viernes, 31 de enero de 2014

Golden Lake. Capítulo 33.

Una mujer bajita y con el pelo oscuro me abre la puerta. ¿La madre de Justin? No es posible, en la foto me di cuenta de que tenía los ojos azules y esta señora, sea quién sea, los tiene oscuros, aunque muy bonitos. Me mira seria. Es normal, querrá saber que quiero. Allá voy.

- Buenos días, me preguntaba si está Justin... - Digo con el corazón latiéndome fuertemente. 
- Está... en clase.

¡Pues claro! ¿Cómo has sido tan estúpida? Tu tienes clase, y él también, me dice mi conciencia. ¿Cómo no había pensado en eso?

- Ah, claro, lo siento. - Esta vez me dedica una media sonrisa. Esta mujer es adorable cuando sonríe.
- Soy su tía, ¿puedo ayudarte en algo?
- ¿Su tía? - Ella asiente - Solo quería hablar con el... porqué Fred... su padre... vive aquí, ¿no? 
- Bueno, Fred viene de vez en cuando, pero más que nada se queda en la casa de campo, trabajando. Mi marido y yo somos los que vivimos con Justin durante los meses que él no tiene que ir a trabajar con su padre. 
- Oh. 
- ¿Quieres que le diga que has venido...? 
- _______, ________ McKenzie. - Sonrío tímidamente - Muchas gracias y perdone las molestias.

Cuando estoy en el ascensor pienso en nuestro verano, y recuerdo perfectamente cuando Justin y yo nos acabábamos de conocer.

- Entonces, ¿tu creciste por aquí? - 
- Sí, pero ahora solo vivo aquí durante el verano. Durante el año, estudio en el instituto público de Westside -
- ¿De veras? Yo no sabía que eras de la ciudad - Justin se encogió de hombros -
- Sí, yo vivo con mi tío y mi tía durante el año escolar -

¡Pues claro! Con sus tíos durante el año escolar. Madre mía, ¿porqué he sido tan torpe al venir aquí sin saber quien me atendería? Aunque, al menos... le dirá que he venido.

***

¡PSSSSSSSSSS! ¡PSSSSSSS! Mi black berry suena en la mesita de noche pero estoy tan, tan cansada que a duras penas puedo moverme. Esta tarde ha sido mejor de lo que imaginé. Lo he pasado bastante bien en el gimnasio con mis mejores amigas. Ha servido para dejar de pensar un poco en... él. Para dejar de pensar la cara que habrá puesto cuando su tía le haya dicho que la loca de su admiradora se ha presentado hoy en su casa para verlo. Se habrá enfadado... ¿O no? 
Quién sabe. 
Me levanto torpemente de la cama y me coloco bien la bata del pijama. Me duele todo. No estoy acostumbrada a pasar una tarde entera de ejercicio. Y mañana más de lo mismo, no sé si seré capaz. 
Desbloqueo el móvil y leo atentamente el sms.

«Hola, Srta Bieber. 
Veo que te has encaprichado de mi más de lo que imaginé. Siento no haber estado esta mañana en casa, pero como puedes comprender, estaba en clase. Cosa que tú no. Y me pregunto el porqué. ¿Estás siendo una chica desobediente? Porqué estoy seguro de que tus padres no saben que no has ido a clase para venir a verme. ¿Me equivoco? 
Quiero que sepas, que no paro de pensar en ti. Ni un minuto de cada día que pasa. Pero ambos sabemos que lo nuestro no funciona. Te quiero y siempre te querré. »

¡Justin! No lo puedo creer. Tantos días esperando respuesta, y al fin la obtengo. ¿Es lo que esperaba? Para nada. Me sigue queriendo, Dios mío, me quiere. Oh, Justin, te echo tanto de menos. Leo el mensaje al menos diez veces. Sonriendo al principio y llorando al terminar. 'Lo nuestro no funciona'. ¿Cómo puede pensar eso? 
También pone que me he encaprichado. Cómo si el fuera un juguete. ¡Joder! Estoy cabreada. ¿Qué piensa? ¿Qué me puede pasar como con Brian? ¿Qué estaba enamorada de él y al conocer a Justin dejé todo lo que sentía para reemplazarlo? ¿Cree que me pasará lo mismo con él? 
Qué poco me conoce en ese sentido. ¿No se da cuenta de lo mucho que estoy insistiendo solo para verle? ¡Porqué le quiero! ¿Porqué no entiende eso?
Se supone que tengo que responder al sms. Pero, ¿qué puedo decirle que no le haya dicho antes? 
Quiero verle, pero me lo ha dejado claro, me quiere pero lo nuestro no funciona. Bien. 
Tecleo lentamente, pensando cada palabra y como reaccionará él con éstas.

«Hola, Justin. 
Me alegra ver que no te has olvidado de mi y que al menos, me tienes presente. ¿Porqué no has contestado a mis mensajes? ¿Porqué dices lo de encapricharme contigo? 
¿Crees que me olvidaré de ti si pasas de todo lo que te digo en los mensajes? Pues te equivocas, ahora que se que me sigues queriendo, no me daré por vencida. Te quiero, Justin, más de lo que he querido nunca a nadie y te necesito. 
Desde que te marchaste, siento un gran vacío dentro y necesito que lo llenes estando a mi lado. »

Pulso «enviar» y con el corazón en un puño espero respuesta. Y espero, y espero...
¡PSSSSSSS!
Cojo la bb inmediatamente y leo.

«¿Olvidarme de ti? Creo que eso no ocurrirá nunca.»

¿Ya está? ¿Dónde están las respuestas a mis preguntas?

«No me has respondido.»

Minutos más tarde suena otra vez la black berry.

«Siento ser tan duro contigo, pero ya he dicho todo lo que tenía que decir. Espero verte algún día y el destino sabrá lo que puede pasar entre nosotros. Pero por ahora, dejémoslo así. 
Adiós, _______. Te quiero.»

*6 semanas después*

- Hola _____ - Y me besa en la mejilla. Es tan guapo. 
- Hola Ángel - Y le sonrío tímidamente.

Ángel es el entrenador del gimnasio al que sigo yendo desde que empecé con las chicas. Es muy cariñoso con todas las chicas, pero especialmente conmigo. Creo que le gusto. 
He cogido un poco de peso y ahora me siento mejor que hace algo más de un mes. No he tenido más noticias de Justin después de ese mensaje que me envió. Y después de todo aquello, me prometí a mi misma rendirme. Sé que en uno de los mensajes, le dije que no me daría por vencida, pero... ¿qué puedo hacer si no? No encuentro otra solución. Sólo esperar. Al destino, como él dijo. Siempre le querré, pero en silencio.
A veces tengo la tentación de volver a escribirle, quiero saber cómo está, y si sigue pensando lo mismo que la última vez que me escribió. Pero si el cambia de opinión, me lo dirá. No tengo porqué ir presionándole porqué llegará el día en el que me mande a tomar aire. Y no quiero eso. 
Ángel me saca de mi ensimismamiento.

- Bueno, ¿hoy vas a hacer cardio como siempre? 
- Sí. Cómo siempre. 
- Bien.

Morgan se acerca alegremente y le saluda con dos besos. Él le responde igual pero no le presta atención. Kirsten me da un beso en la mejilla y le sonrío.

- Qué guapa estás hoy, _______. - Me sonrojo. Estoy igual que siempre. ¿Porqué viene mi amiga con esto ahora? 
- ¿Pero qué dices? 
- Estás buenísima, desde que empezaste a comer y a no parar de venir al gimnasio, estoy empezando a sentirme atraída por ti, nena.

Y me sonrojo aún más. Todas mis amigas me dicen que mi aspecto ahora es incomparable al que he tenido nunca. Y yo también me lo noto. Me siento bien conmigo misma. Pero Morgan podría cortarse un poco. ¡Está Ángel delante de nosotras! Y no para de sonreír con picardía, mirándome de arriba a abajo.

- Bueno, vamos a empezar a calentar, ¿o no?
- Claro, claro. - Mor me sonríe. ¿Qué haría yo sin ella? 
- ¿Y Kirsten? ¿No vendrá hoy? 
- No, tiene muchos deberes de historia y un examen mañana. Ha preferido quedarse en casa. 
- Lo entiendo.

Ángel se acerca y me agarra la cintura por detrás para poder decirme algo al oído.

- Tú amiga tiene razón, tienes un cuerpo impresionante, créeme, el chico que te rechace es idiota. En todos los sentidos. - Susurra y se marcha mientras me quedo petrificada.
- Ey nena, venga, estira conmigo. - Dice Morgan mirándome.

Tengo la cara roja como la remolacha y me da la sensación de que voy a estallar. ¿Es normal que un entrenador te diga estas cosas? ¿Querrá algo conmigo? ¡Es mucho mayor que yo! Tiene 26 años, pero no puedo negar que él tampoco está nada mal.

***

Qué día de perros tengo hoy. Me he levantado con el pie izquierdo, como se suele decir. 
Esta mañana al despertarme antes de ir a clase, quería ducharme, como todos los días. Y solo salía agua fría. ¡Con el frío que hace! Estamos en Diciembre y me he duchado con agua helada. Después, mi madre me ha preparado el desayuno y pensando en otras cosas, me he manchado mi camisa favorita. Más tarde, en la clase de filosofía, he quedado en ridículo delante de todos mis compañeros cuando me preguntaban algo realmente fácil y he contestado con la respuesta más estúpida del mundo. 
Volviendo a casa, una paloma ha hecho sus necesidades encima de mi pelo y he tenido que ducharme con agua helada, otra vez. 
Y ahora, me dirijo al gimnasio, como todos los días. Aunque me lo he pensado bastante después de tropezarme con un bordillo en medio de la calle cuando me dirigía a coger el coche de mi padre, que ya me deja conducir. Después del día que llevo, puede que me pase cualquier cosa en los vestuarios del gimnasio, solo de pensarlo me ruborizo. Me pongo las gafas de sol, ya que a pesar de que el aire sea helado, hace sol.
Paro en un semáforo que dura demasiado en mi opinión, y como todos los días, pienso en el maravilloso verano que he tenido y que no se volverá a repetir. Siento una punzada de dolor y me coloco bien la bufanda verde. Arranco y al girar en una curva alguien me choca por detrás y doy un brinco hacia delante. ¡Será posible! 
El cinturón me mantiene derecha pero me lo desabrocho cabreada, muy cabreada. Más cabrada de lo que nunca he estado. ¡Es el coche de mi padre!

- ¡Serás capullo! - Grito bajando la ventanilla. No tengo ni idea de si es un hombre o una mujer, pero eso ahora mismo, me da exactamente igual.

Salgo del coche y miro la parte de atrás. ¡Madre mía! Me han roto la luz de la derecha y han abollado el coche en una gran parte de su trasero, o como se diga. ¡Lo qué va a costar arreglar esto! ¿Es qué no puede pasarme algo bueno hoy?
Y dirijo la mirada a la persona que acaba de causar este desastre al coche de mi padre. Furiosa veo que de una camioneta sale un barón ágilmente. Me quedo petrificada. Un chico muy atractivo se pasa la mano por el pelo y se quita las gafas de sol. 
No puede ser, es él.

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