El sol me pega en la cara. Cierro los ojos contra la luz cegadora y me doy la vuelta, metiendo la cabeza en la almohada. 'Arrggg' me quejo. El drama de ayer me ha dejado un dolor de cabeza peor que el de una resaca. ¿Por qué rechacé a Justin? Esta vez he jodido de verdad las cosas. Estropeaste tu oportunidad con un tío impresionante, me dice mi voz interior. Buen trabajo al arruinar lo poco que te importa en este sitio. Suspiro fuertemente y me siento. Furiosa, levanto las sabanas y salgo de la cama. Abriendo las puertas del porche, me asomo por la barandilla. La mañana es brillante, como siempre. Los viñedos brillan con el rocío, el aire está fresco y huele a pino. Esto no hace que me sienta mejor. Cierro de golpe las puertas del porche, y entro en la habitación. Está hecha un desastre. Saco la pila de ropa sucia de debajo de la cama y la tiro a la cesta que hay en un extremo de la amplia habitación. Hago la cama y ordeno los cajones, llenándolos de ropa limpia y perfectamente doblada. Barro y friego toda la habitación, haciendo que casi pueda ver mi reflejo en el suelo. Abro las ventanas otra vez y me doy una rápida ducha de agua fría. Dejo mi pelo rubio suelto para que se seque con el viento y me pongo unos shorts, una camisa verde y mis vans de color negro. Cierro tan fuerte uno de los cajones de la ropa que se rompe un extremo. Respiro hondo y obligo a relajar mi mandíbula adolorida. El dolor de cabeza empeora. Cierro los ojos, me veo a mi misma gritándole a Justin en el huerto, la expresión de sorpresa y enfado en su cara.
Bajo por las escaleras hacia la cocina, donde me trago un gran vaso de agua fría. La habitación está vacía. Me pregunto donde estará todo el mundo, y entonces le echo un vistazo al reloj. Son apenas las seis. Mamá y Papá no se habrán despertado todavía. Da igual. De ninguna manera volveré a la cama. Abro la puerta de atrás y atravieso el patio hasta el cobertizo donde se guardan las herramientas de jardinería. Entro en ese cobertizo oscuro que huele a cerrado, mientras que una bonita serie de serpientes, ratones y lagartos me amenazan en la oscuridad. Este sitio mohoso siempre me aterra, pero hoy ni siquiera he hecho una pausa para mirar a mi alrededor. Agarro una pala y una cesta, arrastrándo y golpeando el suelo mientras salgo al jardín. Hoy tengo que hacer algo, y no quiero que sea ir a la sala de degustación. No puedo quedarme en casa sin hacer nada, o si no me tiraré por la ventana. Será mejor trabajar en el jardín. Una punzada de tristeza corta mi frustración al pensar en Justin, solo en la sala de degustación. Hoy íbamos a instalar las estanterías para sostener el vino. Me hacía ilusión ver como quedará. Pero mas que eso, quiero verle a él. Sacudo la cabeza. Es poco probable, me digo. Puedo apostar lo que quiera a que él no quiere verme nunca más. ¿Por qué querría hacerlo después de lo que pasó ayer?
Hileras de pimientos, berenjenas, calabacines, tomates, perfectamente en pie, tomando el sol, que ya es fuerte, incluso a esta hora de la mañana. Las zanahorias y las cebollas casi ahogadas por las malas hierbas. Me acerco con cuidado de no pisar nada y dejo mis herramientas en el suelo, comenzando por unas hileras de zanahorias. De rodillas empiezo con el trabajo, mientras el caluroso sol me pega a través de mi delgada camisa. Arranco una mala hierba por todo lo que le dije ayer a Justin. Otra por haber perdido los nervios cuando me dijo eso sobre Brian. Otra por perder la mitad del verano preocupándome por Brian. Una ortiga gigante por no ver cuán genial era Justin desde un principio. Un grupo de dientes de león por todas las oportunidades que nunca tendré para besarle. Y una última mala hierba por haber hecho esa maldita fiesta y estando aquí, confundida, en vez de estar con mis amigas en la ciudad.
Tomo aire y miro hacia atrás, hacia el montón de hierbas que he arrancado. Me siento un poco mejor.
- ¡Wow! Esto es genial - Miro hacia arriba.
Mamá está en el borde del jardín con su bata azul, y un vaso de té helado. Me entrega el vaso.
- Pensé que te iría bien hidratarte un poco. Papá y yo te estábamos observando por la ventana - Me pongo de pie, acepto el vaso y me bebo el té en tres tragos largos - Sabes, es bueno ver que disfrutas de tu trabajo aquí, en el campo. Te has ajustado tan bien desde el principio del verano - Dice mamá sonriente.
Sonrío amargamente. Si con ''adaptarme bien'' quiere decir confundida y enfadada con todo en mi vida, entonces mamá tiene razón.
- Sí, bueno, necesitaba un poco de ejercicio esta mañana - le explico.
Mamá sonríe y se da la vuelta para marcharse. A mitad de camino, se detiene.
- Oh ______, casi se me olvida. Justin y Fred vienen a comer hoy.
- ¿Qué? ¡Pensé que solo se quedaban a cenar! - Le chillo. Mamá me mira con extrañeza. Bajo los ojos y empiezo a recoger algunas de las hierbas en un montoncito.
- Papá y Fred van a la ciudad a la audiencia de Viticultores (sitio donde dan consejos para que se haga mejor el vino), y sabes que es importante. Así que he pensado que deberían venir aquí después, y así tenemos todos una agradable comida.
Me siento sobre mis talones. Genial. Voy a tener que ver a Justin toda una comida sin poder intercambiar ni una palabra con él. El dolor de cabeza comienza otra vez. Entonces, mis ojos se abren al tener una idea. Quiero demostrarle a Justin que ya no soy una mocosa, niña pija de ciudad que solo quiere estar con Brian, si no con él. Y una manera de demostrar que soy diferente a como él cree es hacer cosas por mi misma. Como por ejemplo... la comida de hoy.
Me pongo en pie de un salto.
- Oye, mamá - grito - Podría hacer el almuerzo hoy, si quieres - Mi madre se detiene y se da la vuelta lentamente, con una mirada incrédula en el rostro.
- ¿Quieres cocinar? - Pregunta cuidadosamente.
- Sí, claro. Me encantaría.
- Bueno - Dice mamá delicadamente - Eso será genial. ¿Qué es lo que quieres preparar? - Eso aún no lo he pensado. Miro a mi alrededor.
- Um, puedo hacer algo con los vegetales que hay aquí - Mamá me mira con duda.
- Vale, ¿puedes tenerlo todo listo a la una?
- ¡Claro! - Sueno más segura de lo que me siento.
Miro a mi alrededor, mientras pierdo de vista a mamá dentro de la casa. Los vegetales están brillando al sol, luciendo intimidamente crudos. Gruño para mi misma. ¿Qué me ha ocurrido? ¿Ha sido locura momentánea? Sé hacer huevos revueltos, espaguettis... pero, ¿berenjena? Me levanto y camino hasta los vegetales morados. Agarro una y la levanto. Es liviana. La giro en mi mano lentamente. ¿Cómo diablos se cocina esto? ¿Se come la piel? ¿Y la hoja verde y dura que tiene por arriba? Todo el mundo está siempre delirando sobre lo buena que es la berenjena. Lo averiguaré. Recojo seis grandes, y las pongo en un lado. Al escoger el calabacín, veo que están cubiertos de pelos en punta, cosa que nunca había visto y los tomates son deformes y panzones, no redondos como estoy acostumbrada. Hay otra cosa que no tengo ni idea de lo que es. Parece un apio deforme. Sea lo que sea, hay bastante, así que cojo varios de esos también, junto con cebollas y pimientos. Al menos esas lucen normales. Meto todo en la cesta de mimbre y la arrastro por el césped, sintiendo el sol sobre la parte de atrás de mi cuello y espalda, entro en la cocina otra vez.
Mis padres están en la mesa, cómodamente sentados leyendo el periódico y tomando café. Papá está comiendo pacificamente pan tostado con mermelada. En la esquina, la radio toca música clásica.
Dejo caer la cesta y les frunzo en ceño, jadeando.
- ¡Mamá dice que cocinarás para nosotros, amor! - Chilla papá.
- Mmmm.
Camino pesadamente hasta la nevera, y saco un pastel de arándanos, que comienzo a devorar directamente de la cacerola sin cortar un pedazo. Me doy cuenta que mis padres me están mirando.
- ¿Pastel para desayunar, ______? - Pregunta mamá - ¿Quieres que te prepare huevos con bacon?
- ¡No! - grito, pero luego me controlo - Quiero decir, estoy bien, mamá, gracias.
- Muy bien - Mamá se acerca a la canasta de vegetales y se agacha un poco para ver dentro - ¡Elegiste algunos hinojos! Eso será interesante.
¿Hinojo? Ese debe de ser el raro, bulboso apio deforme con las hojas en la parte de arriba. Mamá se levanta y me da una sonrisa ausente.
- Bueno, diviértete. Papi tiene su audiencia pronto, y le prometí a la Asociación de Viñedos, que estaría en la feria de divulgación de esta mañana. Pero todo el mundo estará de vuelta a la una.
- ¡Genial! - Digo con entusiasmo - Te veo a esa hora, entonces. Lo tengo todo bajo control.
***
Estoy en la mesa de la cocina sosteniendo un cuchillo gigante y mirando la pila de vegetales amontonados en frente de mi. Después de haberme lavado las manos, haberme puesto un gran delantal para no mancharme y recogido el pelo en un moño mal hecho.
Vuelvo a mirar la mesa. De alguna manera, estos vegetales se tienen que convertir en comida para cinco personas, aunque no tengo ni idea de como va a suceder eso.
Hace un calor sofocante en la cocina, a pesar de las ventanas abiertas. La idea de encender el horno no es muy atractiva, pero tengo la sensación de que la gente no se quedará deslumbrada por las cebollas crudas y los pimientos.
Lo único que quiero es salir de este infierno de habitación, servirme un vaso de té helado y sentarme en la silla del porche con un ventilador dirigido directamente a la cara.
Pero no puedo, por lo que, en vez de eso, alisto el cuchillo, como he visto a Justin hacer, y lo dejo caer sobre una de las berenjenas con un golpe contundente. El pálido vegetal se divide en dos mitades delante de mi en la tabla de cortar, balanceándose levemente. Me inclino para examinarlas. Todo tipo de pequeñas semillas están suspendidas en algún tipo de sustancia esponjosa, fibrosa en el centro. ¿Qué se hace con ellas? ¿Se pueden comer? Me encojo de hombros y corto otras cuatro en dos mitades y las mitades en pedazos. Lo mismo hago con el hinojo. ¿Qué hago con el? ¿Corto las puntas? ¿Se come crudo? ¿Cocido? Pf, que lío.
Los tomates son más fáciles, aunque dos tienen gusanos, es repugnante, casi me da un infarto. Dejo caer accidentalmente algunas piezas en el suelo y luego las piso, lo que deriva jugo de tomate por todo el suelo, por lo que tengo que parar y limpiar. Los pimientos son los más bonitos de aspecto, de color verde oscuro, delgados y brillantes. Las cebollas, sin embargo, hacen que los ojos me lagrimeen. Son ya las doce y treinta. ¿Cómo ha pasado tan rápido el tiempo? Lo único que se ve como posible comida para hoy son un montón de maltratados vegetales crudos. Me imagino a Justin en esta misma lucha, el cuchillo intermitente como si fuera magia, transformando un montón de aceitunas en trozos pequeños, charlando sin el menor esfuerzo todo el tiempo.
Bueno, solo eres una principiante _______. Intenta pensar en su cara cuando se de cuenta de que has cocinado tú sola todo esto. Meto todo dentro de una cacerola con agua y al fuego. Listo. Ahora, ¿qué pasa cuando las verduras ya están cocidas? Bueno, sé hacer pasta. Y puedo ponerle las verduras por encima. Busco una bolsa de fideos en la despensa. Nada, no hay. ¡Un momento! Ayer noche mamá preparó unos cuantos, los ví al llegar. Puede que aún quede algo. Abro la nevera y ahí están. Una bolsa de plástico llena de fideos. Perfecto.
La agarro, lleno otra olla con agua y la pongo a fuego alto. El olor del humo me distrae del agua de la pasta. ¡Maldición! Miro dentro de la olla de verduras. Algunas de las mismas se están quemando y pegando en la parte inferior de la olla, pero otras piezas aún parecen crudas. Cojo una cuchara de madera y revuelvo el desastre. Tal vez tengo que quitarlas del fuego y ponerlas en el microondas o algo así. Antes de que pueda hacer eso, soy interrumpida por un chapoteo, o más bien un chisporroteo. El agua de la pasta está lista, derramándose sobre la cocina. Miro la llama y dejo caer los fideos. Las doce y cuarenta y cinco, y todavía tengo que poner la mesa. Mejor comer fuera, aquí hace mucha calor. Saco una pila de platos de los estantes y añado la vajilla de plata. Salgo fuera a colocarlo, no hace mucho más frío. Cubiertos para cinco, me apresuro a colocarlos. La cocina tiene un inquietante olor a quemado y el humo empieza a surgir de la olla de verduras. ¡Mierda! Me doy cuenta de que me he olvidado de apagar el fuego. De forma rápida, coloco los vegetales en un lado de la mesa y miro ansiosamente la olla de fideos. Algo no va bien. En lugar de fideos que esperaba, la superficie está cubierta por pedazos rotos de los mismos, y el agua está turbia. Miro el reloj, no he metido la pata esta vez. Sólo han pasado ocho minutos desde que he puesto la pasta en el agua. Entonces, ¿porqué se ve tan rara?
Clavo un tenedor en el desastre, pero solo logro romper la pasta blanda y deprimente en pedazos más pequeños. Parece haber sobrepasado su tiempo de cocción hace años.
Me quedo mirando la olla, respirando el humo que flota en una pequeña nube en todo el techo de la cocina hasta que oigo la voz de mi madre en el porche.
- ¿Necesitas ayuda? - me doy la vuelta. Mamá me estaba espiando por la puerta del frente.
- ¡No! - Salto a la puerta - Ve a sentarte fuera. Estoy casi lista...
- Oh, bien. Papá y Fred están detrás y están muertos de hambre. - La voz de mamá se va apagando. Vuelvo mi atención hacia las tareas mas urgente a mano.
La verduras, la mayor parte, son una masa indistinguible, estofado ennegrecido, pero por alguna razón, la cebolla se destaca en grandes y crudas piezas. Coloco todo por arriba de los fideos y, en un intento lamentable de hacer atractivo el plato, cojo una ramita de albahaca fresca de la maceta de la ventana y la pongo en el centro, donde se ve llamativamente verde en contraste. Meto una cuchara de servir en el tazón gigante y me dirijo a la puerta. Maldición. Bebidas. Dejo el plato en la cocina y abro la nevera. La jarra de té está a apróximadamente una pulgada de estar completa. Toda la familia ha bebido durante todo el verano, ¿y mi madre ha escogido justo hoy para olvidarse de hacer más? Miro alrededor salvajemente y encuentro un paquete de zumo en polvo en la mesa. Sabor a frutas silvestres. Estupendo. Lleno la jarra y dejo caer el polvo. Coloreo el agua de un rojo completamente antinatural.
Esta es la comida con la que supuestamente le daré a entender a Justin que se hacer cosas por mi misma, y que me importa lo que piense él. Brian ya no está en mi vida, por mucho que me duela.
¡Qué desastre! Se nota que esto no es lo mío. Intentar impresionar a Justin con un plato de papilla y un vaso de agua roja. Apreto los dientes y empujo la puerta con una bandeja con todo en la mano. Me dirijo a la mesa que está sobre el césped.
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