Me derrumbo sobre mi cama y miro hacia el techo después de venir de dar la lección de cocina con Justin. ¿Quién habría pensado que así es cómo terminaría mi verano? Me vuelco sobre mi estómago y recuerdo como los brazos de Justin se posaban a mi alrededor. ¡PSSSSSSSSS! ¡PSSSSSSSS! Me vuelvo y mi blackberry está vibrando en la mesita de noche. La cojo y miro la pantalla. Morgan.
- ¡Oye, tú! - Dice contenta
- ¡Hola!
- ¿Cómo va todo? - Sonrío con aire soñador al techo.
- Impresionante, en realidad.
- Vaya. Um... ¿no acabas de discutir con Brian? - Hace una pausa - ¿Y no se lo dices ni a Kirsten? - Se produce un momento de silencio embarazoso.
La verdad es que Morgan tiene toda la razón. Sinceramente tenía un poco de miedo de como reaccionarían mis amigas. ¿Por qué alguien rompería con Brian Kilburn, el chico más sexy que conocíamos? Me doy cuenta de que he hecho un montón de cosas nuevas este verano.
- Mor, tienes razón. Debería haber llamado. Es solo que... Bueno, todo ha sido un poco precipitado.
- Está bien. Te perdonare si me dices lo que ha pasado entre vosotros dos. Nos morimos por saberlo.
Me levanto con impaciencia de la cama y deambulo hacia el porche. Miro la tarde, bañada en la luz amarilla intensa del suave sol.
- Pues vino a visitarme y fue muy extraño todo. No fue divertido. Sentí que ya nada era lo mismo. He aprendido a estar sin él - Me detengo y respiro hondo - Y hay algo más... - Morgan grita en mi oído derecho.
- ¡Para ahí! Lo sabía. Hay algo con ese chico Justin, ¿no?
- ¡No! - Digo, un poco más enfáticamente de lo que significa - Quiero decir que, no realmente. No es nada serio... todavía - No puedo dejar de sonreír un poco - Pero estoy realmente enamorada de él y él demuestra lo mismo - Morgan suspira.
- Bueno, obviamente vais a salir juntos. Estoy tan celosa. No he salido con nadie desde tu fiesta, prácticamente. Es bueno tener una aventura al final del verano. ¡Lástima que solo puedas estar con él los pocos días que quedan!
El mundo se detiene. ¿Qué acaba de decir mi amiga? Por unos instantes, no entiendo nada.
- Mor, tengo que decirte que creo que esto que hay entre nosotros es más que una aventura de verano. Quiero decir... Realmente me gusta. Quiero seguir viéndolo una vez que los dos estemos de vuelta en la ciudad.
- ¿Qué? - Dice Morgan con incredulidad.
- Yo... Creo que podríamos intentarlo, estar juntos de vuelta a casa - Vacilo un poco. Oigo a Morgan inhalar considerablemente.
- _______. Te quiero, y como una de tus mejores amigas, tengo que decirte cuando siento que vas a hacer algo estúpido. Y esto es realmente, ¡realmente estúpido! - No respondo - Mira, has pasado todo el verano limpiando, puestos de venta o lo que hayas estado haciendo, y tu y ese chico habéis estado solos allí, así que es algo natural que haya cierta atracción entre vosotros.
- Bueno, sí, pero es más que eso - Morgan deja escapar un suspiro molesto.
- Mira, déjame organizarlo para ti. Pase lo que pase, tendrás que volver a la ciudad pronto. Tienes toda una vida aquí. ¿Cómo sabes que un chico que has conocido en el campo encajara con tu vida de ciudad? Quiero decir... ¿Qué haríais juntos?
- No lo sé, realmente... - Digo lentamente.
Me siento tan bien y tan cerca de Justin ahora, pero ¿podríamos mantenerlo cuando no estuviéramos en el campo, con nuestra habitual rutina? Son mundos muy diferentes.
- Mor, me duele la cabeza, voy a bajar a por una aspirina.
- ¡Espera! Me había olvidado por completo de la razón por lo que llame.
- ¿Quieres decir que no ibas a decirme que estaba haciendo todas las decisiones equivocadas?
- No, pero me alegro de haberlo hecho. Voy a dar una fiesta en Tangerine por mi cumpleaños el miércoles y tú tienes que venir. ¡No puedo celebrarlo sin ti!
- ¡Y no puedo dejarte celebrarlo sin mí! Pero se supone que volvemos a la ciudad el jueves - Le digo.
- ¡Suplica! Tal vez te dejarán volver a casa pronto - Insiste Morgan.
- Tal vez - digo sin mucha esperanza - Se han dulcificado mucho desde que nos fuimos. Tendré que conseguirlo en el momento adecuado.
- Bueno, al menos inténtalo, ¿de acuerdo?
- Está bien, adiós Mor.
- Adiós.
Morgan cuelga. Dejo caer el móvil al suelo y cierro los ojos apenas un segundo, el cálido sol de la tarde fluyendo por las puertas del balcón en mi cara. La imagen de Justin flota en frente de mí. Ayer estábamos de pie en la sala de degustación. Tenía sus brazos alrededor de mi, pero esta vez me estaba besando. Sus labios eran calientes y deliciosos. Me sentía relajada, la tensión de la conversación con Morgan flota lejos. Justin y yo estábamos caminando a través del campo. Podía sentir sus fuertes manos en mi cintura... El recuerdo de la estupenda tarde que pasé con Justin ayer, vuelve a mi mente.
La radio sonaba en la cocina. Justin iba vestido con una camisa azul y unos vaqueros, se situó en el mostrador de esta, mientras mezclaba algo en un recipiente.
Se echó al hombro un trapo de secarse las manos. Estaba increíblemente sexy. Enseñé el bol de fresas que habíamos recogido.
- Podríamos utilizar fresas. El corazón rojo en forma de bayas se vería precioso.
- No está mal, señorita - Dijo sonriente.
Me quedé observando sus fuertes brazos mientras cogía las fresas dentro de un colador y las pasaba por agua limpia.
- Así que, estamos haciendo pastel de mousse de chocolate - intenté explicar - Las fresas quedarán bien posicionadas aquí.
- Tienes razón - Dijo Justin mientras yo inhalaba una vez más el olor a chocolate caliente, delicioso.
- La receta es de mi antiguo profesor de cocina, el Chef Mondavi. Me decía que serviría esto cuando... - Se detuvo y sonrió con picardía - Digamos que este es un plato para impresionar a las damas - Me reí.
- Estoy impresionada.
- Ven aquí, te enseñaré a como combinar esto - ofreció.
- Bien.
Me puse en el mostrador, junto a él. Vigilaba mientras vertía un chorro de chocolate derretido de una cacerola pequeña en un plato de pasta lisa y brillante. Su brazo fuerte movía la mezcla de chocolate en color uniforme.
- Mira, debes mover muy suavemente en una especie de forma ovalada, en lugar de mezcla vueltas y vueltas - Él me miró y sonrió - ¿Quieres probar?
- Claro.
Tomé la espátula y traté de imitarlo.
- Aquí, prueba como ésta - Dijo después de un minuto, y sentí su mano alrededor de mí.
- ¿Así? - Dije, aunque no estaba poniendo la menor atención a la masa.
- Mmhm - Dijo. Parecía como si no pusiera la atención a la masa tampoco.
Me recosté en él, aún doblando la masa. Lo oía respirar, y los músculos en el pecho se tensaron un poco. ¡Ping-ping-ping! El temporizador de la cocina sonó.
- Esto ya está listo - Dijo Justin agachándose para mirar el horno.
Me quedé mirando la nevera. Una foto de Justin y una mujer pegada con imanes, más baja que él, con los ojos azules, preciosa.
- ¡Qué mujer tan hermosa! ¿Quién es? - Se giró para observar la nevera y con una sonrisa en los labios me contestó.
- Es mi madre - Siguió sonriendo.
Algo comenzó a burbujear en un cazo de cobre en la estufa y Justin pronto se inclinó para reducir la llama. Lo miré. La tención era demasiado grande. Tomé una fresa del colador, apunté, y la lancé hacia él. Rebotó en su cabeza y dió al suelo.
- ¡Hey! - Se dio la vuelta para mirarme y empezó a reír.
Reí y lancé otra, esta vez le pegó en el pecho.
- Está bien, veo cómo juegas - Dijo.
Antes de que pudiera reaccionar, tomó una cucharada de masa, cerró un ojo y apuntó, catapultando el pastel a la habitación estampándose la mitad en mi cara. Grité y me sequé los ojos.
- ¡Idiota!
Me lancé a través de la habitación, recogí su propia bola de masa, y la dejé volar, salpicando su camisa. Se lanzó a través de la mesa de la cocina, tratando de alcanzarme, pero escapé de sus manos y corrí a otro lado. Nos enfrentamos, sonriendo, hasta que él levantó la manos.
- ¡Me doy por vencido! ¿Vale? - Dijo jadeante.
- Bien.
Me relajé y me volví antes de sentir algo suave que golpeó la parte trasera de mi cabeza. Una fresa se cayó a mis pies.
- ¡Ah no! ¡Te habías dado por vencido! ¡Tramposo! - Grité.
En un movimiento rápido, agarré el colador del fregadero y, evadiendo mis manos, vacié todo el contenido de bayas sobre su cabeza. Fresas golpeadas cayeron a sus pies con gotas de agua roja y bañaron todos los rincones de la habitación. Yo estaba colgada sobre el mostrador, tratando de recuperar el aliento de tanto reír a la vista de Justin con el colador todavía en la cabeza. Con dignidad, se quitó el casco de metal y lo colocó en el mostrador.
- ¿Sabes que pareces un mapache?
- ¿Qué? - Señalé a la máscara de pasta marrón brillante que ahora empezaba a secarse en mi rostro - Lo sé - Jadeante, empecé a recuperar el control de mi misma.
Puse un trapo limpio debajo del grifo y luego me lo pasé por la cara, limpiándola por completo. Dejé de reírme como si alguien hubiera apagado un interruptor. Justin me miró a la cara, repentinamente serio. Repiré hondo. El rostro de Justin ocupaba mi campo de visión y me puse nerviosa. ¿Me va a besar? Juntó mi nariz con la suya y me susurró:
- Sigues teniendo nata en la frente - Sonrió.
Le seguí la sonrisa y me volví a pasar el trapo. Salvada. Se hizo el silencio, los dos nos miramos, sonrientes. Ambos sabíamos lo que queríamos. Un beso. O dos. Quién sabe. Me incliné hacia abajo y cerré los ojos, esperando el contacto de sus labios. Noté su manos acariciar mi cintura, mis muslos, lentamente. Entonces esos labios deliciosos con sabor a chocolate de tarta se juntaron de una vez por todas con los míos, fundiéndonos en un largo beso. Más que largo. Mi corazón latía con fuerza, pero estaba relajada de alguna manera. Acaricié su nuca y el posó sus manos en mi trasero, pegándome a él aún más. Se separó lentamente de mi boca.
- ¿Nos vemos mañana? - Dijo con picardía y con la cara algo colorada.
- Por supuesto - Dije sonriente.
Traté de dejar de pensar que quería quedarme más rato con él, besándonos, preparando cualquier cosa. Simplemente, a su lado. Me obligué a ir hacia la entrada y abrí la puerta, dejando a Justin en el centro de la cocina.
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