lunes, 23 de septiembre de 2013

First Love. Capítulo 17.

Para el momento en que había rellenado el papeleo necesario, y tenía alojada a Hamlet dentro de un barato transportín para gatos, había pasado cerca de media hora desde que Cade se había ido. De pie en el aparcamiento, no pude encontrarlo por ningún lado. 

Saqué mi teléfono, no había mensajes. 


Busqué en mi parabrisas, no había notas. 


Llamé a su teléfono, no hubo respuesta. 


Volví a llamar a su teléfono, directo al buzón de voz. 


Para cuando sonó el ''bip'', yo estaba llorando. 


—Cade, lo siento. Lo siento tanto. No sé como arreglar esto. Sólo quiero que volvamos a ser como hemos sido siempre. Dios, esto es estúpido. Sé que no podemos. Sé que las cosas no pueden ser como eran antes, pero... no lo sé. Como sea. Sólo... hazme saber si estás bien. No estás en mi coche, y no sé como llegaste a casa, si es que llegaste. Sólo llámame. Por favor. Hablemos de esto.


Unos minutos después estaba sentada al lado de mi coche en el pavimento, mis vaqueros manchados de polvo, cuando recibí un mensaje.


''Estoy bien.''


Traté de llamarle otra vez, saltó directo al buzón de voz.


Y por más que intentara pensar de otra manera, por más que intentaba esperar que podíamos superar esto... Ya lo sentía. Sentía que me apagaba.


Tal vez era el dolor. Tal vez era que al final había acabado por volverme loca. Tal vez ya simplemente no tenía a dónde más ir. Pero cuando volví a mi complejo de apartamentos, no me dirigí al mío.


Con Hamlet en la mano, me dirigí al de Justin.


No sabía como me veía cuando abrió la puerta. Ni siquiera quería saberlo. Pero la abrió casi al instante, gesticulando hacia mí sin hacer preguntas.


Jamás había estado en su apartamento. Debería haberme dado cuenta, o pedirle que me mostrara los alrededores. Debería haber dicho algo, pero lo único que tenía en la punta de la lengua era un sollozo, y necesité de toda mi energía, toda mi concentración para retenerlo.


Pero incluso eso no fue suficiente cuando sus dedos levantaron mi barbilla. Él dijo mi nombre, y vi una mirada preocupada en aquellos ojos. Las lágrimas cayeron de mí como una copa rebosante, y no pude controlarlo, ni respirar bien, ni explicarlo.


Él tomó la caja de Hamlet de mis manos y pasó un brazo alrededor de mis hombros. Me condujo por un pasillo casi idéntico al mío hacia una sala de estar que era completamente diferente. Estaba llena de libros, algunos en repisas, otros apilados en el suelo. Los muebles eran sencillos y con un toque moderno, pero no tan modernos para que dudara antes de hundirme en los cojines del sofá negro, agarrando una almohada blanca para abrazarla a mi pecho. Luego Justin se puso a mi lado, sacándome la suave almohada de las manos y reemplazando la comodidad con su cuerpo. Me colocó en su regazo, acunándome como a una niña, secándome las lágrimas, peinando mi pelo, frotándome la espalda. 


—Él me odia. —Me las arreglé para decir finalmente. Él no había preguntado, pero su preocupación me empujó a hacerlo de todos modos, sacó las palabras fuera de mi boca.

—¿Quién te odia, amor?

Rápidas y cortas respiraciones salían de mis labios, pequeños gemidos que no era capaz de controlar.


—C-Cade.

—Cade no podría odiarte jamás —dijo.
—Lo hace. Se fue. No volverá a hablarme. —Me disolví en otro ataque de llanto y sólo me acercó a él, metiendo mi cabeza debajo de su barbilla, contra su pecho.

Me dejó llorar, murmurando cosas todo el tiempo. 'Estarás bien, amor. Las cosas se resolverán. Cálmate. Respira, Bliss. Estoy aquí. Todo irá bien. Sea lo que sea nos ocuparemos de esto. Está bien, amor.'


Debió de haber murmurado miles de variaciones. Pero jamás dejó de intentarlo, sin importar que no lo estuviera escuchando. Cuando terminé de llorar, estaba demasiado cansada para hacer nada más. Me dejé caer contra él, sólo inhalando y exhalando. Y él me sostuvo allí. Finalmente, un sonido se oyó a través de la niebla. Un bajo y molesto gemido.


Hamlet. Había dejado a Hamlet atrapada en esa caja todo este tiempo.


Llena de culpa, me senté, manteniendo la cabeza despejada por un momento.


—Lo siento, necesito llevarla a casa. —Estaba poniéndome en pie, para ir en busca de su caja, cuando Justin me tomó por los codos.

—Quédate, amor. Estás alterada. Cuidaré del gato.

No. No podía dejar que hiciera eso. Porque entonces él vería que todas las cosas de la gata que había comprado todavía estaban envueltas en plástico y sin abrir.


—No, está bien. De verdad, debería irme. Estoy bien ahora. Gracias.

—Bliss, por favor, habla conmigo.

Mi cuerpo estaba inclinado hacia él en contra de mi voluntad, sufriendo por volver a sentir su comodidad, pero aún no había tomado una decisión.


—No lo sé...

—¿Qué te parece esto? Te vas a casa y te encargas del gato, y en un ratito, te llevaré la cena. Podemos hablar o sólo ver una película o cualquier cosa que necesites hacer. Yo sólo... si te vas así, me volveré loco preocupándome por ti.

Después de un momento, asentí.


—Bien.

—¿En serio?
—Sí, sólo dame una hora, ¿de acuerdo?

El sonrió, y yo supe... que estaba en problemas.


***


Estaba bastante segura de que mi nueva gata me odiaba.


No es que la culpara por ello, después de haberla dejado en aquella caja durante tanto tiempo.


Sin importar lo que hiciera, ella dejaba escapar ese gruñido con la boca cerrada cada vez que daba un paso a su dirección. Le dejé comida en la cocina, la cual ignoró. Le hice una caja de arena y la puse en el armario de depósitos. La levanté y la llevé a la caja, ubicándola dentro para que supiera dónde estaba. Siseó una vez y luego corrió, tirando la basura en su escapada. Desapareció debajo de mi sofá, únicamente con sus brillantes y malvados ojos visibles en la oscuridad.


¿Por qué no le había dicho a Justin que tenía una gata llamada Lady Macbeth? Eso le hubiera quedado mucho mejor. (Se refiere a un juego de palabras entre Hamlet y Lady Macbeth con respecto al comportamiento de la gata, ambos personajes de obras famosas de Shakespeare. Hamlet es un personaje que representa la duda y Lady Macbeth pareciera ser más vengativa y determinada)


Durante el resto del tiempo, me quedé sola con mis pensamientos, los cuales eran casi tan agradables como el virus Ébola. Ordené la sala de estar, luego pensé en huir. Ordené mi cuarto, entonces me apresuré al baño, segura de que iba a vomitar. No lo hice. Casi desee haberlo hecho. Podría haber dicho que estaba enferma.


Antes de que tuviera la oportunidad de discutirlo conmigo misma... se escuchó el timbre de la puerta.


Mi corazón se sintió como si alguien estuviera usándolo como un trampolín. Respiré hondo. No le había prometido nada. Él había dicho que podíamos hablar. O ver una película. O hacer cualquier cosa que yo quisiera. Esto no tenía que ser un gran problema.


Cuando abrí la puerta, Justin se veía tan alegre que fue difícil seguir temiendo su presencia.


—Olvidé preguntarte que querías, así que he traído pizza, una hamburguesa y una ensalada. Estaba haciendo malabares con las tres cosas en sus manos, y yo quedé abrumada por una vez de lo mucho que me gustaba. No sólo de manera romántica. En general. Él era bastante asombroso.


Sonreí.


—La pizza está bien.


Retrocedí y él se paró dentro de mi apartamento. Por mucho que me estuviera volviendo loca antes, se sentía natural tenerlo aquí. No es que hubiera dejado de sentirme nerviosa, es sólo que... parecía como si perteneciera aquí.


Caminamos hacia mi cocina/sala de estar y dejamos la comida en la pequeña isleta redonda que sobresalía de la encimera. Me ocupé de coger bebidas y platos para ambos, y cuando no hubo nada más para distraerme, saqué uno de los taburetes de debajo de la isla y me senté a su lado. Puse una porción de pizza en mi plato y él abrió la ensalada.


Entrecerré los ojos hacia él.


—¿No irás en serio a sentarte ahí y comerte una ensalada mientras yo me lleno la cara de bendita grasa, o sí?


Aderezó su lechuga y sonrió.


—Oh, también voy a comerme la hamburguesa. Y un poco de pizza, si me dejas algo.


Rodé los ojos. Hombres...


Hablamos. De nada que importara. Él se sorprendió cuando hundí mi pizza en la salsa de la ensalada. Cuando le hice probarlo, frunció el rostro como si le resultara asqueroso, pero le vi hundir otra porción en la salsa mientras yo rellenaba mi bebida. No fue hasta que me sentí tan llena que creí que iba a explotar, cuando él sacó el tema.


—Entonces, ¿puedes decirme ahora que pasó con Cade?


Agarré el pepperoni de la media porción de pizza que quedaba en mi plato.


—Tuvimos una pelea, supongo. Creo. No estoy segura. Jamás hemos discutido.

—¿Sobre qué?

Dejé escapar el aire que había estado reteniendo en mis pulmones, y me dispuse a poner las cosas en la nevera y los platos en el fregadero.


—Sobre el beso.


Podía imaginar la reacción de Justin sin mirarlo, así que decidí continuar y lavar los platos... con la mano... a pesar de que tenía lavavajillas.


—Le gustó —continué—. Me lo dijo después del beso y hemos estado tratando de actuar como si nada hubiera cambiado, pero nos fue horrible, y yo simplemente me cansé de fingir que las cosas estaban normales.


Él apareció a mi lado, tomando un plato y secándolo por mí. Ya debía haberse dado cuenta de que era más fácil para mi hablar cuando no nos estábamos mirando el uno al otro, porque mantuvo los ojos fijos en el plato mucho después de que estuviera seco.


—Entonces, ¿qué hiciste?

—Le dije que no pensaba que fuera a pasar.
—¿Ni si quiera estabas un poco interesada? —preguntó Justin.

No creía que Justin quisiera oír esto realmente, pero iba a recibir lo que había pedido. Necesitaba desahogarme con alguien.


—Lo pensé. Cade es dulce, y me gusta estar con él, pero realmente no me hace sentir nada.


Dejó de mirar el plato y se giró hacia mí, apoyando la cadera contra el mostrador a mi lado.


—¿Yo te hago sentir algo?


Levanté la mirada hacia él sólo lo suficiente para ver si estaba bromeando. No lo estaba. Miré a otro lado.


—Esa es una pregunta estúpida.

—¿Lo es? Eres más difícil de leer de lo que crees.

Me sequé las manos con una toalla, y me dirigí al sofá, apretándome en una esquina y llevándome el almohadón al regazo.


—Hablo en serio —continuó Justin—. A veces reaccionas... como, bueno, como quiero que reacciones. Pero luego, otras veces, como afuera, mientras devolvías las llamadas, me empujas como si yo no te afectara de la manera que tú me afectas.


Apreté la almohada más fuerte contra mi pecho.


—Estoy afectada, Justin. Es sólo que estoy tan confundida... y preocupada. Y no entiendo porque tú no lo estás.


Tomó asiento del otro lado del sofá, con el cojín entero del medio separándonos.


—Creo que todo lo que hago es preocuparme —dijo.

—¿Y crees que esto es inteligente?

Él sacudió la cabeza, riendo.


—Oh, definitivamente no es inteligente. Lo sé. Pero, ¿honestamente, Bliss? Me siento miserable, aquí. Es genial tener un trabajo estable y estoy disfrutando de enseñar, pero ya no tengo amigos aquí. Voy a trabajar, y luego vuelvo al apartamento. Y pienso en ti, porque no puedo evitarlo, y no hay nada más para distraerme. Especialmente cuando sé que estás a tan sólo un edificio de distancia. La noche que nos conocimos... Bliss, normalmente no hago cosas como esas. Pero me estaba replanteando volver aquí, y tú fuiste todo lo que necesité. No sé cuantas veces me detuve de venir aquí y llamar a tu puerta. Y sí, verte con Cade fue definitivamente motivación, pero más que eso... Simplemente me gustas, Bliss. Como maestro. Como persona. Como chico. 


Fue difícil mantener la respiración constante, difícil evitar que el anhelo se mostrara en mi rostro, difícil evitar ir con él. 


—¿Y ahora qué? —le pregunté.

—No tengo la menor idea.

Yo tenía tantas ideas. Ese era el problema.


—Si hacemos esto... —comencé, y luego me detuve. Su postura entera había cambiado, y sentí que la mía también lo había hecho. Estábamos a punto de cruzar una linea, y ambos lo sabíamos—. Si hacemos esto, tenemos que ser cuidadosos. —El asintió, con los ojos fijos en los míos—. Y creo que deberíamos tomárnoslo con calma. Si nos enganchamos muy rápido en esto, seremos cuidadosos. —Y yo necesitaba más tiempo para pensar sobre esto, sobre el sexo con él, y si era algo que quería hacer.


No estaba segura de si despacio era lo que pudiéramos hacer, pero era la única manera que podía lograr esto sin volverme loca. ¿A quien estaba engañando? Me iba a volver loca igual. La diferencia era que con un sentimiento de locura del tipo ''voy a perder la compostura'' o del tipo ''me encerraré en el apartamento por una semana''.


—De acuerdo. —Justin se deslizó más cerca de mi en el sofá, a medio camino en el cojín del medio—. Puedo ser cuidadoso... y hacerlo despacio.


Se me puso la piel de gallina cuando levantó una mano hacia mí. Me dejé temer por un momento, pero luego la necesidad de tocarlo se sobrepuso por encima del miedo. Me deshice del almohadón en mi regazo y me acerqué a él. Coloqué mi mano sobre la suya, y él levantó a su boca, sosteniéndola allí contra sus labios. Cerró los ojos y con un simple toque se impregnó en mi cuerpo, calmando mi ansiedad.


Como una llave en una cerradura, mi cuerpo cayó en el suyo, encajando perfectamente. Con mi cabeza en su pecho, y su brazo alrededor de mis hombros, respiré hondo y supe que no había vuelta atrás.

domingo, 15 de septiembre de 2013

First Love. Capítulo 16.

—No lo entiendo, ¿por qué quieres un gato? Nunca te han gustado las mascotas. ¿Me equivoco? —preguntó Kelsey mientras salíamos de la clase de Directivo al día siguiente.
—Simplemente quiero uno, ¿de acuerdo? ¿Quieres venir o no? 
Ella se encogió de hombros. —No puedo. Lo siento. Tengo trabajo. Lleva a Cade.

Como si hubiera sido convocado, Cade apareció entre nosotras, y me pregunté cuanto tiempo había estado escuchando nuestra conversación.

—¿Llevarme a dónde?
Le dije: —Voy a la sociedad protectora de animales a buscar un gato.
—Oh, genial —dijo asintiendo con la cabeza—, Ojalá no viviera en los dormitorios. Me encantaría tener un perro.

Era consciente del cuidado espacio que mantuvo entre nosotros, y el meneo casi continuo de su cabeza, como si el asentir le hubiera dado algo que hacer, y no quería renunciar a ello.

Kelsey se sacó las gafas de sol de la cabeza y las puso sobre sus ojos a pesar de que todavía nos encontrábamos dentro. —Bueno, tan divertido como es esto... tengo que irme volando. Vosotros dos pasaos lo bien en la perrera. —Kelsey era consciente de la mirada de pánico que había disparado hacia ella. Cade y yo no habíamos estado solos desde todo el asunto de la casi conversación. Él cambió su bolso de mensajero a su otro hombro, moviéndose como siempre lo hacía cuando se sentía nervioso.
—Si quieres ir sola, no pasa nada.
—No, no. Deberías venir. —Teníamos que superar esto. Y sólo vi dos maneras, lo hacíamos juntos o no lo hacíamos. La espera iba a matar nuestra relación (que ya se hallaba bastante mutilada). Si teníamos que tener esta conversación, alrededor de bonitos animales, era probablemente el mejor sitio.
—Está bien. Genial —dijo.

Genial... sí.

Estaba contenta de ser quien conducía. Me daba una forma de mantener ocupados mi cuerpo y mi mente. Y era mi coche, así que podía subir la música tan alta como quería. Lo que no había contado era que Cade se sentía lo suficientemente a gusto en mi coche como para bajarla. 

—Entonces, ¿qué te ha hecho querer un gato así, tan de repente?

Oh, ya sabes. Casi tuve una aventura de una noche con nuestro profesor, pero me largué usando mi gato imaginario de excusa, y ahora tal vez él quiere que estemos juntos, juntos a pesar de ser la peor idea, pero como no me importa tanto, porque mi cuerpo y, probablemente, mi corazón me está diciendo que es la mejor idea. Así que ahora necesito un gato para que no se de cuenta de que mentí sobre el gato, porque soy virgen y me acobardó tener relaciones sexuales con él.

—Vi a mi vecina acariciando al suyo y me dio envidia. Así que ahora quiero uno. —Fue lo que en realidad respondí.
—Oh, genial.

Si decía ''genial'' una vez más iba a gritar.

Entré en el estacionamiento de la sociedad de animales deseando haberle dicho a Cade que quería ir sola después de todo.

Necesitaba algo suave y adorable en mis manos.

Ese olor característico medicinal que está reservado para los refugios y los veterinarios nos chocó en la cara al entrar por la puerta. La señorita de la recepción incluso se veía vagamente felina, como si trabajar aquí estuviera en su ADN. Su cara lucía apuntada ligeramente, sus ojos inclinados, y su pelo corto y difuso.

—¡Hola, chicos! ¿En que puedo ayudaros?
—Hola —dije—. Estoy interesada en adoptar un gato.
Ella aplaudió con pequeñas manos que imaginaba como patas. —Eso es fantástico. Tenemos un montón de grandes candidatos. ¿Por qué no os llevo a la sala de gatos y echáis un vistazo?

La seguimos por el pasillo, el olor de antiséptico cada vez más fuerte, sin duda cubriendo el olor de animal.

—Aquí estamos.

El cuarto se encontraba lleno de jaulas, y no sé si el coro de maullidos comenzó a nuestra entrada o si era constante, pero estábamos rodeados por el sonido.

—Os voy a dejar solos. Todo lo que pedimos es que sólo saquéis un animal a la vez. —Con una amplia sonrisa y un movimiento de mano, se fue.

En silencio, me asomé a las jaulas, sintiendo me perdida. 

Me gustaban los gatos, pero no estaba segura de que realmente quería uno. ¿Qué iba a hacer con él cuando me graduara? ¿Valía la pena por un chico? ¿Valía la pena solo para tener sexo? Quiero decir, no es como si no hubiera otras opciones para perder mi virginidad. 

Miré a Cade, que tenía sus dedos deslizándose dentro de una jaula cercana, acariciando a un gato negro medianoche. 

Si era honesta, esto no era sólo sobre tener sexo, incluso si se hubiera iniciado de esa manera. Por mucho que quería a Justin, estoy bastante segura de que si trataba de dormir con él otra vez, se convertiría en una repetición de mi torpe actuación del principio. 

—¿Sabes qué? —dije en voz alta—. Tal vez no estoy lista para un gato.

Me volví para salir, pero Cade dio un paso en mi camino.

—Tranquila, insípida. ¿No? Ni siquiera has tenido uno. Dale una oportunidad.

Abrió la caja con el gato negro y lo puso en sus brazos. Lo llevó hacia mí, frotando la mandíbula del gato. Me encontraba al nivel de los ojos con la bola de pelo, y podía oír el rugido del motor de su ronroneo desde aquí.

Di un paso atrás, y traté de explicar sin explicarme realmente. —No es que no me gusten los gatos. Y en realidad, creo que me gustaría tener... un gato. ¿Pero que si tengo una gato antes de estar lista? ¿Qué pasa si elijo al gato equivocado? ¿O qué si soy mala en eso... ser dueña de un gato, quiero decir?

Dios, ¿cuánto más fácil sería esto si pudiera decir lo que pensaba?

Cade rodó los ojos y empujó al animal en mis brazos. —Bliss, no puedes ser mala en esto si no lo intentas.

Podía ser mala en sexo sin embargo. Conociendo mi hiperactivo, neurótico cerebro, podría ser completamente horrible en el. 

El gato se acercó y frotó la parte superior de su cabeza contra mi barbilla. Fue bastante adorable. Cade estaba radiante por mí, y pensé...

Tal vez Cade sería la mejor opción. ¿Estaría tan aterrorizada en tener sexo si lo tuviera con Cade? 

La idea me hizo sentir débil, inestable. 

Pasé el gato a sus brazos, todavía no estaba segura, pero me sentía un poco más tranquila. Llegué a la línea de las jaulas, y busqué uno gris que pudiera pasar por un Hamlet. Cuando la encontré, el destino debe de haberse estado riendo de mí. Se agachó en el fondo de su jaula, y respondió con un gruñido gutural. 

Por supuesto... conseguiría el gato asustadizo. 

Por encima de mi hombro, Cade dijo: —No es en serio.

Si sólo no lo fuera. Pero le dije a Justin que Hamlet era gris.

—A veces, son las cosas que dan miedo en la vida las que más valen la pena —dije. Estoy bastante segura de que había leído eso en una galleta de la fortuna en otro tiempo. Eso hizo que fuera sabio, ¿no?

Metí mis manos en la jaula, preparada para una mordedura o una arañazo o una masacre total, pero cuando mis manos se cerraron al rededor de la mitad de la bestia, reaccionó sólo con un gemido bajo.

Cade sacudió la cabeza, confundido. —¿Por qué no quieres este? —Puso el gato negro cerca de su cara—. ¡Él es tan dulce!

Por lo contrario, la gata en mis brazos se encontraba en plena alerta, sus piernas rectas, los ojos muy abiertos. Tenía la sensación de que si trataba de abrazarla más, me mutilaría. La senté en el suelo y se fue, escondiéndose debajo de un banco cercano.

Yo sabía que sólo estaba preguntando por el gato, pero oí otra pregunta. Una que no había preguntado, no hoy de todos modos. Y Cade era dulce, y la idea de estar con él no me dejó inmovilizada por el miedo. La idea de estar con él no me dejó con una emoción abrumadora, en realidad.

Fue entonces cuando supe...

—Cade... tengo que retirar mi tal vez.

Lo juro, incluso los gatos dejaron de maullar. Podía imaginar su silencio aturdido.

—Oh.

Deseé que reaccionara, gritara, discutiera, algo. Esperé que se bloqueara como ese gato, garras fuera, dientes al descubierto. En su lugar, caminó tranquilamente lejos y puso el gato negro cuidadosamente en su jaula, probablemente para que no tuviéramos más de un gato fuera a la vez como dijo la señorita. Ese era Cade, siempre pensando en las reglas. Eso es lo que siempre había sido yo, también, pero empezaba a pensar que no era lo que quería ser ahora.

Su movimiento fue mecánico, simple y preciso. Tiró de la puerta de la jaula para cerrarla y giró el picaporte con un fuerte chasquido. Se mantuvo de espaldas a mí mientras hablaba.

—¿Puedo preguntar por qué?

Exhalé. Le debía mucho, pero ¿cómo le decía esto? No lo podía saber. Si iba a hacer tal cosa con Justin (¿A quién engañaba? Probablemente lo haría), entonces nadie podía saberlo. Ni siquiera mis mejores amigos.

—Yo... podría haber otra persona.
—¿Podría haber?

Esto era joderla. No me miraba, y el corazón en mi pecho se sentía delgado, como papel de seda, lo que significaba que estaba muy, muy cerca de estar sin corazón, haciendo esto a mi mejor amigo.

—Las cosas están todavía un poco... complejas. Pero me gusta, y mucho. Iba a esperar, a ver si los sentimientos se iban, así tal vez tú y yo podríamos... —me interrumpí, porque no quería poner en palabras lo que había estado pensando. No tenía sentido—. Pero Cade, no puedo manejar como ha sido. Ha sido menos de una semana, y siento que me estoy muriendo. Odio cuestionar todo lo que hago a tu alrededor, preguntándome si está bien, preguntándome si cruzo una línea, preguntándome si te hago daño. Echo de menos a mi mejor amigo, incluso cuando estoy de pie a tu lado. Así que... he tenido que tomar una decisión. Y te necesito en mi vida también, mucho, como para arruinarlo. Si hubiera dicho que sí, y entonces mis sentimientos por él no se iban... No podría hacer eso. Por favor, dime que no he jodido esto ya. Por favor, por favor.

Se volvió entonces, y me sorprendió el dolor que vi en él. La cara de Cade se veía extraña, con el ceño fruncido. —Quiero decir que estamos bien, Bliss. Yo también te necesito. Pero no puedo fingir que no esperaba que esto fuera a alguna parte. No sé si puedo hacerlo. La verdad es... que me estás haciendo daño. No a propósito, ya lo sé. Pero te amo y cada segundo que no me quieres de vuelta... me duele.
—Cade... —Me acerqué a él.
—No, por favor. No puedo.

El olor medicinal del refugio de repente se volvió insoportable, nauseabundo.

Le pregunté: —¿No puedes qué? ¿No puedes ser mi amigo?
—No sé, Bliss. no lo sé. Tal vez. —El toque de amargura en su tono era pequeño, pero me golpeó como una bofetada en la cara de todos modos. Salió por la puerta y me hundí en el banco, sintiéndome desgatada y quemada y golpeada. Mi corazón era un pañuelo de papel triturado.

Me senté allí, tratando de encontrar una manera en que podría haber hecho esto mejor. ¿Hubo algún camino posible que podría haber tomado que no habría jodido esto tan completamente? ¿Decirle no de forma tan directa habría sido mejor? ¿Debería haber esperado hasta que terminara el año y Justin se hubiese ido, y luego tratar de tener algo con Cade?

Mi madre me había dicho una vez, cuando era pequeña y tenía una amistad desmoronándose, que algunas relaciones sólo terminaban. Como una estrella, se queman brillantes, y luego nada en particular va mal, sólo que llegan a su fin. Se queman.

No podía entender que mi amistad con Cade hubiera terminado.

Algo le dio un codazo a mi pantorrilla, y luego la cabeza de la gata gris asomó entre mis piernas. Puso todo su cuerpo a través del espacio entre mis piernas, frotándose contra mí mientras lo hacía. Rodeó de vuelta y presionó su cabeza contra mi espinilla. Tendí una mano hacia abajo, y se quedó inmóvil, aplanada contra el suelo con miedo. Lentamente, me moví hasta que mi mano se apretó contra su espalda, deslizándose a lo largo de su piel en un movimiento suave. Su cuerpo se relajó y la acaricié otra vez.

Me senté en el suelo junto a ella. Se cerró otra vez, pero no corrió. Cuando estuve segura de que se sentía cómoda conmigo, la recogí en mis brazos. Apreté mi cara contra su piel, absorbiendo el consuelo que no se dio cuenta que me daba.

—Vamos a hacer un trato, Hamlet. Te ayudaré a tener menos miedo, si me ayudas, también.

viernes, 6 de septiembre de 2013

First Love. Capítulo 15.

Eric revolvía papeles en busca de algo, cuando entré en el auditorio el miércoles. 

—Oh, Bliss, llegas temprano, como siempre. Eso es genial. Me parece que perdí mis notas, así que voy a volver corriendo hasta la oficina. Siéntate con Justin y relájate por un momento. 

A pesar de que ya tenía una parte, era un manojo de nervios por estas re-llamadas. ¿Qué pasaría si todos esperaban que fuera perfecta? ¿Qué pasa si mi audición era totalmente un golpe de suerte? Vi a Eric  salir por la puerta de detrás del escenario y me pregunté... ¿Y si cambió de opinión? 

Tomé asiento en la fila debajo de Justin, deseando haberme ido y gastar el tiempo en el camerino con los actores, esperando y preparando su segunda ronda de audiciones. Cuando él se inclinó hacia mí, dije: —Hola... amigo. 

Me había rendido tratando de que no fuera incómodo, y en cambio, sólo lo acepté.

Se echó a reír, lo que supongo que era bueno. Sin duda, podría haber sido peor. Dijo: —No del todo creíble, pero diez por el esfuerzo.
—Alguien es un fácil graduador. 
—Alguien tiene una debilidad que le preocupa. —Se encontraba inclinado hacia mí y aunque su cara estaba a un buen pie de distancia, juro que sentí esas palabras como si las hubiera susurrado en mi oído. —Lo siento —respondió casi de inmediato—A veces me olvido. 
—Yo también. —dije. Pero eso fue una mentira. Nunca olvidé. Quería. Deseaba poder olvidar los kilómetros que nos separan, y simplemente dejarme estar allí, a sólo un pie de distancia, pero no podía. Se aclaró la garganta, y ésta vez no imaginé su cercanía, se encontraba a centímetros de mi oído. 
—Tengo que preguntarte algo. 
—Bien. —Fue mi respuesta entrecortada. 
—Cade. 

Me di la vuelta, confundida, y de inmediato me eché hacia atrás porque se había acercado y nuestros rostros estaban demasiado juntos. 
 
—Esa no es una pregunta. 
—¿Todavía estás con él? 
—¿Con él? 
—Sólo... no puedo decir. Todavía os sentáis juntos en clase, pero ahora es diferente. Así que he pensado que tal vez habíais roto. 

¿Pensó que Cade y yo éramos novios? ¿Cuán loca inconsciente era yo? El mundo entero aparentemente nota los sentimientos de mi mejor amigo por mí. 

—No había nada que romper. —Le dije. 
—¿Qué? 
—¡Sí! Cade y yo no estamos juntos. Nunca lo hemos estado. —Sus ojos se encontraban muy abiertos y la cabeza inclinada de una manera que me decía que no me creía—. ¿Eso es lo que has pensado todo este tiempo? ¿Qué lo engañé contigo? 

Oh, Dios mío. El hombre del que puedo o no haberme estado enamorando pensaba que yo era una guarra. ¿Podrían estar las cosas más jodidas? 

Su cabeza se sacudía hacia atrás y adelante, pero no estaba segura si eso era un no o sólo trataba de resolver esto. —No sé lo que pensé. Siempre estáis juntos, y él te toca, siempre está tocándote. Créeme, lo noté. Había dado por sentado que por eso... bueno, que por eso acabaste lo de esa noche. 
—No salí corriendo por Cade. Tenía que ir a por mi gato...
—Bliss, no soy idiota. 

Dios, eso era todo. De algún modo, pensé que había salido impune con esa horrible excusa. Quiero decir, obviamente, no lo había olvidado como pensé al principio. Pero él siempre había sabido que era una excusa, sólo que por la razón equivocada. Y no podía hacerle saber la verdadera razón, no ahora, no aquí en este teatro donde se suponía que íbamos a ser profesionales (aunque estoy bastante segura de que lo profesional ya había chocado hasta la acera). 

—¡Tengo un gato! ¡Lo tengo! —Maldita sea...¿Por qué no puedo recordar el género de mi gato imaginario? —. Umm... ella es gris y adorable y su nombre es... —dije lo primero que me vino a la cabeza—, Hamlet. 

Era una genio. Ni siquiera podía inventar una gata con un nombre de chica.

—¿Tienes una gata llamada Hamlet? 
—Sí. —Mata me ahora—. Sin duda, definitivamente sí. 

Eso era todo. Iba a tener que conseguir un gato. 

—Está bien. Por lo tanto, si no estás saliendo con Cade, ¿qué está pasando entre vosotros dos? 
Podía sentir el calor descargando en la piel de mi cuello. —Nada. 
—Mientes fatal. 

Miento fatal. Mis oídos probablemente se veían como si hubiera pasado una hora en una cama solar. —No hay nada. Es sólo algo que ocurrió el viernes, cuando yo estaba... ¿Cómo dicen los británicos? ¿Ebria? ¿Borracha? 
Se sentó lejos de mí, pero dejó las manos apretadas en la parte de atrás de mi asiento. —¿Te has acostado con él? 
—¿Qué? ¡No! 
No se inclinó hacia mí, pero aflojó el agarre de la silla. Uno de sus nudillos rozó mi brazo. —Bien. 
—Justin... 
Sonrió con descaro. —¿Qué? El hecho de que no pueda tenerte ahora mismo, no significa que estoy bien con que él te tenga. 

Mi cerebro tropezó con esa frase de 'ahora mismo' otra vez, pero obligué a mis pensamientos a alejarse de ello. —Voy a fingir que no te referiste a mí como una propiedad para poseer. 
—¿No podemos poseernos el uno al otro? 

Si el cerebro puede tener orgasmos, estoy bastante segura de que esto era lo que se siente. No debería gustarme esto, pero había posesión en sus palabras que se repetían en sus ojos oscuros. No podía responder a su pregunta, así que respondí: —¿Qué te ha ocurrido? Pensé que me prometiste que no lo haríamos de nuevo. 

Tiro sus manos por su pelo, despeinándose la cresta de una forma adorable, que hizo a mi estómago revolverse. 

—No lo sé. Es que... he estado volviéndome loco pensando en vosotros dos juntos. 
—Nos besamos. Nada más. 

Retrocedió, como si hubiera dicho que Cade y yo nos íbamos a casar y tener una casa llena de niños. No podía mirar su cara. Me haría querer hacer cosas que no debía hacer. Repetí: —Fue sólo un beso. No significó nada. 
—No quiero que nadie más te bese. 
—Justin... —empecé a odiar el tono de advertencia en mi propia voz. Si él seguía empujando de esta manera, no sería capaz de decir que no por mucho tiempo. Me iba a lanzar hacia él, probablemente justo al tiempo que Eric regresara. 
—Sé que no estoy siendo justo. Estoy siendo un cabrón, en realidad. Sigo diciéndome a mi mismo que debo alejarme de ti, pero la verdad es... no estoy seguro de poder. Y ahora que se que no estás con Cade... 
—¿Qué estás diciendo? 

La puerta crujió detrás del escenario, y me di cuenta de lo cerca que nos encontrábamos. Mi corazón estaba zumbando como una cuerda de guitarra arrancada, me corrí a unos pocos asientos antes de que Eric volviera a entrar. 

Levantó su cuaderno triunfante. —¡Lo tengo! Y traje un guión real para ti, Bliss, por lo que ya no necesitas los folios sueltos.

Luché por calmar mi corazón cuando Eric me entregó la obra. 

No mires a Justin. No lo mires. 

No importaba... era híper consciente de él. Aún cuando me volví varios asientos de distancia, estaba segura de que sabía cada vez que cambiaba, respiraba o me miraba. 

El pequeño libro se sentía bien en mis manos, todavía caliente de las manos de Eric, y tuve que resistir la tentación de empezar a derramar las palabras, en ese mismo segundo, para distraerme de Justin. La Directora de escena, Alyssa, que era un año más joven que yo, entró en la sala para anunciar que estábamos listos para empezar cuando Eric lo estuviera. 

Él asintió, y luego se volvió hacia mí. —Bliss, empezamos con Hipólito. Voy a hacer que realcen sus monólogos una vez más, luego subirás allí. Sólo sigue con lo que hacías en tu monólogo. Ve al objetivo, lo quieres, pero tu vergüenza, tu miedo es tu propio obstáculo. 

Eché un vistazo a Justin. Debe ser bastante simple. 

Alyssa volvió a entrar, Jeremy la siguió tranquilamente. Ella se sentó en la mesa de alta tecnología, y él se puso de pie en el centro del escenario, con los hombros hacia atrás, la barbilla hacia arriba. 

Se veía bien. Le sonreí con orgullo. Nuestro pequeño estudiante de segundo año. 

—Hola Jeremy. Me gustaría empezar a ver tu monólogo una vez más, sólo para ver como van las cosas. A continuación veremos como le va a Bliss. 

Jeremy se aclaró la garganta. Se pausó por un momento. 

Me encantaba ese momento antes. Era el momento cumbre de la anticipación y la esperanza. Era como sumergirse en un precipicio, sabiendo, que lo que vendría después era terrible y hermoso y un punto de vida. Ese momento... era adictivo. 

~ Me he dejado correr a mí mismo demasiado lejos. 

Veo que mi razón a dado paso a la violencia. ~

Había desesperación en la actuación de Jeremy cuando empezó, pero parecía joven. Se veía joven. Cuando habló, sus palabras y sus emociones salieron corriendo. Como si una vez que había comenzado su confesión de amor por Aricia, nada pudo parar su desahogo. 

~ Mi alma, tan orgullosa, por fín está a cargo. 

Durante más de seis meses, desesperada, avergonzada, llevando a todas partes la herida con la que estoy mutilado. 

Me armé de valor por ti, y por mí, en vano... ~

No me había dado cuenta hasta entonces, de cuanto Hipólito (en la mitología griega Hipólito es hijo de Teseo) y Fedra (La obra está basada en la tragédia de Hipólito de Eurípides, que narra el mito de Fedra) estaban enamorados, y avergonzados, Fedra por quien ella amaba, e Hipólito porque amaba a todos. Pude ver la vergüenza en la actuación de Jeremy, desgastando lo, y me pregunté si así es como me veía cada vez que pensaba en Justin. 


~ Presente, huyes: ausente, te encuentro otra vez. ~


Los ojos de Justin se encontraban en Jeremy, mirando hacia atrás de vez en cuando en las notas que es escribía en el cuaderno de su regazo. Esa última linea hacía eco en mi cabeza como una canción, una melodía que se queda atascada y no te da ningún descanso. 

Presente, le huyo. Pero no importa la distancia entre nosotros, volvía a él. Todo volvía a él. 

Eric se levantó de su sitio y dijo: —Bien. Bueno. Vamos a verte Bliss. 

Aparté mis ojos de Justin, y busqué a tientas el guión. Caminé hacia el escenario, mis rodillas un poco débiles, y mis pies algo entumecidos. 

Por mucho que me encantaba Jeremy, estaba claro para mí, en cuestión de minutos, que él no era Hipólito. Por un lado, no era el heroico y apuesto joven que podría convertir el corazón de Fedra tan desde adentro. Era más de un niño. Tenía la pasión, pero a veces ni si quiera eso era suficiente. 

Pasamos a otros dos chicos más, que también carecían (ambos) de confianza. Aquellas audiciones pasaron rápidamente. 

Entonces, fue el turno de Cade. 

Siempre había pensado que la mejor ventaja de Cade era su voz. En el escenario, tomaba este bajo estruendo, que no importa el volumen en el poder. Y con una obra de teatro que era tanto sobre el texto y el lirismo en la lineas (su voz era perfecta. Siempre era difícil de leer la cara de Eric, pero definitivamente se veía más feliz con Cade que con las dos anteriores audiciones)

Cuando las cosas se deshacían, era cuando Cade y yo subíamos al escenario juntos. Hacíamos la escena en la que Fedra primero revela sus sentimientos a Hipólito. Ellos hablaban de la muerte de Teseo (marido de Fedra y padre de Hipólito) A Hipólito nunca le había gustado su madrastra. No sabía que ella lo había tratado mal, para poder mantener más fácilmente su distancia, porque lo había amado, incluso antes de que Teseo supuestamente muriera. 

Los hicimos bien en la muerte de Teseo, pero yo iba a penas en la mitad de mi monólogo, en la que declaro mis sentimientos, cuando Eric salió de detrás de escena y entró en el escenario. 

—Para, para. Cade, ¿qué estás haciendo? 
Cade miró aturdido, y tal vez a punto de estar enfermo. —¿Perdón? 
—Tú la desprecias. Cuando la revelación de sus sentimientos caen en tu cuenta, debes de estar horrorizado, asqueado, incluso enojado. 
—Por supuesto, señor. 
—Entonces, ¿por qué te ves como un cachorro enfermo de amor al que le devuelven su afecto? 

Como si yo no canalizara la culpa suficiente por esta actuación, sentí el peso de mi propia culpa añadida. Esto era mi culpa. No se trataba de la obra. Se trataba de mí. Había mantenido sus sentimientos en secreto durante tanto tiempo, pero me di cuenta en esa fiesta, desde que lo había besado, todo estaba más cercano a la superficie. Él llevaba la esperanza como una abrigo de invierno, en capas, por encima de todo. 

No lo miré mientras él y Eric hablaban, porque no estaba segura de poder evitar la pena en mi rostro, y odiaba ver eso. Entonces, miré a Justin en su lugar. Su rostro estaba demacrado. A pesar de que se encontraba a unos quince metros de mí, sentí como si estuviera viéndolo desde lejos. Sólo me miró por un momento, antes de que su mirada saltara a Cade y profundizó su ceño fruncido. Después de unos segundos, se encontró con mis ojos otra vez, y me mantuvo allí con su mirada. Había algo diferente en su aspecto, algo cambió, algo que hizo que mi corazón latiera más rápido y a mi pelo hormiguear en la superficie de mi piel. 

Cade y yo terminamos nuestra escena sin incidentes. No fue el mejor desempeño que podría haber dado, pero me pareció que fue lo mejor hasta ahora. Aunque no era imparcial, supongo. Debería haber estado contenta de que mi amigo tenía problemas incluso para actuar disgustado conmigo. Pero en el fondo de mi mente, un pensamiento plantó sus raíces profundizándose a pesar de mis intentos por alejarlo. 

Si él conociera la verdadera razón que yo tenía, tal vez... si supiera lo que nos mantiene separados, probablemente no tendría ningún problema despreciándome.

Estaba un poco fuera de foco por la siguiente re-llamada. Tanto es así, que Eric decidió que era de darme un descanso. Necesitando el aire fresco, salí por la salida de emergencia (que nunca fue alarmada), y supe antes de oír el crujido de la puerta abierta otra vez detrás de mí, que Justin me seguiría. 

—Lo estás haciendo bien —dijo. 

Solté un poco de aire. Podría haber sido una risa, si hubiera tenido más energía. —Sí, es por eso que estás aquí tratando de hacerme sentir mejor. 
—Mis razones para estar aquí son totalmente egoístas. 

Seguía pensando que me acostumbraría a él diciendo cosas así, a su franqueza. 

Nunca lo hice. 

—Tenías razón. Estás actuando como un imbécil. 

El poco calor que había en mis palabras se fue cuando sonrió. 

Caminó a mi lado, mirando hacia un punto lejano en el campus. —Sigo pensando que esta obra es una señal. Es como nosotros. 
—¿Soy la madre llena de lujuria en esta situación o tú? 

Sus ojos volvieron a mí, bañando y explorando las curvas y la líneas de mi cuerpo. —Oh, ese definitivamente soy yo —respondió—. Fedra sigue diciendo que está siendo egoísta. Que se odia por ello, pero lo hace de todos modos. No puede negar lo que quiere, incluso si causa su caída y la de él. 
—¿Y has aprendido algo de nuestro paralelo literario? 
—En realidad no. Sigo pensando que ella lo haría todo de nuevo si hubiera una posibilidad... una posibilidad de que pudiera salir bien. Aunque 99 veces de cada 100 la historia termina mal, pero merece la pena, aunque sólo sea una vez, que consiga un final feliz. 
—Escucha, Justin, mientras que este paralelo que estás dibujando es adorable, sobre todo con ese acento, estoy un poco cansada de las metáforas, y ser comprada con las historias de amor condenadas. Sólo di lo que quieres decir. He estado descifrando un texto antiguo toda la noche. No quiero tener que descifrar te a ti, también.  
—Estoy diciendo que me equivoqué. —Dio un paso más cerca, y mi cansancio huyó, sustituido por la electricidad bajo mi piel—. Estoy diciendo que me gustas. Estoy diciendo que no me importa una mierda ser tu maestro. 

Entonces, me besó. 

Lo empujé antes de que mi corazón y mente fueran barridos. El placer que me golpeó después del beso, ya había terminado, por lo que se sentía como un eco. Y a pesar de que fui yo quien lo empujó, lo eché de menos. 

—Justin, esto es una locura. 
—Me gustan las locuras. 

La pregunta era... ¿y a mí? Esta era la cosa más loca que jamás había hecho, y me aterraba y me emocionaba a la vez. Me aparté, necesitando la distancia para pensar, envolviendo mi cerebro alrededor de la locura. Había muchas posibilidades de que esto saliera mal. Pero, de nuevo por primera vez, me encontré con mi propia vida más interesante que la historia de una personaje en una página. Y Dios, quería saber el final. 

¿Y no me había dicho Eric que era mejor cuando tomaba decisiones valientes? Había estado hablando de la actuación, ¿pero no son válidas para la vida, también? 

La mano de Justin rozó mi frente, y luego volvió a introducirse en mi pelo. 

—Sólo piénsalo. 

Oh, lo pensaría. Probablemente sería lo único en lo que podía pensar. 

Me dio un rápido y pequeño beso en mi frente y se fue, dejando mis pensamientos en un revoltijo y mi corazón en un desastre.