Un collar de oro descansaba pesado y frío alrededor de mi cuello. Mi pelo estaba recogido en rizos y joyas, y mi vestido, aunque suelto y simple, era pesado y exuberante. Me senté mirándome en el espejo del vestuario mientras la diseñadora de maquillaje colocaba los toques finales a mi pelo, y completaba la solicitud de maquillaje escénico. Era la noche del estreno de la obra y, a pesar de mi pesado vestuario y joyería, sentí como si fuera a salir flotando.
La emoción corría más rápido que la sangre por mis venas.
Estábamos aquí. Finalmente. El estreno había sido retrasado una semana debido a la transmisión de enfermedades, pero, incluso así, pensaba que el espectáculo era bueno. Muy bueno. Y no estaba sola.
Kelsey llegó a toda velocidad dentro de la habitación, viéndose extremadamente hermosa, como Afrodita.
—Lo sé, lo sé —dijo— No tienes que quedarte mirando. Sé lo increíble que estoy.
Sonreí, contenta de tenerla de regreso. Había sido la única de mis amigos más cercanos en evadir la temible mononucleosis, lo que era increíblemente cruel, considerando que el juego de ''la botella'' fue idea de ella.
Había aparecido el último día de primavera para exigir que ''dejáramos de ser niñas remilgadas y nos reconciliáramos'', solo para encontrarnos a Justin y a mí acurrucados en la cama. Había entrado bastante rápido porque yo no había querido salir a bailar esa noche, y con una gran sonrisa salió de mi habitación diciendo:
''No os preocupéis por mí. Yo no he visto nada. Mis labios están sellados.''
Al principio, Justin había enloquecido, pero desde entonces ella definitivamente se había convertido en un aliado.
Kelsey le sonríe a Megan, la diseñadora que estaba terminando de arreglar mi pelo y dijo: —¡Se ve muy bien, Meg! ¡Eres fantástica! Creo que Alyssa te necesita para algo, así que tal vez quiera terminar esto rápido.
Megan asintió, rociando el producto final con media lata de laca para el pelo antes de huir del vestuario.
Kelsey se lanzó en la silla junto a mí. —De nada. Y primero, estás preciosa. Estoy un poco envidiosa. ¿Afrodita no tendría que tener un mejor vestido?
Coloqué los ojos en blanco.
—De acuerdo, está bien. No importa. Segundo, vas a estar increíble esta noche. En serio. Como, tan increíble que te den un Tony. —Los premios Tony son los galardones que celebran logros en el teatro estadounidense, y más en concreto obras que se van a estrenar o al menos, representadas en los teatros de Broadway. Se inclinó y lamió un lado de mi rostro, una rara tradición antes del espectáculo que había hecho desde que la conozco—. Y por último, hay alguien más esperándote afuera para desearte un buen espectáculo. Tienes cinco minutos hasta el ensayo general. Puedo prometerte privacidad por tres minutos, así que mejor tomas ventaja mientras puedas.
Me dio rápidamente un beso en la mejilla, saltó hacia la puerta y la cerró detrás de ella de una vez después de que Justin se había deslizado dentro.
—Hola —dijo.
—Hola.
Dio un paso más en la habitación y se detuvo. Era desconcertante verme en docenas de espejos por toda la habitación. Así que me centré en él, lo cual no era difícil. Se veía tan guapo como siempre.
—Estás... —se detuvo, mirando mi elaborado traje azul medianoche.
—Si dices guapa te arrancaré la piel estando aún vivo.
Sonrió y me atrajo hacia él. Con cuidado de no correr el maquillaje, me dio un beso en el cuello en su lugar, y luego bajó y dio un beso por debajo de mi corazón, justo por encima de la línea de mi vestido. Me aferré a sus hombros, sintiendo un desvanecimiento ante su toque.
Dijo: —Iba a decir que está increíblemente sexy. Me alegro de que no seas mi madrastra.
Me reí: —No estoy segura de que ser tu alumna sea mucho mejor.
Arrastró sus labios por mi cuello, y luego atrajo nuestros rostros muy cerca. Sus ojos marrón claro casi coincidían con el color de mis joyas, brillante y hermoso.
—Un mes —dijo. Quedaba un mes para que ya no fuera más una estudiante universitaria. Un mes para que no importara como nos sentimos y quien supiera acerca de ello. Un mes hasta que planeábamos tener relaciones sexuales.
Parecía un plan razonable cuando estuvimos enfermos encerrados en mi apartamento. Me dio el tiempo que necesitaba para lidiar con mi ansiedad, y para que tuviera un significado ya que no podíamos meternos en problemas. Pero cuando más me miraba así, como me estaba mirando ahora, como si me amara, menos me importaba esperar.
—Desearía poder besarte ahora mismo —dijo, mirando tristemente a mis labios, los cuales estaban perfectamente pintados de color rojo.
—Esta noche —le dije—. Luego de la fiesta. ¿Mi apartamento?
Se inclinó hacia delante, en el último segundo desviándose de mis labios y besándome en ese sitio detrás de mi oído que sabía que ponía débiles mis rodillas.
—''Siento toda la furia del deseo''. —Citó para mí una de mis líneas del espectáculo, y eso me recordó que, probablemente, estábamos cerca del fin de nuestros cinco minutos.
—Probablemente deberías irte antes de que los demás vuelvan. Dile a Kelsey gracias cuando salgas.
—Oh, lo haré. La mejor cosa que me ha podido pasar... es que esa chica se enterara de lo nuestro.
Me volví hacia el espejo, para asegurarme de que mi maquillaje y pelo seguían estando perfectos.
—Voy a fingir que no acabas de decir que mi mejor amiga es lo mejor que te ha podido pasar.
A pesar de que se suponía que se estaba yendo, corrió de nuevo a mi lado, rodeó sus brazos por detrás de mí. Besó mi cuello una última vez y dijo: —Te amo. —Lo miré a través del espejo. Nos veíamos bien juntos... él en un traje, yo en un elaborado vestido griego. Aún era como increíble, esta cosa que teníamos.
—Yo también te amo —dije.
Me quedé mirando fijamente al espejo después de que se fue, pensando en que parecía una persona diferente. No solo por el vestuario y el pelo y el maquillaje. Yo me veía... feliz.
Escuché a Alyssa llamar para el ensayo general, tomé una respiración profunda tratando de calmar mi corazón acelerado.
Hoy era el gran día.
Nuestra primera presentación de Fedra.
Mi última noche de inauguración aquí.
Y si todo iba según el plan, la noche en que perdería mi virginidad.
***
Hay momentos en el teatro, donde todo se junta exactamente como debe suceder. El vestuario y escenario son perfectos, el público absorto y ocupado, la actuación fluía sin esfuerzo.
Esta noche era una de esas noches.
Cada actor estaba ardiendo.
Y yo... yo viví otra vida en esas dos horas en el escenario. Viví la vergüenza. Era una emoción conocida para mí. Viví la esperanza cuando llegó la noticia de la muerte de mi esposo. Soñé que tal vez... tal vez Hipólito podría ser mío. Sentí el horror cuando mis sentimientos no fueron correspondidos y cuando me enteré de que mi esposo no estaba muerto después de todo. Experimenté el dolor del remordimiento cuando Hipólito fue asesinado basándose en mis falsas acusaciones. Y luego finalmente, sentí la aceptación, el alivio de admitir mis crímenes, y fue casi como si pudiera sentir el veneno que Fedra tomó, corriendo a través de mi sangre, llegando a mi corazón. No fue hasta que me derrumbé en el suelo, hasta que las últimas líneas de Teseo habían sido liberadas y las luces se apagaron, que realmente salí de mi personaje.
Los aplausos se iniciaron en la oscuridad, y mi aliento se quedó atrapado en mi garganta. Luché para retener las lágrimas que se aproximaban por experimentar algo tan perfecto y poderoso como la presentación que acababa de hacer. Eso era acerca de lo que se trataba el teatro —esa clase de experiencia. Nunca seríamos capaces de recrear eso otra vez. Sólo las personas de aquí esta noche sabrían como fue ese espectáculo.
El teatro es de una vez en la vida... cada vez.
Fue como si las estrellas se alinearan, porque de repente, muchas otras cosas de mi vida se hicieran evidentes. Cosas que me habían eludido hasta ahora donde se pusieron claras en mi mente. Todo tuvo sentido, y no podía esperar para ver a Justin. Dejamos el escenario después de nuestras reverencias finales. Amigos y familiares estaban alineados en los pasillos entre la puerta del escenario y los vestuarios. Eric estaba ahí, sonriéndonos, orgulloso del espectáculo que había armado. Lo abrecé primero, tan agradecida de que me diera esta oportunidad, y que no me echó la primera semana, cuando estuve haciendo una horrible actuación.
—El mejor trabajo que te he visto hacer, Bliss. Deberías estar orgullosa.
Lo estaba, Dios, lo estaba. Mi rostro se dividió en dos por mi sonrisa.
Justin estaba detrás de él, incluso aunque fuera arriesgado, también lo abracé. No me sostuvo mucho, solo lo suficiente para susurrar ''brillante'' en mi oído.
Luego me perdí ente la multitud.
Estaba resbaladiza por el sudor, y mi vestido se sentía tan pesado como otra persona colgando de mí, pero disfruté de los abrazos y felicitaciones que me daban.
Y cuando estuve de vuelta en los vestidores...
Bailé.
Todos bailamos. Kelsey estaba con su iPod, y todo celebramos mientras quitábamos las capas de vestuario. Nuestro vestuario estaba lleno de flores, lo que ayudó a ocultar el sudor. Cuando nuestras cosas fueron apartadas, vestidos con verdadero maquillaje aplicado, fuimos a la fiesta en otro sitio. Estábamos yendo a SideBar, el único bar cerca al campus que permitía personas menores de veintiuno, donde todos en la universidad iban.
Me sorprendí cuando encontré a Cade esperando fuera del vestuario cuando salimos. Dio un paso a mi lado.
—Oye, ¿te acompaño a SideBar?
Eso fue una sorpresa, pero ciertamente bienvenida.
Le dije: —Eso sería genial, pero estaba planeando irme temprano. Estoy muy cansada.
—Oh —asintió—. Bueno, ¿te importaría si voy contigo y después busco otro viaje a casa?
—En absoluto.
Caminamos hacia mi coche en silencio, e hice sonar mis llaves para llenar el espacio con ruido. Encendí el coche e inmediatamente le bajé el volumen a la radio. —Así que, ¿cómo estas, Cade?
Jugueteó con el cinturón de seguridad. Nervioso. No respondió a mi pregunta, pero en su lugar preguntó: —¿Cómo están las cosas con Justin?
Frunciendo el ceño, salí de la zona de aparcamiento, mirándolo por el rabillo de mi ojo.
—¿Por qué?
—Lo siento. ¿Es raro? No lo he dicho para que sonara raro. Solo estoy tratando de ser amigable. —Se veía tan incómodo. ¿Cómo nos habíamos reducido a esto?
Dije: —No es raro, Cade. Lo siento. Solo estoy... un poco cautelosa, es todo. Las cosas están geniales, en realidad.
Asintió. —Bien. Eso es bueno.
Después de pasar tanto tiempo con Justin, había olvidado como era tratar con chicos que simplemente no decían todo lo que estaban pensando.
—Solo dime de que quieres hablar, Cade. Sea lo que sea, está bien.
Tomó una respiración profunda. Aún estaba nervioso, pero ya no estaba inquieto. —Tengo una pregunta, pero estoy bastante seguro de que es muy inquisitiva y no quiero cruzar ninguna línea.
—Cade, sé que las cosas han estado difíciles. Pero aún te considero uno de mis mejores amigos. Quiero que seas uno de mis mejores amigo otra vez. Pregúntame lo que quieres.
—¿Vosotros os quedaréis juntos después de que nos graduemos?
Mi reacción intuitiva fue un ''sí''. Aunque realmente no habíamos hablado de ello, no con tantas palabras. Lo implicábamos, seguro, con toda la cosa de ''un mes'', pero no habíamos tenido una conversación verdadera.
—¿Os quedaréis aquí? ¿O os mudaréis a Filadelfia? ¿O algún otro lado?
Entré en el aparcamiento que, usando la búsqueda de una espacio como una excusa para reunir mis pensamientos. Esa definitivamente no era una conversación que hubiéramos tenido, sin importar lo mucho que había pensado en ello.
—¿Por qué lo preguntas?
Se pasó una mano por su oscuro y ondulado pelo, y resistí la tentación de decir, ''¡Sólo escúpelo ahora!''.
—Bueno... me presenté a una escuela de posgrado hace unos meses... bueno... antes de todo. Y realmente no pensé que iría, pero logré entrar, y ahora estoy pensando que de hecho, me gusta.
—¿En serio? ¡Eso es genial, Cade!
—Es Temple, en Filadelfia.
—Oh. —Era la escuela en donde Justin había estudiado.
—Y sólo no estaba seguro de si vosotros dos ibais a estar en Filadelfia, y si pensabas que sería raro que yo también estuviera allí. Y si no lo es, pensé que quizá podríamos seguir... ya sabes... en contacto. Si eso está bien para Justin.
Una imagen de como podría ser la vida comenzó a formarse en mi mente. Era un pensamiento bastante agradable.
—No sé si vamos a estar en Filadelfia o no. Pero si estamos... no, no sería raro. Y sí, seguiremos en contacto. Y Justin puede estar bien o no con esto, él no decide que debo hacer. En serio quise decir lo que dije, Cade. Realmente quiero que seamos amigos otra vez.
Sonrió, y se relajó en su asiento, finalmente. —Yo también.
jueves, 19 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
First Love. Capítulo 25.
Estuvimos días en lo mismo, acurrucados en los brazos del otro, durmiendo y despertándonos a cada segundo, comíamos y nos bañábamos sólo cuando sentíamos que podíamos. Era extraño pensar en la enfermedad como un oasis, pero eso era lo que era. Cuando nuestras necesidades físicas necesitaban triunfar sobre nuestros cerebros. No teníamos que hablar ni de nuestra relación, ni de lo que había roto. Ni de resolver nada, ni explicarnos. Ni siquiera tenía que preocuparme de ser virgen o de la idea de tener sexo con él.
Nos abrazábamos mutuamente y encontrábamos sanación en la quietud, debajo de mis cobijas y lejos del mundo. Ya para el sábado, nos encontrábamos lo suficientemente bien para pasar más tiempo fuera de la cama, para comer comida de verdad, para ver la tele... para hablar.
Nos recostamos en el sofá, con mi espalda contra su pecho, y su brazo a mí alrededor. Se supone que veíamos la tele, pero su frente se encontraba presionada a mi cuello, y yo le preguntaba sobre el primer día de mi enfermedad.
—¿Qué dijo Eric cuando lo llamaste?
—No se molestó, si eso es lo que me estás preguntando. Creo que ahora la mitad de la clase está enfermo.
Genial. Nuestro show apestaría si todos nos sentíamos exhaustos todo el tiempo. Lo llamaríamos una pieza experimental —Fedra Letárgica.
Hice otra pregunta:—¿Qué dijo de que tú me cuidaras?
Su frente se levantó de mi cuello.—No lo sabe. Me dijo que te llevara a la cama, y que estarías bien. Me sugirió que utilizara tu teléfono para llamar a tu madre.
Ahora eso si sería horrible. Conociendo a mi madre, le preguntaría que cuándo me lo propondría justo luego de saber su nombre.
—Pero te quedaste.
—No podía simplemente dejarte y ya está. Le dije a Eric que tampoco me sentía bien y me quedé contigo.
—¿Pero por qué?
—¿En verdad tienes que preguntar?
—Si.—Lo había escuchado en el teléfono hace ya tantas semanas, lo escuché decir que ya no le importaba, que solamente era una inconveniencia. Sea cual sea la razón por la que se quedó... necesitaba escucharla.
Dijo:—Bueno, entonces, si haremos esto, lo voy a hacer bien.
Intentó sentarse detrás de mí, pero nuestra posición en el sofá era incómoda y ambos aún nos encontrábamos un poco fuera de nosotros, así que terminamos enredados, con él prácticamente encima de mí. Todavía me encontraba de lado, aplastada por él. Finalmente, se rindió, y se levantó lo suficiente para que yo pudiese acostarme sobre mi espalda, y luego se acomodó con mas gentileza sobre mí.
A pesar del hecho de que habíamos dormido en la misma cama durante una semana, esto aún se sentía íntimo, aún era excitante, aterrador. Se sostenía los más que podía sobre sus codos, pero como aún se encontraba débil, su peso lo sentía sobre mi.
Me gustaba.
—¿Qué decía?—preguntó—. Oh, sí, que puede que me esté enamorando de ti.
Parpadeé. Luego parpadeé un tumulto de emociones —shock, incredulidad, emoción, miedo, lujuria, inseguridad, y me establecí en algo... algo demasiado grande como para nombrarlo. Había una galaxia en mi interior —compleja, infinita, milagrosa, frágil. Y en el medio se encontraba mi sol. Justin. Amor. Los dos ahora eran como sinónimos para mí. ¿Se estaba enamorando de mí? ¿De mí?
Una caricia de su mano me sacó de ese universo, y de vuelta a este momento. —Podrías volver loco a un hombre con esa clase de silencios.
—También te amo —dije.
Luego recordé que, en realidad, él no había dicho esas dos palabras como tal. Había dicho que se estaba enamorando de mi. Y puede que haya habido un 'tal vez' ahí. Mierda.
—Es decir... lo que debía haber dicho es que siento lo mismo. Solamente me estoy enamorando, también. Porque estar ya enamorada de ti es demasiado rápido. Eso sería loco. Es demasiado, ¿verdad? Demasiado. Muy pronto. Así que... no estoy enamorada de ti. No lo estoy. No es que no pueda amarte, simplemente es que hay una diferencia ente enamorándose y estar enamorado. Y nosotros aún somos los primero, no lo segundo. Así que, también puede que me esté enamorando de ti. Eso fue lo que quise decir. Eso fue todo lo que quise decir.
Me desmoronaba. Sus ojos eran suaves y serenos, lo cual no me decía nada, así que continué nadando en la incoherencia. Finamente, me besó, fue rápido, pero se sintió como una puntuación como si finalmente pudiera dejar de hablar.
Suspiré: —Se supone que debiste hacer eso antes de que comenzara a hablar como una loca.
Se rió y me besó otra vez, un poco más esta vez.
—Me gusta que hables como una loca. Es más, me encanta que hables como una loca. Está decidido. Ya no me estoy enamorando. Definitivamente estoy enamorado de ti. No es demasiado, ¿verdad? —Su sonrisa era tan cegadora y tan burlona que le di un golpe en el brazo.
Ni si quiera tuvo la decencia de fingir que le dolió. Simplemente me besó, presionando su peso sobre mí, y fue la mejor sensación del mundo.
Siempre había pensado de más, demasiadas cosas en mi cabeza, como decía Eric. Pero desde que conocí a Justin, tenía la vergonzosa tendencia de dejar de pensar por completo. Las cosas que salían
de mi boca como respuestas, normalmente siempre eran embarazosas, pero a veces... funcionaban. A veces, decir la primera cosa que pasaba por mi mente funcionaba. A veces lo mejor era lo simple y lo honesto.
Tenía la esperanza de que este fuera uno de esos momentos.
—Soy virgen —le dije—. Fue por eso que huí la noche que nos conocimos. No tenía un gato. No estaba con Cade. Simplemente tenía miedo.
Se detuvo a medio beso en mi cuello. Luego, lentamente, como cambiándose de placas tectónicas, levantó la cabeza. Me miró fijamente, a través de mí. Resistí la urgencia de esconder mi rostro, de correr gritando, de inventar cualquier excusa ridícula que involucrara a otro tipo de animal.
Murmuré: —Podrías volver loca a una chica con esa clase de silencios.
Reaccionó —aunque muy ligeramente— con la piel en medio de sus cejas frunciéndose.
—Déjame ver si lo entiendo... ¿Nunca tuviste un gato? ¿Adoptaste un gato solo para no tener que decirme que eras virgen?
Apreté los labios para evitar que temblasen. Asentí. La mirada en su rostro era una mezcla entre sorpresa y diversión. Se veía atónito. Esa era la mejor palabra. Lucía completamente incrédulo y espantado.
—Dijiste que amabas mi locura —le recordé.
—Lo hago. Te amo. Es solo que... ¿Quieres que sea honesto? Estoy aliviado.
—¿Te alivia que sea virgen? ¿Qué, creíste que era una guarra?
—Nunca creería que eres una guarra. —¿Era completamente inapropiado encontrar adorable la manera en que decía ''guarra''?—. Pero sabía que ocultabas algo. Me preocupaba que hubiese otra razón por la que no quisieras estar conmigo. Me he sentido paranoico durante meses por tu culpa.
—¿Has estado paranoico? Escuché esa llamada donde decías que yo era una inconveniencia. Planeabas cambiar de trabajo debido a mí. Me aterraba que si te miraba demasiado rato o si dejaba ver lo mucho que te echaba de menos, recogerías tus maletas y te irías.
—¿De que estás hablando? Nunca planeé irme.
—Yo te escuché. Ese día que fui a tu oficina. Hablabas por teléfono con alguien en Filadelfia, y dijiste que nos habías superado, que solo había sido una inconveniencia...
Llevó un dedo a mis labios.
—Bliss, ahora si detendré tu locura. Aunque nuestra situación sea todo menos inconveniente, nunca sería una inconveniencia para mí. Y no me hubiese ido incluso si me despidieran. Me encontraba demasiado enamorado de ti. —Resistí la urgencia de corregir su uso de pasado. Está enamorado de mí. Me ama. Dios, esto sienta bien. Tan bien que puede que me lo tatue en alguna parte de mi cuerpo.
Dejé salir un suspiro, y se echó el flequillo de la cara a un lado con la mano. Se veía tan sexy...
—Esa llamada de hecho se trataba de algo que sucedió antes de que me fuera a Filadelfia. Es parte del porque me fui.
Recordaba ese día en que le había preguntado porque se fue de Filadelfia, había cambiado el tema de manera muy efectiva al besarme. En ese momento no me había importado. Quizá si lo hubiese hecho, las cosas hubieran ocurrido un poco diferentes. Cambió de posición sobre mí, una vez más acomodándose de nuevo a mi lado. Casi ni me miraba al hablar.
—Tuve una amiga, Jenna. Nuestra relación era muy parecida a tu amistad con Cade. Nos hicimos amigos durante el postgrado, y aunque sabía que era una mala idea, intentamos ser algo más. Ella me importaba mucho, pero como amiga, nada más. Cuando terminé la relación... bueno, fue un desastre. Trabajábamos juntos en un show. Trabajábamos bastante en los mismo teatros, y así como muchos de los ensayos de Fedra, arruinábamos todo lo que hacíamos juntos. Y, como resultado, me costaba mucho conseguir trabajo y la mayoría de nuestros amigos se pusieron de parte de Jen, así que cuando Eric me ofreció una salida, huí. Estuve muy avergonzado al principio. Había renunciado. Me había rendido. Y había perdido a una muy buena amiga en el proceso. Esa llamada que escuchaste era sobre Jen. Eso era lo que yo había superado. Y fue por eso que fui tan duro contigo y con Cade. Me sentía aterrado de que fueras hasta él, incluso cuando sabía que solo erais amigos. Tenía miedo de que cometieras el mismo error que yo. Lo lamento. Lo manejé muy mal. Si te hubiese dicho esto cuando me preguntaste, quizá hubieras entendido...
Era mi turno de interrumpirlo con un beso. Me puse de lado y tiré de él hacia mí. Derramé cada una de esas emociones fuera de lugar en el beso —la incertidumbre que había sentido sobre sus sentimientos, el miedo a perder mi virginidad, el remordimiento por todo el tiempo que perdimos. Dejé ir todas esas cosas, las envié lejos con un beso.
—Ahora lo entiendo —dije—. Eso es lo que importa.
—Te amo —dijo. Nunca me cansaré de escuchar eso.
—Yo también te amo.
Dijo: —¿Puedes decírmelo una vez más? ¿Para poder estar seguro de que no es la enfermedad nublando mi cerebro?
Lo besé suavemente. En nuestro estado actual, suavemente era lo único de lo que éramos capaces.
—Te amo, Justin.
Era impresionante lo 'no aterrada' que me encontraba.
Ya no más.
Nos abrazábamos mutuamente y encontrábamos sanación en la quietud, debajo de mis cobijas y lejos del mundo. Ya para el sábado, nos encontrábamos lo suficientemente bien para pasar más tiempo fuera de la cama, para comer comida de verdad, para ver la tele... para hablar.
Nos recostamos en el sofá, con mi espalda contra su pecho, y su brazo a mí alrededor. Se supone que veíamos la tele, pero su frente se encontraba presionada a mi cuello, y yo le preguntaba sobre el primer día de mi enfermedad.
—¿Qué dijo Eric cuando lo llamaste?
—No se molestó, si eso es lo que me estás preguntando. Creo que ahora la mitad de la clase está enfermo.
Genial. Nuestro show apestaría si todos nos sentíamos exhaustos todo el tiempo. Lo llamaríamos una pieza experimental —Fedra Letárgica.
Hice otra pregunta:—¿Qué dijo de que tú me cuidaras?
Su frente se levantó de mi cuello.—No lo sabe. Me dijo que te llevara a la cama, y que estarías bien. Me sugirió que utilizara tu teléfono para llamar a tu madre.
Ahora eso si sería horrible. Conociendo a mi madre, le preguntaría que cuándo me lo propondría justo luego de saber su nombre.
—Pero te quedaste.
—No podía simplemente dejarte y ya está. Le dije a Eric que tampoco me sentía bien y me quedé contigo.
—¿Pero por qué?
—¿En verdad tienes que preguntar?
—Si.—Lo había escuchado en el teléfono hace ya tantas semanas, lo escuché decir que ya no le importaba, que solamente era una inconveniencia. Sea cual sea la razón por la que se quedó... necesitaba escucharla.
Dijo:—Bueno, entonces, si haremos esto, lo voy a hacer bien.
Intentó sentarse detrás de mí, pero nuestra posición en el sofá era incómoda y ambos aún nos encontrábamos un poco fuera de nosotros, así que terminamos enredados, con él prácticamente encima de mí. Todavía me encontraba de lado, aplastada por él. Finalmente, se rindió, y se levantó lo suficiente para que yo pudiese acostarme sobre mi espalda, y luego se acomodó con mas gentileza sobre mí.
A pesar del hecho de que habíamos dormido en la misma cama durante una semana, esto aún se sentía íntimo, aún era excitante, aterrador. Se sostenía los más que podía sobre sus codos, pero como aún se encontraba débil, su peso lo sentía sobre mi.
Me gustaba.
—¿Qué decía?—preguntó—. Oh, sí, que puede que me esté enamorando de ti.
Parpadeé. Luego parpadeé un tumulto de emociones —shock, incredulidad, emoción, miedo, lujuria, inseguridad, y me establecí en algo... algo demasiado grande como para nombrarlo. Había una galaxia en mi interior —compleja, infinita, milagrosa, frágil. Y en el medio se encontraba mi sol. Justin. Amor. Los dos ahora eran como sinónimos para mí. ¿Se estaba enamorando de mí? ¿De mí?
Una caricia de su mano me sacó de ese universo, y de vuelta a este momento. —Podrías volver loco a un hombre con esa clase de silencios.
—También te amo —dije.
Luego recordé que, en realidad, él no había dicho esas dos palabras como tal. Había dicho que se estaba enamorando de mi. Y puede que haya habido un 'tal vez' ahí. Mierda.
—Es decir... lo que debía haber dicho es que siento lo mismo. Solamente me estoy enamorando, también. Porque estar ya enamorada de ti es demasiado rápido. Eso sería loco. Es demasiado, ¿verdad? Demasiado. Muy pronto. Así que... no estoy enamorada de ti. No lo estoy. No es que no pueda amarte, simplemente es que hay una diferencia ente enamorándose y estar enamorado. Y nosotros aún somos los primero, no lo segundo. Así que, también puede que me esté enamorando de ti. Eso fue lo que quise decir. Eso fue todo lo que quise decir.
Me desmoronaba. Sus ojos eran suaves y serenos, lo cual no me decía nada, así que continué nadando en la incoherencia. Finamente, me besó, fue rápido, pero se sintió como una puntuación como si finalmente pudiera dejar de hablar.
Suspiré: —Se supone que debiste hacer eso antes de que comenzara a hablar como una loca.
Se rió y me besó otra vez, un poco más esta vez.
—Me gusta que hables como una loca. Es más, me encanta que hables como una loca. Está decidido. Ya no me estoy enamorando. Definitivamente estoy enamorado de ti. No es demasiado, ¿verdad? —Su sonrisa era tan cegadora y tan burlona que le di un golpe en el brazo.
Ni si quiera tuvo la decencia de fingir que le dolió. Simplemente me besó, presionando su peso sobre mí, y fue la mejor sensación del mundo.
Siempre había pensado de más, demasiadas cosas en mi cabeza, como decía Eric. Pero desde que conocí a Justin, tenía la vergonzosa tendencia de dejar de pensar por completo. Las cosas que salían
de mi boca como respuestas, normalmente siempre eran embarazosas, pero a veces... funcionaban. A veces, decir la primera cosa que pasaba por mi mente funcionaba. A veces lo mejor era lo simple y lo honesto.
Tenía la esperanza de que este fuera uno de esos momentos.
—Soy virgen —le dije—. Fue por eso que huí la noche que nos conocimos. No tenía un gato. No estaba con Cade. Simplemente tenía miedo.
Se detuvo a medio beso en mi cuello. Luego, lentamente, como cambiándose de placas tectónicas, levantó la cabeza. Me miró fijamente, a través de mí. Resistí la urgencia de esconder mi rostro, de correr gritando, de inventar cualquier excusa ridícula que involucrara a otro tipo de animal.
Murmuré: —Podrías volver loca a una chica con esa clase de silencios.
Reaccionó —aunque muy ligeramente— con la piel en medio de sus cejas frunciéndose.
—Déjame ver si lo entiendo... ¿Nunca tuviste un gato? ¿Adoptaste un gato solo para no tener que decirme que eras virgen?
Apreté los labios para evitar que temblasen. Asentí. La mirada en su rostro era una mezcla entre sorpresa y diversión. Se veía atónito. Esa era la mejor palabra. Lucía completamente incrédulo y espantado.
—Dijiste que amabas mi locura —le recordé.
—Lo hago. Te amo. Es solo que... ¿Quieres que sea honesto? Estoy aliviado.
—¿Te alivia que sea virgen? ¿Qué, creíste que era una guarra?
—Nunca creería que eres una guarra. —¿Era completamente inapropiado encontrar adorable la manera en que decía ''guarra''?—. Pero sabía que ocultabas algo. Me preocupaba que hubiese otra razón por la que no quisieras estar conmigo. Me he sentido paranoico durante meses por tu culpa.
—¿Has estado paranoico? Escuché esa llamada donde decías que yo era una inconveniencia. Planeabas cambiar de trabajo debido a mí. Me aterraba que si te miraba demasiado rato o si dejaba ver lo mucho que te echaba de menos, recogerías tus maletas y te irías.
—¿De que estás hablando? Nunca planeé irme.
—Yo te escuché. Ese día que fui a tu oficina. Hablabas por teléfono con alguien en Filadelfia, y dijiste que nos habías superado, que solo había sido una inconveniencia...
Llevó un dedo a mis labios.
—Bliss, ahora si detendré tu locura. Aunque nuestra situación sea todo menos inconveniente, nunca sería una inconveniencia para mí. Y no me hubiese ido incluso si me despidieran. Me encontraba demasiado enamorado de ti. —Resistí la urgencia de corregir su uso de pasado. Está enamorado de mí. Me ama. Dios, esto sienta bien. Tan bien que puede que me lo tatue en alguna parte de mi cuerpo.
Dejé salir un suspiro, y se echó el flequillo de la cara a un lado con la mano. Se veía tan sexy...
—Esa llamada de hecho se trataba de algo que sucedió antes de que me fuera a Filadelfia. Es parte del porque me fui.
Recordaba ese día en que le había preguntado porque se fue de Filadelfia, había cambiado el tema de manera muy efectiva al besarme. En ese momento no me había importado. Quizá si lo hubiese hecho, las cosas hubieran ocurrido un poco diferentes. Cambió de posición sobre mí, una vez más acomodándose de nuevo a mi lado. Casi ni me miraba al hablar.
—Tuve una amiga, Jenna. Nuestra relación era muy parecida a tu amistad con Cade. Nos hicimos amigos durante el postgrado, y aunque sabía que era una mala idea, intentamos ser algo más. Ella me importaba mucho, pero como amiga, nada más. Cuando terminé la relación... bueno, fue un desastre. Trabajábamos juntos en un show. Trabajábamos bastante en los mismo teatros, y así como muchos de los ensayos de Fedra, arruinábamos todo lo que hacíamos juntos. Y, como resultado, me costaba mucho conseguir trabajo y la mayoría de nuestros amigos se pusieron de parte de Jen, así que cuando Eric me ofreció una salida, huí. Estuve muy avergonzado al principio. Había renunciado. Me había rendido. Y había perdido a una muy buena amiga en el proceso. Esa llamada que escuchaste era sobre Jen. Eso era lo que yo había superado. Y fue por eso que fui tan duro contigo y con Cade. Me sentía aterrado de que fueras hasta él, incluso cuando sabía que solo erais amigos. Tenía miedo de que cometieras el mismo error que yo. Lo lamento. Lo manejé muy mal. Si te hubiese dicho esto cuando me preguntaste, quizá hubieras entendido...
Era mi turno de interrumpirlo con un beso. Me puse de lado y tiré de él hacia mí. Derramé cada una de esas emociones fuera de lugar en el beso —la incertidumbre que había sentido sobre sus sentimientos, el miedo a perder mi virginidad, el remordimiento por todo el tiempo que perdimos. Dejé ir todas esas cosas, las envié lejos con un beso.
—Ahora lo entiendo —dije—. Eso es lo que importa.
—Te amo —dijo. Nunca me cansaré de escuchar eso.
—Yo también te amo.
Dijo: —¿Puedes decírmelo una vez más? ¿Para poder estar seguro de que no es la enfermedad nublando mi cerebro?
Lo besé suavemente. En nuestro estado actual, suavemente era lo único de lo que éramos capaces.
—Te amo, Justin.
Era impresionante lo 'no aterrada' que me encontraba.
Ya no más.
lunes, 25 de noviembre de 2013
First Love. Capítulo 24.
A eso de las cuatro de la mañana me despierto en un charco de sudor, mi cuerpo está pegado a las sabanas y mi cara pegada a la cama.
Supongo que la fiebre se ha ido definitivamente.
Pongo mis manos sobre la cama y hago un esfuerzo por levantarme, pero mi equilibrio debe haber sido apagado. Mi cama se siente desigual.
Lo intento otra vez, buscando a tientas la lámpara y enciendo la luz. Entonces pienso que estoy viendo cosas, la apago y la vuelvo a encender. Me pellizco. Me pellizco muy fuerte. Pero nada cambia.
Justin definitivamente está dormido en mi cama.
Mierda.
Mierda.
¿Qué parte de mi fiebre inducida por el sueño era real? Me siento segura al asumir que mi tiempo siendo una abeja era ficción, así como algunos animales mitológicos que juraría que había visto. Cuando yo estaba viviendo en el sol con extraterrestres.
Pero Justin estaba en mi cama. Definitivamente había estado en mis sueños, pero no todo podía ser real. A veces el voló y gran parte del tiempo estaba desnudo. Y había más de una docena de momentos, algunos difusos y otros muy claros. ¿Dónde estaba el límite? ¿Qué había ocurrido realmente? Demonios, ¿Era esto incluso real? Tal vez estaba soñando que mi fiebre se había ido. Me estaba volviendo loca y antes de que tuviera la sensación de mi mente para poder formular un plan, estaba sacudiéndolo a él para despertarlo.
Estaba con los ojos llorosos y hermosos. Me llamó la atención por un momento el hecho de que él estaba durmiendo en mi almohada.
Estaba en mi cama. Conmigo.
Durmiendo.
¡Estábamos durmiendo juntos!
—Estás despierta. —Dios, ¿desde cuando aturdido y magnifico van tan bien juntos? Con los ojos abiertos asiento con la cabeza, después de haber pensado en lo que diría cuando estuviera despierto.
—¿Cómo te sientes?
Que podía responder.
—Como una mierda. Me duele todo. Mi garganta es lo peor.
Extiende su mano y la pone sobre mi muslo. Como si esto fuera normal. Como si nosotros pusiéramos nuestras manos sobre los muslos del otro todo el tiempo.
—Eso es normal, creo —dijo. ¿El muslo? No, no... mi garganta. Y continúa: —¿Necesitas algo?
Negué con la cabeza. ¿Qué demonios había pasado mientras yo estaba tan fuera de mí?
Se sentó, y la sabana cayó alrededor de su cintura, dejando al descubierto todo su torso ante mis ojos. La sabana caía alrededor de sus caderas, dejando ante mis ojos los músculos que desaparecían hacia abajo, en sus pantalones cortos. Dios. Su mano fue hacia mi pelo, el cual caía lacio y grasiento contra mi cara, un claro contraste con lo bien que se veía él en estos momentos. No parecía importarle.
Una vez más, ¿qué diablos estaba pasando?
—Me alegro de que estés bien —dijo.
Asentí con la cabeza. Asentir con la cabeza era todo lo que sabía hacer, lo único que podía entender. Asentir con la cabeza, por lo menos, todavía tenía sentido.
—Tienes que dormir. Tú todavía necesitas descansar. ¿A menos que tengas hambre?
Negué con la cabeza.
—Entonces, duerme.
Me dio un empujoncito y bajé mi cuerpo poco a poco, segura de que en cuanto mi cabeza estuviera en la almohada, este universo alternativo dejaría de existir.
No lo hizo.
Apartó las mantas y se deslizó fuera de la cama.
—¿Te vas? —le pregunté.
Se detuvo, y en una rápida sucesión, lo vi darse cuenta de donde nosotros estábamos y lo poco que llevaba. Vaciló, inseguro. Fue una emoción extraña, una que rara vez le había visto tener.
—¿Quieres que lo haga? —Quería hacer una pausa en ese momento, estudiarlo, romper el segundo en el cual él se había atrevido a tener dudas. Por supuesto que no quería que se fuera. Nunca quise que se fuera.
Negué con la cabeza. Me alegro de que la fatiga me mantuviera un poco tranquila.
Sonrió tan amplio que me olvidé de que la duda existió.
—Entonces no me voy. Voy a coger un vaso de agua. Vete a dormir.
Se fue, y me quedé de lado, tambaleándome. Podía oír el grifo encenderse y apagarse. Traté de imaginar lo que estaba haciendo. El suelo no está crujiendo, así que no estaba caminando hacia atrás. ¿Estaba de pie en el lavabo para beber? ¿O no hacía ningún crujido porque mi ilusión había terminado y él no iba a volver? ¿El suelo crujió en su camino hacia el fregadero? No lo podía recordar. Empecé a sentir pánico. Tal vez tenía que levantarme e ir tras él. Asegurarme de que era real.
Entonces mi cama se hundió, sentí el calor detrás de mí, y una brazo alrededor de mi cintura. Me pongo rígida y luego me relajo tan de repente que yo prácticamente caigo en él. Está tan caliente, me siento como si estuviera con fiebre otra vez.
Aparta mi pelo hacia arriba y lo pone sobre la almohada, para que mi cuello este al descubierto. Entonces siento algo, la punta de su nariz tal vez, rozando suavemente contra mi piel y el soplo de su aliento.
—¿Justin?
Su brazo se aprieta, su cuerpo se curva alrededor del mío, incluso nuestros muslos se presionan entre sí.
—Mañana, Bliss. Ahora duerme.
¿Dormir? La idea parecía imposible, pero cuando su respiración se estabilizó y me acostumbré a sus caricias, me di cuenta que estaba cansada todavía. Quería analizar lo que había pasado, lo que recordaba y lo que no hice, pero el sueño parecía más importante.
Justin estaba en lo cierto. Se podría esperar hasta mañana. El estaría aquí. Dijo que no se iría. Pero, por si acaso puse una de mis manos sobre lo que apoyaba contra mi estómago. Yo había pensado que ya estaba dormido, pero estaba lo suficientemente despierto para responder entrelazando nuestros dedos.
Cuando yo estaba segura, tanto que era real y que no se iría... cuando mi duda se había ido, me dormí.
Me desperté varias horas después. La luz entraba a través de mi alta ventana, y mi piel estaba resbaladiza por el sudor. Por un momento pensé que tenía fiebre otra vez. Me senté, y el brazo de Justin cayó de mi cintura. El gimió.
Sus cejas estaba surcadas por gotas de sudor que salpicaban en su cara. Apoyé mi mano sobre su frente, y efectivamente, estaba ardiendo.
Se veía horrible, pero me imaginé que yo lucía aún peor. Mi piel y mi ropa estaban húmedas de sudor, tanto la suya como la mía. Se sentía como si la suciedad y la enfermedad hubiesen sido untadas sobre la parte superior de mi piel.
Con cuidado me moví fuera del alcance de Justin y puse mis pies en el suelo de madera fresca. Estando de pie me dolían todos los huesos, como si hubieran sido rotos y puesto en el sitio equivocado, y ahora tenían que volver a romperlos para enderezarlos. Cada paso se sentía como si me clavasen clavos en los talones, rodillas y caderas. Puse una mano sobre la pared para mantenerme erguida. Y mi viaje hacia el cuarto de baño estuvo compuesto por treinta pasos lentos arrastrando los pies, en vez de los habituales diez pasos. Cuando llegué allí, me faltaba el aire y estaba lista para otra siesta.
En mi mente confundida y adolorida, me pareció muy importante estar limpia primero. Abría la ducha dejándolo en el lado frío en lugar de automáticamente empujarlo a caliente como de costumbre. Me quité al ropa, lamentándome cada vez que me quitaba algo y descubría que tenía otra capa debajo. Cuando llegó a mi sujetador, pensé que ya estaba a punto de terminar.
Por fin soy libre, pero ya no tengo fuerzas para darme la ducha que quería. Como un niño aprendiendo a caminar, me meto en la bañera con los brazos cruzados y dejo que el agua caiga por mi piel. Mi estómago, sobre todo, se siente tan sensible que cada gota pica por el impacto, como si alguien estuviera dejando caer pequeños misiles desde arriba.
Pero aún así, se siente fresco y encantador, y me fundo en la sensación.
Durante mucho tiempo me quedo allí, cayendo dentro y fuera del sueño. Cuando mi respiración se vuelve estable y se alivia el dolor en mis músculos, me levanto, dejando que el agua empape mi pelo y que corra por mi cara.
El champú se convierte en el malo de mi historia, haciendo que me piquen los ojos, agotándome mientras trato de frotarlo y enjuagarme. Se siente como si hayan pasado horas antes de que el agua corra lo suficiente clara para que yo pueda abrir los ojos sin que me quemen. Y luego no logro convencerme a mí misma de hacerlo otra vez con el acondicionador.
Apago el agua, y me recuesto sintiendo la fuga de agua debajo de mí. Cuanto más tiempo permanezco con los ojos cerrados más pesado se vuelve mi cuerpo. Los pequeños charcos de agua en mi piel se secan lentamente, y se siente bien esta desocupado para estar quieta un momento.
Entonces me acuerdo de Justin y supe que había sido egoísta el tiempo suficiente.
La pared de la bañera bien podría haber sido una almena. Me tomó toda mi fuerza pasar por encima de ella. La ropa estaba completamente fuera de la cuestión. Envolví mi pelo en una toalla y mi cuerpo en una bata. Agarro unas pocas toallas, las remojo en agua fría y las escurro para que no gotee.
Me sentía un poco más viva ahora y logro caminar sin andar a tientas a la pared. El dolor sigue ahí, en el fondo de mi mente a cada paso que doy, pero lo puedo manejar. Aun así, fue un alivio hundirme en mi cama al lado de Justin.
Me quito las mantas otra vez, y él se mueve, pero no se despierta.
Pongo uno de los paños húmedos en su frente y desdoblo otro y lo pongo sobre su pecho. He utilizado el último para pasarlo por sus brazos y piernas. A pesar de que es demasiado difícil, así que pongo el paño que le he pasado debajo de su cuello.
Luego me acuesto a su lado y duermo.
La próxima vez que nos despertamos los dos. Sigue teniendo fiebre, pero le convenzo para que beba un poco de agua. No fue hasta que él tomo un trago que me di cuenta de que estaba sedienta. Le ayudo a beber un vaso y luego bebo dos vasos yo. Tenía la energía suficiente para quitarme mi gorda bata y sustituirla por un pijama suelto. Y luego pongo otra vez un paño húmedo sobre la frente de Justin y suspira.
—Gracias —murmura.
No estaba segura de lo coherente que él era. Definitivamente sabe que estoy allí, por como me había llamado por mi nombre un par de veces desde que se despertó. Y sabía que estaba enfermo, pero yo no sabía cuanto sabia más allá de eso.
—De nada. Pero para ser justos, tú has cuidado de mí en primer lugar.
Sus ojos están cerrados, pero sonríe.
—Eres mejor en ello.
—No importa —le dije—. Era agradable el hecho de no estar solo.
Trató de cambiarse de lado para poder mirarme a la cara, pero termina apenas alcanzándome con sus brazos, su cuerpo todavía plano.
Me pasa un brazo alrededor de mi pecho y tira de mí. Sus brazos están a mi alrededor y vuelve a tirar de mí, así que terminamos en el costado y el mucho más cerca.
Cuando se establece, sopla hacia fuera agotado por el poco movimiento.
Dice: —Lo siento.
—¿Por qué?
¿Necesitaba ayuda? Parecía mucho más fuerte y mejor de como había estado yo.
—Por dejarte totalmente sola. Para conseguir algo entre tu y Cade. Por ser demasiado orgulloso para decirte que te extrañaba. Lo siento.
Estaba confundida, las piezas del rompecabezas no encajaban.
Pero he oído lo que me importaba, que lo sentía y que yo también lo sentía. Y mi cerebro estaba demasiado difuso para recordar todos los detalles de porque esto no debería estar sucediendo. Lo atraje hacia mí y su cabeza cayó en el hueco de mi cuello. Respiré profundamente y se sentía como si fuera la primera vez en meses. Quería preguntarle acerca de la llamada telefónica, de nuestra pelea, de todo. Pero el seguía murmurando una y otra vez en mi cuello: —Lo siento.
Y no me importó.
Solo lo sostuve con más fuerza y juntos, afectados por la enfermedad y el sueño.
Supongo que la fiebre se ha ido definitivamente.
Pongo mis manos sobre la cama y hago un esfuerzo por levantarme, pero mi equilibrio debe haber sido apagado. Mi cama se siente desigual.
Lo intento otra vez, buscando a tientas la lámpara y enciendo la luz. Entonces pienso que estoy viendo cosas, la apago y la vuelvo a encender. Me pellizco. Me pellizco muy fuerte. Pero nada cambia.
Justin definitivamente está dormido en mi cama.
Mierda.
Mierda.
¿Qué parte de mi fiebre inducida por el sueño era real? Me siento segura al asumir que mi tiempo siendo una abeja era ficción, así como algunos animales mitológicos que juraría que había visto. Cuando yo estaba viviendo en el sol con extraterrestres.
Pero Justin estaba en mi cama. Definitivamente había estado en mis sueños, pero no todo podía ser real. A veces el voló y gran parte del tiempo estaba desnudo. Y había más de una docena de momentos, algunos difusos y otros muy claros. ¿Dónde estaba el límite? ¿Qué había ocurrido realmente? Demonios, ¿Era esto incluso real? Tal vez estaba soñando que mi fiebre se había ido. Me estaba volviendo loca y antes de que tuviera la sensación de mi mente para poder formular un plan, estaba sacudiéndolo a él para despertarlo.
Estaba con los ojos llorosos y hermosos. Me llamó la atención por un momento el hecho de que él estaba durmiendo en mi almohada.
Estaba en mi cama. Conmigo.
Durmiendo.
¡Estábamos durmiendo juntos!
—Estás despierta. —Dios, ¿desde cuando aturdido y magnifico van tan bien juntos? Con los ojos abiertos asiento con la cabeza, después de haber pensado en lo que diría cuando estuviera despierto.
—¿Cómo te sientes?
Que podía responder.
—Como una mierda. Me duele todo. Mi garganta es lo peor.
Extiende su mano y la pone sobre mi muslo. Como si esto fuera normal. Como si nosotros pusiéramos nuestras manos sobre los muslos del otro todo el tiempo.
—Eso es normal, creo —dijo. ¿El muslo? No, no... mi garganta. Y continúa: —¿Necesitas algo?
Negué con la cabeza. ¿Qué demonios había pasado mientras yo estaba tan fuera de mí?
Se sentó, y la sabana cayó alrededor de su cintura, dejando al descubierto todo su torso ante mis ojos. La sabana caía alrededor de sus caderas, dejando ante mis ojos los músculos que desaparecían hacia abajo, en sus pantalones cortos. Dios. Su mano fue hacia mi pelo, el cual caía lacio y grasiento contra mi cara, un claro contraste con lo bien que se veía él en estos momentos. No parecía importarle.
Una vez más, ¿qué diablos estaba pasando?
—Me alegro de que estés bien —dijo.
Asentí con la cabeza. Asentir con la cabeza era todo lo que sabía hacer, lo único que podía entender. Asentir con la cabeza, por lo menos, todavía tenía sentido.
—Tienes que dormir. Tú todavía necesitas descansar. ¿A menos que tengas hambre?
Negué con la cabeza.
—Entonces, duerme.
Me dio un empujoncito y bajé mi cuerpo poco a poco, segura de que en cuanto mi cabeza estuviera en la almohada, este universo alternativo dejaría de existir.
No lo hizo.
Apartó las mantas y se deslizó fuera de la cama.
—¿Te vas? —le pregunté.
Se detuvo, y en una rápida sucesión, lo vi darse cuenta de donde nosotros estábamos y lo poco que llevaba. Vaciló, inseguro. Fue una emoción extraña, una que rara vez le había visto tener.
—¿Quieres que lo haga? —Quería hacer una pausa en ese momento, estudiarlo, romper el segundo en el cual él se había atrevido a tener dudas. Por supuesto que no quería que se fuera. Nunca quise que se fuera.
Negué con la cabeza. Me alegro de que la fatiga me mantuviera un poco tranquila.
Sonrió tan amplio que me olvidé de que la duda existió.
—Entonces no me voy. Voy a coger un vaso de agua. Vete a dormir.
Se fue, y me quedé de lado, tambaleándome. Podía oír el grifo encenderse y apagarse. Traté de imaginar lo que estaba haciendo. El suelo no está crujiendo, así que no estaba caminando hacia atrás. ¿Estaba de pie en el lavabo para beber? ¿O no hacía ningún crujido porque mi ilusión había terminado y él no iba a volver? ¿El suelo crujió en su camino hacia el fregadero? No lo podía recordar. Empecé a sentir pánico. Tal vez tenía que levantarme e ir tras él. Asegurarme de que era real.
Entonces mi cama se hundió, sentí el calor detrás de mí, y una brazo alrededor de mi cintura. Me pongo rígida y luego me relajo tan de repente que yo prácticamente caigo en él. Está tan caliente, me siento como si estuviera con fiebre otra vez.
Aparta mi pelo hacia arriba y lo pone sobre la almohada, para que mi cuello este al descubierto. Entonces siento algo, la punta de su nariz tal vez, rozando suavemente contra mi piel y el soplo de su aliento.
—¿Justin?
Su brazo se aprieta, su cuerpo se curva alrededor del mío, incluso nuestros muslos se presionan entre sí.
—Mañana, Bliss. Ahora duerme.
¿Dormir? La idea parecía imposible, pero cuando su respiración se estabilizó y me acostumbré a sus caricias, me di cuenta que estaba cansada todavía. Quería analizar lo que había pasado, lo que recordaba y lo que no hice, pero el sueño parecía más importante.
Justin estaba en lo cierto. Se podría esperar hasta mañana. El estaría aquí. Dijo que no se iría. Pero, por si acaso puse una de mis manos sobre lo que apoyaba contra mi estómago. Yo había pensado que ya estaba dormido, pero estaba lo suficientemente despierto para responder entrelazando nuestros dedos.
Cuando yo estaba segura, tanto que era real y que no se iría... cuando mi duda se había ido, me dormí.
Me desperté varias horas después. La luz entraba a través de mi alta ventana, y mi piel estaba resbaladiza por el sudor. Por un momento pensé que tenía fiebre otra vez. Me senté, y el brazo de Justin cayó de mi cintura. El gimió.
Sus cejas estaba surcadas por gotas de sudor que salpicaban en su cara. Apoyé mi mano sobre su frente, y efectivamente, estaba ardiendo.
Se veía horrible, pero me imaginé que yo lucía aún peor. Mi piel y mi ropa estaban húmedas de sudor, tanto la suya como la mía. Se sentía como si la suciedad y la enfermedad hubiesen sido untadas sobre la parte superior de mi piel.
Con cuidado me moví fuera del alcance de Justin y puse mis pies en el suelo de madera fresca. Estando de pie me dolían todos los huesos, como si hubieran sido rotos y puesto en el sitio equivocado, y ahora tenían que volver a romperlos para enderezarlos. Cada paso se sentía como si me clavasen clavos en los talones, rodillas y caderas. Puse una mano sobre la pared para mantenerme erguida. Y mi viaje hacia el cuarto de baño estuvo compuesto por treinta pasos lentos arrastrando los pies, en vez de los habituales diez pasos. Cuando llegué allí, me faltaba el aire y estaba lista para otra siesta.
En mi mente confundida y adolorida, me pareció muy importante estar limpia primero. Abría la ducha dejándolo en el lado frío en lugar de automáticamente empujarlo a caliente como de costumbre. Me quité al ropa, lamentándome cada vez que me quitaba algo y descubría que tenía otra capa debajo. Cuando llegó a mi sujetador, pensé que ya estaba a punto de terminar.
Por fin soy libre, pero ya no tengo fuerzas para darme la ducha que quería. Como un niño aprendiendo a caminar, me meto en la bañera con los brazos cruzados y dejo que el agua caiga por mi piel. Mi estómago, sobre todo, se siente tan sensible que cada gota pica por el impacto, como si alguien estuviera dejando caer pequeños misiles desde arriba.
Pero aún así, se siente fresco y encantador, y me fundo en la sensación.
Durante mucho tiempo me quedo allí, cayendo dentro y fuera del sueño. Cuando mi respiración se vuelve estable y se alivia el dolor en mis músculos, me levanto, dejando que el agua empape mi pelo y que corra por mi cara.
El champú se convierte en el malo de mi historia, haciendo que me piquen los ojos, agotándome mientras trato de frotarlo y enjuagarme. Se siente como si hayan pasado horas antes de que el agua corra lo suficiente clara para que yo pueda abrir los ojos sin que me quemen. Y luego no logro convencerme a mí misma de hacerlo otra vez con el acondicionador.
Apago el agua, y me recuesto sintiendo la fuga de agua debajo de mí. Cuanto más tiempo permanezco con los ojos cerrados más pesado se vuelve mi cuerpo. Los pequeños charcos de agua en mi piel se secan lentamente, y se siente bien esta desocupado para estar quieta un momento.
Entonces me acuerdo de Justin y supe que había sido egoísta el tiempo suficiente.
La pared de la bañera bien podría haber sido una almena. Me tomó toda mi fuerza pasar por encima de ella. La ropa estaba completamente fuera de la cuestión. Envolví mi pelo en una toalla y mi cuerpo en una bata. Agarro unas pocas toallas, las remojo en agua fría y las escurro para que no gotee.
Me sentía un poco más viva ahora y logro caminar sin andar a tientas a la pared. El dolor sigue ahí, en el fondo de mi mente a cada paso que doy, pero lo puedo manejar. Aun así, fue un alivio hundirme en mi cama al lado de Justin.
Me quito las mantas otra vez, y él se mueve, pero no se despierta.
Pongo uno de los paños húmedos en su frente y desdoblo otro y lo pongo sobre su pecho. He utilizado el último para pasarlo por sus brazos y piernas. A pesar de que es demasiado difícil, así que pongo el paño que le he pasado debajo de su cuello.
Luego me acuesto a su lado y duermo.
La próxima vez que nos despertamos los dos. Sigue teniendo fiebre, pero le convenzo para que beba un poco de agua. No fue hasta que él tomo un trago que me di cuenta de que estaba sedienta. Le ayudo a beber un vaso y luego bebo dos vasos yo. Tenía la energía suficiente para quitarme mi gorda bata y sustituirla por un pijama suelto. Y luego pongo otra vez un paño húmedo sobre la frente de Justin y suspira.
—Gracias —murmura.
No estaba segura de lo coherente que él era. Definitivamente sabe que estoy allí, por como me había llamado por mi nombre un par de veces desde que se despertó. Y sabía que estaba enfermo, pero yo no sabía cuanto sabia más allá de eso.
—De nada. Pero para ser justos, tú has cuidado de mí en primer lugar.
Sus ojos están cerrados, pero sonríe.
—Eres mejor en ello.
—No importa —le dije—. Era agradable el hecho de no estar solo.
Trató de cambiarse de lado para poder mirarme a la cara, pero termina apenas alcanzándome con sus brazos, su cuerpo todavía plano.
Me pasa un brazo alrededor de mi pecho y tira de mí. Sus brazos están a mi alrededor y vuelve a tirar de mí, así que terminamos en el costado y el mucho más cerca.
Cuando se establece, sopla hacia fuera agotado por el poco movimiento.
Dice: —Lo siento.
—¿Por qué?
¿Necesitaba ayuda? Parecía mucho más fuerte y mejor de como había estado yo.
—Por dejarte totalmente sola. Para conseguir algo entre tu y Cade. Por ser demasiado orgulloso para decirte que te extrañaba. Lo siento.
Estaba confundida, las piezas del rompecabezas no encajaban.
Pero he oído lo que me importaba, que lo sentía y que yo también lo sentía. Y mi cerebro estaba demasiado difuso para recordar todos los detalles de porque esto no debería estar sucediendo. Lo atraje hacia mí y su cabeza cayó en el hueco de mi cuello. Respiré profundamente y se sentía como si fuera la primera vez en meses. Quería preguntarle acerca de la llamada telefónica, de nuestra pelea, de todo. Pero el seguía murmurando una y otra vez en mi cuello: —Lo siento.
Y no me importó.
Solo lo sostuve con más fuerza y juntos, afectados por la enfermedad y el sueño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)