¿El último? Venga, el último.
''Justin, nunca me he arrepentido tanto de algo. Por favor, al menos contéstame. Necesito oír tu voz. Te quiero.''
Y cuelgo. Nunca me coge el móvil. Me siento ignorada y nunca había caído tan bajo, pero realmente, no me importa.
Espero, espero y espero. Pero como siempre, nada.
No lo soporto más y me desplomo en la cama, llorando las últimas lágrimas que me quedan, ya que los últimos días las he soltado casi todas.
Recuerdo cuando la sala de degustación estaba sin empezar. Cuando mi padre me dio la noticia de ir a pasar el verano al campo, cuando conocí a Justin, cuando me caí al subir a la camioneta de mi padre delante de él, cuando me preparó esas galletas deliciosas para que le perdonara, cuando jugábamos pintándonos con las brochas de pintura, cuando comimos en el restaurante de las costillas, cuando fuimos a comprar los muebles y el vendedor pensó que éramos marido y mujer... Oh, Justin, te quiero tanto. Él siempre ha sido tan bueno conmigo... A pesar de que estaba muy enfadado el día de la fiesta, fue el único capaz de ayudarme a que no me manchara de vómito. Dios, que vergüenza. También cuando tocó esa magnífica canción con el piano el día de mi cumpleaños, sin importarle que Brian lo estaba fulminando con la mirada.
Haría cualquier cosa por este hombre, por volverlo a ver, por sentir sus labios... ¿Qué has hecho estúpida? Me pregunta mi conciencia. He perdido al hombre de mi vida y nunca lo recuperaré.
Me hundo en mi almohada mientras lloro incontroladamente y caigo en un sueño profundo.
Y vuelvo a soñar con esa frase. 'No quiero volver a verte, _______'.
Me despierto sudada y me dirijo al baño. Miro mi reflejo y solo veo una chica vacía, que ha perdido la mitad del bronceado del verano, que tiene los ojos rojos y hinchados de tanto llorar y que ha perdido mucho peso.
Suspiro y entro en la ducha, ordenando mis ideas. ¿Y si voy a su casa a buscarle? Al menos podría verle. Aunque no sé si soy capaz de volver a sentirme rechazada por él. Soñaría con nuevos momentos. O a lo mejor le doy pena por mi horrible aspecto y me perdona. Qué demonios, necesito verle, sin importar lo que haga o lo que diga. Sin importar lo que pase luego. ¿Y si le ves con otra chica? Gruñe mi conciencia. ¡No! Él no es así, no es un mujeriego. Aunque con lo perfecto que es, podría serlo. ¿Y si ha cambiado? ¿Y si ya no es como antes? Al fin y al cabo yo también he cambiado. Ahora estoy horrible y terriblemente enamorada. Antes también, del estúpido de Brian, pero lo hacía en silencio y con una sonrisa en la cara. Ahora no puedo hacer eso, no puedo ocultar el sufrimiento que me está causando. ¿Y si solo es cuestión de tiempo? ¿Podría olvidarme de Justin?
Mi corazón le pertenece, y lo está haciendo añicos. Puede que aprenda a vivir con este dolor que siento en el pecho, pero siempre se sentirá vacío.
Me lavo la cara con agua fría y me hago una coleta. No puedo esconder mi aspecto pero si mejorarlo un poco... Me visto con mi ropa preferida. Algo que me haga sentir bien. Unos jeans azules con mis botas de tacón marrones, una camisa marrón y un chaleco de pelo. Me pongo algunos complementos y me maquillo los ojos y me pongo color con maquillaje en la cara. Me vuelvo a mirar en el espejo, wow, los pantalones me hacen bolsa en el trasero y la camisa me marca un poco las costillas y los huesos de la espada. Hablando de comida, ahora que estoy un poco más animada comeré algo, pienso.
Bajo las escaleras y me topo con mi padre que me mira con los ojos como platos. Supongo porque hace bastante que no me ve maquillada y arreglada. O porque me siento más... viva. Supongo porque en un lugar escondido y pequeño de mi cerebro tengo la esperanza de que Justin me perdone. O me hable. Sólo con eso, sería feliz.
Intento sonreírle a mi padre haciendo una mueca, y me responde con una gran sonrisa.
Mamá está con la bata observando la cafetera.
- Hola - Digo sentándome en la mesa y ella me mira sorprendida.
- Hola cariño, estás preciosa - Sonríe y segundos después frunce el ceño - Y demasiado delgada. Come. - Me ordena señalando el plato con tostadas y refunfuño.
Mi madre en el plan autoritario, hacía mucho que no la veía así. Aunque no tengo nada de hambre hago un esfuerzo y me como la tostada con mermelada en silencio. Tengo que preguntarle donde está la casa de Fred, pero sin levantar sospechas, ya que se supone que iré a clase.
- Mamá, ¿cómo está Fred? - Otra vez sorprendida me responde intentando mantenerse serena.
- No he sabido demasiado de él, pero supongo que está bien - Extiende mermelada en otra tostada.
- ¿Y... - trago saliva - Justin?
- Pues no lo sé, deberías ir a verlo o deberíamos quedar para cenar todos juntos.
¡Sí! Joder, es lo que estoy intentado preguntarte, mamá.
- Podría ir a verlo, sí... ¿Dónde vive? - Pregunto cautelosa.
- Hmm, tu padre lo sabe, yo no estoy muy segura. Deberías irte ya, vas a llegar tarde.
Mierda, ahora tendré que preguntarle a mi padre. Y no puedo irme sin saberlo.
- Tranquila mamá, llegaré bien. Voy a preguntarle a papá.
***
¡Piiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡Perdón! - Chillo al coche que ha estado apunto de atropellarme y está haciendo señales con las manos expresando su enfado.
Miro el papel y reviso la dirección. Si mi padre no se ha equivocado, esta es la casa de Fred. Y espero que no se haya equivocado, ya que he tenido que coger el tren y dos autobuses. Justin vive en la otra punta de la ciudad y he tenido que caminar bastante con tacones... Si lo llego a saber me pongo algo plano, y también habría comido un poco más, ya que estoy un poco mareada y la tripa me ruge.
Estoy frente a un edificio gigantesco y bastante lujoso. Miro a todos lados, el corazón me va a mil por hora. ¿Estás preparada para ver a Justin por última vez? Me pregunta mi conciencia. Está bastante convencida de que a Justin no le hará gracia que haya venido. Supongo que tiene razón, pero tengo que intentarlo. Una última vez. Y entonces vuelven las ganas de llorar y parpadeo rápidamente mirando el cielo. Tranquilízate _______.
Abro la puerta y subo en el gran y lujoso ascensor. Me miro otra vez en el espejo. ¡Estás horrible nena! Me habría dicho Morgan en una ocasión como esta. Se preguntará porque no he ido a clase. Y yo me pregunto si después de lo que pase de aquí unos minutos me dará fuerzas para ir al gimnasio y pasar una tarde de amigas esta tarde. Lo dudo, lo dudo mucho. Con el corazón en un puño me dirijo a la puerta de los Bieber. Tomo una bocanada de aire y sin pensarlo dos veces toco al timbre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario