viernes, 31 de enero de 2014

Golden Lake. Capítulo 31.

Voy caminando por una amplia carretera solitaria un poco inclinada cuesta arriba, de manera que no veo el final. El sol me acaricia la cara y una suave brisa me agita el pelo. Sonrío a la nada, estoy feliz. A medida que voy caminando, anochece. Cada paso que doy hace que el sol se esconda, pero no le presto mucha atención. 
Ahora es completamente de noche, tengo el pelo mojado por la humedad y el agua. ¿De dónde procede? En un abrir y cerrar de ojos hay una camioneta delante de mí. Tengo el presentimiento de que tengo que huir cuanto antes, pero mis piernas no responden. Cuando por fin empiezo a caminar lentamente ese hombre de pelo engominado con algo de barba me agarra de la mandíbula para besarme. Ese hombre que quiso abusar de mí cuando volvía del lago. En el campo. 
Cierro los ojos con fuerza, no quiero vivir lo mismo otra vez. Otra vez no, por favor. Entonces recuerdo que Justin fue quién me ayudó a escapar ese día. 

- ¡Justin! - Grito con todas mis fuerzas - ¡Justin!

El hombre me agarra con tal fuerza que apenas puedo articular palabra. Abro los ojos y Justin está besándome en los labios, dulcemente, como solo él sabe. Me agarra del pelo (aún mojado) y tira de él hacia atrás para dejar mi cuello libre y me lo mordisquea. Siento un escalofrío y se me secan las lágrimas que hace un momento he derramado inútilmente. Le quiero tanto. Entonces pronuncia esa frase que hace que me tiemble todo el cuerpo. 

- No quiero volver a verte, _______. 

Y me despierto temblando.
Mamá está acariciándome la mejilla con suavidad y la luz entra por la ventana, ya es de día. Estoy sudando y con los ojos mojados de lágrimas. 

- Buenos días - Me dice con dulzura. 
- Hola, mamá. ¿Qué haces aquí? - Gruño.
- Estabas teniendo una pesadilla y al oírte gritar, he subido. - Me ruborizo - Hoy tienes clase, pero aún es pronto, ¿Quieres dormir un rato más? 
- No, da igual. Voy a vestirme. 

***

Un papelito flota en el aire y me distrae de mi ensimismamiento. El profesor de latín no se ha dado cuenta, mejor. 

DÉJALO YA NENA, LA VIDA SIGUE. 
NO TE COMAS LA CABEZA POR UN TÍO, HAY MILES. 

Miro a Kirsten que está en la otra punta de la clase, con la piernas cruzadas mirándome sonriente. Me guiña un ojo y hago un intento por sonreír, pero no lo consigo y hago una mueca de fastidio. Hago una bola con el papel y lo meto en mi bolso. Cojo apuntes y intento prestar atención a las explicaciones aburridas del profesor. 

***

- ¿No vas a comer nada? - Pregunta Morgan con los ojos muy abiertos y le da un mordisco a su manzana. 
- No tengo hambre. 

Y es la verdad, demasiado esfuerzo he hecho hoy en desayunar un yogurt. Parece ser que este verano me he acostumbrado demasiado a la magnífica comida que Justin me preparaba o me enseñaba a preparar. Siento un nudo en la garganta y me entran ganas de marcharme. Respiro hondo.
Últimamente no tengo ganas de nada, ni si quiera de comer. Mientras sigo pensando en la maldita fiesta que me arruinó la vida hace una semana, Kirsten, Morgan y Lidia (una de las muchas amigas de Morgan) hablan entre ellas. 

- ¿Te vienes? - Dice entusiasmada Kirsten.

Inmediatamente pienso en alguna fiesta. ¡Ni hablar! No volveré a ir nunca a ninguna de esas, me lo prometí a mi misma. Además de que sigo sin ganas de nada. Sea lo que sea. Tomo una bocanada de aire y cojo fuerzas para preguntar.

- ¿A dónde? 
- Al gimnasio. Nos vamos a apuntar mañana. Hay muchos tíos por ahí y a ti no te iría mal pasar tarde de amigas y olvidarte un poquito de... tus cosas. - Responde Kirsten con dulzura -

¿Gimnasio? Con mis diecisiete años nunca he ido a uno, y creo que este no es el mejor momento para hacerlo. Pero Kirsten tiene razón, necesito pensar en otras cosas... que no sean él. Además, no quiero que Lidia me reemplace. No podría soportar perder también a mis dos mejores amigas. 

- Vale - Digo vagamente y las tres me sonríen agradecidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario