jueves, 31 de octubre de 2013

First Love. Capítulo 21.

Las cosas estaban fatal.

La primera interpretación de Fedra fue un desastre de proporciones épicas. Incluso después de dos semanas, Cade no me hablaba en absoluto antes de empezar, y parecía que todos en el elenco estaban de su lado, basado en las miradas que estaba recibiendo. Y, aunque el primer ensayo tiende a ser un poco obsoleto, ya que todo el mundo está sentado alrededor de una mesa, ésta vez fue peor que la pizza de hace una semana.


De vez en cuando, Eric sacudía su cabeza, y prácticamente podía verlo pensar, ¿Qué ha pasado con la gente que escogí la semana pasada?


Cada escena seguía empeorando como un tornillo que entra en el ángulo equivocado, pero sólo seguimos adelante, tratando de hacer algo que funcionara cuando claramente, no lo haría.


Cuando todo terminó, me sentí desinflada. Había estado tan emocionada por esta obra. Había estado esperando por algo como esto desde el primer año y ahora estaba aquí y era insoportable.


Eric fingía cierto optimismo, diciendo que las cosas mejorarían en el escenario. No creo que nadie le creyera.


Y si lo hacían, esa extraviada esperanza disminuyó cuando tuvimos nuestro primer ensayo en el escenario, que si es posible, fue aún peor. El malestar entre Cade y yo parecía impregnar todo el elenco hasta que todo el mundo estaba rígido y crispado.


Las clases no eran mucho mejor.


Cade se quedó lejos de mí, y Kelsey seguía enfadada. Estaba totalmente sola.


Excepto por Justin.


Estaba aterrorizada por la profundidad de mis sentimientos por él. Las cosas eran demasiado buenas. Nada en la vida era así de increíble, al menos no en mi vida. Me detuvo antes de la preparación; el miércoles por la mañana.


—Bliss, espera un segundo.


Me tomé un tiempo guardando mis cosas, esperando que todo el mundo abandonara el laboratorio de computación. Cuando estábamos solos pregunté: —¿Qué pasa?


Sonrió: —Nada.


Luego me presionó contra la mesa de detrás de mí y me besó.


Jadeé en estado de shock, y su lengua irrumpió mi boca. No hice nada, pero parpadeé y entonces me había levantado sobre la mesa, sus caderas instaladas entre mis muslos abiertos, y su boca quemaba contra la mía.


No hubo lentitud en ese beso. Fue un momento de frenesí, robado, y yo estaba girando con deseo. Me aferraba a él, segura de que estaba a punto de caer a pedazos en sus brazos, y luego se retiró.


Tuve que concentrarme en respirar durante varios largos segundos antes de que se me ocurriera incluso enfadarme. Golpeé con fuerza sus bíceps.


—¿Estás loco? ¿En qué estabas pensando? ¿Qué pasa si alguien entra? —Le empujé a varios pies de distancia, y salté de la mesa, mis piernas inestables contra el suelo.

—Estaba pensando en que a pesar de que sean horas de la mañana, te ves increíblemente sexy.
Endurecí mi mirada:  —Lo digo en serio, Justin.
—Yo también —dijo. Me cogió por el codo y me llevo a la esquina más alejada de la sala, donde no podíamos ser vistos desde la puerta, y tendríamos aviso si alguien entraba—. Cuando se trata de ti, Bliss, soy muy serio.

¿Estaba dando a entender lo que yo pensaba que estaba insinuando? La mirada en sus ojos era peligrosa. No podía pensar con claridad cuando estaba tan cerca de mí. Intentó atraerme para otro beso, pero incluso fuera de la vista de la puerta, estaba demasiado asustada. Me sentía como esa primera noche juntos, en mi cama otra vez.


Giré mi cabeza, y sus labios encontraron mi cuello en su lugar.


Todo era tan confuso.


¿Cómo puedo querer algo tanto y no quererlo al mismo tiempo?


Una parte de mí quería doblar mis brazos alrededor de él y rezar porque sus labios nunca dejaran mi piel. Y una parte de mí quería correr gritando en la otra dirección.


La segunda parte salió ganando.


Me retiré de su abrazo y levanté una mano para impedir que me siguiera.


—No puedo. Tengo que irme. Quiero encontrar a Cade antes del ensayo de esta noche, a ver si podemos resolver las cosas.


Entonces huí del laboratorio, mi piel aún ardiendo de deseo.


Cade se había ido para el momento en que llegué a la sala de espera, y no logré estar a solas con él durante es resto del día. Pensé en pedir hablar con él antes del ensayo, pero todo estaba alrededor, mirando, y yo, sinceramente no tenía la energía.


Pero eso significaba que nuestro tercer ensayo comenzó tan probablemente como el resto.


Eric, que no tenía ni idea del drama fuera del escenario, estaba confundido. Creo que podría decir que todo provenía de Cade y yo, la razón por la cual nos mandó lejos. Dijo que sólo quería pasar más tiempo con el coro, pero todavía quería que nosotros trabajáramos un poco. Por lo tanto, nos mandó a un espacio del taller más pequeño para trabajar a solas... Con Justin.


Tenía que ser una señal del Apocalipsis. Cosas tan terribles sólo ocurrían cuando el mundo estaba a punto de terminar.


Envidiaba la compostura de Justin. No demostraba nada.


Yo, por el contrario, era un accidente de tren en forma humana.


Hicimos nuestra primera escena juntos dos veces. Cade estaba sin vida y yo era lamentable.


No importa cuantas veces Justin murmuró entre lineas 'Despierten' o '¡Más intensidad!'. Todavía lo hacíamos fatal.


Justin, que sabía de lo que ambos éramos capaces de hacer, se volvía cada vez más frustrado. No se molestó en fingir optimismo.


—Tomaros cinco minutos de descanso.


Fui al baño y salpiqué mi cara con agua. Esto tenía que parar. Si pude actuar junto con Dom, ciertamente puedo actuar junto a Cade, no importa cómo de molesto esté. Era mi mejor amigo, pero tengo que aprender a dejar de lado mis emociones y pensar en él como cualquier otra persona si quería ser actriz.


Sintiéndome un poco mejor, hice mi camino de regreso a la sala de taller.


Cade y Justin ya estaban dentro hablando.


—Sé que hay cosas personales entre los dos, pero tienes que superarlo —dijo Justin.

—Estoy tratando. No es así de simple.

Justin estaba de espalda a mí, pero podía ver la cara de Cade, que estaba pálida y arrugada, como una pieza desechada de papel. Me atraganté, deseando que todo esto terminara o que nunca hubiera sucedido.


 —No te estás esforzando lo suficiente. Así que, ella no correspondió a tus sentimientos. Así es la vida. —Mi mandíbula cayó. ¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Justin, quién había sido tan dulce y comprensivo cuando me reuní con él sobre esta misma pelea?—. Eso pasa. Tienes que crecer. ¿Eres un actor o no? No puedes dejar que tus sentimientos por ella dicten tu vida.


Mi boca se secó, y un duro bulto se formó en mi garganta.


Empuje la puerta el resto del camino y dije: —Es suficiente. —El fuego en mi voz me sorprendió, pero no debería haberlo hecho. Odiaba ver a Cade herido y finalmente no era solo yo la causa. Las palabras de Justin se habían hundido bajo mi piel, dolientes, y mis manos temblaban con ira.


Cade pareció horrorizado al verme.


Justin no lucía culpable, lo que sólo hizo que mi ira ardiera más caliente. Caminé hasta que estuve entre los dos, bloqueando a Cade de la vista.


 —Esto no es asunto tuyo —le dije a Justin.


Se volvió hacia mí, y su cara entera parecía cerrarse con su ceño fruncido. —Es mi asunto cuando ambos traen problemas ajenos al ensayo.


Sabía, lógicamente, que tenía razón. Y yo sabía que era mi maestro y este era su trabajo, pero el juicio en su tono me hirió de todas formas.


Y yo lo quería herir de vuelta.


—Probablemente tiene razón —dije—. Tal vez las relaciones no tienen cabida aquí. Es una mala idea mezclarlos, ¿no cree?


Estaba tan tranquilo, que me hizo querer sacudirlo. Quería hundir mis dedos en su hombro y empujar y tirar y empujar.


—Bliss, estás siendo poco profesional.

—¿Estoy siendo poco profesional? Oh, ¡qué gracioso, viniendo de ti!
—Tú y yo podemos hablar sobre esto más tarde. —Su mano tocó mi codo, y odié que incluso enfadada, su toque hiciera mis rodillas débiles. Me alejé.
—No quiero hablar de esto más tarde. Sólo quiero que dirijas. Quiero que permanezcas fuera de mis asuntos con Cade. ¿Me oyes? ¿Entiendes? Mantente alejado. Eso es todo lo que quiero de ti.

Finalmente, algo en su expresión calmada se agrietó. Apretó su mandíbula, y por un segundo apretó sus ojos, cerrándolos. No se sentía tan bien como pensé que sería verlo afectado. Y ya quería retractarme.


—Está bien. —Levantó las manos y repitió—: Está bien. Como director, ambos necesitan conseguir juntar su mierda antes del próximo ensayo, a menos que quieran empezar a buscar sus suplentes. Pueden retirarse.


La puerta se cerró de golpe en su salida, y escuché el eco una y otra vez en mi mente. Fui tan estúpida. Hacer esto ha sido tan estúpido.


Me había olvidado casi por completo que Cade estaba allí hasta que él dijo: —Santa mierda, Bliss. ¿Él es el tipo?


Podría haberlo negado. Podría haberle contado toda la historia. Podría haberme marchado. Pero me sentía demasiado vacía para moverme. Me derrumbé sobre mis rodillas, envolviendo mis brazos alrededor de mi cintura como si de alguna manera me mantuviera unida, como si con agarrarme lo suficiente fuerte, el dolor no fluiría.


Pero lo hizo.


Y los espacios vacíos en mí estuvieron súbitamente llenos de palabras de las que arrepentí y la vergüenza que sentía y la ausencia de él. No había nada más que hacer, salvo llorar.


Salió de mí, lento y constante, subiendo como la marea, arrasando con todo lo que había amado de nuestro tiempo juntos.


Una mano tocó mi hombro, y me di la vuelta, esperando.


Era Cade.


Lento e inseguro, se arrodilló junto a mí y me tomó en sus brazos. Dudé por un momento, sabiendo como se sentía, sabiendo lo difícil que debía ser para él, sabiendo que como de costumbre era demasiado bueno para mí.


Entonces no pude resistir más. Yo ya era egoísta, ¿cuál era el daño?


Me hundí en sus brazos, y lo dejé ir. Era el grito horrible de todos los gritos horribles, pero no me importaba. Porque mi capacidad para arruinar las cosas buenas no tenía límites.


—Está bien —dijo Cade—. No fue tan malo.

—¿No fue tan malo? —Froté mis ojos, y mis manos se mancharon de negro—. Ha sido horrible. Pero a como las rupturas funcionan, creo que fue bastante mala.

Él se puso rígido.


—¿Vosotros dos estabais juntos? ¿Cómo realmente juntos?

—Durante un par de semanas, técnicamente, antes de que lo arruinara. —Dios, no es de extrañar que siga virgen. Debo de haber roto todo un mundo de espejos en una vida pasada.

Contra todo pronóstico, a él realmente le había gustado mucho. A pesar de que salí corriendo de él durante el sexo con una terrible excusa. A pesar del hecho de que todavía no había dormido con él. A pesar de como terrible y jodidamente torpe era yo. Le gustaba. Sollocé nuevamente, porque no era justo.


—Te gusta mucho, ¿no?


Luchando por respirar, asentí.


—Sí. Sé que es una locura. Sé que es estúpido. Pero, pero... nos conocimos antes de que fuera nuestro profesor, y yo no puedo simplemente olvidarlo. Lo intenté. Lo intentamos. Supongo que tendré que olvidarlo ahora.


Cade me meció hacia adelante y hacia atrás, y a pesar de que era muy agradable, me hizo sentir joven e inmadura. Poco profesional, tal y como había dicho Justin.


—Él te perdonará —dijo Cade—. Yo lo haría.


Quería preguntar si eso significaba que Cade me había perdonado ahora, pero tenía demasiado miedo. Así que me quedé en sus brazos, llorando y callada, en caso de que esto fuera sólo un respiro temporal, en caso de que esto fuera todo lo que obtendría.


Para cuando salimos del estudio, el ensayo había terminado, y todos los demás se habían ido. Me acompañó hasta mi coche, y me puse a esperar... esperando que quizás estuviéramos bien. No me besó en la mejilla como lo hubiera hecho antes. Descansó una mano en mi hombro. Y aunque fue diferente, era suficiente.


—Todo va a ir bien —dijo. Y esperaba que estuviera hablando de todo... sobre nosotros, sobre Justin, de la vida.


Necesitaba que todo fuera bien.

jueves, 17 de octubre de 2013

First Love. Capítulo 20.

Éxtasis, el club estaba oscuro y nublado cuando entramos. El ritmo de la música latía a través de las paredes y el suelo, penetrando en mi piel, me senté en un taburete de la barra. Esta no era mi escena en absoluto, pero Kelsey amaba estos momentos. Me imagine que todo lo que tenía que hacer era pasar el rato en el bar, tal vez hablar con un chico o dos para que ella saliera de mi espalda. Luego, probablemente, ella iría a casa de algún tipo y yo me iría en su coche.  

Así es como estas cosas suelen ser. 

Lo que no había previsto era la forma en la que mi cambio de atuendo iba a cambiar el plan normal. Estuvimos apenas en las puertas como un minuto antes de que un chico me invitara a bailar. Me negué, por lo cual me gané una mirada de Kelsey. 

—¿Qué? —le grité sobre la música. —Tú dijiste que tenía que venir, no que tenía que bailar. 
—¡Eres la persona más exasperante que he conocido! ¡Te ves humeantemente caliente esta noche, y todo lo que vas a hacer es sentarte aquí y hacer pucheros como siempre!
—¡Entonces tal vez deberías haber dejado que me quedara en casa para hacer pucheros!

Un chico dio un golpecito en mi hombro, y yo ni siquiera esperé a que preguntara algo antes de decirle. 

—¡NO!

Kelsey puso las manos en sus caderas y, para una chica que lucía como una Barbie, todavía era bastante intimidante. 

—Me doy cuenta de que estás molesta y tienes mucho que hacer. Estoy tratando de ser comprensiva, pero ¿cuál es tu problema? 
—¡No tengo un problema, Kelsey! Simplemente no me gusta que creas que me puedes arrastrar a lugares sin ningún tipo de preocupación por lo que yo realmente quiero. 
—¡Bien! ¡No importa! ¡Me rindo! ¡Siéntate aquí y haz pucheros! ¡Me voy a bailar! 

Se dio la vuelta y se abrió entre la multitud, derribando varias bebidas y golpeando a la gente fuera de su camino. Esa Barbie daba miedo. 

Me di la vuelta en el taburete, consciente del hecho de que mi falda corta estaba hecha de tal manera que mis piernas desnudas estaban pegadas al plástico. No me sorprendería que se me viera un poco el trasero, pero, en ese momento, estaba demasiado molesta como para preocuparme. 

Ordené un Jack con CocaCola y me quedé allí mientras esperaba. Sabía que tenía buenas intenciones, pero la solución a todos los problemas del mundo no eran fiestas. 

Siempre había sabido que éramos personas muy diferentes, pero nunca me había dado cuenta de lo mucho que ella no me entendía. 

—¿Puedo invitarte a un trago? —Una voz me preguntó por encima del hombro. 

Levanté mi copa llena sin mirar quien era y él la ignoró. 

El tipo se sentó junto a mí de todos modos. Se inclinó para preguntarme algo más, y le espeté. 

—¡No estoy interesada! 

Entonces una voz familiar respondió.

—Me alegro de oír eso. 

Casi me caigo de la silla cuando entendí el acento. 

—¡Justin! 

Justin era el tipo sentado junto a mí, una gorra calada hasta los ojos, cubriendo su suave y precioso pelo. 

No había sonado como Justin cuando había hablado. 

—Sonabas como...

Cuando respondió esta vez su acento se había ido, y se escuchaba estadounidense. No un dialecto particular, sólo... normal. 

—Soy un actor, Bliss. Sé cómo cubrir mi acento. 

Todavía en shock, le pregunté:

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y si alguien te ve? 
—Estoy de incógnito, algo así. Y si alguien lo hace, sólo voy a decir que nos encontramos el uno al otro por casualidad. Soy un profesor. No se supone que me tenga que comportar todo el tiempo como tal y no tener vida social. 
—¿Pero por qué?
—Porque yo no podía soportar la idea de que bailaras con alguien más en esa falda. 

Su mano rozó mi muslo, y todo el calor de antes salió corriendo hacia atrás. 

—¡Justin, para! ¡Alguien va a ver! ¿Qué pasa si Kelsey vuelve? 
—Con base a la forma que habéis hablado hace un rato, yo no creo que eso suceda pronto. 

Me encogí de hombros. 

—Vamos. 

Se puso de pie, y me ofreció una mano. Miré a mi alrededor, con miedo de cogerla. Estaba tan oscuro. Si había alguien aquí que conociéramos, no tendríamos forma de saber a menos que nos encontráramos cara a cara. Esto era demasiado grande para una oportunidad. 

—Deja de pensar tanto —me dijo y pasó un brazo alrededor de mi cintura deslizándome del asiento. 

La piel desnuda de mis muslos chilló vergonzosamente contra el asiento, pero él no parecía darse cuenta o preocuparse. Enroscó nuestros dedos juntos y me atrajo a la multitud. 

Mantuve la cabeza baja, concentrándome en poner los pies justo donde tenían que ir. Me condujo a un nivel inferior, donde estaba de alguna manera más oscura y los cuerpos eran apretados fuertemente. No veía a la gente que estaba a mi lado. Tiró de mí hasta que estuvimos en el último rincón, y luego me tiró entre él y la pared. Estaba de espaldas al resto de la habitación, y su alta figura me cubrió por completo. 

Su aliento le hizo cosquillas a mi oreja mientras el susurraba. 

—¿Mejor? 

Asentí con la cabeza. Era mejor. Quiero decir, todavía estábamos en un club y yo prefería haber estado en casa solos, pero esta era la mejor experiencia en un club que jamás había tenido. 

Aún a sabiendas de lo que sentía por mí, estaba demasiado nerviosa para bailar con él cara a cara. Así que me volví hasta que mi espalda estaba presionada frente a él. Sus manos se dirigieron de inmediato a mis caderas, tirando de mí en su contra. La sensación sacó todo el aire de mis pulmones. 

Cerré los ojos para no tener que mirar a la pared y traté de dejar que la música corriera a través de mí. Poco a poco, su cadera se inclinó hacia adelante, y yo le seguí, empujándome hacia atrás contra él. Exhaló contra mi oído, y envió escalofríos por mi espina dorsal. Deslizó una mano por mi cadera hasta mi estómago. 

Con los dedos extendidos, su pulgar descansaba una pulgada por debajo de mi sujetador y arrastró sus dedo meñique a la cintura de mi falda. Usó esa mano para tirar de mí hacia él, al mismo tiempo que rodó su cadera formando un círculo. 

Estrellas bailaban detrás de mis ojos cerrados y mi latido iba a juego con el repiqueteo constante de la música. Su cuerpo contra el mío parecía magnificar la habitación ya calentada, y sentí que el sudor comenzaba a mojar mi cuello. Sus caderas siguieron rodando al ritmo de la música, lenta y sensualmente, pero una vez cada mucho tiempo y en un tiempo fuerte, su cadera empujó con más fuerza la mía. Sus labios rozaron la piel de mi cuello y me estaba cayendo, cayendo, cayendo en el sentimiento. 

No fue suficiente, ¿podría alguna vez tener suficiente de él? Llevé mis manos arriba y detrás de mí, enredándolas en su pelo, y él tarareaba su aprobación. La mano sobre mi estómago se acercó, corriendo ligeramente de mi brazo en alto por mi lado. El rozó el costado de mi pecho, y el toque me hizo temblar, sus deseos se ampliaron cuando sus dedos pasaron de la falda indecente, a mi muslo. 

La canción había cambiado, pero nosotros no lo hicimos. Sus manos seguían volviéndome loca. Nuestros cuerpos se quedaron fuertemente apretados. Todavía estaba tan excitada que me sentía mareada de deseo. Todo el mundo daba vueltas, y nosotros estábamos parados todavía. O tal vez éramos nosotros los que estábamos dando vueltas. Todo lo que sabía era que estaban todos los demás y luego estábamos nosotros, y nunca quise que fuera de otra manera. 

Encontró ese punto debajo de mi oreja, y gemí. Me alegró que la música se tragara el sonido. Mordisqueó mi cuello con los dientes y le clavé las uñas en el suyo como respuesta.

—Dios, Bliss. ¿Tienes alguna idea de lo mucho que te deseo?

Nuestras caderas giraron otra vez, y yo estaba segura de que tenía una idea bastante buena. 

La canción terminó, y todo lo que pude tomar acerca de todo esto. Deslicé mi teléfono fuera de mi sujetador, donde se había escondido muy bien. Justin gimió y apretó nuestras caderas juntas otra vez en respuesta, pero me concentré en mi teléfono. Mis manos estaban temblando, pero me las arreglé para escribir un texto a Kelsey. 

Conocí a alguien. Me estoy yendo. Lo snto pro t veo luego. Hablamos mña?

No esperé por una respuesta antes de que Justin me llevara hacia la salida. 

Por una vez, no me importó lo rápido que nos fuimos en su moto. Me agarré con fuerza y trató de llevarnos más rápido a mi casa. 

Sus labios estaban en mi cuello incluso antes de que pusiera la llave en mi puerta. Mi respiración era tan pesada que sólo podía llamarse jadeando. Cuando por fin tuve la puerta abierta, lo empujé con tanta fuerza que se estrelló contra la pared. Mañana tendría que comprobar y asegurarme de que no había un agujero. Tan pronto como la puerta estuvo cerrada, nos estábamos besando. 

Había tirando de mis tacones entre la moto y mi puerta, y ahora sin ellos, él estaba demasiado lejos. El pensamiento debe habernos ocurrido a ambos al mismo tiempo, porque sus manos dejaron mis muslos, y cogió mi trasero, levantándome para que pudiera envolver mis piernas alrededor de su cintura. 

Mi espalda se estrelló contra la puerta, y jadeé. Su lengua se deslizó en mi boca, meneándola dentro y fuera, rápido y fuerte, exactamente de la manera que me gustaba. 

—Cama —Jadeé entre besos. 

Se echó hacia atrás lo suficiente para decir. 

—¿Estás segura? 

Luego, nos estábamos besando de nuevo, y el ritmo se había puesto tan seductor e hipnotizante como la música que había estado en el club. 

Él volvió a preguntar. 

—Bliss, ¿estás segura?

¿Estaba segura? ¿Por qué él me estaba haciendo estas preguntas? ¿Se daba cuenta de que sólo quería besarlo? Deseaba besarlo hasta que el resto del mundo desapareciera. 

—Cama —le dije otra vez.
—Esa no es una respuesta. 

Se dirigió a la habitación de todos modos. 

Me aferré a él con fuerza, transfiriendo mis besos en la mandíbula y el cuello para que pudiera concentrarse en caminar. 

De alguna manera me las arreglé para quedar atrapada en las cortinas. 

Igual que literalmente atrapados. 

Mi pendiente estaba atrapado en el material y no me di cuenta hasta que él siguió caminando. El dolor atravesó mi oído y el lado de la cabeza. 

Grité en respuesta. 

—¿Qué? ¡Lo siento! ¿Qué pasa? ¿Qué debo hacer?
—Oreja. —aparentemente, lo había reducido apenas a una palabra. 
—Maldición. Quédate quieta. 

Trató de usar ambas manos para liberar mi pendiente, pero luego perdió el equilibrio, y ambos nos estrellamos contra el costado de mi tocador que estaba justo dentro de mi dormitorio. 

A juzgar por la forma en que mi codo estaba adolorido, iba a tener un enorme golpe mañana. 

Cuando el dolor se calmó, me reí, porque, como de costumbre, mi vida era ridícula. Y con la suerte que tenía, era una de esos mitad risa mitad híbridos. Los dos nos reímos hasta quedarnos sin aliento por una razón completamente diferente ahora. Mi cara estaba adolorida por el golpe del tocador. 

Mi pendiente aún sujeto a la cortina, y mis piernas todavía estaban alrededor de su cintura. Entre risas, Justin me dio un beso dulce en la frente. 

Tal vez la ridiculez no era tan mala. 

—Está bien, vamos a desenredarte. Te voy a bajar, ¿de acuerdo? 

Me puso suavemente en el suelo, y mi pulso en estampida, comenzó a desacelerarse. Lo intentó durante unos minutos para liberarme, pero sus dedos eran grandes y torpes. Finalmente le dije: 

—Sólo deshaz el pendiente. Voy a sacarlo de la cortina mañana. 

Riendo, hizo lo que le pedí. 

Mientras que antes me sintiera como si estuviera ardiendo en nuestro beso. Ahora, el calor que se extendió a través de mí era diferente, más dulce. Luz de las velas en lugar de una llama abierta. 

Se frotó el hombro que había golpeado al tocador y dijo:

—Estamos un poco en líos. 

Pellizqué mis dedos juntos y dije: 

—Un poquito. 

Acurrucó una mano alrededor de mi cuello, y me atrajo hacia delante, presionando otro beso en mi frente. Cerré los ojos, pensando que así era como se sentía la perfección. 

—Creo que tal vez esa cortina nos hizo un favor. Tus piernas en esa bonita falda casi mataron mi autocontrol. 

Sonreí.

—Te dije que nunca me he dejado llevar. 
—Oh, estoy definitivamente contento de que te dejaras llevar. Es un recuerdo que atesoraré por un muy largo tiempo. 

Le di una palmada en el brazo, pero no me importó la sonrisa pícara. 

—Probablemente debería irme ahora, antes de que pierda la cabeza otra vez —dijo él. 

Lo dejé ir, a pesar de que una gran parte de mí estaba gritando en protesta. Y cuando se fue, yo celebré, casi de la misma manera que cuando me enteré que había conseguido entrar al reparto de Fedra. 

Bailé. 

Porque... finalmente... las cosas iban bien. 

martes, 8 de octubre de 2013

First Love. Capítulo 19.

Todavía estaba un poco enfadada con Justin cuando me fui esa noche, pero cuando me acompañó a mi puerta y me preguntó que hacía al día siguiente, no estaba lo suficientemente enfadada para mandarlo a pasear. Cade no me hablaba, y no sabía nada de Kelsey, así que le dije que estaba libre, e hicimos planes para cenar en mi casa. 

Dormí en mi cama demasiado cómoda para levantarme de ella hasta el mediodía .Luego me distraje con una ducha extra larga, seguida de tareas, después un libro. Cuando miré el reloj, todavía eran sólo las 15:00 p.m.

Cogí mi ordenador, y busqué: Teatro Filadelfia. 

Me encontré con un sitio web de la alianza de teatro que daba información sobre un montón de teatros en la ciudad, así como ofertas actualmente en ejecución, leyendo descripciones de puestos de trabajo, y marcando unas cuantas páginas. 

Mi móvil sonó, pero sonaba muy lejos. Intenté seguir el sonido pero el sonido terminó antes de que fuera capaz de ir más allá de la sala de estar. Por suerte, el que llamaba era persistente, y llamó otra vez unos minutos más tarde. Estaba sin duda en alguna parte cerca del sofá. Saqué almohadones, pero no encontré nada. Registré bajo papeles y libros, todavía nada. Por último, me tiré al suelo y miré debajo de la cama. Allí estaba, iluminando la oscuridad polvorienta debajo de mis muebles. Y justo al lado de él, mirándome, estaba Hamlet. 

Ese breve interludio de dulzura que había visto de ella en el albergue aún tenía que hacer otra aparición. Y no tenía ninguna duda de que de alguna manera había arrastrado mi móvil allí debajo para fastidiarme. 

—Escucha, gato, no sé porque me odias tanto, pero debes de haber perdido el norte. Yo te rescaté. —Acostada sobre mi estómago, me apreté bajo el sofá, tratando de alcanzar mi móvil. —Se supone que debes estar agradecida. 

Cuando mi mano se acercaba, ella soltó el ya familiar gruñido. 

—Sí, sí, cállate. 

Tuve que empujar la mitad de mi cuerpo en la hendidura entre los muebles y el suelo para llegar a mi móvil y salir fue aún más incómodo que meterse. 

2 llamadas perdidas de MAMÁ. 

Gemí. Tan sólo debería haberlo dejado debajo del sofá. En ese momento, sonó otra vez, por tercera vez. Respondí: —Hola, mamá. 
—¿Por qué no contestaste las primeras dos veces? ¿Está todo bien? 
—Estoy bien, mamá. No podía encontrar mi teléfono. 
—Oh, bueno, realmente deberías tener un lugar para ponerlo cada vez que llegas a casa, de esta forma siempre sabrás donde está. 
—Lo tendré en cuenta, mamá. 
—Por lo tanto, tu desorganización es noticia vieja. ¿Qué más está pasando en tu vida? —Lo juro, mi madre era la única persona en el mundo que no creía que yo fuera una neurótica fanática del control porque era infinitamente peor. Ella hizo la pregunta inevitable. —¿Has conocido a alguien? 

Rodé mis ojos, lo que nunca podría haber logrado entando cara a cara. 

—Estoy bastante ocupada con la escuela, mamá. De hecho, acabo de conseguir un rol como protagonista en una obra. 
—Oh, eso es bueno, —dijo ella con suavidad. Pensaba que meterme en teatro era un desperdicio de mi inteligencia. 
—En realidad es una especie de gran cosa. 
—Por supuesto que lo es cariño. Ya sabes como tu padre y yo nos preocupamos. Nos sentiríamos mucho mejor si tuvieras a alguien que cuide de ti financieramente. 

Se oyó un golpe en la puerta, y me fui a contestar mientras hablaba.

—En primer lugar, la seguridad financiera no es una razón suficiente para casarse, madre, incluso si eso te hace sentir mejor. En segundo lugar, no necesito un hombre para que cuide de mí. Yo puedo cuidarme a mi misma. —Justin estaba al otro lado de la puerta, casi una hora antes, y se puso a escuchar el final de mi discurso. Arqueó una ceja, sonriendo, y si yo pudiera haber alcanzado, a través de mi teléfono, para estrangular a mi madre, lo hubiera hecho. 
—De todos modos, me tengo que ir mamá. Tengo compañía. 
—¿Es compañía masculina? 
Gemí y le dije: —Adiós. 

Colgar se sintió tan bien. Estuve tentada a llamarla de vuelta y hacerlo por segunda vez. 

Justin sonrió: —Tu mamá se parece mucho a la mía. 

Lo fulminé con la mirada. 

—Llegas temprano —dije.  

Yo sólo me había recogido el pelo mojado en una cola de caballo esta mañana . Había estado pensando en alisarlo antes de que venga, pero ahora sólo me veía desaliñada. Y después de arrastrarme por debajo de la cama, estaba llena de polvo, también. 

—¿Está bien? 

Probablemente sería bastante desagradable decirle que se vaya a casa y que vuelva en una hora. 

—No, está bien. Puedes ver la televisión o algo así. Sólo necesito un segundo. —Le hice señas hacia la sala de estar, y me metí en mi cuarto, preguntándome cuánta mejora podría hacer en cinco minutos. 

Tiré de la banda de mi pelo, y miré el desorden ondulado y húmedo que tenía que trabajar. No había tiempo para que se seque y alisarlo. Y si lo dejaba sin alisar, tendría una bola de pelusa por pelo. Usé mis manos para desordenarlo un poco más, entrujándolo en mis manos, esperando hiciera un aspecto rizado. Trabajé un poco de espuma en él, pero eso fue todo el tiempo que tuve. Me puse rápido una capa de máscara y una poco de lápiz de labios, esperando que él estuviera bien con la apariencia al natural. 

Cuando salí de mi habitación, estaba tendido en mi sofá, viendo la televisión, y Hamlet estaba acurrucada en una bola apretada sobre su pecho. Me quedé en estado de shock, seguro que estaba soñando. 

Se dio la vuelta y me quedó mirando. 

—Hey, tu cabello es rizado. —Asentí. Casi siempre lo llevo liso. Él dijo: —Me gusta. 

Me quedé estancada todavía en el hecho de que mi gata estaba sentada felizmente en su pecho... ronroneando. Él tenía poderes mágicos. Esa era la única respuesta. 

—Ven aquí —dijo, sentándose, y movió a Hamlet a su regazo. Me senté con cautela, a pocos metros de distancia. 
Señalé a Hamlet, y le dije: —¿Cómo hiciste eso? 
—¿Qué? 
—Conseguir sostenerla. 
—¿Es ella? —preguntó. 
—Sí y ella odia a todo el mundo. Especialmente a mí. 
—¿Tu propio gato te odia? 
—Estamos trabajando en nuestros problemas. 
Se echó a reír. —Tal vez está molesta de que le diste nombre de chico. 

Alcé una mano para acariciarla y, como siempre, recibí un gruñido de recompensa. Justin pensaba que el odio de Hamlet hacia mí era muy gracioso. Y siguió abrazándola, lo que significaba que estaba relegada al cojín contrario, porque mi gato me había robado a mí... lo que fuera. 

Puaj. Eso era algo que no quería pensar. Quiero decir, obviamente, era una relación secreta, por lo que necesariamente no necesitábamos etiquetas, pero tenía curiosidad. ¿Qué pasaría cuando el año terminara? ¿Incluso duraríamos tanto tiempo? 

Me levanté para comenzar la cena y así distraerme. 

Hice espaguetis, porque era lo único en que confiaba no estropear cuando estaba nerviosa. Y bueno... yo siempre estaba nerviosa alrededor de Justin. Al parecer, tuvo el efecto contrario en Hamlet, que estaba profundamente dormida en su regazo. 

Vi mi ventana de oportunidad para lo que había estado anhelando desde que llegó. 

Dejé la comida en el fuego, y me dirigí al sofá. No me senté por temor a despertar a la mal humorada, pero puse una mano en su hombro, y me incliné para darle un beso. Puesto que sus manos estaban atrapadas debajo de Hamlet, tuve que controlar el beso. Mis manos encontraron su pelo, que era tan suave y adictivo como siempre, y profundicé el beso. Lo besé fuerte, ya que podía, y él no hizo ningún esfuerzo para detenerme. Fue el beso que había querido la noche anterior y que él se había negado a darme. 

No quería retirarme, pero la cena estaba en marcha. Sus ojos eran oscuros cuando nos separamos. 

—Creo que podrías ser un poco malvada —dijo. 

Me eché a reír. 

—Sí, yo planeé todo esto. Hamlet estaba metida en esto, también. 
—Bésame otra vez. 

No tuvo que pedirlo dos veces. 

Cada vez que nos besamos, mi confianza crecía más fuerte. Cuanto más lo conocía, más audaz me sentía. Me gustaba... casi tanto como me gustaba él. 

Alguien llamó a la puerta, tres golpes fuertes, seguidos por otros tres, sólo unos segundos más tarde. Nuestra respiración era todavía entrecortada por el beso, y no estaba segura de si el demasiado rápido latido de mi corazón se debía a Justin o al shock. 

—¿Esperas a alguien? —susurró. 

Negué con la cabeza. 

Otros tres golpes, y luego Kelsey gritó a través de la puerta. 

—¡Sé que estás allí, Bliss! ¡Abre! 
—Mierda. 

No hice ningún esfuerzo por ser amable mientras recogí a Hamlet del regazo de Justin, y ella se dejó caer en el sofá. Casi ni me di cuenta del gruñido, se había convertido en algo tan común. 

Agarré a Justin, y tiré de él hasta ponerlo de pie. No tenía ni idea de donde ponerlo, pero decidió que el baño era probablemente mejor que el dormitorio, ya que en realidad había una puerta. 

Lo empujé dentro. —Lo siento. Me desharé de ella, te lo prometo. 

Si hubiéramos ido a su casa... 

Me froté los labios, esperando que no estuvieran tan hinchados como se sentían. Me pasé una mano por el pelo y, cuando estuve segura de que no había nada manifiestamente fuera de lugar, abrí la puerta. 

Kelsey campante caminó por delante de mí. 

—Ya era hora maldita. ¿Qué estabas haciendo? 

Fingí un bostezo. 

—Oh, ya sabes, simplemente holgazanear. 

Ella rodó los ojos, y me miró como si yo fuera la frustrante. 

—Es una buena cosa que haya venido entonces. No voy a dejar que te quedes en casa un sábado por la noche abatida por la cosa con Cade. 

Agarró mi muñeca y me llevó a mi habitación. Por lo tanto, el cuarto de baño había sido la decisión correcta. 

—No estoy abatida —le dije—. ¿Y cómo sabes acerca de la cosa con Cade? 
—Porque todo el mundo lo sabe, cariño. Lo cual, por cierto, estoy cabreada de que no me dijiste que todo este drama estaba pasando. 
—Genial. Realmente no hay mucho drama. Vamos a arreglar las cosas pronto, estoy segura —le dije. 
—Oh, cariño, ¿no escuchaste? Cade casi rechazó el papel de Hipólito. No lo hizo, gracias a Dios. Rusty le convenció de lo contrario. Pero yo no lo llamaría 'no mucho drama'. 

Me dejé caer en mi cama, mis entrañas retorciéndose como un trapo exprimido. ¿Cade estaba así de molesto? ¿Renunciaría a esa genial parte sólo para que no tuviera que estar cerca de mí? 

La voz de Kelsey vino de mi armario, y tuve un deja-vú de la noche en que todo esto empezó. Comenzó sacando tops y faldas, y pregunté: 

—¿Qué estás haciendo? 
—Vamos a salir. Necesitas recordar que un mundo existe fuera de tu apartamento. 
—No, Kelsey, en realidad preferiría que no —Pensé en Justin en mi cuarto de baño, y me pregunté si nos podía oír. 
—Te jodes. No te estoy dando una opción. No he estado bailando por siempre, y necesito de una celestina. 

Gemí y me dejé caer otra vez en la cama. Ella soltó una falda en mi cara. 

—Vístete. 

Entonces recordé la excusa perfecta. 

—No puedo. Tengo la cena cocinándose. 
—Genial. Me muero de hambre. ¿Qué vamos a comer? 

A veces pensaba que mi vida sería más fácil si estuviera sin amigos. 

Volví a la cocina, y ella me siguió. Había dejado la salsa un poco demasiado tiempo y se había quemado en los bordes. Tanto para no estropear espaguetis. 

—Caray mujer, ¿estabas planeando comer con tus problemas? ¡Hiciste suficiente para tres personas! —Yo sólo me encogí de hombros. No tenía nada que explicar de porque estaba cocinando para dos personas (una con un apetito muy grande) 

Puse un poco de espagueti en nuestros platos, tratando de dejar un poco a Justin, a pesar de que no tenía ni idea de cuanto iba a llegar a comer. 

Comí rápidamente, dejando a Kelsey dominar la conversación, que era acerca de cuánto tiempo había pasado desde que había tenido sexo realmente bueno. 
Asentí a lo largo de la conversación, riendo el los lugares correctos, metiendo comida en mi boca todo el tiempo. Limpié mi plato antes de que ella hubiera tocado el suyo. Puse mi plato en el fregadero, y luego me dirigí hacia el pasillo. 

—¿A dónde vas? —preguntó Kelsey. 

Dije ''baño'' por encima de mi hombro, y seguí caminando. 

Cuando llegué a la puerta, miré por encima de mi hombro, alegre de encontrar a Kelsey preocupada por sus espaguetis, y me deslicé dentro del cuarto. 

—¿Se ha ido? —preguntó Justin. 
—Shhhh —Estaba apoyado en el fregadero, y llegué a su alrededor para abrir el grifo para cubrir nuestros susurros. —No. Lo siento. Ella está comiendo nuestros espaguetis. 

Sus labios se fruncieron, y me incliné hacia adelante, sofocando mi risa contra su pecho. 

—¿Ella se irá pronto? 

Levanté la mirada, pero me mantuve cerca de él. 

—No. Ella cree que estoy deprimida por Cade, y está decidida a obligarme a salir. 

Me atrajo hacia él y presionó su rostro en el espacio donde el cuello se curvaba en mi hombro. Dejé escapar un gruñido que era extrañamente parecido a los de Hamlet. 

Envolví mi brazos alrededor de él, del mismo modo decepcionado. 

—Lo sé. Esto es una mierda. 

Como si le hubiera dado una idea, sus labios cubrieron mi punto de pulso, succionando suavemente. Me reí, y lo empujé hacia atrás. 

Como si fuera una señal, Kelsey llamó a la puerta. 

—¡Basta de hacer tiempo, chica! ¡He seleccionado tu ropa! —El pomo de la puerta comenzó a girar, y corrí a interceptarla. 

Mantuve mi pie en el camino para que sólo una abertura se formara. 

Le dije: —No estoy ganando tiempo, sólo preparándome. Pásame la ropa, y voy a cambiarme. 

Parecía sospechar mi emoción fingida. Nunca me emocionaba cuando me sacaban de esta manera. Seguí sonriendo, como que tal vez la tensión había llegado a mí, y tan sólo había enloquecido finalmente. 

Me pasó la ropa, y antes de que tuviera oportunidad de responder, empujé la puerta cerrada y eché llave lo más silenciosamente que pude. 

Cuando me di la vuelta, Justin estaba desplomado en el inodoro. Encendí la radio, poniéndola hasta lo más fuerte que podía soportar, y cerré el grifo. 

—Lo siento, Justin. 

Sentado, su cabeza estaba a la altura de mi pecho, y apoyó las manos en mis caderas, tirándome hacia delante. 

—Esta bien, amor. Esto tenía que suceder tarde o temprano. 
—Me gustaría que pudieras venir conmigo. 
—A mi también, amor. Pero está bien. Cenaremos en otro momento. Tú debes cambiarte. Cuanto antes salgas de aquí, menos probable que seamos atrapados. 

Asentí con la cabeza. Mis manos temblaban ligeramente mientras sacaba la ropa de mi pecho. 

Dijo: —Voy a cerrar los ojos. —Y le di un agradecido beso rápido en la mejilla. 

Sonriendo, cerró los ojos, y luego apoyó los codos en las rodillas y la cara entre las manos. Tan rápido como pude, me quité mi camisa, y deseché mis pantalones cortos. Me puse un top negro sobre la cabeza, y luego recogí la falda. 

Mi estómago cayó. 

Era esa terrible, horrorosamente corta minifalda. Debo de haber hecho un ruido, porque Justin levantó la cabeza. Mantuvo los ojos cerrados mientras preguntó. 

—¿Está todo bien?
Le dije: —Sí. 

A pesar de eso, estaba pensando: Demonios, no. 

Me deslicé en la falda. y era tan corta como la recordaba. Suspiré. No había manera de que pudiera usar esto. 

Llevé una mano al hombro de Justin, queriendo decirle que iba a salir para buscar otra cosa, pero sus ojos se abrieron y se fijaron en mis piernas, que de repente se sintieron débiles, como piscinas de telas en vez de músculos y carne y hueso. 

Una de sus manos se cerró alrededor para hacerme cosquillas en la parte posterior de la rodilla, y tuve que mantener el equilibrio con una mano en su hombro para evitar que colapsen. 

—Estás tratando de matarme, ¿verdad? —se atragantó—. ¿No es esta falda que me dijiste que nunca usarías? 
—Y no la usaré esta noche. Voy a volver a mi habitación para encontrar algo más. 

Me volteé, y su otra mano me tocó el muslo. 

—Espera. 

Sus manos treparon hasta el indecentemente corto dobladillo, y alrededor de la parte posterior de los muslos, a pocos centímetros por debajo de la curva de mi trasero. 

—Tu. Eres. Increíblemente. Sexy —Su voz era tan baja que retumbó y pude sentir las vibraciones empapando mi piel. Se inclinó y marcó cada palabra con un casto beso por el costado de mi muslo. Yo podría haber sido la arcilla en sus manos, la forma en que me estaba controlando. Si hubiera intentado, le podría haber dado mi virginidad allí, en el cuarto de baño, sin mucha resistencia. 

Pero el puño de Kelsey llamó a la puerta, sacándome bruscamente de mi lujuria. 

—Maldita sea, Bliss. ¿Quieres darte prisa? 

Con sus palabras, volvió mi miedo. Claro, él pensaba que yo era sexy ahora. Pero las vírgenes eran siempre, más que nada, la cosa menos sexy. ¿Cambiaría de opinión cuando se enterara? 

—Me tengo que ir. Lo siento. Probablemente todavía hay espaguetis sobrantes si quieres un poco después de que nos vayamos. Yo... yo te llamo, ¿vale? 

Asintió, con los ojos aún oscuros, inquebrantables. 

Tropecé hacia el pasillo, un lío de hormonas y emociones. Estaba tan distraída que ni siquiera recordaba que tenía la intención de cambiarme hasta que ya estuve abrochada en el coche de Kelsey y de camino hacia el club.