El beso terminó demasiado pronto.
Un gemido de decepción embarazoso abandonó mi boca, pero no pude evitarlo. Por suerte, Justin no había terminado. Se puso de pie y me levantó por los codos. Me atrajo hasta que nuestros cuerpos encajaban entre sí de una manera que no había sido posible cuando estaba sentada.
—Eso está mejor. —dijo.
No me molesté en rechistar. Me alzó de puntillas y me besó.
Comparado con nuestro beso anterior, este era lento, exploratorio y como leña al fuego. Una de sus manos se cerró alrededor de mi cuello, su pulgar presionaba suavemente mi clavícula y la otra bailaba desde mi pelo a mi hombro, a la cadera, y luego otra vez al pelo.
Por una vez en mi vida, simplemente me concentré en la sensación de un chico contra mí, el roce de su lengua contra la mía, los alfilerazos de calor en los dedos que presionaban mi piel. No pensaba en nada, ni si quiera a que olía mi boca, o si mis manos estaban en el lugar correcto, o si estaba haciendo lo que él esperaba. Me perdí en él.
Mis manos descansaban en sus caderas, y deseaba hacer mi propia exploración. Saqué mis manos hasta que descansaron sobre su estómago entre nosotros. Con mi movimiento, sus labios se apretaron más fuerte contra los míos. Su lengua empujó un poco más fuerte. Deslicé ambas manos, sintiendo las duras curvas de su cuerpo bajo la tela de su camisa. Cuando mi exploración llegó a su pecho, su mano tiró de mi cadera hacia delante, de modo que mi estómago se apretó contra él.
Podía sentir su erección, la forma en la que me deseaba, y un hilo de ansiedad se formó en mi espalda. Luego su beso se volvió más salvaje y más rápido, y corrí a seguir su ejemplo, ignorando mis nervios. Dejé una mano sobre su pecho y la otra envuelta alrededor de su cuello., levantándome más allá de las puntas de mis pies, para que mis caderas se alinearan con las suyas.
Justin rompió el beso, y exhaló temblorosamente contra mis labios. El marrón brillante que había visto en sus ojos anteriormente fue superado casi por completo por sus pupilas negras. Puso una mano en mi barbilla y su pulgar tiró de mi labio inferior. Durante varios segundo, solo estudiándome.
—Eres ridículamente sexy, ya sabes.
Bajé mis talones al suelo, mis pantorrillas quemaban demasiado para permanecer de puntillas. Y no podía mirarlo a los ojos, ya no más.
Cada vez que casi había apagado completamente mi cerebro, él volvía a decir algo para encenderlo. Le dije: —No hacía falta ese piropo, ya estaba besándote.
—Y que buen beso era. —Su pulgar rozaba mi labio otra vez. Inclinó mi rostro para arriba de vuelta hacia él—.Me gustaría volver a hacerlo en un lugar que no sea tu cuarto de baño.
—Oh, está bien.
¿Estaba pidiendo ir a mi habitación? Estaba bastante segura que estaba pidiendo que fuéramos a mi cuarto. Busqué a tientas el pomo de la puerta durante unos segundos antes de que mi nublado cerebro lograra moverlo. Salimos al pasillo oscuro de nuevo, y su mano encontró mi espalda una vez más.
—Lo siento, la luz del pasillo no sirve, y no he tenido oportunidad de cambiarla.
Sus labios estaban justo al lado de mi oído cuando respondió: —No me importa la oscuridad.
Todos los diminutos vellos a lo largo de mi piel se erizaron.
Entramos en la sala de estar, y encendí una luz que funcionaba efectivamente. Mi apartamento era un desván con un plan de piso abierto. Dos paredes eran de ladrillo, y otra estaba pintada de un bonito color ciruela. Mi habitación estaba desviada a la derecha, separada del salón solo por una cortina lavanda ya que realmente no tenía puerta.
—Bien, esta es mi sala de estar. —Hice un gesto con la mano sin saber si esperaba un tour o si simplemente debería pasar a mi habitación.
Nunca había hecho esto antes, así que no tenía ni idea de si se suponía que íbamos a hacer las sutilezas tradicionales primero. Mi corazón corrió salvajemente mientras caminaba por la habitación, inspeccionando una pintura por aquí, unos adornos por ahí...
—Es agradable, se adapta a ti, creo.
Sonreí. Me encantaba mi apartamento. Siempre me hacía sentir que estaba en un programa de decoración de casas.
—Me da vergüenza decir que mi apartamento está todavía cubierto de cajas. No habríamos hecho un recorrido muy interesante.
Dios, como me hubiera gustado estar en su casa. Entonces estaría bajo control. Odiaba no saber que hacer a continuación. Sus ojos se posaron en la cortina que llevaba a mi habitación. Fue rápido. Sus ojos se posaron casi inmediatamente de nuevo a la lámpara al lado de donde estaba parado. pero lo vi.
Eso fue todo. Estaba a punto de tener sexo.
¿Debería decirle que soy virgen? Sí, tengo que decírselo.
¿Se lo digo ahora? ¿O justo antes?
Recordé el consejo de Kelsey, y me obligué a parar de nuevo mis temores. Bajé tanto el volumen de mis pensamientos que podía fingir que no estaba pensando en nada.
Antes de que me acobardara, caminé hacia adelante y le tendí la mano. La tomó de inmediato, y lo llevé a través de la cortina, dentro de mi habitación.
No había luces en el techo en esta zona, así que encendí la lámpara de mi derecha, y luego le solté para encender la otra al lado de mi cama.
Cuando me di la vuelta estaba sosteniendo la indecente corta minifalda que Kelsey me había hecho probar antes de que nos fuéramos.
Sus ojos se encontraron con los míos, y su sonrisa hizo que mis pulmones se sintieran como si estuvieran al borde del colapso. Agarré mi mini falda, recogí algunos otros artículos de ropa todavía en mi cama y los arrojé dentro de mi armario.
—Lo siento por eso.
—No me estoy quejando.
Levanté una ceja y dije: —Olvídate de eso. Nunca me verás con esa falda.
—¿Nunca?¿Eso es un reto, amor?
—Es una promesa.
Rodeó la esquina de mi cama para unirse conmigo en el espacio entre la cama y la pared.
—Me sentiría muy cómodo ayudándote a romper esa promesa. —Colocó una mano sobre mi hombro, sumergiendo su dedo índice por debajo del tirante de mi camiseta.
—Estoy segura de que estaría cómodo ayudándome a hacer un montón de cosas.
Su mano se tensó sobre mi hombro y sus ojos se posaron en mis labios.
—Lo haría.
Entonces me besó.
No se molestó en hacerlo suave y dulce esta vez. Había una desesperada hambre que me hizo jadear en su boca. Sus dientes tiraron de mi labio inferior de la misma manera que su pulgar había hecho antes y todo mi cuerpo se estremeció en respuesta. Se inclinó ligeramente, y barrió un brazo alrededor de mi cintura, triando de mí hacia arriba y contra él para que nuestros cuerpo se alinearan perfectamente.
Mis pies apenas rozaban el suelo, pero no me importaba. Me estaba sosteniendo. Enterré mis manos en su pelo revuelto y me lancé en le beso. Dio unos pasos hacia atrás y se sentó en el borde de mi cama.
Por instinto, mis piernas fueron a ambos lados de sus rodillas, a horcajadas sobre él. La mano que había estado alrededor de mi cintura, curvada alrededor de mi trasero y me tiró contra él.
Si tenía alguna duda sobre dónde se dirigía, desapareció entonces Me atrajo de nuevo, inclinando el mismo sus caderas al mismo tiempo, y rompí el beso jadeando. Su boca se deslizó por mi barbilla y abajo de mi cuello.
Sus labios se demoraron por encima del punto de mi pulso. Su lengua cepilló a través de la piel sensible. Continuó por encima de mi clavícula hasta que mi camiseta bloqueaba cualquier progreso.Creí que iba a parar, pero deslizó el tirante superior de mi camiseta por mi hombro, y sus labios nunca dejaron mi piel. Su otra mano se coló por debajo de la parte inferior de mi camisa, burlándose de la piel alrededor de la pretina de mi falda.
Mis manos estaban todavía enredadas en su pelo, apretando mi agarre y tiré de su cara a la mía de nuevo. Su mano me acarició más alto mientras nos besábamos, suavizando mis costillas, mi piel ardiendo a su paso. Cuando su mano ahuecó mi pecho, me estremecí contra él y gimió. La falda estaba arriba alrededor de mis muslos, y había muy poco entre nosotros. Incliné mis caderas hacia delante de nuevo y esta vez fui yo la que gimió. Cuando la otra mano encontró el borde de mi camisa, fue para tirar de ella hacia arriba y por encima de mi cabeza.
rompimos nuestro beso para permitir que la tela pasara entre nosotros. Me resistí a la tentación de taparme cuando su mirada pasó por encima de mí. Y Dios, estaba agradecida de que Kelsey había insistido en que me pusiera un poco de lencería sexy. Este conjunto en particular era de encaje negro y blanco.
Cuando me miró, lo hizo con evidente deseo de tal manera que sabía que no le importaba el poco volumen que me había estresado antes.
Su mano derecha amasaba mi pecho, mientras la derecha encontró mi cuello. Puso mi cara cerca de la suya. Pensé que iba a besarme de nuevo, pero en el último segundo, giró, y presionó su mejilla contra la mía.
Beso el borde de la mandíbula, justo debajo de la oreja. Y Dios mío, estaba en las nubes. Fue solo un pequeño beso inocente, pero me hizo agarrar su pelo y empujar mis caderas hacia abajo, contra las suyas.
Sus labios rozaron mi oreja mientras me susurraba: —¿He dicho ridículamente sexy? Quise decir increíblemente sexy.
Estaba increíblemente encendida.
Me besó de nuevo, y luego se giró y me puso de espaldas contra la cama. Hizo una pausa para tirar de su camisa sobre su cabeza y, por primera vez, pude ver los duros planos de su cuerpo que me habían fascinado antes. Se levantó sobre sus rodillas, mis piernas todavía extendidas a ambos lados de él. Se detuvo para estudiarme de nuevo.
Esta era la parte en que debería decirle.
Solo debería decirlo.
Simplemente escupirlo.
Soy virgen.
Son sólo tres palabras.
No es tan difícil, ¿verdad?
Tragué saliva, y me aclare la garganta.
Entonces agachó la cabeza y presionó sus labios contra la piel de mi estómago, y todos mis pensamientos desaparecieron.
miércoles, 22 de mayo de 2013
domingo, 19 de mayo de 2013
First Love. Capítulo 4.
Estaba en el baño, con una camiseta de ropa interior y mis pantalones al nivel de las rodillas, al borde de la hiperventilación. Justin estaba al otro lado de la puerta, como si fuera un imán. Mi corazón seguía tratando de salir hacia afuera de mi pecho, cuando él dijo que necesitaba quitarme los shorts y que evitara usar ropa ajustada sobre la quemadura por un tiempo. Hasta se ofreció a ayudarme a quitar el pantalón, pero eso me hizo sentir como si fuera a vomitar otra vez. Así que en vez de eso, empecé a menearme para quitármelos por mí misma, intentando y fallando, de mantener la tela lejos, para que no tocara mi ardiente quemadura.
Deslicé el pantalón un poco más y me mordí el labio para tratar de silenciar un gemido.
—¿Bliss? —Justin golpeó ligeramente la puerta—.¿Estás bien?
—¡Perfectamente! —dije de vuelta.
Tiré los pantalones otra vez y jadeé.
—Bliss, sólo déjame ayudarte. Me estás preocupando.
Cerré los ojos, tratando de pensar una manera de evitar esto. Cojeando torpemente con mis pantalones alrededor de las rodillas, encontré una falda con cintura elástica en el cesto de la ropa sucia. La metí por mi cabeza y la bajé hasta cubrir mi ropa interior, y luego me senté en el inodoro. Estaba segura de que mis mejillas estaban probablemente de un tono humillantemente rojo. Ahora no podía hacer nada al respecto.
—Vale. Entra.
La puerta se abrió lentamente, y la cabeza de Justin se asomó por la esquina, seguida por el resto de su cuerpo. Le echó un vistazo a mi falda y a mis pantalones agrupados en las rodillas.
Entonces él rió. Una estridente risa, en realidad.
—Esto es humillante.
¿Cómo iba a poder tener sexo con él ahora? Apretó sus labios para contener la risa, pero la diversión seguía bailando en sus ojos.
—Lo siento. Sé que te duele. Sólo es que te ves tan...
—¿Ridícula?
—Bonita.
Le di una mirada honesta.
—Ridículamente bonita.
Su risa era contagiosa, y no pude evitar sonreír a regañadientes.
—Está bien. Ahora que ya te has reído, ayúdame a sacarme los pantalones —dije con el mismo sarcasmo con el que había estado apoyándome desde que él entró.
O no captó el sarcasmo o no le importó, porque sus ojos se fijaron en mí de una manera que solo podría describir como completamente depredadora. De pronto, algo más que mi pierna estaba ardiendo.
Me miró por un momento antes de bajar los ojos y se aclaró la garganta. Arrodillándose junto a mí y tomando mi pierna entre sus manos.
Yo ya había empezado a bajar los shorts, así que la quemadura estaba casi cubierta. Él aclaró su garganta otra vez y luego deslizó su mano por una pierna del pantalón.
Ataque. Al. Corazón.
Estaba bastante segura de que estaba teniendo uno.
Usando su otra mano bajó los pantalones hasta debajo de mis rodillas y me miró, aclarando su garganta otra vez, y dijo: —¿Me das tu mano? Mantén tu mano aquí y tira de la tela tan lejos de tu pierna como puedas. Voy a hacer lo mismo en la parte de adentro, así trataremos de sacártelo sin tocar la quemadura.
Asentí, mientras mi mano estaba diez veces más estable que mi corazón.
Deslizó su mano hacia arriba y afuera, sintiendo un ligero toque que me enviaba escalofríos. Él hizo lo que dijo, apartó la tela lejos de mi piel y luego, juntos, intentamos sacar los pantalones.
No era la misión más exitosa. Esos shorts eran indecentemente apretados, y gracias a Kelsey pasé un largo tiempo encogiéndome mientras la tela chocaba contra mi piel.
—Lo siento —se disculpó como si fuera su culpa. Quería corregirlo, pero me encantaba la forma en que decía ''lo siento'', tanto, que lo dejé pasar.
Luego de un minuto o dos de una lenta y cuidadosa maniobra, los pantalones cayeron al suelo.
Ambos reímos, de la forma en que ves a las personas en las películas reír justo después de haber lanzado una bomba. Y cuando paré de reír, me dí cuenta de que su mano seguía en mi pierna. Una mano estaba ahuecada en mi tobillo, y la otra rozaba suavemente contra la piel alrededor de la quemadura.
Si él seguía tocándome así, me iba a derretir como un charco aquí mismo, en el suelo.
—Um, gracias.
Él pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y sus ojos se movieron rápidamente a sus manos y inmediatamente sonrió, pasando la mano lentamente por mi pierna, y luego retirándola.
—No hay problema. Ahora necesitamos que se enfríe, podríamos dejarla bajo agua fría. —Imaginé mi pierna subiéndola al fregadero o ambos tratando de intentarlo. Mi cara debía de haberme delatado, porque el añadió—: O sólo poner un paño frío y húmedo, funcionará.
Le entregué una toalla de la cesta que se encontraba atrás de mí y él se volteo al fregadero, esperando a que el agua se enfriara antes de ponerla sobre la herida. Contuve el aliento mientras él la puso sobre mi quemadura haciendo que el frío se sintiera bien, lo suficiente como para relajarme por primera vez desde que entramos a mi apartamento.
—¿Mejor?
Asentí con la cabeza. —Mucho. Nunca me pondré shorts tan ajustados otra vez.
Él sonrió. —Eso sería una lástima.
Iba a tener que conseguirme un ventilador si él seguía diciendo cosas como esas.
—Escucha —comenzó diciendo—. Lo siento, nunca debí forzarte para que subieras a la moto.
—No es culpa tuya que yo no tenga ni idea de motos.
—No puedo creer que nunca hayas subido a una moto.
—Sí, bueno, hay muchas cosas que nunca he hecho.
Él arqueó una ceja. —¿Cómo cuales?
—Bueno... —juro que mis latidos sonaban como estú-pida, estú-pida, mientras los escuchaba en mis oídos—. Um, hasta ahora nunca había conocido a alguien que fuera británico.
Rió, pasando sus dedos, inconscientemente, a través de su cabello, dándome ganas de pasar los míos.
Él dijo: —Por eso me besaste, ¿no? A todas las chicas estadounidenses les encantan los acentos.
Escondí mi sonrisa y dije: —Creo que tú eres el que me besaste.
Se puso de pie y su desordenado cabello castaño caía un poco por su frente, enmarcando esos ojos diabólicos. —Así que fui yo.
Mojó el trapo bajo el agua nuevamente para mantenerlo frío, pero mi cuerpo se calentó demasiado cuando puso la toalla otra vez sobre mi piel. Su otra mano sostenía mi tobillo.
Mantuve mi aliento con cuidado, dije: —Tu turno.
—¿Hmm?
—¿Qué es lo que nunca has hecho?
—Bueno, nunca he hablado con una chica en un bar antes de esta noche.
Mi mandíbula cayó. —¿En serio?
¿Cómo era eso posible? ¡Él era perfecto! Tal vez todas las chicas se lanzaban a él antes de que entrara al bar, así que nunca tuvo que preocuparse por ellas cuando entraba. Se encogió de hombros y con un movimiento, su pulgar empezó a moverse hacia atrás y adelante en la parte sobresaliente de mi pie.
—Sé que va en contra del estereotipo Inglés, pero nunca he estado mucho tiempo en un bar como para estar borracho.
—Yo tampoco —dije. Y lo decía en serio, a pesar de que mi cabeza estaba todavía algo borrosa por todo el tequila—. Así que ¿qué aporta éste británico no estereotipado a Texas?
Se encogió de hombros. —He estado en Estados Unidos por un tiempo. Vine aquí al instituto y nunca volví. De hecho, me acabo de mudar a Texas, he regresado ya que no he estado aquí por algunos años.
—Yo también, me acabo de mudar aquí de nuevo hace algunos años. Crecí en Texas cuando era pequeña, pero nos mudamos a Minessota cuando estaba en octavo. Siempre fue mi plan volver aquí para la universidad.
Humedeció el paño una vez más y nos sentamos a hablar. Me contó cómo creció en Inglaterra y lo diferente que había sido vivir en Estados Unidos.
—La primera vez que un tipo me dijo que le gustaban mis pantalones, me sorprendió y pensé que me había perdido algunas cosas fundamentales.
—¿Pantalones?
—Eso es lo que nosotros llamamos ropa interior, amor.
—Oh —me reí—. Es bueno saberlo.
—Cuando le pregunté a un compañero por una goma, vosotros lo llamáis borradores, todos se rieron tanto que estaba dispuesto a volver a Londres.
Traté de contener mi risa y fracasé. Pero pensé que se lo merecía, después de reírse de mis pantalones, o... shorts, era una terrible experiencia que no olvidaría.
—Eso debió ser horrible.
—Te acostumbras a ello. He estado viviendo tanto tiempo aquí que ya lo manejo suficientemente bien. Ocasionalmente visito Londres y al volver tengo algunos problemas de ajuste, pero en general diría que estoy bastante americanizado.
—Excepto el acento.
Él sonrió. —No puedo eliminar el acento ahora, ¿no? ¿Cómo podría llamar la atención de chicas tan guapas como tú si no?
—Leyendo Shakespeare en un bar, obviamente.
Rió y el sonido se propagó a través de mi piel, poniéndome un poco nerviosa.
—Eres preciosa. —dijo.
Rodé los ojos. —Sí... ridículamente, como dije antes.
—¿Te sentirás mejor si te llamo ridículamente sexy?
Y así de fácil, perdí la tranquilidad, desapareciendo por completo, haciendo que mi respiración se volviera demasiado superficial. No tenía respuesta. ¿Qué podía decirle en respuesta a eso?
—¿Qué es esa mirada? —preguntó.
No tenía ni idea de la multitud de emociones que había mostrado en mi cara, así que me encogí de hombros.
—Actúas como si nadie te hubiera llamado sexy antes —Eso sería porque nadie lo había hecho—. Lo que no puede ser verdad, no cuando te ves de la manera en la que te veías esta noche. A penas puedo mantener mis manos lejos de ti, y nos acabamos de conocer. Estaría avergonzado si no lo hubiera disfrutado tanto.
Eso fue todo. Puede que no haya tenido sexo, pero sabía lo suficiente como para comprender cuándo un tipo estaba haciendo movimientos hacia mí. Y, extraordinariamente, ni me importaba. Lo único que me importaba era el hecho de que él estaba sentado tan cerca de mí, y me estaba volviendo loca. Su mano seguía lentamente acariciando mi tobillo y si él no me besaba otra vez, pronto, iba a estallar.
—Mírame, ni si quiera puedo tener mis manos lejos de ti ahora.
Tragué saliva, pero mi boca de repente se sentía como si hubiera tragado una caja de arena.
Él se sentó con sus rodillas, arrastrando su mano desde el tobillo hasta la parte exterior de mi pantorrilla lesionada. Sus caderas estaban a pocos centímetros de mis rodillas mientras se sentaba en el inodoro.
—Dime que no estoy loco. —dijo.
No podía hacer eso. No estaba lo suficientemente preparada en este momento para asesorarme sobre este comportamiento tan irracional.
—Dime que puedo besarte.
Eso... eso podía hacerlo.
—Puedes besar...
Ni si quiera terminé la oración antes de que sus labios estuvieran en los míos, y mi quemadura fuera olvidada por completo.
Deslicé el pantalón un poco más y me mordí el labio para tratar de silenciar un gemido.
—¿Bliss? —Justin golpeó ligeramente la puerta—.¿Estás bien?
—¡Perfectamente! —dije de vuelta.
Tiré los pantalones otra vez y jadeé.
—Bliss, sólo déjame ayudarte. Me estás preocupando.
Cerré los ojos, tratando de pensar una manera de evitar esto. Cojeando torpemente con mis pantalones alrededor de las rodillas, encontré una falda con cintura elástica en el cesto de la ropa sucia. La metí por mi cabeza y la bajé hasta cubrir mi ropa interior, y luego me senté en el inodoro. Estaba segura de que mis mejillas estaban probablemente de un tono humillantemente rojo. Ahora no podía hacer nada al respecto.
—Vale. Entra.
La puerta se abrió lentamente, y la cabeza de Justin se asomó por la esquina, seguida por el resto de su cuerpo. Le echó un vistazo a mi falda y a mis pantalones agrupados en las rodillas.
Entonces él rió. Una estridente risa, en realidad.
—Esto es humillante.
¿Cómo iba a poder tener sexo con él ahora? Apretó sus labios para contener la risa, pero la diversión seguía bailando en sus ojos.
—Lo siento. Sé que te duele. Sólo es que te ves tan...
—¿Ridícula?
—Bonita.
Le di una mirada honesta.
—Ridículamente bonita.
Su risa era contagiosa, y no pude evitar sonreír a regañadientes.
—Está bien. Ahora que ya te has reído, ayúdame a sacarme los pantalones —dije con el mismo sarcasmo con el que había estado apoyándome desde que él entró.
O no captó el sarcasmo o no le importó, porque sus ojos se fijaron en mí de una manera que solo podría describir como completamente depredadora. De pronto, algo más que mi pierna estaba ardiendo.
Me miró por un momento antes de bajar los ojos y se aclaró la garganta. Arrodillándose junto a mí y tomando mi pierna entre sus manos.
Yo ya había empezado a bajar los shorts, así que la quemadura estaba casi cubierta. Él aclaró su garganta otra vez y luego deslizó su mano por una pierna del pantalón.
Ataque. Al. Corazón.
Estaba bastante segura de que estaba teniendo uno.
Usando su otra mano bajó los pantalones hasta debajo de mis rodillas y me miró, aclarando su garganta otra vez, y dijo: —¿Me das tu mano? Mantén tu mano aquí y tira de la tela tan lejos de tu pierna como puedas. Voy a hacer lo mismo en la parte de adentro, así trataremos de sacártelo sin tocar la quemadura.
Asentí, mientras mi mano estaba diez veces más estable que mi corazón.
Deslizó su mano hacia arriba y afuera, sintiendo un ligero toque que me enviaba escalofríos. Él hizo lo que dijo, apartó la tela lejos de mi piel y luego, juntos, intentamos sacar los pantalones.
No era la misión más exitosa. Esos shorts eran indecentemente apretados, y gracias a Kelsey pasé un largo tiempo encogiéndome mientras la tela chocaba contra mi piel.
—Lo siento —se disculpó como si fuera su culpa. Quería corregirlo, pero me encantaba la forma en que decía ''lo siento'', tanto, que lo dejé pasar.
Luego de un minuto o dos de una lenta y cuidadosa maniobra, los pantalones cayeron al suelo.
Ambos reímos, de la forma en que ves a las personas en las películas reír justo después de haber lanzado una bomba. Y cuando paré de reír, me dí cuenta de que su mano seguía en mi pierna. Una mano estaba ahuecada en mi tobillo, y la otra rozaba suavemente contra la piel alrededor de la quemadura.
Si él seguía tocándome así, me iba a derretir como un charco aquí mismo, en el suelo.
—Um, gracias.
Él pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y sus ojos se movieron rápidamente a sus manos y inmediatamente sonrió, pasando la mano lentamente por mi pierna, y luego retirándola.
—No hay problema. Ahora necesitamos que se enfríe, podríamos dejarla bajo agua fría. —Imaginé mi pierna subiéndola al fregadero o ambos tratando de intentarlo. Mi cara debía de haberme delatado, porque el añadió—: O sólo poner un paño frío y húmedo, funcionará.
Le entregué una toalla de la cesta que se encontraba atrás de mí y él se volteo al fregadero, esperando a que el agua se enfriara antes de ponerla sobre la herida. Contuve el aliento mientras él la puso sobre mi quemadura haciendo que el frío se sintiera bien, lo suficiente como para relajarme por primera vez desde que entramos a mi apartamento.
—¿Mejor?
Asentí con la cabeza. —Mucho. Nunca me pondré shorts tan ajustados otra vez.
Él sonrió. —Eso sería una lástima.
Iba a tener que conseguirme un ventilador si él seguía diciendo cosas como esas.
—Escucha —comenzó diciendo—. Lo siento, nunca debí forzarte para que subieras a la moto.
—No es culpa tuya que yo no tenga ni idea de motos.
—No puedo creer que nunca hayas subido a una moto.
—Sí, bueno, hay muchas cosas que nunca he hecho.
Él arqueó una ceja. —¿Cómo cuales?
—Bueno... —juro que mis latidos sonaban como estú-pida, estú-pida, mientras los escuchaba en mis oídos—. Um, hasta ahora nunca había conocido a alguien que fuera británico.
Rió, pasando sus dedos, inconscientemente, a través de su cabello, dándome ganas de pasar los míos.
Él dijo: —Por eso me besaste, ¿no? A todas las chicas estadounidenses les encantan los acentos.
Escondí mi sonrisa y dije: —Creo que tú eres el que me besaste.
Se puso de pie y su desordenado cabello castaño caía un poco por su frente, enmarcando esos ojos diabólicos. —Así que fui yo.
Mojó el trapo bajo el agua nuevamente para mantenerlo frío, pero mi cuerpo se calentó demasiado cuando puso la toalla otra vez sobre mi piel. Su otra mano sostenía mi tobillo.
Mantuve mi aliento con cuidado, dije: —Tu turno.
—¿Hmm?
—¿Qué es lo que nunca has hecho?
—Bueno, nunca he hablado con una chica en un bar antes de esta noche.
Mi mandíbula cayó. —¿En serio?
¿Cómo era eso posible? ¡Él era perfecto! Tal vez todas las chicas se lanzaban a él antes de que entrara al bar, así que nunca tuvo que preocuparse por ellas cuando entraba. Se encogió de hombros y con un movimiento, su pulgar empezó a moverse hacia atrás y adelante en la parte sobresaliente de mi pie.
—Sé que va en contra del estereotipo Inglés, pero nunca he estado mucho tiempo en un bar como para estar borracho.
—Yo tampoco —dije. Y lo decía en serio, a pesar de que mi cabeza estaba todavía algo borrosa por todo el tequila—. Así que ¿qué aporta éste británico no estereotipado a Texas?
Se encogió de hombros. —He estado en Estados Unidos por un tiempo. Vine aquí al instituto y nunca volví. De hecho, me acabo de mudar a Texas, he regresado ya que no he estado aquí por algunos años.
—Yo también, me acabo de mudar aquí de nuevo hace algunos años. Crecí en Texas cuando era pequeña, pero nos mudamos a Minessota cuando estaba en octavo. Siempre fue mi plan volver aquí para la universidad.
Humedeció el paño una vez más y nos sentamos a hablar. Me contó cómo creció en Inglaterra y lo diferente que había sido vivir en Estados Unidos.
—La primera vez que un tipo me dijo que le gustaban mis pantalones, me sorprendió y pensé que me había perdido algunas cosas fundamentales.
—¿Pantalones?
—Eso es lo que nosotros llamamos ropa interior, amor.
—Oh —me reí—. Es bueno saberlo.
—Cuando le pregunté a un compañero por una goma, vosotros lo llamáis borradores, todos se rieron tanto que estaba dispuesto a volver a Londres.
Traté de contener mi risa y fracasé. Pero pensé que se lo merecía, después de reírse de mis pantalones, o... shorts, era una terrible experiencia que no olvidaría.
—Eso debió ser horrible.
—Te acostumbras a ello. He estado viviendo tanto tiempo aquí que ya lo manejo suficientemente bien. Ocasionalmente visito Londres y al volver tengo algunos problemas de ajuste, pero en general diría que estoy bastante americanizado.
—Excepto el acento.
Él sonrió. —No puedo eliminar el acento ahora, ¿no? ¿Cómo podría llamar la atención de chicas tan guapas como tú si no?
—Leyendo Shakespeare en un bar, obviamente.
Rió y el sonido se propagó a través de mi piel, poniéndome un poco nerviosa.
—Eres preciosa. —dijo.
Rodé los ojos. —Sí... ridículamente, como dije antes.
—¿Te sentirás mejor si te llamo ridículamente sexy?
Y así de fácil, perdí la tranquilidad, desapareciendo por completo, haciendo que mi respiración se volviera demasiado superficial. No tenía respuesta. ¿Qué podía decirle en respuesta a eso?
—¿Qué es esa mirada? —preguntó.
No tenía ni idea de la multitud de emociones que había mostrado en mi cara, así que me encogí de hombros.
—Actúas como si nadie te hubiera llamado sexy antes —Eso sería porque nadie lo había hecho—. Lo que no puede ser verdad, no cuando te ves de la manera en la que te veías esta noche. A penas puedo mantener mis manos lejos de ti, y nos acabamos de conocer. Estaría avergonzado si no lo hubiera disfrutado tanto.
Eso fue todo. Puede que no haya tenido sexo, pero sabía lo suficiente como para comprender cuándo un tipo estaba haciendo movimientos hacia mí. Y, extraordinariamente, ni me importaba. Lo único que me importaba era el hecho de que él estaba sentado tan cerca de mí, y me estaba volviendo loca. Su mano seguía lentamente acariciando mi tobillo y si él no me besaba otra vez, pronto, iba a estallar.
—Mírame, ni si quiera puedo tener mis manos lejos de ti ahora.
Tragué saliva, pero mi boca de repente se sentía como si hubiera tragado una caja de arena.
Él se sentó con sus rodillas, arrastrando su mano desde el tobillo hasta la parte exterior de mi pantorrilla lesionada. Sus caderas estaban a pocos centímetros de mis rodillas mientras se sentaba en el inodoro.
—Dime que no estoy loco. —dijo.
No podía hacer eso. No estaba lo suficientemente preparada en este momento para asesorarme sobre este comportamiento tan irracional.
—Dime que puedo besarte.
Eso... eso podía hacerlo.
—Puedes besar...
Ni si quiera terminé la oración antes de que sus labios estuvieran en los míos, y mi quemadura fuera olvidada por completo.
First Love. Capítulo 3.
—Me estás tomado el pelo, ¿verdad?
Lo miré fijamente, preguntándome si mi lado maniático del control podía manejar esto.
Su mano rozó mi mandíbula.
—Te prometo que iré despacio.
Negué con la cabeza y dejó caer su mano.
—No creo que pueda hacer esto.
—Sólo sujétate a mí. Será divertido.
—Justin...
—Bliss, confía en mí.
Respiré profundamente. Sabía que podía hacerlo.
Vamos, no era para tanto.
Sólo es que me daba miedo.
Vamos, Bliss.
Sólo tenía que apagar mi cerebro, como Kelsey dijo.
—Está bien, pero date prisa... antes de que cambie de opinión.
Su rostro cambio dándome una sonrisa con un rápido beso en mi sien.
—Qué chica.
Luego cuidadosamente colocó el casco sobre mi pelo y pasó una pierna por encima de su moto, ofreciéndome su mano. Me alejé de mis pensamientos y se la di. El asiento estaba encorvado así que a pesar de intentar incorporarme unos centímetros hacia atrás, me deslizaba hacia abajo, haciendo que mi cuerpo se presionara contra el suyo. Su mano se instaló en mi rodilla y sus dedos me rozaron suavemente, haciéndome sentir cosquillas.
—Sujétate.
Hice lo que me dijo y casi me da una aneurisma cuando pude sentir sus abdominales a través de su camisa. De repente, me di cuenta de que realmente estaba subida en una moto. Esto es una locura... Con el miedo que le tengo a la velocidad. Esto no iba a ser bueno. Entonces volví a la realidad. Yo era la que estaba observándolo desde atrás. Sabía que le echaría un vistazo a mi cuerpo y sabría que no era lo suficientemente buena. Demonios, podía sentir ese momento donde él se lamentaba de haberme llevado a su piso. Entonces, la mano sobre mi rodilla dio un pequeño tirón y aunque pensaba que no podríamos estar más cerca, lo estábamos.
No estaba presionada contra él. Estaba incrustada.
Mi pelvis estaba tan apretada contra su espalda que un vertiginoso mareo me atravesó. Y en ese mismo momento, arrancamos. Hundí mis manos en su cintura y la moto entera saltó, desviándose hacia un lado. Solté un pequeño grito. Justo en su oreja. Nos estabilizó y luego freno en una señal de stop.
—¿Todo bien?
Con mi cara enterrada en su hombro, me las arreglé para hablar. —Sí.
—Lo siento amor, soy poco delicado, eso es todo.
—Oh. —Aflojé los dedos que prácticamente estaban enterrándose en sus caderas.
Gracias a Dios que no podía ver mi cara en este momento. El rojo no me favorecía. Tomó mis manos y tiró de ellas para que estas se cruzaran sobre su estómago, y estuvieran envueltas alrededor de él.
—Mucho mejor. Démosle otra oportunidad.
Esta vez, cuando arrancó, no grité. Ganó velocidad lentamente y mantuve mi mejilla contra su espalda, con los ojos cerrados. Shakespeare seguía trabado en mi cabeza, por nuestra conversación anterior, y pensé en todo lo que sabía sobre él para mantener mi mente ocupada. Empecé con el soliloquio de Hamlet. Luego me trasladé al discurso del Día de San Crispín de Henry V. Estaba terminando el monólogo de Macbeth, cuando Justin me interrumpió.
—Realmente te gusta Shakespeare.
La mortificación se estaba convirtiendo en mi emoción por defecto. Supongo que no los estaba recitando en mi cabeza como pensaba.
—Oh, yo, um, simplemente memorizo muy fácilmente.
Con la mejilla aún contra su espalda, traté de calmar a mi corazón. Ahora que la moto no se movía, mi cerebro era libre para temerle a esa otra cosa en la que no había estado pensando últimamente.
Sexo.
Iba a tener sexo.
Con un chico.
Un chico caliente.
Un chico británico caliente.
O tal vez vomitaría de los nervios.
¿Qué si vomitaba sobre el chico británico caliente?
¿Qué si vomitaba sobre el chico británico caliente durante el sexo?
—¿Bliss?
Me moví hacia atrás, horrorizada y preguntándome si accidentalmente había hablado en voz alta otra vez.
—¿Sí?
—Podemos bajarnos de la moto cuando quieras.
—Oh. —Quité mis brazos tan rápidamente que casi perdí el equilibrio.
Afortunadamente, logré estabilizarme y lentamente me bajé de la moto.
Entonces mi pantorrilla rozó con el tubo de escape y empecé a gritar. Estaba caliente. Jodidamente ardiendo. Y ahora me picaba la piel.
—¿Bliss?
Sólo me había alejado de la moto un par de pasos cojeando para el momento en que Justin me alcanzó. A pesar de mis puños cerrados y de cómo me estaba mordiendo el labio para contener el dolor, mis ojos lagrimearon.
Sus manos ahuecaron mi cara primero y luego miró hacia la pierna en donde una brillante roncha roja estaba formándose alrededor de un centímetro por debajo de donde acababan los pantalones cortos.
—Oh mierda.
Mantuve mis labios fuertemente cerrados, sin saber si podía abrir la boca sin llorar. Justin rodeó mi cintura con su brazo y lancé los míos sobre sus hombros.
—Vamos, amor. Esperemos que ese cerrajero ya haya llegado.
Por primera vez, eché un vistazo alrededor y me di cuenta de dónde estábamos.
Estábamos en mi complejo de apartamentos.
¡Vivíamos en el mismo complejo de apartamentos!
Me debatí sobre si debería decir algo mientras me dirigía hacia su apartamento. Casi lo mencioné cuando pasábamos mi propio coche, pero luego me recordé a mi misma que esto se suponía que era una cosa de una sola noche. Vivía en un edificio más allá del mío. Gracias a Dios. ¿Qué si vivía justo al lado y tenía que verlo todos los días después de sin duda horrible sexo que iba a tratar de tener con él?
Llegamos a su puerta. Y estábamos sin cerrajero.
La piel de mi pantorrilla todavía se sentía caliente, como si estuviera de pie junto a una llama de fuego.
Me lanzó una mirada preocupada y luego sacó su móvil. Pulsó el botón de llamada dos veces, remarcando al último número que llamó.
Se alejó de mi para hablar y me apoyé pesadamente contra la pared junto a su puerta.
Claramente, no estaba destinada a tener sexo. Este era Dios diciéndome que mi destino era ser una monja e ir a un convento junto con toda esa mierda. Ya estaba delirando demasiado.
Justin regresó, e incluso frunciendo el ceño se veía magnífico.
—Malas noticias. El cerrajero se ha retrasado y no estará aquí hasta dentro de una hora.
Traté de no encogerme y fallé.
Se arrodilló y sus dedos recorrieron mi espinilla, deteniéndose a unos cuantos centímetros a la derecha de mi quemadura. Gracias a Dios me había depilado. Inhalo profundamente y expiró lentamente por la nariz. Cerró los ojos por un momento y luego asintió.
—Bien. Bueno, en ese caso tal vez deberíamos llevarte a urgencias.
—¿Qué? ¡No!
¿Qué diría Kelsey? Salí con el objetivo de tener relaciones sexuales y en su lugar terminaría en un hospital.
—Bliss, la quemadura no está demasiado mal, pero si no empiezas a tratártela, dolerá como el infierno.
Golpeé mi cabeza contra la pared y soplé el pelo suelto de mi cara. —No vivo lejos, podemos ir a mi casa.
—Oh, está bien.
Su sonrisa regresó fácilmente y por un breve segundo estuve demasiado inundada en otros sentimientos como para recordar el dolor.
Él continuó: —Vamos a tener que se cuidadosos al subirte de nuevo en la moto. No me gustaría que te quemaras otra vez.
Me mordí el labio inferior. —En realidad no tenemos que subirnos a la moto.
Arqueó una ceja graciosamente.
—Cuando dije que no vivo lejos, me refería a que vivo en el bloque de al lado.
Ambas cejas se elevaron y su sorpresa sólo duró un segundo antes de que una expresión diferente cruzara por su cara, esta era una más difícil de identificar lo que hizo que las mariposas en mi estómago comenzaran a tener convulsiones.
—Vamos a tu piso, entonces... vecina.
Mis rodillas se sentían débiles, y no sólo por el dolor.
Tragué saliva, pero mi boca aún estaba seca. No me rodeó con su brazo de nuevo, pero sus dedos tocaron mi espalda suavemente, y se quedaron allí mientras caminábamos.
Llegamos a mi apartamento en menos de un minuto. Su mano cayó en la parte baja de mi espalda mientras buscaba mis llaves, y por un segundo, me olvidé de lo que estaba buscando.
Llaves de mi apartamento.
En el cual él estaba a punto de entrar.
Conmigo.
A solas.
Para tener sexo.
Sexo.
Sexo.
Sexo.
Mis dedos se sentían rotos mientras intentaba y fallaba insertar la llave en la cerradura. Él no dijo nada. Tampoco tomó las llaves, lo que era bueno, porque eso me habría molestado totalmente. Puede que fuese mental, emocional y físicamente un desastre, pero no necesitaba que un hombre girase la llave por mí. Su mano se mantuvo calmada, gentilmente contra mi espalda hasta que logré abrir la puerta forzadamente.
Cuando entré en el oscuro pasillo, su mano no me siguió. Lo miré de nuevo, de pie y sus manos ahora estaban metidas casualmente en sus bolsillos. Su sonrisa era sincera y magnífica, para detener corazones. Pero parecía que no tenía intenciones de entrar. Eso era todo. Había cambiado de opinión, porque yo era un completo desastre. ¿Por qué más lo haría?
Tomé aire, recordándome a mi misma que era impresionante. No era insegura o tímida. Sólo era virgen, eso no es gran cosa. Y si alguna vez quería dejar de serlo, tendría que tener sexo.
—¿Esperas una invitación? —Pregunté, mirando de pie fuera de mi puerta—. ¿Esta es la parte en la que me dices que eres un vampiro?
Se rió entre dientes. —No, te prometo que la palidez es sólo porque soy británico.
—¿Entonces qué estás esperando? ¿Qué ha pasado con el chico que me hizo sentarme para averiguar su nombre y dejó muy claro que no quería que regresara con mi amiga?
Dio un paso, por lo que se situó en el marco de la puerta, y se recostó contra ella.
—Ese chico está intentando ser un caballero, porque por mucho que quiera entrar a tu casa y por mucho que quiera besarte, estás herida. Además, temo que en realidad no me quieres aquí.
—Querrás decir que él teme.
—¿Hmmm?
—Estabas hablando en tercera personas y luego cambiaste a primera...—Y yo me estaba desviando del tema.
—Sí, lo hacía.
—Y seguía sonriendo. ¿Qué significaba eso?—. Fue un placer conocerte Bliss.
Esta era una salida fácil si no quería seguir adelante con esto. Si quería que mi virginidad viera la luz del día... de nuevo. Empezaba a girarse y todo lo que tenía que hacer era dejarlo ir.
—¡Espera!
Sonrió con una pequeña y sospechosa sonrisa y levantó esa ceja otra vez. Respiré a través de mi miedo.
—Si él está intentando ser un caballero, ¿no debería quedarse y tratar de ayudar a la chica herida que no sabe nada sobre quemaduras de moto?
Sus ojos dejaron los míos para echarle un vistazo a mi pantorrilla, y luego alzo la mirada de nuevo, encontró mis labios en su lugar.
—La chica herida tiene razón. Sería una caballerosa cosa que debo hacer.
Luego entró en mi apartamento y cerró la puerta. La luz del pasillo desapareció, y nos quedamos a oscuras porque mi lámpara de techo se había quemado hace semanas, y todavía no la había remplazado.
Podía sentir el calor que irradiaba mientras se acercaba. Su mano una vez más se instaló en la parte baja de mi espalda y susurró en la oscuridad:
—Enséñame el camino, amor.
Lo miré fijamente, preguntándome si mi lado maniático del control podía manejar esto.
Su mano rozó mi mandíbula.
—Te prometo que iré despacio.
Negué con la cabeza y dejó caer su mano.
—No creo que pueda hacer esto.
—Sólo sujétate a mí. Será divertido.
—Justin...
—Bliss, confía en mí.
Respiré profundamente. Sabía que podía hacerlo.
Vamos, no era para tanto.
Sólo es que me daba miedo.
Vamos, Bliss.
Sólo tenía que apagar mi cerebro, como Kelsey dijo.
—Está bien, pero date prisa... antes de que cambie de opinión.
Su rostro cambio dándome una sonrisa con un rápido beso en mi sien.
—Qué chica.
Luego cuidadosamente colocó el casco sobre mi pelo y pasó una pierna por encima de su moto, ofreciéndome su mano. Me alejé de mis pensamientos y se la di. El asiento estaba encorvado así que a pesar de intentar incorporarme unos centímetros hacia atrás, me deslizaba hacia abajo, haciendo que mi cuerpo se presionara contra el suyo. Su mano se instaló en mi rodilla y sus dedos me rozaron suavemente, haciéndome sentir cosquillas.
—Sujétate.
Hice lo que me dijo y casi me da una aneurisma cuando pude sentir sus abdominales a través de su camisa. De repente, me di cuenta de que realmente estaba subida en una moto. Esto es una locura... Con el miedo que le tengo a la velocidad. Esto no iba a ser bueno. Entonces volví a la realidad. Yo era la que estaba observándolo desde atrás. Sabía que le echaría un vistazo a mi cuerpo y sabría que no era lo suficientemente buena. Demonios, podía sentir ese momento donde él se lamentaba de haberme llevado a su piso. Entonces, la mano sobre mi rodilla dio un pequeño tirón y aunque pensaba que no podríamos estar más cerca, lo estábamos.
No estaba presionada contra él. Estaba incrustada.
Mi pelvis estaba tan apretada contra su espalda que un vertiginoso mareo me atravesó. Y en ese mismo momento, arrancamos. Hundí mis manos en su cintura y la moto entera saltó, desviándose hacia un lado. Solté un pequeño grito. Justo en su oreja. Nos estabilizó y luego freno en una señal de stop.
—¿Todo bien?
Con mi cara enterrada en su hombro, me las arreglé para hablar. —Sí.
—Lo siento amor, soy poco delicado, eso es todo.
—Oh. —Aflojé los dedos que prácticamente estaban enterrándose en sus caderas.
Gracias a Dios que no podía ver mi cara en este momento. El rojo no me favorecía. Tomó mis manos y tiró de ellas para que estas se cruzaran sobre su estómago, y estuvieran envueltas alrededor de él.
—Mucho mejor. Démosle otra oportunidad.
Esta vez, cuando arrancó, no grité. Ganó velocidad lentamente y mantuve mi mejilla contra su espalda, con los ojos cerrados. Shakespeare seguía trabado en mi cabeza, por nuestra conversación anterior, y pensé en todo lo que sabía sobre él para mantener mi mente ocupada. Empecé con el soliloquio de Hamlet. Luego me trasladé al discurso del Día de San Crispín de Henry V. Estaba terminando el monólogo de Macbeth, cuando Justin me interrumpió.
—Realmente te gusta Shakespeare.
La mortificación se estaba convirtiendo en mi emoción por defecto. Supongo que no los estaba recitando en mi cabeza como pensaba.
—Oh, yo, um, simplemente memorizo muy fácilmente.
Con la mejilla aún contra su espalda, traté de calmar a mi corazón. Ahora que la moto no se movía, mi cerebro era libre para temerle a esa otra cosa en la que no había estado pensando últimamente.
Sexo.
Iba a tener sexo.
Con un chico.
Un chico caliente.
Un chico británico caliente.
O tal vez vomitaría de los nervios.
¿Qué si vomitaba sobre el chico británico caliente?
¿Qué si vomitaba sobre el chico británico caliente durante el sexo?
—¿Bliss?
Me moví hacia atrás, horrorizada y preguntándome si accidentalmente había hablado en voz alta otra vez.
—¿Sí?
—Podemos bajarnos de la moto cuando quieras.
—Oh. —Quité mis brazos tan rápidamente que casi perdí el equilibrio.
Afortunadamente, logré estabilizarme y lentamente me bajé de la moto.
Entonces mi pantorrilla rozó con el tubo de escape y empecé a gritar. Estaba caliente. Jodidamente ardiendo. Y ahora me picaba la piel.
—¿Bliss?
Sólo me había alejado de la moto un par de pasos cojeando para el momento en que Justin me alcanzó. A pesar de mis puños cerrados y de cómo me estaba mordiendo el labio para contener el dolor, mis ojos lagrimearon.
Sus manos ahuecaron mi cara primero y luego miró hacia la pierna en donde una brillante roncha roja estaba formándose alrededor de un centímetro por debajo de donde acababan los pantalones cortos.
—Oh mierda.
Mantuve mis labios fuertemente cerrados, sin saber si podía abrir la boca sin llorar. Justin rodeó mi cintura con su brazo y lancé los míos sobre sus hombros.
—Vamos, amor. Esperemos que ese cerrajero ya haya llegado.
Por primera vez, eché un vistazo alrededor y me di cuenta de dónde estábamos.
Estábamos en mi complejo de apartamentos.
¡Vivíamos en el mismo complejo de apartamentos!
Me debatí sobre si debería decir algo mientras me dirigía hacia su apartamento. Casi lo mencioné cuando pasábamos mi propio coche, pero luego me recordé a mi misma que esto se suponía que era una cosa de una sola noche. Vivía en un edificio más allá del mío. Gracias a Dios. ¿Qué si vivía justo al lado y tenía que verlo todos los días después de sin duda horrible sexo que iba a tratar de tener con él?
Llegamos a su puerta. Y estábamos sin cerrajero.
La piel de mi pantorrilla todavía se sentía caliente, como si estuviera de pie junto a una llama de fuego.
Me lanzó una mirada preocupada y luego sacó su móvil. Pulsó el botón de llamada dos veces, remarcando al último número que llamó.
Se alejó de mi para hablar y me apoyé pesadamente contra la pared junto a su puerta.
Claramente, no estaba destinada a tener sexo. Este era Dios diciéndome que mi destino era ser una monja e ir a un convento junto con toda esa mierda. Ya estaba delirando demasiado.
Justin regresó, e incluso frunciendo el ceño se veía magnífico.
—Malas noticias. El cerrajero se ha retrasado y no estará aquí hasta dentro de una hora.
Traté de no encogerme y fallé.
Se arrodilló y sus dedos recorrieron mi espinilla, deteniéndose a unos cuantos centímetros a la derecha de mi quemadura. Gracias a Dios me había depilado. Inhalo profundamente y expiró lentamente por la nariz. Cerró los ojos por un momento y luego asintió.
—Bien. Bueno, en ese caso tal vez deberíamos llevarte a urgencias.
—¿Qué? ¡No!
¿Qué diría Kelsey? Salí con el objetivo de tener relaciones sexuales y en su lugar terminaría en un hospital.
—Bliss, la quemadura no está demasiado mal, pero si no empiezas a tratártela, dolerá como el infierno.
Golpeé mi cabeza contra la pared y soplé el pelo suelto de mi cara. —No vivo lejos, podemos ir a mi casa.
—Oh, está bien.
Su sonrisa regresó fácilmente y por un breve segundo estuve demasiado inundada en otros sentimientos como para recordar el dolor.
Él continuó: —Vamos a tener que se cuidadosos al subirte de nuevo en la moto. No me gustaría que te quemaras otra vez.
Me mordí el labio inferior. —En realidad no tenemos que subirnos a la moto.
Arqueó una ceja graciosamente.
—Cuando dije que no vivo lejos, me refería a que vivo en el bloque de al lado.
Ambas cejas se elevaron y su sorpresa sólo duró un segundo antes de que una expresión diferente cruzara por su cara, esta era una más difícil de identificar lo que hizo que las mariposas en mi estómago comenzaran a tener convulsiones.
—Vamos a tu piso, entonces... vecina.
Mis rodillas se sentían débiles, y no sólo por el dolor.
Tragué saliva, pero mi boca aún estaba seca. No me rodeó con su brazo de nuevo, pero sus dedos tocaron mi espalda suavemente, y se quedaron allí mientras caminábamos.
Llegamos a mi apartamento en menos de un minuto. Su mano cayó en la parte baja de mi espalda mientras buscaba mis llaves, y por un segundo, me olvidé de lo que estaba buscando.
Llaves de mi apartamento.
En el cual él estaba a punto de entrar.
Conmigo.
A solas.
Para tener sexo.
Sexo.
Sexo.
Sexo.
Mis dedos se sentían rotos mientras intentaba y fallaba insertar la llave en la cerradura. Él no dijo nada. Tampoco tomó las llaves, lo que era bueno, porque eso me habría molestado totalmente. Puede que fuese mental, emocional y físicamente un desastre, pero no necesitaba que un hombre girase la llave por mí. Su mano se mantuvo calmada, gentilmente contra mi espalda hasta que logré abrir la puerta forzadamente.
Cuando entré en el oscuro pasillo, su mano no me siguió. Lo miré de nuevo, de pie y sus manos ahora estaban metidas casualmente en sus bolsillos. Su sonrisa era sincera y magnífica, para detener corazones. Pero parecía que no tenía intenciones de entrar. Eso era todo. Había cambiado de opinión, porque yo era un completo desastre. ¿Por qué más lo haría?
Tomé aire, recordándome a mi misma que era impresionante. No era insegura o tímida. Sólo era virgen, eso no es gran cosa. Y si alguna vez quería dejar de serlo, tendría que tener sexo.
—¿Esperas una invitación? —Pregunté, mirando de pie fuera de mi puerta—. ¿Esta es la parte en la que me dices que eres un vampiro?
Se rió entre dientes. —No, te prometo que la palidez es sólo porque soy británico.
—¿Entonces qué estás esperando? ¿Qué ha pasado con el chico que me hizo sentarme para averiguar su nombre y dejó muy claro que no quería que regresara con mi amiga?
Dio un paso, por lo que se situó en el marco de la puerta, y se recostó contra ella.
—Ese chico está intentando ser un caballero, porque por mucho que quiera entrar a tu casa y por mucho que quiera besarte, estás herida. Además, temo que en realidad no me quieres aquí.
—Querrás decir que él teme.
—¿Hmmm?
—Estabas hablando en tercera personas y luego cambiaste a primera...—Y yo me estaba desviando del tema.
—Sí, lo hacía.
—Y seguía sonriendo. ¿Qué significaba eso?—. Fue un placer conocerte Bliss.
Esta era una salida fácil si no quería seguir adelante con esto. Si quería que mi virginidad viera la luz del día... de nuevo. Empezaba a girarse y todo lo que tenía que hacer era dejarlo ir.
—¡Espera!
Sonrió con una pequeña y sospechosa sonrisa y levantó esa ceja otra vez. Respiré a través de mi miedo.
—Si él está intentando ser un caballero, ¿no debería quedarse y tratar de ayudar a la chica herida que no sabe nada sobre quemaduras de moto?
Sus ojos dejaron los míos para echarle un vistazo a mi pantorrilla, y luego alzo la mirada de nuevo, encontró mis labios en su lugar.
—La chica herida tiene razón. Sería una caballerosa cosa que debo hacer.
Luego entró en mi apartamento y cerró la puerta. La luz del pasillo desapareció, y nos quedamos a oscuras porque mi lámpara de techo se había quemado hace semanas, y todavía no la había remplazado.
Podía sentir el calor que irradiaba mientras se acercaba. Su mano una vez más se instaló en la parte baja de mi espalda y susurró en la oscuridad:
—Enséñame el camino, amor.
First Love. Capítulo 2.
No podía decir si la sensación de ardor en mi pecho tenía que ver con el aspecto de Justin en ese mismo instante o el Jack con coca-cola que me acababa de terminar como si fuera agua.
Un camarero llegó ante las señas de Justin, y me tomé un momento para pensar un poco en todo lo que estaba pasando mientras él pedía la bebida. Pero mi cabeza estaba demasiado nublada.
—¿Bliss? —Preguntó Justin.
Su voz envió escalofríos a través de mí.
Me miró, y luego al camarero, quien resultó ser el chico de antes. Abrí la boca para pedir otro Jack con cola, pero el camarero me detuvo con una mano en mi hombro. —Recuerdo, Jack con cola, ¿cierto?
Asentí con la cabeza y me lanzó un guiñó sonriente. Hice una pausa por un momento preguntándome como sabía mi pedido. Estaba bastante segura de que la chica camarera me había servido el último. Seguía sonriendo hacia mí, así que me obligué a hablar.
—Gracias, eh...
—Bruno —dijo.
—Gracias, Bruno.
Echó un vistazo a Justin, y a continuación, se centró de nuevo en mí.
—¿Debo decirle a tu amiga allí que volverás con ella luego?
—Oh, bueno, claro, supongo.
Sonrió en respuesta, y se quedó allí, mirándome, fijamente, durante unos segundos antes de volverse para regresar a la barra. Sabía que tenía que mirar a Justin de nuevo, pero me aterraba derretirme en un charco de excitación si me encontraba con aquellos labios magníficos otra vez.
Él dijo: —¿Sabes? A veces me pregunto si Desdémona era tan inocente como lo aparentaba. Tal vez ella sabía el efecto que tenía sobre los chicos, y disfrutaba poniéndolos celosos.
Desdémona era el personaje de una obra de teatro de Shakespeare. Otelo era su enamorado.
Me encontré con sus ojos, estudiándome.
Me tragué mis nervios y los estudié también.
—O tal vez sólo se dejó intimidar por la intensidad de Otelo y no sabía como hablar con él. La comunicación es clave después de todo.
—Comunicación, ¿eh?
—Podría haber resuelto muchos de sus problemas.
—En ese caso, voy a tratar de ser lo más claro posible. —Tomó su silla y la colocó a escasos centímetros de la mía. Se escabulló a mi lado y dijo:—Prefiero que no vayas de nuevo con tu amiga. Quédate aquí conmigo.
Traga, Bliss.
Me dije.
Tienes que tragar o podrías empezar a babear.
—Bueno, mi amiga está esperándome. ¿Qué vamos a hacer si me quedo?
Extendió una mano y empujó mi pelo sobre mi hombro. Su mano se deslizó por mi cuello, haciendo una pausa en el punto de mi pulso, el que debe de estar volviéndose loco.
—Podemos hablar de Shakespeare. Podemos hablar de lo que quieras. Aunque no puedo prometer que no me distraeré en tu bonito cuello. —Sus dedos viajaron a través de mi mandíbula hasta llegar a la barbilla, que echó un poco hacia delante con la presión de su dedo índice—. O tus labios. O esos ojos. Podría atraerte con historias acerca de mi vida, como Otelo hacía con Desdémona.
Ya estaba suficientemente cortejada. Mi respuesta fue vergonzosamente entrecortada. —Prefiero no hacer paralelos entre nuestra noche y una pareja que terminó con un asesinato o suicidio.
Sonrió, y su dedo cayó de mi barbilla. Mi piel quemó donde me había tocado, y tuve que parar de inclinarme hacia adelante para seguir su toque.
—Shh. No importa lo que hagamos, siempre y cuando te quedes.
—Está bien. —Estuve inmensamente orgullosa de haber logrado respuesta calma en lugar de ''Santo Dios, sí, voy a hacer todo lo que me pidas'' que se estaba reproduciendo en mi mente.
—Tal vez debería quedarme fuera de mi apartamento más a menudo.
Yo preferiría encerrarnos a los dos dentro, en realidad, pensé.
Mi bolsillo empezó a vibrar, y me apresuré a contestar el teléfono antes de que mi embarazoso tono de boy band sonara.
—¿Sí?
—¿Te has caído dentro de váter o qué?
Era Kelsey.
—No, Kelsey, no lo hice. Oye, ¿por qué no te vas a casa sin mí?
Los ojos de Justin se oscurecieron, y mi respiración se enganchó cuando su mirada cayó a mis labios.
—No te saldrás de esto, Bliss. Vas a follar esta noche aunque tenga que hacerlo yo misma.
Dios, ¿podía ser más gritona? Pensé que Justin tuvo que haberla oído hablar, pero sus ojos no se apartaban de mis labios.
—Eso no será necesario, Kels.
Traté de pensar en una forma críptica para decirle que ya había encontrado a mi chico, cuando oí una toma de aire, seguido de un ''OH DIOS MÍO''.
Miré por encima del hombro de Justin a tiempo para ver como la sonrisa de Kelsey se ensanchaba, y el gesto crudo de mano que siguió.
—Sí, está bien, así que hablaré contigo más tarde, Kels.
—Seguro que lo harás. Te llamaré y me contarás cada precioso detalle. —Ya veremos.
—Mejor que veas mucho esta noche, cariño. Espero que tus ojos se abran después de esto, de una vez por todas.
Colgué sin una respuesta.
—¿Tu amiga? —preguntó.
Asentí con la cabeza, porque su mirada fija tenía mi sangre hirviendo. Nunca en mi vida me había sentido tan completamente activada por alguien que ni si quiera me estaba tocando. Sexo salía del hombre en olas, y me sorprendí al encontrar cuán interesada estaba en aprender a nadar.
—¿Te vas a quedar?
Asentí con la cabeza otra vez, cada músculo de mi cuerpo estaba tenso. Si no me besaba pronto, iba a explotar. Justo cuando pensaba en que podría hacerlo, el camarero regresó con las bebidas. Él se acercó con una sonrisa, que bajó al ver lo cerca que Justin y yo estábamos.
—Siento haber tardado tanto. Estamos inundados por allí.
Me aferré a la distracción.
—No es ningún problema, Bruno.
—Por supuesto. ¿Necesitas algo más?
—No, estoy bien.
Los ojos de Bruno se posaron en Justin, y luego se acercaron un poco más a mí.
—¿Estás segura?
—Estamos seguros. —dijo Justin secamente antes de entregarle unos cuantos billetes— Quédate con el cambio.
Bruno comprobó a una pareja más que se encontraba a unas pocas mesas de distancia, y luego se fue a la parte delantera de la barra de nuevo. Cuando se alejó, me volví a Justin. Me di cuenta de que su brazo había hecho su camino alrededor de mi silla.
—¿Eres celoso, Justin?
—No realmente.
Levanté una ceja y él sonrió descaradamente.
—Tal vez esta discusión sobre Otelo me ha puesto un poco nervioso. —dijo.
—Entonces vamos a hablar de otra cosa. ¿A qué hora dijo el cerrajero que estaría en tu apartamento?
Miró brevemente su reloj, y yo aproveché para observar la increíble acumulación de sus brazos. —Debería estar allí muy pronto.
—¿Deberías ir y esperarlo? —Era difícil determinar exactamente lo que quería en ese momento. Sin duda le gustaba, y yo definitivamente quería que me besara, pero estaba acostumbrada a sabotear este tipo de cosas para que nunca llegaran demasiado lejos. Siempre en busca de una puerta de salida.
—¿Estás intentando deshacerte de mí?
Respiré hondo, no dejando salir el aire. No habría puertas traseras, no esta vez. Me mordí el labio y lo miré. Esperaba que no pudiera leer el miedo zumbando bajo mi fachada confiada.
—Supongo que podríamos ir y esperarlo juntos. —dije.
Miró mis labios.
Moría... Moría porque me besara.
—Mucho mejor.
Se puso de pie y me ofreció su brazo.
—¿Señorita?
—¿No quieres que nos terminemos las bebidas?
Me tomó la mano y apretó sus labios contra el interior de mi muñeca. —Ya estoy intoxicado.
Me reí, porque era ridículo lo que acababa de decir (y porque no quería admitir que aún así, funcionaba).
Sonrió. —¿He llegado demasiado lejos? ¿Qué puedo decir...? El teatro me da un gusto por lo dramático.
—Intentemos algo de realismo en su lugar.
—Creo que puedo hacer eso —dijo.
Apenas había procesado sus palabras antes de que me levantara de la silla y tapara mi boca con la suya. Su olor me abrumaba. Cítricos, cuero y otra cosa que me hizo agua la boca. Yo estaba casi demasiado sorprendida para reaccionar. Era muy consciente del hecho de que me estaba besando en medio de un bar, hasta que me mordisqueó el labio inferior. Luego me olvidé de todo, excepto de él. Todo mi cuerpo se estremeció, y mi corazón se dejó caer hacia mi estómago, como si la fuerza de la gravedad se hubiera duplicado. La cabeza me daba vueltas, pero no me importaba. Abrí mi boca, y al instante su lengua se deslizó adentro, tomando el control. Mis manos se aferraron a su espalda, y en respuesta, me llevó más cerca. Su beso fue lento, luego rápido, tierno y extenuante. Estábamos apretados con tanta fuerza que podía sentir cada parte de su cuerpo, pero, aún así, quería estar más cerca. Su mano se deslizó hasta el fondo de mi camisa y sus dedos calientes presionaron mi, ya demasiado ardiente, piel. Un gemido escapó de mi boca ante aquel contacto íntimo. Inmediatamente me arrepentí, porque el sonido pareció aclarar su cabeza, y se apartó.
No pude evitar que mis labios siguieran los suyos, pero se quedó fuera del alcance de mi beso. En su lugar, se quejó, agachó la cabeza y me dio un beso caliente en el cuello.
Mi cerebro estaba definitivamente volando bajo. Mi cuerpo era quién mandaba en ese momento y, Dios, me sentía muy bien. Yo era sólo la suma de mis terminaciones nerviosas, que se volvían locas. Él suspiró pesadamente, y eso quemó mi piel. Su voz era ronca cuando habló.
—Lo siento. Me dejé llevar.
Esas fueron exactamente las palabras adecuadas. Dejarse llevar. Nunca había estado tan atrapada en una persona antes. Nunca había estado tan... tan fuera de control. Era emocionante y a la vez aterrador.
Su rostro apareció ante mí, y yo traté de mantener mi expresión neutral. Su mano se deslizó fuera de mi camisa, y me estremecí, mi piel estaba de luto por la pérdida. Dio un paso atrás.
—Bien. Podría ser momento para un poco más de razón, y un poco menos de pasión.
Me reí, pero por dentro estaba enseñándole el dedo corazón a la ''razón''. Ya me había gobernado el tiempo suficiente y ya era hora de cambiar algunas cosas.
Un camarero llegó ante las señas de Justin, y me tomé un momento para pensar un poco en todo lo que estaba pasando mientras él pedía la bebida. Pero mi cabeza estaba demasiado nublada.
—¿Bliss? —Preguntó Justin.
Su voz envió escalofríos a través de mí.
Me miró, y luego al camarero, quien resultó ser el chico de antes. Abrí la boca para pedir otro Jack con cola, pero el camarero me detuvo con una mano en mi hombro. —Recuerdo, Jack con cola, ¿cierto?
Asentí con la cabeza y me lanzó un guiñó sonriente. Hice una pausa por un momento preguntándome como sabía mi pedido. Estaba bastante segura de que la chica camarera me había servido el último. Seguía sonriendo hacia mí, así que me obligué a hablar.
—Gracias, eh...
—Bruno —dijo.
—Gracias, Bruno.
Echó un vistazo a Justin, y a continuación, se centró de nuevo en mí.
—¿Debo decirle a tu amiga allí que volverás con ella luego?
—Oh, bueno, claro, supongo.
Sonrió en respuesta, y se quedó allí, mirándome, fijamente, durante unos segundos antes de volverse para regresar a la barra. Sabía que tenía que mirar a Justin de nuevo, pero me aterraba derretirme en un charco de excitación si me encontraba con aquellos labios magníficos otra vez.
Él dijo: —¿Sabes? A veces me pregunto si Desdémona era tan inocente como lo aparentaba. Tal vez ella sabía el efecto que tenía sobre los chicos, y disfrutaba poniéndolos celosos.
Desdémona era el personaje de una obra de teatro de Shakespeare. Otelo era su enamorado.
Me encontré con sus ojos, estudiándome.
Me tragué mis nervios y los estudié también.
—O tal vez sólo se dejó intimidar por la intensidad de Otelo y no sabía como hablar con él. La comunicación es clave después de todo.
—Comunicación, ¿eh?
—Podría haber resuelto muchos de sus problemas.
—En ese caso, voy a tratar de ser lo más claro posible. —Tomó su silla y la colocó a escasos centímetros de la mía. Se escabulló a mi lado y dijo:—Prefiero que no vayas de nuevo con tu amiga. Quédate aquí conmigo.
Traga, Bliss.
Me dije.
Tienes que tragar o podrías empezar a babear.
—Bueno, mi amiga está esperándome. ¿Qué vamos a hacer si me quedo?
Extendió una mano y empujó mi pelo sobre mi hombro. Su mano se deslizó por mi cuello, haciendo una pausa en el punto de mi pulso, el que debe de estar volviéndose loco.
—Podemos hablar de Shakespeare. Podemos hablar de lo que quieras. Aunque no puedo prometer que no me distraeré en tu bonito cuello. —Sus dedos viajaron a través de mi mandíbula hasta llegar a la barbilla, que echó un poco hacia delante con la presión de su dedo índice—. O tus labios. O esos ojos. Podría atraerte con historias acerca de mi vida, como Otelo hacía con Desdémona.
Ya estaba suficientemente cortejada. Mi respuesta fue vergonzosamente entrecortada. —Prefiero no hacer paralelos entre nuestra noche y una pareja que terminó con un asesinato o suicidio.
Sonrió, y su dedo cayó de mi barbilla. Mi piel quemó donde me había tocado, y tuve que parar de inclinarme hacia adelante para seguir su toque.
—Shh. No importa lo que hagamos, siempre y cuando te quedes.
—Está bien. —Estuve inmensamente orgullosa de haber logrado respuesta calma en lugar de ''Santo Dios, sí, voy a hacer todo lo que me pidas'' que se estaba reproduciendo en mi mente.
—Tal vez debería quedarme fuera de mi apartamento más a menudo.
Yo preferiría encerrarnos a los dos dentro, en realidad, pensé.
Mi bolsillo empezó a vibrar, y me apresuré a contestar el teléfono antes de que mi embarazoso tono de boy band sonara.
—¿Sí?
—¿Te has caído dentro de váter o qué?
Era Kelsey.
—No, Kelsey, no lo hice. Oye, ¿por qué no te vas a casa sin mí?
Los ojos de Justin se oscurecieron, y mi respiración se enganchó cuando su mirada cayó a mis labios.
—No te saldrás de esto, Bliss. Vas a follar esta noche aunque tenga que hacerlo yo misma.
Dios, ¿podía ser más gritona? Pensé que Justin tuvo que haberla oído hablar, pero sus ojos no se apartaban de mis labios.
—Eso no será necesario, Kels.
Traté de pensar en una forma críptica para decirle que ya había encontrado a mi chico, cuando oí una toma de aire, seguido de un ''OH DIOS MÍO''.
Miré por encima del hombro de Justin a tiempo para ver como la sonrisa de Kelsey se ensanchaba, y el gesto crudo de mano que siguió.
—Sí, está bien, así que hablaré contigo más tarde, Kels.
—Seguro que lo harás. Te llamaré y me contarás cada precioso detalle. —Ya veremos.
—Mejor que veas mucho esta noche, cariño. Espero que tus ojos se abran después de esto, de una vez por todas.
Colgué sin una respuesta.
—¿Tu amiga? —preguntó.
Asentí con la cabeza, porque su mirada fija tenía mi sangre hirviendo. Nunca en mi vida me había sentido tan completamente activada por alguien que ni si quiera me estaba tocando. Sexo salía del hombre en olas, y me sorprendí al encontrar cuán interesada estaba en aprender a nadar.
—¿Te vas a quedar?
Asentí con la cabeza otra vez, cada músculo de mi cuerpo estaba tenso. Si no me besaba pronto, iba a explotar. Justo cuando pensaba en que podría hacerlo, el camarero regresó con las bebidas. Él se acercó con una sonrisa, que bajó al ver lo cerca que Justin y yo estábamos.
—Siento haber tardado tanto. Estamos inundados por allí.
Me aferré a la distracción.
—No es ningún problema, Bruno.
—Por supuesto. ¿Necesitas algo más?
—No, estoy bien.
Los ojos de Bruno se posaron en Justin, y luego se acercaron un poco más a mí.
—¿Estás segura?
—Estamos seguros. —dijo Justin secamente antes de entregarle unos cuantos billetes— Quédate con el cambio.
Bruno comprobó a una pareja más que se encontraba a unas pocas mesas de distancia, y luego se fue a la parte delantera de la barra de nuevo. Cuando se alejó, me volví a Justin. Me di cuenta de que su brazo había hecho su camino alrededor de mi silla.
—¿Eres celoso, Justin?
—No realmente.
Levanté una ceja y él sonrió descaradamente.
—Tal vez esta discusión sobre Otelo me ha puesto un poco nervioso. —dijo.
—Entonces vamos a hablar de otra cosa. ¿A qué hora dijo el cerrajero que estaría en tu apartamento?
Miró brevemente su reloj, y yo aproveché para observar la increíble acumulación de sus brazos. —Debería estar allí muy pronto.
—¿Deberías ir y esperarlo? —Era difícil determinar exactamente lo que quería en ese momento. Sin duda le gustaba, y yo definitivamente quería que me besara, pero estaba acostumbrada a sabotear este tipo de cosas para que nunca llegaran demasiado lejos. Siempre en busca de una puerta de salida.
—¿Estás intentando deshacerte de mí?
Respiré hondo, no dejando salir el aire. No habría puertas traseras, no esta vez. Me mordí el labio y lo miré. Esperaba que no pudiera leer el miedo zumbando bajo mi fachada confiada.
—Supongo que podríamos ir y esperarlo juntos. —dije.
Miró mis labios.
Moría... Moría porque me besara.
—Mucho mejor.
Se puso de pie y me ofreció su brazo.
—¿Señorita?
—¿No quieres que nos terminemos las bebidas?
Me tomó la mano y apretó sus labios contra el interior de mi muñeca. —Ya estoy intoxicado.
Me reí, porque era ridículo lo que acababa de decir (y porque no quería admitir que aún así, funcionaba).
Sonrió. —¿He llegado demasiado lejos? ¿Qué puedo decir...? El teatro me da un gusto por lo dramático.
—Intentemos algo de realismo en su lugar.
—Creo que puedo hacer eso —dijo.
Apenas había procesado sus palabras antes de que me levantara de la silla y tapara mi boca con la suya. Su olor me abrumaba. Cítricos, cuero y otra cosa que me hizo agua la boca. Yo estaba casi demasiado sorprendida para reaccionar. Era muy consciente del hecho de que me estaba besando en medio de un bar, hasta que me mordisqueó el labio inferior. Luego me olvidé de todo, excepto de él. Todo mi cuerpo se estremeció, y mi corazón se dejó caer hacia mi estómago, como si la fuerza de la gravedad se hubiera duplicado. La cabeza me daba vueltas, pero no me importaba. Abrí mi boca, y al instante su lengua se deslizó adentro, tomando el control. Mis manos se aferraron a su espalda, y en respuesta, me llevó más cerca. Su beso fue lento, luego rápido, tierno y extenuante. Estábamos apretados con tanta fuerza que podía sentir cada parte de su cuerpo, pero, aún así, quería estar más cerca. Su mano se deslizó hasta el fondo de mi camisa y sus dedos calientes presionaron mi, ya demasiado ardiente, piel. Un gemido escapó de mi boca ante aquel contacto íntimo. Inmediatamente me arrepentí, porque el sonido pareció aclarar su cabeza, y se apartó.
No pude evitar que mis labios siguieran los suyos, pero se quedó fuera del alcance de mi beso. En su lugar, se quejó, agachó la cabeza y me dio un beso caliente en el cuello.
Mi cerebro estaba definitivamente volando bajo. Mi cuerpo era quién mandaba en ese momento y, Dios, me sentía muy bien. Yo era sólo la suma de mis terminaciones nerviosas, que se volvían locas. Él suspiró pesadamente, y eso quemó mi piel. Su voz era ronca cuando habló.
—Lo siento. Me dejé llevar.
Esas fueron exactamente las palabras adecuadas. Dejarse llevar. Nunca había estado tan atrapada en una persona antes. Nunca había estado tan... tan fuera de control. Era emocionante y a la vez aterrador.
Su rostro apareció ante mí, y yo traté de mantener mi expresión neutral. Su mano se deslizó fuera de mi camisa, y me estremecí, mi piel estaba de luto por la pérdida. Dio un paso atrás.
—Bien. Podría ser momento para un poco más de razón, y un poco menos de pasión.
Me reí, pero por dentro estaba enseñándole el dedo corazón a la ''razón''. Ya me había gobernado el tiempo suficiente y ya era hora de cambiar algunas cosas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)