miércoles, 5 de febrero de 2014

Química Perfecta. Capítulo 43.

-Narra ____ Ellis-

Cinco meses después

La fragancia de agosto en Colorado definitivamente es distinta a la de Los Ángeles. Me sacudo el pelo. Con mi nuevo corte, no tengo que molestarme en alisar el cabello encrespado mientras intento desempaquetar las maletas en la habitación de la residencia universitaria.

Mi compañera de cuarto, Lexie, es de Arkansas. Parece un hada, pequeña y dulce. Podría pasar por una de las descendientes de Campanilla. Juraría que nunca la he visto poner mala cara. Sierra, que está en la universidad de Illinois, no ha tenido tanta suerte con su compañera de cuarto, Dará. La chica ha dividido el armario y la habitación en cuatro partes separadas, y se levanta las cinco y media todos los días, fines de semana incluidos, para trabajar en la habitación. Sierra está de los nervios, pero como pasa la mayor parte del tiempo en el cuarto de Doug, va arreglándoselas bien.

— ¿Estás segura de que no quieres venir con nosotras? — me pregunta Lexis con su enérgico acento de campo. En el parque del campus se celebra una especie de fiesta de bienvenida para los estudiantes de primero.
— Tengo que deshacer el equipaje, y luego quiero ir a visitar a mi hermana. Le prometí hacerlo en cuanto acabara con las maletas.
— Vale. — dice Lexie mientras se prueba distintas combinaciones de ropa para conseguir el ‘’aspecto perfecto’’ para esta noche. Cuando da con un conjunto, se arregla el pelo y empieza a maquillarse. Me recuerda a mi antigua yo. Aquella que intentaba desesperadamente cumplir con las expectativas de todos.

Cuando Lexie se marcha media hora más tarde, me siento en la cama y saco el móvil. Lo abro y miro la foto de Justin. Detesto sentir aquella necesidad. He intentado muchas veces borrar las fotos, borrar el pasado. Pero no puedo.
Meto la mano en el cajón del escritorio y saco la bandana de Justin, recién lavada y plegada en un pequeño cuadrado. Acaricio la suave tela, recordando el momento en que Justin me la regaló. Para mí, no representa a los American Blood, sino a Justin.
Suena el teléfono y regreso al presente. Es alguien de Sunny Acres. Cuando contesto, oigo la voz de una mujer.
— ¿Podría hablar con _____ Ellis?
— Yo misma.
— Soy Georgia Jackson, de Sunny Acres. Todo va bien con Shelley, pero le gustaría saber si estará aquí antes o después de la cena.
Miro el reloj. Son las cuatro y media.
— Dígale que estaré allí en quince minutos. Ahora mismo salgo.

Después de colgar, dejo la bandana en el cajón del escritorio y guardo el móvil en el bolsillo.
Cojo el autobús hasta la otra punta de la ciudad. Antes de darme cuenta, estoy avanzando por la sala de Sunny Acres donde, según la recepcionista, encontraría a mi hermana.

Primero diviso a Georgia Jackson. Me recibe con un caluroso abrazo.
— ¿Dónde está Shelley? — le pregunto, recorriendo la habitación con la mirada.
— Jugando a las damas, como de costumbre. — responde Georgia, señalando un rincón. Aunque Shelley está de espaldas reconozco la parte posterior de su cabeza y la silla de ruedas.
Está gritando, señal de que va ganando.
Cuando me acerco, reconozco a la persona que está jugando con ella. El cabello castaño casi rubio tendría que haberme dado una pista de que mi vida está a punto de dar un giro sorprendente, aunque no había podido verlo bien hasta ahora. Me quedo paralizada.
No puede ser. Mi imaginación debe de estar jugándome una mala pasada.
Sin embargo, cuando se da la vuelta y me atraviesa con aquellos ojos marrón miel que tan bien conozco, la realidad me golpea como un martillo.

Justin está aquí. A diez pasos de mí. Todo lo que siento por él me invado de nuevo con la fuerza de un maremoto.
No sé qué decir, qué hacer. Me vuelvo hacia Georgia, preguntándome si ella sabía que Justin estaba aquí. Por su expresión esperanzada comprendo que sí.

— Ha venido ____. — oigo que le dice Justin a mi hermana antes de ponerse de pie, y dar la vuelta a la silla de ruedas, cuidadosamente, para que Shelley pueda verme.

Me acerco a mi hermana como un robot y la abrazo. Cuando la suelto, Justin se planta delante de mí. Lleva unos pantalones de algodón y una camisa azul. No puedo dejar de mirarle. El estómago empieza a darme vueltas y me siento mareada. El mundo se desvanece a nuestro alrededor. En aquel instante sólo existe él.
Finalmente, consigo recuperar la voz.
— ¿Justin…? ¿Qué estás haciendo aquí? — pregunto con un nudo en la garganta.
Él se encoge de hombros.
— Le prometí a Shelley la revancha, ¿no? — sonríe.
Estamos cara a cara y alguna fuerza invisible no me permite apartar la mirada de él.
— ¿Has venido hasta Colorado sólo para jugar a las damas con mi hermana?
— Bueno, no es la única razón. Voy a la universidad de Colorado. Tras salir de los American Blood, la señora P. y el director Simons me ayudaron a graduarme. Vendí a Julia. Estoy trabajando en la asociación de estudiantes y ya tengo un crédito.
¿Justin? ¿En la universidad? Su camisa, perfectamente abotonada en los puños, esconde el tatuaje de los American Blood.
— ¿Dejaste la banda? Pensaba que era demasiado peligroso, Justin. Dijiste que la gente que lo intentaba acababa muerta.
— Me fue de un pelo. Si no hubiese sido por Gary Frankel, seguramente no lo habría conseguido…
— ¿Gary Frankel? — ¿El tipo más agradable del instituto? Estudio detenidamente su rostro y descubro una nueva cicatriz sobre el ojo, casi invisible, y otras con muy mala pinta en el cuello. — ¡Oh, Dios mío! ¿Qué te hicieron?
Él me coge de la mano y la coloca sobre su pecho. Su mirada es tan intensa y oscura como la primera vez que reparé en él, el primer día del último curso del instituto, en el aparcamiento.
— Tardé mucho tiempo en comprender que debía poner las cosas en su sitio. Enfrentarme a mis propias decisiones. A la banda. Me golpearon y me marcaron como a un ternero. Pensé que no iba a salir de aquella… Pero todo eso no fue nada comparado con el hecho de perderte. Si pudiera tragarme cada palabra que te dije en el hospital, lo haría. Pensé que si te apartaba de mí, evitaría que acabaras como mi padre o Ryan. — Levanta la mirada y me atraviesa con sus ojos. — Nunca volveré a apartarte de mi lado, ____. Nunca. Te lo prometo.

¿Le golpearon? ¿Le marcaron? Siento náuseas y las lágrimas empiezan a agolparse en mis ojos.

— Shh — dice él, rodeándome con los brazos y frotándome la espalda con la palma de las manos. — No te preocupes. Estoy bien. — canturrea una y otra vez con la voz ahogada.
Me siento bien. Podría quedarme entre sus brazos toda la vida.
Justin apoya su frente en la mía.
— Tienes que saber algo. Acepté la apuesta porque en el fondo sabía que si me involucraba emocionalmente, estaría acabado. Y estuvo a punto de ocurrir. Has sido la única chica que ha conseguido que lo arriesgue todo por un futuro que merecía la pena. — confiesa, enderezándose y dando un paso atrás. — Lo siento. ____, dime lo que quieres y te lo daré. Si crees que serás más feliz sin mí, sólo tienes que decírmelo. Pero si todavía me quieres, haré todo lo que esté en mi mano para que esto… — dice, señalándose la ropa. — ¿Cómo puedo demostrarte que he cambiado?
— Yo también he cambiado. — le aseguro. — Ya no soy la niña que era antes, y lo siento, pero esa ropa… no te pega nada. — digo soltando una carcajada.
— Es lo que te gusta.
— Te equivocas, Justin. Yo te quiero a ti, no una imagen idealizada. Definitivamente, prefiero los vaqueros y la camiseta, es lo que te hace ser tú mismo.
Justin baja la mirada para observar su atuendo y suelta una carcajada.
— Tienes razón. — admite, mirándome de nuevo. — Una vez dijiste que me querías. ¿Sigues sintiendo lo mismo?
Mi hermana observa toda la escena. Sonríe abiertamente, dándome la fuerza que necesito para decirle la verdad.
— Nunca he dejado de amarte. Ni siquiera cuando intenté olvidarte desesperadamente. No lo conseguí.
Deja escapar un lento y profundo suspiro de alivio, y se frota la frente. Tiene los ojos vidriosos por la emoción. Cuando noto que mis ojos se empiezan a humedecer, lo agarro por la camisa.
— No quiero discutir todo el tiempo, Justin. Salir contigo debería ser divertido. El amor debe ser divertido. — Tiro de él. Quiero sentir sus labios contra los míos. — ¿Podremos conseguirlo?
Nuestros labios se rozan ligeramente, y entonces se aparta de mí…
Se arrodilla, me sujeta las manos entre las suyas y el corazón empieza a latirme con fuerza.
— _____ Ellis, te demostraré que soy el chico que estabas convencida que era hace diez meses. Me esforzaré por llegar a ser la persona que quiero ser. Tengo planeado pedirte que te cases conmigo dentro de cuatro años, el día que nos graduemos. — Ladea la cabeza y su voz adopta un tono más pícaro y juguetón. — Y te garantizo una vida llena de diversión. Sé que no podremos evitar alguna que otra pelea porque eres una persona muy apasionada… pero estoy deseando que ocurra porque después vendrán las increíbles reconciliaciones. — me guiña un ojo. — Tal vez algún día podamos regresar a Fairfield y convertirlo en el lugar que mi padre deseó. Tú, yo y Shelley. Y cualquier otro miembro de la familia Ellis o Bieber que quiera formar parte de nuestras vidas. ¿Qué dices? ____, mi corazón te pertenece.

No puedo evitar sonreír mientras me enjugo una solitaria lágrima que desciende por mi mejilla. ¿Cómo no voy a estar locamente enamorada de este chico? El tiempo que hemos pasado separados no lo ha cambiado en absoluto. No puedo negarle otra oportunidad. Sería como engañarme a mí misma.
Ha llegado el momento de arriesgarse, de confiar una vez más.
— Shelley, ¿crees que tu hermana volverá a aceptarme? — le pregunta Justin con el pelo peligrosamente cerca de los dedos de mi hermana. Sin embargo, Shelley no tira de él… sino que le da unos suaves golpecitos en la cabeza. Las lágrimas empiezan a inundar mis mejillas rápidamente.
— ¡Sí! — grita Shelley con una sonrisa de oreja a oreja. Parece más feliz y alegre de lo que lo ha estado en mucho tiempo. Tengo a mi lado a las dos personas que más quiero en el mundo, ¿qué más puedo pedir?
— ¿Qué carrera has elegido? — le pregunto a Justin.
Me mira con su irresistible sonrisa.
— Química, ¿y tú?
— Química. — le digo, rodeándole el cuello con los brazos. — Bésame para que podamos averiguar si todavía existe química entre nosotros. Porque mi corazón, mi alma y todo lo demás ya es tuyo.

Finalmente, sus labios rozan los míos, con mayor intensidad de la que puedo recordar.
Vaya. Parece que, después de todo, el mundo no se ha acabado. He podido retroceder en el tiempo, incluso sin pedirlo.

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