Todos están sentados en la mesa. Trato de no darme cuenta de la figura de Justin en un extremo. El césped parece muy largo, la luz ilumina mi bandeja como una oferta ridícula. Miro a todas partes, pero no a Justin mientras dejo la bandeja sobre la mesa.
- ¿Cómo se llama este plato, _______? - Pregunta Fred.
Se ve realmente diferente con su pantalón bien planchado y una camisa deportiva. En realidad, nunca le he encontrado mucho parecido con Justin. Padre e hijo. Puede que Justin se parezca más a su madre, si es así, será una mujer muy hermosa.
- Em... Berenjena sorpresa, sí, así se llama.
Me siento en una silla y le lanzo una mirada esperanzadora a Justin. Está mirando el vaso de agua vacío frente a él, una expresión estudiadamente informal está pegada en su cara. Vuelvo a mirar la mesa. Estoy triste. El sol es abrasador. En mi mente aparece la imagen de mi cena de cumpleaños, la mesa perfectamente preparada, los platos de comida deliciosa, las copas y la vajilla brillante en la vacilante luz de las velas y orgullosa de Justin, con el rostro sonriente. Y para rematar, la canción, esa maravillosa canción que escribió para mi. Entrecerré los ojos un par de veces para comprobar que esa escena era cierta. ¿Por qué no me pueden salir las cosas al menos la mitad de bien de lo que le salen a él?
Ahora, delante de mi hay una mesa preparada a toda prisa, con un rollo de toallas de papel y un plato de verduras trituradas, o sea lo que sea esta mierda que he preparado.
Fred levanta la jarra de líquido rojo.
- ¿Puede alguien echarme un poco de... Kool-Aid? - Hace una pausa con curiosidad en la última palabra.
''Crystal Light'' pienso. Sí, es así como se llama el polvo rojo que le he echado al agua.
- ¿Alguien quiere? - Pregunta Fred, sonriente.
- Claro - Papá valientemente tiende su vaso.
Mamá deja la cuchara en el plato después de quemarse la lengua. La observo y bajo la mirada. Empiezan a servirse la bebida y me doy cuenta de que he hecho muchísima más comida de la necesaria para cinco personas. Mi padre mira el plato como si algo estuviera a punto de saltar y morderle, pero se recupera rápidamente. Miro con angustia que el plato de Justin está lleno. Todos en la mesa poco a poco nos quedamos en silencio conforme el alimento es servido. Para mi sorpresa, Justin me mira a los ojos. Me lanza una sonrisa encantadora. Mi pulso se dispara y siento mi rostro llameante y rojo. Oh por Dios. ¿Qué significa eso? ¿No me odia? No, probablemente siente lástima por ti y por tu horrible intento en la cocina. Sí, definitivamente en una mirada de lástima, me digo con tristeza.
- Creo que ya que Justin es el mejor en la cocina de todos nosotros, debe ser él el primero que pruebe el plato y nos de su opinión profesional - Dice papá con alegría.
Te adoro papá, muchas gracias, pienso. Justin amablemente levanta su colmado tenedor y le da un mordisco grande. Mastica durante unos segundos, frunciendo el ceño.
Contengo la respiración, desesperada. No puedo apartar los ojos de él. Justin entra en erupción con una convulsión de tos. Todos empiezan a alarmarse.
- ¡Justin! - exclama mamá, preocupada - ¿Estás bien?
En lugar de responder, Justin salta de su asiento, golpeándolo, y corre hasta la casa, dónde desaparece en la cocina.
Todos en silencio, aturdidos, oímos el grifo abierto en la cocina y los sonidos fuertes al sorber. Después de una largo momento de aproximadamente siete u ocho años, o al menos, eso es lo que me parece a mi, Justin aparece en el porche y camina lentamente hacia la mesa. Se detiene al llegar a nosotros, su rostro sigue de un color rojizo, tirando a rosa.
- ¿Estás bien? - pregunta Fred con cautela.
- Estoy bien - Dice Justin con la voz ahogada.
Coje su silla y se sienta. No puedo resistirme. Tengo que saber lo que ha sentido Justin al comer un poco de lo que he preparado, el porqué ha salido corriendo. Busco mi propio tenedor y muy cuidadosamente coloco un poco de berenjena en mi boca. El efecto instantáneo de calor explota en mi garganta, mis labios y la lengua se adormecen casi de inmediato. Tomo toda mi fuerza de voluntad para no repetir el comportamiento de Justin, pero no puedo evitarlo. Empiezo a toser escandalosamente y con violencia. Bebo dos vasos seguidos de Crystal Light. Miro alrededor de la mesa. Ahora están todos mirándome. Mamá rompe el silencio.
- ¿Sabes? - Dice hurgando un trozo de pimiento verde con el tenedor - Sólo por curiosidad, se me ocurre mencionar que estamos plantando chile jalapeño y chile dulce en el jardín. ¿Es posible que lo hayas usado para preparar esto?
Mis mejillas se vuelven rojas de la vergüenza. Recuerdo el pimiento verde oscuro que me parecía muy bonito y apetecible. He cortado casi una docena de ellos.
Justin habla. Aprovecho para oír el suave sonido de su voz.
- Nunca he cocinado de esto... ¿cuanto tiempo tarda en hervir?
- Ocho minutos - Le miro con determinación. Papá se aclara la garganta.
- Bueno, puede ser por eso que está más suave de lo que debería ser...
Mirando el desastre que he creado, puedo sentir picazón detrás de las lágrimas de mis ojos. No. No quiero empezar a llorar como una niña delante de Justin, porque mi comida no es la representación perfecta para la nueva _______. No. Pero es inútil. La garganta se me inflama y me duele. Una lágrima cae de mis ojos. Parpadeo con furia y miro hacia el cielo.
- _______ - Mamá se acerca para acariciar mi brazo.
- No importa, estoy bien.
Otra lágrima cae en un pedazo de cebolla del plato. ¡Basta, idiota! Me ordeno a mi misma con furia. Otra lágrima salpica en la mesa.
- Disculpad - Digo poniendome de pie bruscamente. Tengo que salir de aquí.
Mis padres me miran con preocupación. Fred es cortés, mirando hacia otro lado. Y Justin mira a su derecha, con el ceño fruncido. Me doy la vuelta y huyo a través del césped de la casa, la humillación es completa.
Desde mi cuarto veo a todos consumir poco a poco la comida. Y poco después a Justin irse hacia la sala de degustación. Necesito estar sola.
Me meto en la ducha y con agua fría despejo mi mente. Está increíblemente fría, pero me gusta. Me echo hacia atrás para dejar que el agua empape mi pelo y me lo unto de champú. Me lavo todo el cuerpo con jabón con olor a limón. Suspiro y apago la ducha. Todo lo que quiero es subir a mi habitación y quedarme dormida durante tres horas, no, durante tres años. Me acaricio el pelo y lo peino cuidadosamente. Me envuelvo en una toalla blanca, corta. Oigo un ruido extraño que procede de afuera. Abro la puerta. Justin está de pie esperándome. Salto, golpeandome la cabeza contra el marco de la puerta, y suelto un chillido idiota, como si hubiera pisado un ratón.
- ¡Ay! - Digo tocándome el lado de la cabeza que me acabo de golpear. Justin parece tan sorprendido como yo.
- Oye - Dice en voz baja.
A penas puedo mirarle. Dios, ¿qué piensa de mi ahora? La comida horrible, y luego ¿huir llorando?
- Hola - Consigo decir, sin mirarle.
- Um, yo estaba buscando un cubo. No sé que he hecho con el que estaba en la sala de degustación.
Agarro un poco más fuerte la toalla, pegándola a mi cuerpo desnudo.
- Eh, lo siento, ya sabes, por lo de antes - Él no dice nada, solo espera - Quiero decir, salir corriendo de esa manera... - Él me mira - Sólo estoy... bajo mucha presión ahora - Mi voz se quiebra en las últimas palabras y puedo sentir las lágrimas de nuevo.
Justin se acerca a mi, como tratando de darme un abrazo. Me alejo un poco y me quedo allí, sintiéndome miserable y estúpida, una degustación de lágrimas que ya corren por mis mejillas a mis labios.
- No sé lo que piensas ahora de mi, pero espero que cuando llegues a descubrirlo... me lo digas.
Por un minuto, los dos nos miramos el uno al otro. Quiero decir todo lo que está rondando en mi mente. Pero ahora no es el momento, yo en toalla y llorando y él, desconcertado. Le miro a los ojos, esos ojos color miel que solo hacen que desee perderme en ellos para siempre.
- Lo haré - susurra.
Voy hacia mi habitación dandolo todo por terminado. ¿Por qué soy tan estúpida? Vuelven a inundarse mis ojos de lágrimas y me tiro en la cama, con la sensación de que voy a explotar.
Por la tarde, me encuentro de rodillas en el huerto. Observando el atardecer rosado. Es precioso. Un ruido en la hierba captura mi oído y levanto la vista para ver a Justin cruzando el césped. Respiro hondo. Se sienta a mi lado silenciosamente, y ninguno de los dos dice nada. Finalmente, logro enfocar la mirada hacia él. Se le escapa una mirada hacia a mi al mismo tiempo. Esbozo una sonrisa rápida, que probablemente parece más una mueca y me vuelvo hacia el paisaje otra vez. ¿Es el mismo chico con el que he estado todo el verano? ¿El chico con el que comía costillas riendo y hablando sin parar? Mi corazón late con fuerza, me obligo a girarme de nuevo.
- Así que, ¿cómo te esta yendo con el jardín? - pregunta Justin.
- ¡Genial! - La voz me sale un poco alta - Me encanta que nunca llueva en verano aquí.
Wow, ¿estámos hablando del tiempo? ¿Qué demonios pasa?
- A mí también - Esto de acuerdo con él.
Siento un zing como una mini descarga eléctrica cuando nuestras miradas se cruzan. Trago saliva. Nunca he tenido que buscar cosas que decir a Justin antes de todo esto. Acabamos de hablar con naturalidad, sin pensar.
- Así que... ¿Eres feliz ahora que el verano casi ha terminado? - Justin se encoje de hombros, un gesto que me parece insoportablemente adorable.
- Si y no. Me gustaría quedarme aquí más tiempo, pero echo de menos a la gente en la ciudad. ¿Y tú? ¿Vas a estar contenta de ver a... tus amigos? - Esta es mi oportunidad para contarle todo, pienso.
- Bueno, sí. Estaré encantada de ver a Morgan y Kirsten, pero... um... seguí tu consejo, y le he dicho a Brian que no quiero seguir así. Que esa tontería se acabó - Justin abre los ojos y me mira algo desconcertado.
- No tenía ni idea - Dice él.
- Sí. Simplemente no estaba funcionando - Digo con cautela.
Mi corazón late tan fuerte que puedo oír la sangre en mis oídos.
- Oye, ¿sabes algo? Antes, cuando fui a buscar un cubo a tu casa, lo que realmente buscaba no era ese cubo. Estaba tratando de encontrarte.
Levanto la cabeza y nos miramos. Tomo una respiración profunda.
- Por el camino, yo he pensado... sabes, después de que el plato de berenjena...- Me da un escalofrío falso y sonrío tristemente - ¿Tal vez podría intentar darte alguna clase de cocina?
Vacilo un instante pero una sonrisa baila en mis labios.
- Mañana por la noche. A las ocho. Ven a mi casa. Después de una hora conmigo, te prometo que nunca prepararé berenjena sorpresa otra vez.
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