viernes, 31 de enero de 2014

Golden Lake. Capítulo 25.

- ¡Justin! - Grito corriendo sin aliento por el camino hacia la casa blanca. 

Algunos mechones de pelo se escapan de mi improvisada cola de caballo. Llevo una camisa rosa floreada de seda natural y unos shorts de color verde, las primeras cosas que he tenido a mano, cuando mi móvil me ha despertado media hora antes. 

- ¡Justin! - Grito de nuevo, tratando de no resbalar con mis sandalias. 

De repente, me dentengo recordando a Fred. A él no le hará gracia que lo despierten a las siete de la mañana, pienso, mirando a mi alrededor rápidamente. Su camioneta gris no está. Por lo que ya debe haberse ido. 

- ¡Justin! - Grito con renovado vigor, ahuecando las manos alrededor de mi boca.

Una ventana del cuarto piso se abre y una adormecida cabeza despeinada se asoma. 

- ¿Estás loca, mujer? - Exige Justin. 
- La tienda de muebles ha llamado hace unos minutos - Digo mirando hacia arriba, a sus ojos - Van a venir a traernos todo en una hora. ¡También traerán las copas de vino que encargamos! 

Tan pronto como me he enterado de la noticia, he llamado a la comerciante de alfombras. Me ha prometido que su hijo estará aquí en un par de horas. Estoy guardando esto como una sorpresa. Justin empieza a meter la cabeza. 

- Sólo déjame vestirme - Dice Justin.
- ¡No, espera! Dejamos todo eso lleno de pintura, ¿recuerdas? Y creo que deberíamos limpiar el suelo y sacar todo fuera antes de meter más cosas. ¡Así que vamos! 
- Tienes demasiada energía para lo temprano que es - Justin gime - Está bien, sólo espérame, mientras me doy una ducha y como algo. La puerta delantera está abierta- 

Él desaparece. Abro la puerta de madera y entro al gran salón. El mobiliario es austero pero elegante; Unos sofás grandes de cuero, un par de estanterías llenas de libros antiguos. Un reloj de pared marca la hora solemnemente en la esquina. Entro en la cocina. Es parecida a la mía. Puedo oír el agua corriendo en la escalera de arriba. Miro la nevera que está en una esquina. Vuelvo la mirada al reloj. Justin tendrá que darse prisa si quiere llegar antes que los repartidores. De repente, se me ocurre una idea. Esta es mi segunda oportunidad. Emocionada, abro la puerta de la nevera y saco una caja de huevos y medio cartón de leche. Abro las puertas de la encimera hasta que encuentro un recipiente, una batidora, y una sartén. Rápidamente, bato tres huevos y un poco de leche produciendo una espuma de color amarillo intenso y le doy a la llave del gas, encendiendo una llama de fuego. Me siento bien al tener todo bajo control de nuevo tras el trauma pasado, de mi experiencia en la cocina. Corto dos rebanadas gruesas de pan en el mostrador y las dejo caer en la tostadora. Cuando empiezo a revolver los huevos en la sartén los pasos de Justin suenan en la escalera. 

- Oye - dice con suspicacia - ¿Qué está pasando aquí? 

Me doy la vuelta, sonriendo. Lo que normalmente es su perfecta cresta engominada, hoy está lisa, mojada. Lleva una camisa blanca de tirantes estrecha, donde sus músculos se aprecian a la perfección. Y camina con sus botas de campo en la mano. Deja los zapatos en el suelo y se acerca a mi. Inmediatamente las palmas de mis manos comienzan a sudar. Sonrío y le tiendo la sartén. 

- ¿El desayuno? - Pregunto tratando de sonar suave. La tostadora salta.
- Vaya, estoy impresionado - Dice Justin sentándose en la mesa - Me encanta que una chica me haga el desayuno. 

Me río sonrojándome, como una idiota, pienso. Pongo los huevos en un plato, agregando las tostadas en un lateral. Por favor, intenta actuar de forma inteligente, ______, me ruego a mi misma. Esto es duro, es duro intentar pensar en lo que hago cuando solo puedo pensar en él. Y más ahora, que está más guapo que nunca. 
Justin corta los huevos en cuatro partes, apilándolos en las parte superior de las tostada y se los mete en la boca.

- Mmm... Qué buenos, _______ - Dice con la boca llena. 

Sonrío de oreja a oreja. Se acerca a mi con el plato en la mano, acercándome un trozo de tostada con huevo. Sonríe y yo me sonrojo.

- Pruébalo, te ha salido muy bueno.

Abro la boca y introduce la comida en ella, con ternura, lentamente. Mastico, y sí, la verdad es que me ha quedado realmente bueno. Aunque no es nada difícil de preparar, seguramente algo tan sencillo como esto es lo que tendría que haber preparado ayer. Trago y sonrío, algo más tranquila. 
Él se come los últimos restos con el tenedor y pone el plato vacío sobre la mesa. 

- Bueno, ¿nos vamos? - Se vuelve y me sonríe.

Uno al lado del otro, nos apresuramos a través del campo, siguiendo el camino a lo largo del río hasta llegar a la sala de degustación. Empujo las grandes puertas de doble apertura, y juntos cogemos rápidamente los materiales de pintura restantes de la habitación: una lona azul grande, una escalera, unos pinceles en un cubo de agua, un montón de trapos. Justin coge una botella de limpia-cristales y algunas toallas de papel y se acerca a la ventana mientras que yo seco el suelo laboriosamente. Casi está terminado cuando escucho el ruido de un motor diesel en dirección a la casa y el chirrido de los frenos. Mis ojos se encuentran con los de Justin. 

- ¡Ya están aquí! - Chillo.

Tengo que contenerme para no saltar de arriba abajo, dando palmadas. Justin mete todos los productos de limpieza en una bolsa de basura para llevarlos de vuelta a la casa. Los deja fuera de la puerta y luego se vuelve a mi, que sigo en pie en medio de la habitación. 

- Vamos, ______, vamos a por las cosas. 

Pero no me muevo. Me quedo mirando la habitación vacía, el suelo brillante, la madera pulida, la resplandeciente pintura fresca, las ventanas de aguja con vidrios que lanzan pequeñas salpicaduras de color en las paredes. Justin se acerca. 

- ¿Qué pasa? - Dice tocándome el hombro. Le miro.
- Estaba pensando en cómo estaba este sitio el primer día que nosotros lo vimos. ¿Te acuerdas? - Se echa a reír.
- Claro, ¿cómo podría olvidarlo? No tenía ni idea de qué hacer contigo. Pero no podría apartar mis ojos de ti - Me sonrojo y miro hacia abajo. 
- No puedo creer lo diferente que ha quedado, hemos trabajado mucho este verano - murmuro.
- Bueno, yo no sé para ti - Dice Justin mirándome - pero este ha sido definitivamente uno de los veranos más interesantes de mi vida - Levanto la barbilla.
- Sí - digo - para mí también.

El momento se rompe por un estruendo de motor. Corro a la puerta. Un tipo con un sujetapapeles salta de un camión estacionado a las afueras. 

- ¿_______ McKenzie? - Pregunta consultando un fajo de papeles.
- Sí, soy yo. 
- Está bien, tengo una entrega de mobiliario aquí. ¿Podrías decirnos donde quieres que dejemos las cosas?  

Apenas he terminado de hablar cuando otro, pequeño camión llega. La hora siguiente es un revoltijo de obreros con pesadas botas, cajas y cajones de sus tapas abiertas, con pilas de papel de embalaje, muebles saliendo de sus envoltorios y llenando la habitación. Poco a poco, las pilas de brillantes artículos de vidrio aparecen desde montañas de alcochado algodón , cubriendo la larga mesa de roble, situada contra una pared. Todo está casi desembalado cuando escucho una voz en la puerta. Miro hacia arriba. Un hombre de mi edad entrecierra lo ojos en un pedazo de papel. 

- Disculpe, ¿eres ______ McKenzie? Tú alfombra está aquí. 

Justin levanta la vista desde donde está metiendo papel de embalaje en una caja.   

- ¡Así que eso es lo que tú hiciste en la ciudad, niña astuta! - Dice incorporándose. Le sonrío.
- Espera a verlo - Le hago un gesto al chico - ¿Puedes dejarla por allí? Nosotros la extenderemos mas tarde - El chico se encoje de hombros. 
- Claro - Dice y maltratando la pesada columna envuelta en papel marrón, la pone contra la pared. 

Por último, los obreros se van, emprendiendo otra vez camino por la carretera. El silencio sienta bien. Respiro hondo y me vuelvo hacia Justin. 

- ¿Quieres ver la alfombra ahora? - Pregunto.
- Por supuesto. Más vale que sea sorprendente, después de la acumulación de todo esto - bromea. 

Juntos, quitamos la envoltura de papel y, con un ademán, desplegamos la alfombra en el suelo marrón brillante. Justin da un paso atrás, con las manos en las caderas y silba. Contengo el aliento. 

- Vaya - Dice finalmente - No tengo palabras - Se agacha para examinar la alfombra desde más cerca - Esta es una de las mejores cosas que he visto, ¿cómo sabías que esto iba a quedar tan perfecto aquí? - Sonrío.
- Gracias. 

Me pongo junto a Justin en la puerta, y juntos admiramos los resultados de todo un verano de trabajo. Es absolutamente fantástico. Dos amplios sofás de seda se encuentran en esquinas opuestas, con sillones a juego colocados cerca de ellos. En el centro hay mesas de arce rectangulares colocadas en el ángulo perfecto para dejar las gafas o poner cualquier cosa. 
Cerca de la mitad de la estancia, cuatro mesas de bar ovaladas se encuentran rodeadas por elegantes sillas tradicionales. La gran mesa de roble domina toda una pared entera, las copas de cristal están alineadas en filas perfectas en la superficie, justo como lo había imaginado cuando vi la mesa en la tienda. La luz del campo entra por las ventanas limpias, poniendo de manifiesto la pátina suave de la tarima, avivando, la elegante madera de las mesas y las sillas, y la rica textura de la alfombra. Enmarcadas en las grandes puertas dobles abiertas, hay una impresionante vista a la montaña, que papá nos había mostrado el primer día. La voz de Justin rompe el silencio. 

- Bueno, _______, esta habitación es realmente increíble.
- Estoy de acuerdo - Digo sonriendo.
- Pero tengo que decir que lo que realmente le hace resaltar es esto - Señala la alfombra - Es, es... ¡Es la combinación perfecta de belleza rústica y elegancia moderna! 

Parece muy orgulloso de sí mismo. 

- ¿Qué tal la combinación perfecta de antiguo y nuevo? - Sugiero.
- Sí, eso lo que quería decir. En realidad, es la combinación perfecta de el campo y ______ - Lo miro con sorpresa y alegría.

Él rodea con sus brazos mis hombros y me apreta contra su fuerte pecho. Esto es lo más cerca que hemos estado, noto, desde ese día en el lago. Me siento tan bien ahora que desearía congelar este momento para siempre. Sus brazos cálidos rodeandome... no quiero dejarle ir. Él debe de sentir exactamente lo mismo, porque él me abraza un poco más fuerte antes de finalmente dar un paso atrás. Ambos sonreímos tímidamente, pero esta vez no aparto la mirada.

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