viernes, 31 de enero de 2014

Golden Lake. Capítulo 7.

- ¡Tú estás loco! - Grito en la colina -

Justin y su bicicleta aparecen rápidamente frente a mí. El viento me azota el pelo sobre mi cara.

- ¡Vamos! Será divertido - Dice sonriente -

Deja de ser una pija amargada, no querrás ser como Rain dijo que eres, ¿no? 
Me digo a mi misma.
Agarro el manillar con fuerza y alzo los pies a los pedales, permitiendo girar a cuenta propia. Las ruedas tararean más rápido y más rápido. El asfalto negro de la carretera parece alzarse frente a mí.

- ¡Me voy a matar! - Grito al viento -

Delante de mí puedo ver a Justin llegar al fondo de la colina y detenerse, descansando con un pie en el suelo mientras se gira para verme.

- ¡Ay, Dios mío! - Jadeo parando junto a él -
- Las bicicletas son absolutamente la mejor manera de moverse por aquí. Una vez, mis amigos y yo fuimos a caballo hasta la montaña y volvimos. Ese será nuestro próximo viaje - Sonríe -

Me inclino sobre el manillar y trato de atrapar el aliento.

- Está bien. Iremos tan pronto como mi ataque al corazón haya terminado - Justin ríe y nuestras miradas se cruzan -

El silencio abunda. Así que aparto la mirada de sus preciosos ojos color miel.

- ¡Mira! - Señalo un letrero en la calle - ¿No es la que vamos a ver? -
- Oh, sí. Siempre he querido ver esta viña. Se supone que es realmente de lujo -

Después de pedalear un largo y sinuoso camino, bordeando a ambos lados de césped, dejamos nuestras bicicletas junto un gran arco de hierro forjado y seguimos las señales de la sala de degustación.
Es un edificio de piedra que parece un castillo medieval.

- Aquí es donde vivían los caballeros en la Edad Media - Me susurra Justin al entrar -

Sonrío y abro la puerta de la sala. Hay unos cuantos turistas en pantalones cortos, que parecen quemados por el sol.

- ¿Qué te parece? - Le pregunto a Justin en un bajo tono de voz -

Recorro la habitación con la mirada, deteniéndome en la alta barra de madera oscura que está en un extremo, el bronce de la barandilla y los accesorios, las vidrieras, las alfombras de color rojo oscuro que cubren el suelo de piedra.
Justin hace una mueca.

- Siento que debería pedir perdón por algo - Murmuro a su espalda - Me siento como en una iglesia, no como Nueva Orleans, en absoluto.
- Sí, realmente me dan ganas de quedarme dormido, no de comprar vino - Señala un gran sofá de cuero - Ese es mi sitio, una siesta ahí mismo - 
- Muy bien, vamos - Digo en voz baja y abriendo la puerta otra vez - Creo que nos echarán si nos echamos una cabezadita en el sofá -

Montamos en las bicicletas otra vez.

- Bueno, la próxima está alrededor de dos kilómetros por este camino - Dice Justin, de pie sobre los pedales -

Justin se queda mirándome. Estoy jugando con su palanca de cambios sin darme cuenta.

- ¿Crees que puedes hacerlo, nena? - Me alzo bruscamente, mis ojos brillan con la ira momentánea. Luego veo el rostro de Justin sonriente y sonrío -
- ¿No crees que pueda, Bieber? - Pregunto entornando los ojos -
- Es la primera vez que me llamas así. Me gusta que lo hagas - Se relame los labios -

Sus labios ahora están mojados, irresistibles... 
¿¡Pero que dices!? No, no y no. Empieza a pedalear o se te caerá la baba. 
Otra vez hablando yo sola, tengo un problema...
Hago caso a mi mente y empiezo a pedalear junto a Justin, los dos vamos tan rápido como podemos. Estoy demasiado cansada para continuar, y creo que Justin también ya que está empezando a sudar.
Paramos poco a poco y descansamos. Justin se levanta la camisa para poder secarse el sudor, revelando brevemente un plano y cincelado estómago. Trato de ignorar sus abdominales y me concentro en volverme a hacerme una cola de caballo.

- Lo siento - Respondo alegremente - Voy a tratar de no acelerar la próxima vez - Río -

Avanzamos lentamente, al lado de la media milla que hemos pasado. Vamos abandonando la carretera poco a poco. Una blanca y solitaria vaca nos mira siniestramente detrás de una valla.
Al fín veo el cartel de la próxima viña. Miro la botella blanca que se encuentra atada a la barra transversal de la bicicleta de Justin.

- ¿Puedo beber un poco de eso? -
- Claro - Él saca la botella y me la entrega -

Echo la cabeza hacia atrás y vuelca un chorro de agua en mi boca. Por el rabillo del ojo, puedo ver a Justin mirándome. Me doy prisa al beber y estrujo la botella, justo en su cara.

- ¡Hey! - Farfulla, riéndose un poco y limpiando su cara con el antebrazo - Me la pagarás - Sonríe -

Dejo la botella en su bici.

- ¿Vamos? - Le digo señalando la viña - Esto me recuerda a un hotel Marriott - Murmuro mientras miramos en el interior -

La habitación es de azulejos en color beige y blanco, con una barra de madera clara y algunas largas y modernas tablas. Las paredes son parcialmente de vidrio, inundando el espacio con luz.

- En realidad, el asilo de mi abuela es idéntico a este lugar - Su voz hace eco contra el alto techo. La mujer pelirroja de detrás de la barra nos dispara una mirada de enfado -
- Mira - Le susurro a Justin - Ya hemos hecho una amiga -

La pelirroja está limpiando vasos de vino mientras nos mira. Ella se aclara la garganta.

- Si queréis probar el vino, alguno de los dos tendrá que mostrarme una indentificación apropiada - 
- ¡Demonios! - Justin se da una palmada en la frente con el talón de su mano - De todos los días justo hoy tenía que olvidar mi cartera. Supongo que vamos a tener que dejarlo. -

La mujer frunce el ceño y yo agarro a Justin por el codo.

- ¡Gracias de todos modos! - Grita Justin y se dirige a la puerta -

Empezamos a andar, por lo que me estoy fijando, nos estamos llevando demasiado bien, hasta caminamos amigablemente, nuestro brazos se balancean con facilidad y nuestras manos casi se tocan.
¿Qué ha pasado esta tarde? Estaba preparada para estar furiosa, pero el me encontró con la guardia baja con lo de las galletas. Y el ciclismo y la exploración resulta muy divertido.
'Todavía estás en el campo' Me recuerdo a mi misma. Lo de la diversión es relativo. Mi Blackberry suena en el bolsillo, interrumpiendo mis pensamientos.
Echo un vistazo a la pantalla: Kirsten.

- Oye - Le respondo animadamente -
- ¡Ay, Dios mío! Al fin oigo tu voz - Mi amiga me grita en el oído - ¡Te hechamos de menos! - Dice una voz de fondo - 
- Dile a Morgan que yo también la hecho de menos - Le digo - Sí, es aburrido estar aquí - Una parte de mí se siente culpable por decir esa mentira. No pensaba en Justin - Estoy acostumbrándome, sin embargo -
- ¿Te... - Hay un accidente en el otro extremo del teléfono y algunos forcejeos. Morgan entra en la línea, jadeando un poco - Antes le he dicho a Kirsten que quería hablar contigo - Me dice - Así que, ¿Hay tíos buenos para mantenerte ocupada? - 
- Umm... Puede - Miro a Justin, que ha llegado a la bicicleta y juega con el freno. Morgan suspira - ¡Que bien! Yo también quiero - 
- Hablas como si se tratara de un caramelo - Las dos estallamos a reir -

Justin me mira y abre la boca para poder decir algo. Agito la mano hacia él y me vuelvo de espalda rápidamente.

- Chicas, me tengo que ir. Podéis llamarme más tarde, ¿de acuerdo? - Cuelgo antes de que Morgan pueda responderme. Luego me acerco a las bicicletas -
- Así que, ¿nos vamos? - Dice Justin, mirándome -

No puedo creer lo rápido que la mañana ha desaparecido y que, en realidad, ha sido genial.

- Yo no sé nada sobre ti, pero mi próxima aventura es encontrar algo de comer. Estoy muriendo de hambre - Justin también se monta en su bicicleta y me sigue lentamente por el camino de regreso a casa - Bueno - Empieza a hablar desde detrás de mí - Podríamos ir a comer, si te parece bien -

Sorprendida, me giro en parte para mirar hacia atrás, provocando que mi bicicleta se tambalee peligrosamente.

- Um, sí - Digo con cautela - Eso estaría bien.

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