No creo que sea una buena idea, Bliss.
Sí, me había quedado sin buenas ideas hace mucho tiempo.
—Solo será un momento —le prometí.
Me miró, por fin. Quería creer que vi sus ojos suavizarse un poco, pero lo podría haber imaginado.
Lo hice todo el tiempo. Todo lo que tenía que hacer era cerrar los ojos y podía verlo llegar hacia mí, sus labios a milímetros de los míos. Pero siempre... siempre abriría los ojos y no sería real.
Una mano se curvo alrededor de mi hombro, y me atrajo en un abrazo. Era Eric. Empezó a hablar, acerca de los ensayos y trajes y vacaciones de primavera, y más cosas que simplemente no tienen espacio en mi cabeza.
Miré a Justin, sonriendo a su jefe. Su sonrisa era tensa, de labios cerrados. ¿Cuando fue la última vez que vi esa sonrisa tan preciosa?
Tal vez no tenía que decirle nada. Quiero decir, ni si quiera estaba enferma.
Él no se había besado con nadie más de esa fiesta (esperaba). Y si no me ponía enferma, nunca tendría que decirle nada. Además, estaba claro que solo quería olvidar que nuestra pequeña aventura había pasado. Quiero decir, él había hablado de cambiar el trabajo por el amor. Y desde entonces, he cuidado de no mirarlo demasiado tiempo o estar de pie demasiado cerca o dar algún indicio de que no había superado esto más de lo que él lo había hecho. Debido a que tan mal como estaban las cosas, serían infinitamente peores si estuviéramos en esto juntos.
Sí. No le iba a decir nada. No había necesidad de mencionarlo. ¿Para qué? Yo ni siquiera sabía si mi herpes era contagioso en el tiempo en el que lo besé. Ni si quiera estaba enferma yo misma.
Me excusé, me despedí de Eric y Justin. Luego volví a fingir. Por lo menos mi educación estaba siendo sometida a algún uso, incluso si nunca podía hacer otra cosa con ella. Me enseñó a mentir.
***
El último día de clase, antes de las vacaciones de primavera, me desperté agotada y tan fría que me puse un suéter para la clase de Justin, aunque era primavera. Era bastante obvio, o debería haber sido, pero estaba tan preocupada por sobrevivir el día y llegar al descanso que hice a un lado mi inquietud.
Justin nos dejó salir temprano, pero no antes de decir:
—Lamento darles tareas para cuando vuelvan, chicos. Quiero un plan definitivo para lo que estarán haciendo el 23 de mayo, que para aquellos que están buscando el calendario es el día después de su graduación.
Dom rió detrás de mí. —¿Cuenta todavía estar ebrio por la noche anterior como un plan definitivo?
Ni si quiera tengo la energía para hacer rodar mis ojos.
—Veré a alguno de ustedes esta tarde en el ensayo, y para el resto, ¡tengan unas grandes vacaciones de primavera! ¡No sean arrestados o se casen o cualquiera de esas cosas! Disfruten del resto del día.
Creo que hubo aplausos, pero mi cabeza se sentía un poco borrosa.
Recogí mis cosas y decidí que no necesitaba ir al resto de mis clases de hoy. Debía ir a casa y tomar una siesta. Un siesta sonaba bien. Estaría bien después de dormir un poco más.
Me sentí mareada mientras me tambaleaba hacia la puerta.
No me había dado cuenta de que todo el mundo se había ido hasta que Justin y yo estábamos solos, y preguntó:
—¿Estás bien, Bliss?
Asentí con la cabeza. Mi cabeza se sentía como si estuviera llena de algodón.
—Solo estoy cansada —le dije. Estaba suficientemente lúcida como para asegurarme de que mi respuesta fuera cuidadosamente neutral, no necesitada o maliciosa. —Gracias, sin embargo, ¡ten unas buenas vacaciones! —Mi voz sonaba muy lejos, y llevé toda mi concentración para salir de la puerta y a mi coche.
El regreso a casa era un misterio. Había definitivamente conducido, pero no podía recordar las calles, y entonces estaba frente a mi casa, tan cerca de mi cama...
Quería caer directo en ella, pero mi necesidad neurótica de colgar un calendario al lado de mi cama, me recordó que tenía esta tarde ensayo. Puse una alarma a las 5 p.m. así tendría tiempo para preparar la cena antes, y puse otra para las 5:05 solo en caso de que accidentalmente se apagara la primera. Después, la cama se hundió a mi alrededor, y me estaba volviendo directa al olvido.
Minutos más tarde, el mundo estaba gritando y era tan fuerte que traté de presionar mis manos sobre mis oídos, pero ellos estaban muertos, sin vida a mi lado. Tragué saliva, y mi lengua sentía púas, mi garganta ardía como mis labios agrietados.
Rodar en la cama hacia un lado se sentía como mover montañas.
El reloj marcaba las 5:45 p.m.
Parpadeé y leí otra vez.
5:45 p.m.
El mundo seguía gritando y finalmente, finalmente levanté mis manos y empujé mi alarma hasta que el ruido se detuvo.
Tragué saliva de nuevo, pero mi lengua se sentía demasiado grande.
Mi saliva chamuscaba como ácido en su camino hacia abajo.
Aturdida, miré el reloj. Estaba fuera de tiempo. El ensayo comenzaba en quince minutos. De alguna manera... No sé como, de verdad... me empujé fuera de la cama. Mis piernas temblaban como si el suelo fuera un barco y debajo estuviese el mar. Había cosas que tenía que hacer... lo sabía, pero no podía pensar más allá de esa sensación persistente de que había algo que faltaba. Y tenía tanto frío, ¿dónde estaba mi abrigo?
Necesitaba mi abrigo.
Envuelta en las cosas más cálidas que pude encontrar, caminé hacia mi salita. El mundo se volvió por un segundo, como un niño que se niega a quedarse quieto. Saqué una mano por la ventana para comprobar si realmente hacía tanto frío o yo me estaba volviendo loca. Definitivamente yo me estaba volviendo loca. Mis pies se tambalearon pero no me caí, logré sostenerme, a duras penas, contra la pared. Me quedé mirando el suelo, estaba tan cansada. ¿Sería tan malo estar allí? ¿En el suelo?
Aunque, hacía tanto frío. Realmente debería entrar para acostarme... o hacerlo en mi coche. ¿Tenía tiempo para una siesta en mi coche?
Negué con la cabeza, tratando de despejar la niebla y algo terrible se sacudió alrededor de mi cráneo. Dolía. Y vaya si dolía. Lo pulsé con mis manos, tratando de entender porque, y tragué otra vez, lo que dolió, también. Todo dolía. Todo.
No pude resistir más. Estar de pie era demasiado duro. Estaba casi en el suelo, buscando, pensando en como el suelo sería caliente contra mi mejilla cuando algo me enganchó por detrás.
Parecía un pececillo que lo cogían de la cola fuera del agua.
Empecé a llorar porque mi cabeza estaba palpitando y mi garganta estaba tomando medidas drásticas como el hierro. Todavía quería mi abrigo, y no quería ser un pez, quería dormir.
Dormir.
Alguien me decía que estaba bien. El gancho se había ido, y mi almohada me abrazó una vez más, y debo haber estado soñando.
Durmiendo.
Dormir tal vez soñar.
***
Algo zumbó. Pensé en las abejas. Estaba volando entre abejas.
—... Está bien. No puedo decir cuán mal, pero definitivamente tiene fiebre. Mononucleosis, sí. ¿Debo llevarla al hospital? ¿Estás seguro? Sí. Bien. Sí. Adiós.
Tendí una mano hacia fuera. Había demasiadas palabras. Las abejas no deberíamos hablar. Eso no tenía sentido. ¿Dónde estoy?
—¿Dónde? —gemí, entonces—. Ay —porque todo todavía dolía incluso después de dormir. Mi mano encontró algo. O algo encontró mi mano. Y hacía calor. Y me estaba congelando. Suspiré. La calidez encontró mi mejilla y me empujó a hacerlo, con ganas de más.
—Tengo frío —le dije al calor.
Y entonces el calor contestó, bajo y suave: —No sé que hacer.
Agarré la calidez que me cogió la cara y pedí: —Más.
Entonces el calor se fue, a pesar de que traté de aguantar. El aire soplaba a mi lado, y estaba temblando, temblando, temblando. Lloré y sentí las lágrimas como ríos de hielo.
—Frío —le dije. Tragué saliva, pero se sentía aún peor que antes.
Odiaba esto. Quería que terminara. Por favor. Por favor.
Por favor.
—Por favor.
—Estoy aquí, amor. Espera.
El mundo se cayó, se inclinó hacia un lado, roto. Y me acunaba, llevándome con él, pero en vez de morir, caí en calor, sólido y fuerte. Me aferré a él, queriendo estar dentro de él, para dejar de temblar, hacer que todo se detenga.
Era el sol, y me sostuvo en sus brazos, me llamó por mi nombre, me tocó de la frente a los pies. Me quedé dormida acunada en el cielo en los brazos de una estrella.
***
Cuando me desperté después, mi cabeza estaba lo suficientemente clara para saber que estaba enferma. Tuve que respirar por la nariz porque mi garganta estaba demasiado hinchada, demasiado frágil para resistir el paso del aire. Mis músculos me dolían y mi estómago se sentía hueco.
Todavía tenía frío, pero no me congelaba. Descongelada. El sueño me llamó otra vez. Todavía estaba muy cansada.
Pero sabía, sabía lo que eso significaba.
Había conseguido mononucleosis después de todo.
Lo que significaba que tenía que decírselo a Justin. Pero eso podía esperar hasta que mi cabeza no se estuviese reventando y mis pulmones se sintieran completos y mi garganta no estuviese en llamas. Una vez que la fiebre cesara, lo llamaría.
Me moví, deseando que mis rodillas y mis codos y hombros solo dejaran de existir porque en este momento no eran nada, pero dolían. Y entonces, sabía que estaba soñando, que la fiebre había reorganizado mi cerebro porque Justin estaba allí debajo de mí, con el pecho desnudo como mi almohada. Era cruel, esta fiebre. Pero sabía que era solo porque había pensado en él. Probablemente estaba todavía soñando.
Tenía los ojos abiertos, mirándome fijamente, sin hablar, solo mirando,
No puede ser real.
—Me hubiera gustado que fueras real —lloriqueé, antes de dejarme ir otra vez.
Dormir.
Dormir.
***
Cuando me desperté otra vez, los escalofríos se habían detenido, y estaba sola. A pesar de que sabía que era un sueño, presioné mi cara en mi almohada, deseando que no se hubiese ido.
No me había dado cuenta, hasta ahora, o tal vez simplemente no lo había admitido, pero me estaba enamorando de Justin. Tal vez nunca había dejado de enamorarme. Cada recuerdo y fantasía me llevó más profundamente a desearlo. Aunque todavía agotada, esta vez tenía que trabajar para caer otra vez en el sueño.
—Bliss, despierta.
No había pasado el tiempo en absoluto. Tiene que ser un sueño.
—Tienes que beber algo. Despierta.
Traté de darle la espalda, arrastrarme más profundamente en el sueño, pero algo tiró contra mí, y estaba sentada en contra de mi voluntad. Algo empujó mi espalda, negándose a dejar que me acostara, por lo que en lugar de eso me incliné hacia un lado.
Mi cabeza se encontró con algo sólido. No estaba recostada, pero estaba lo suficientemente cerca. Cerré los ojos.
—Oh, no, no. Primero bebe. Entonces puedes dormir.
Estaba durmiendo. Al menos, pensaba lo que hacía. Debe haber sido porque de la nada apareció una taza en mi mano. Estaba caliente, casi tan caliente como las otras manos envueltas alrededor de la mía.
Olía maravilloso, y dejé la copa tirarse a mis labios.
Sopa.
De fideos de pollo, tal vez. Tenía un sabor salado y caliente, pero era demasiado difícil tragar. Empujé la taza lejos.
—Por favor, amor. Estoy preocupado por ti. No me gusta tener que preocuparme por ti.
Conocía esas palabras, y era cruel de mi subconsciente repetírmelas de nuevo ahora, cuando él no estaba preocupado en absoluto. Levanté la mirada, y allí estaba él, quizás incluso más perfecto en mi estado de sueño que en la vida real. Él era el sol. Él siempre había sido el sol parpadeante y brillante.
Esto era demasiado. Me dolía por dentro y por fuera.
—Te echo de menos —le dije a mi sol—. Fui tan estúpida. Y ahora he perdido la luz.
Él no dijo que me echaba de menos también. No dijo nada de lo que quería de él. Él me dijo: —Bebe, Bliss. Hablaremos cuando estés bien.
Hice lo que me pidió, porque estaba demasiado cansada para luchar, demasiado cansada para hacerle frente a la irrealidad. Poco a poco, di un sorbo, inclinando mi cabeza hacia atrás y dejando que el líquido resbalara por la garganta, así no tenía que trabajar tan duro para tragar. A mitad de la copa, ya no podía más. Lo empujé y él me dejó.
—Ahora puedes dormir. Duerme, amor.
Caí hacia atrás contra las almohadas, pero fui capturada por otra cosa, por el miedo. Temía perder este... este espacio onírico entre el mundo en el que no se había arruinado todo. Tal vez Cade llegaría después, y Kelsey. Y por un poco de tiempo, mi vida podría ser simple otra vez.
El Justin de mi sueño pasó una mano por mi frente.
—Creo que la fiebre ya casi ha desaparecido. Eso es bueno. Tienes que sentirte mucho mejor por la mañana.
Fruncí el ceño.
—Eso significa que tendré que llamarte pronto.
—¿Llamarme?
—Para decirte que te puedes poner enfermo, también.
Tenía la cabeza inclinada hacia un lado. ¿Por qué no entiende lo que le digo?
—¿No crees que ya lo sé?
—No eres tú. No eres real.
—¿No lo soy?
—El Justin real no estaría aquí. —Me acurruqué en mi almohada, deseando que este sueño se detuviera.
No era agradable ya. No era real. No éramos nada el uno al otro... ya no.
Pero el Justin del sueño, se quedó allí, con la mano en mi pelo, y me dejé creer, por un poco más de tiempo.
sábado, 9 de noviembre de 2013
First Love. Capítulo 22.
Pensé en ir a su apartamento tan pronto como llegué a casa, pero, a decir verdad, me daba miedo. Y era mucho más fácil simplemente sentir pena de mí misma. Tenía una tarrina de helado de galletas con chispas de chocolate en la nevera en espera para ciertas ocasiones. Hubiera estado bien compartirla con Kelsey, pero no puedo permitirme contarle el secreto a alguien, y no era tan egoísta como para hacerle presenciar a Cade más de mi autocompasión. Prometió que no se lo diría a nadie, y le creí.
Me senté en un extremo del sofá, Hamlet extendida en el otro. Me preguntaba si podría consolarme. Fue buena conmigo sólo una vez en otro momento triste, así que tal vez tenía una oportunidad. Llegue a ella, y no solo me recibió con su usual gruñido, también con un silbido.
Estaba claramente del lado de Justin.
Pensé en ir a él mil veces, tal vez mil y una. Pero tenía que enfrentarlo. Estuvo fuera de mi alcance desde el primer momento. Se habría cansado de mí eventualmente, una vez el factor prohibido desapareciese. Y no podía ni siquiera empezar a contemplar lo que habría pasado si hubiésemos sido atrapados. Incluso pensar en ello me llenaba de adrenalina, como cuando me besó en el laboratorio para que nadie nos viera. Tal vez me hacía un favor, cortando lazos ahora. Quiero decir, preferiría que esto no hubiera ocurrido nunca, pero si tenía que ocurrir, mejor ahora que después de más tiempo.
En mi tenue, tranquilo apartamento, en mi inducida neblina de helado, podía admitir que me enamoré de él. Nuestra oh-tan-breve relación fue como pasar un día a la luz del sol después de vivir enternamente bajo tierra (mi antiguo yo siendo el topo en esta historia). Tal vez eso era todo lo que obteníamos de una relación como esta, destellos de luz. Tal vez era demasiado brillante para ser sostenida durante un prolongado periodo de tiempo. Tal vez debería estar agradecida.
No me sentía agradecida. Me sentía miserable.
Estábamos en el laboratorio de nuevo el miércoles, y nunca se acercó a más de un metro de mi área. En el ensayo de esa noche, se sentó en primera fila tomando notas, y no dijo una sola palabra.
Jueves y viernes fueron igual. Pensé que la actuación en los ensayos mejoró ahora que Cade y yo habíamos remendado las cosas (en parte). No éramos tan cercanos como antes. No nos veía saliendo solos en un futuro, pero hablábamos sin ningún percance, y ambas mentes se despejaron lo suficiente como para centrarse en la obra.
Regresé a mi estado de mujer-topo durante el fin de semana, nunca dejando mi apartamento, duchándome solo cuando era absolutamente necesario. Cualquier otro fin de semana, Kelsey me habría forzado a salir, pero aún seguía un poco cabreada por mi actitud en el club.
Así que, estaba muy sola.
No tenía a nadie, solo a Hamlet, que me odiaba a más no poder.
Transcurrí una semana entera en estado de soledad antes de que me pusiera nerviosa por no hacer nada al respecto.
Me pasé durante sus horas de oficina, demasiado asustada como para enfrentarlo después de clases.
Cuando me acerqué a la puerta, estaba en el teléfono.
—Lo sé. —Estaba asintiendo, sonriendo—. Lo sé. Estaré en casa antes de que te des cuenta. ¿Qué son, solo tres meses más?
Me congelé. Me pegué a la pared frente a su puerta, y mis pulmones parecían vacíos sin importar cuantas bocanadas tomara.
—¿Eso? No, lo superé. Realmente no era algo con lo que comenzar... solo un inconveniente.
Algo se desmoronó en mi interior, algo que ya había estado vulnerable y débil, pero que ahora se estaba rompiendo y rompiendo.
—Debería haberlo sabido. Lo sé, pero ahora se acabó, y realmente no me importa ya, ¿sabes? Sí, sí. Encontré otro sitio en el que trabajar. Es solo que no vale la pena.
¿No vale la pena?
Creía, hasta entonces, que mantendría la esperanza, aunque tratara de convencerme de lo contrario.
Esperanza... es tan hija de puta.
No iba a llorar. Él lo había superado. Tenía que hacerlo, también. Y necesitaba asegurarme de que lo supiera. Si estaba pensando en marcharse para alejarse de mí, tenía que arreglar eso. No sería la razón de que se fuera.
Antes de que cambiase de opinión, extendí la mano y llamé a la puerta, entrando.
Alzó la mirada, y tartamudeé sobre lo que le iba a decir a continuación. Me miró por un segundo, el teléfono en su mano olvidado.
Finalmente, parpadeó y regresó a su conversación.
—Oye, tengo que irme. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?
Odiaba a quienquiera que estuviera en el otro lado. ¿Era una chica? ¿Tenía una novia en Filadelfia? ¿Fui solo una aventura para él, solo sexo (o bien, casi sexo)? Quienquiera que fuese habló durante otros veinte segundos mientras él decía síes y vales y asentía.
Cuando colgó, todavía no tenía idea de lo que diría.
Solo me miró por un momento, y luego dijo: —¿Cómo puedo ayudarte, Bliss?
Su tono formal me repugnó, pero traté de copiarlo lo mejor que pude. —Solo quería disculparme por mi comportamiento durante nuestro ensayo. Cade y yo hemos arreglado todo.
Interrumpió: —Lo noté.
Mis pensamientos tartamudeaban, huyendo por el momento. —Así que... yo, mm, prometo que no volverá a suceder. En el futuro, mantendré una actitud profesional. No traeré a colación mi vida personal a tu ensayo o al aula.
Dejó el bolígrafo con el que jugueteaba, y comenzó a levantarse.
—Bliss...
No pude escuchar lo que iba a decir. Si tenía que oírle decir que dejarme no era fácil (cuando sabía que no le importaba), terminaría llorando y haciendo el ridículo. Así que le interrumpí.
—No hay problema. Lo he superado. No es gran cosa, ¿verdad?
Hizo una pausa y estaba segura de que sabía que mentía, de que podía ver dentro de mi revuelto estómago y mi retorcido corazón. Quise que me creyera.
Estoy bien. Lo he superado. Estoy bien. Bien. Bien.
—Cierto —dijo finalmente.
Inhalé codiciosamente.
—Genial. Gracias por tu tiempo. ¡Qué tengas un buen día! —Luego salí por la puerta y corrí, corrí, corrí por las escaleras hacia el exterior, donde pude tragar saliva y llenar mis pulmones hasta no tener ganas de llorar.
Desde entonces, construí muros con sonrisas y me cerré con risas. Quedé con Kelsey, prometiéndole que iría a bailar cuando quisiera. Me enfoqué en el ensayo, memorizando todas mis líneas una semana antes del fin del libro. Me adentré en marzo como un soldado, avanzando, negándome a mirar hacia atrás. Eric elogió mi trabajo en los ensayos, diciendo que podía sentir mi vergüenza, el odio a mí misma en cada palabra, que podía verlo incluso en mi postura. Sonreí y fingí como si estuviera contenta de oírlo.
Me centré en la graduación, cuando me iría y a quien sabe donde. Tal vez llegaría al límite de la tarjeta de crédito y viajaría con Kelsey. Tal vez volvería a casa y trabajaría, para ahorrar un poco de dinero. A mamá le encantaría. Tal vez me quedaría aquí y conseguiría un trabajo en Target o algo así. Solo tenía que llegar hasta el final. Las cosas mejorarían. Entonces... lo manejaría. Le contaría a Kelsey todo, y acabaríamos con el dolor. Entonces.
No puedo esperar por el Entonces.
Parecía posible. Parecía capaz de hacerse.
Hasta que el Ahora lo jodió todo.
Estábamos a una semana de vacaciones de primavera —un muy necesario descanso. La tarde del viernes nos tenía a todos en la caja negra del teatro para ser dirigidos a los talleres del decorado. El departamento entero estaba reunido en el teatro —los directores junior petrificados, todos los demás iban del aburrimiento a la alegría sádica.
Estaba avanzando, deseando que el tiempo pasara, cuando Rusty se levantó para hacer un anuncio antes de la primera escena.
Se aclaró la garganta, extraordinariamente serio para Rusty. —Os tengo que decir algo, ayer fui al médico...
—¿Y estás embarazado? —gritó alguien desde atrás.
—No. —Sonrió, aunque levemente—. En realidad... Tengo la enfermedad del beso, mononucleosis infecciosa.
Yo había leído en alguna parte que la mononucleosis infecciosa es causada por un virus que pertenece a la familia del herpes.
Hubo un latido antes de que colara.
—El médico dijo que la incubación ocurre entre cuatro y ocho semanas, lo que significa que ya podría haberla tenido en enero o febrero. Así que... es posible que quieran tener cuidado con beber después de otra persona y... otras cosas.
Enero o febrero. La fiesta. Besé a Rusty en la fiesta. Todos lo hicimos... con todos.
Por instinto, mis ojos buscaron a los otros miembros de esa fiesta. Sus expresiones eran tan ansiosas y temerosas como la mía. Si Rusty era contagioso ya en ese entonces, significaba que yo podía tener la enfermedad, junto con Cade, y Kelsey, y Victoria, y cada persona que había en la fiesta.
Y Justin.
Mierda.
Me senté en un extremo del sofá, Hamlet extendida en el otro. Me preguntaba si podría consolarme. Fue buena conmigo sólo una vez en otro momento triste, así que tal vez tenía una oportunidad. Llegue a ella, y no solo me recibió con su usual gruñido, también con un silbido.
Estaba claramente del lado de Justin.
Pensé en ir a él mil veces, tal vez mil y una. Pero tenía que enfrentarlo. Estuvo fuera de mi alcance desde el primer momento. Se habría cansado de mí eventualmente, una vez el factor prohibido desapareciese. Y no podía ni siquiera empezar a contemplar lo que habría pasado si hubiésemos sido atrapados. Incluso pensar en ello me llenaba de adrenalina, como cuando me besó en el laboratorio para que nadie nos viera. Tal vez me hacía un favor, cortando lazos ahora. Quiero decir, preferiría que esto no hubiera ocurrido nunca, pero si tenía que ocurrir, mejor ahora que después de más tiempo.
En mi tenue, tranquilo apartamento, en mi inducida neblina de helado, podía admitir que me enamoré de él. Nuestra oh-tan-breve relación fue como pasar un día a la luz del sol después de vivir enternamente bajo tierra (mi antiguo yo siendo el topo en esta historia). Tal vez eso era todo lo que obteníamos de una relación como esta, destellos de luz. Tal vez era demasiado brillante para ser sostenida durante un prolongado periodo de tiempo. Tal vez debería estar agradecida.
No me sentía agradecida. Me sentía miserable.
Estábamos en el laboratorio de nuevo el miércoles, y nunca se acercó a más de un metro de mi área. En el ensayo de esa noche, se sentó en primera fila tomando notas, y no dijo una sola palabra.
Jueves y viernes fueron igual. Pensé que la actuación en los ensayos mejoró ahora que Cade y yo habíamos remendado las cosas (en parte). No éramos tan cercanos como antes. No nos veía saliendo solos en un futuro, pero hablábamos sin ningún percance, y ambas mentes se despejaron lo suficiente como para centrarse en la obra.
Regresé a mi estado de mujer-topo durante el fin de semana, nunca dejando mi apartamento, duchándome solo cuando era absolutamente necesario. Cualquier otro fin de semana, Kelsey me habría forzado a salir, pero aún seguía un poco cabreada por mi actitud en el club.
Así que, estaba muy sola.
No tenía a nadie, solo a Hamlet, que me odiaba a más no poder.
Transcurrí una semana entera en estado de soledad antes de que me pusiera nerviosa por no hacer nada al respecto.
Me pasé durante sus horas de oficina, demasiado asustada como para enfrentarlo después de clases.
Cuando me acerqué a la puerta, estaba en el teléfono.
—Lo sé. —Estaba asintiendo, sonriendo—. Lo sé. Estaré en casa antes de que te des cuenta. ¿Qué son, solo tres meses más?
Me congelé. Me pegué a la pared frente a su puerta, y mis pulmones parecían vacíos sin importar cuantas bocanadas tomara.
—¿Eso? No, lo superé. Realmente no era algo con lo que comenzar... solo un inconveniente.
Algo se desmoronó en mi interior, algo que ya había estado vulnerable y débil, pero que ahora se estaba rompiendo y rompiendo.
—Debería haberlo sabido. Lo sé, pero ahora se acabó, y realmente no me importa ya, ¿sabes? Sí, sí. Encontré otro sitio en el que trabajar. Es solo que no vale la pena.
¿No vale la pena?
Creía, hasta entonces, que mantendría la esperanza, aunque tratara de convencerme de lo contrario.
Esperanza... es tan hija de puta.
No iba a llorar. Él lo había superado. Tenía que hacerlo, también. Y necesitaba asegurarme de que lo supiera. Si estaba pensando en marcharse para alejarse de mí, tenía que arreglar eso. No sería la razón de que se fuera.
Antes de que cambiase de opinión, extendí la mano y llamé a la puerta, entrando.
Alzó la mirada, y tartamudeé sobre lo que le iba a decir a continuación. Me miró por un segundo, el teléfono en su mano olvidado.
Finalmente, parpadeó y regresó a su conversación.
—Oye, tengo que irme. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?
Odiaba a quienquiera que estuviera en el otro lado. ¿Era una chica? ¿Tenía una novia en Filadelfia? ¿Fui solo una aventura para él, solo sexo (o bien, casi sexo)? Quienquiera que fuese habló durante otros veinte segundos mientras él decía síes y vales y asentía.
Cuando colgó, todavía no tenía idea de lo que diría.
Solo me miró por un momento, y luego dijo: —¿Cómo puedo ayudarte, Bliss?
Su tono formal me repugnó, pero traté de copiarlo lo mejor que pude. —Solo quería disculparme por mi comportamiento durante nuestro ensayo. Cade y yo hemos arreglado todo.
Interrumpió: —Lo noté.
Mis pensamientos tartamudeaban, huyendo por el momento. —Así que... yo, mm, prometo que no volverá a suceder. En el futuro, mantendré una actitud profesional. No traeré a colación mi vida personal a tu ensayo o al aula.
Dejó el bolígrafo con el que jugueteaba, y comenzó a levantarse.
—Bliss...
No pude escuchar lo que iba a decir. Si tenía que oírle decir que dejarme no era fácil (cuando sabía que no le importaba), terminaría llorando y haciendo el ridículo. Así que le interrumpí.
—No hay problema. Lo he superado. No es gran cosa, ¿verdad?
Hizo una pausa y estaba segura de que sabía que mentía, de que podía ver dentro de mi revuelto estómago y mi retorcido corazón. Quise que me creyera.
Estoy bien. Lo he superado. Estoy bien. Bien. Bien.
—Cierto —dijo finalmente.
Inhalé codiciosamente.
—Genial. Gracias por tu tiempo. ¡Qué tengas un buen día! —Luego salí por la puerta y corrí, corrí, corrí por las escaleras hacia el exterior, donde pude tragar saliva y llenar mis pulmones hasta no tener ganas de llorar.
Desde entonces, construí muros con sonrisas y me cerré con risas. Quedé con Kelsey, prometiéndole que iría a bailar cuando quisiera. Me enfoqué en el ensayo, memorizando todas mis líneas una semana antes del fin del libro. Me adentré en marzo como un soldado, avanzando, negándome a mirar hacia atrás. Eric elogió mi trabajo en los ensayos, diciendo que podía sentir mi vergüenza, el odio a mí misma en cada palabra, que podía verlo incluso en mi postura. Sonreí y fingí como si estuviera contenta de oírlo.
Me centré en la graduación, cuando me iría y a quien sabe donde. Tal vez llegaría al límite de la tarjeta de crédito y viajaría con Kelsey. Tal vez volvería a casa y trabajaría, para ahorrar un poco de dinero. A mamá le encantaría. Tal vez me quedaría aquí y conseguiría un trabajo en Target o algo así. Solo tenía que llegar hasta el final. Las cosas mejorarían. Entonces... lo manejaría. Le contaría a Kelsey todo, y acabaríamos con el dolor. Entonces.
No puedo esperar por el Entonces.
Parecía posible. Parecía capaz de hacerse.
Hasta que el Ahora lo jodió todo.
Estábamos a una semana de vacaciones de primavera —un muy necesario descanso. La tarde del viernes nos tenía a todos en la caja negra del teatro para ser dirigidos a los talleres del decorado. El departamento entero estaba reunido en el teatro —los directores junior petrificados, todos los demás iban del aburrimiento a la alegría sádica.
Estaba avanzando, deseando que el tiempo pasara, cuando Rusty se levantó para hacer un anuncio antes de la primera escena.
Se aclaró la garganta, extraordinariamente serio para Rusty. —Os tengo que decir algo, ayer fui al médico...
—¿Y estás embarazado? —gritó alguien desde atrás.
—No. —Sonrió, aunque levemente—. En realidad... Tengo la enfermedad del beso, mononucleosis infecciosa.
Yo había leído en alguna parte que la mononucleosis infecciosa es causada por un virus que pertenece a la familia del herpes.
Hubo un latido antes de que colara.
—El médico dijo que la incubación ocurre entre cuatro y ocho semanas, lo que significa que ya podría haberla tenido en enero o febrero. Así que... es posible que quieran tener cuidado con beber después de otra persona y... otras cosas.
Enero o febrero. La fiesta. Besé a Rusty en la fiesta. Todos lo hicimos... con todos.
Por instinto, mis ojos buscaron a los otros miembros de esa fiesta. Sus expresiones eran tan ansiosas y temerosas como la mía. Si Rusty era contagioso ya en ese entonces, significaba que yo podía tener la enfermedad, junto con Cade, y Kelsey, y Victoria, y cada persona que había en la fiesta.
Y Justin.
Mierda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)