miércoles, 5 de febrero de 2014

Química Perfecta. Capítulo 15.

-Narra Justin-

Miro hacia abajo y me encuentro algo bastante desagradable sobre mis zapatos. Supongo que no pasa nada… me han ocurrido cosas peores.

Ella se incorpora, así que le suelto el pelo. No he podido evitar cogérselo para que no le cayera nada, ni se lo manchara. Intento no pensar en la sensación que me ha provocado sentir su pelo deslizándose entre mis dedos como hilos de seda.
Mi ilusión de hacerme pirata y raptarla para llevarla a mi barco vuelve a pasarme por la cabeza. Pero ni soy pirata, ni ella es mi princesa cautiva. Sólo somos dos adolescentes que se odian el uno al otro. De acuerdo, puede que no la odie de verdad.
Me quito la bandana de la cabeza y se la doy.

— Toma, límpiate la cara con esto.

Mientras me limpio el zapato en las frías aguas de Danwood Beach, ella utiliza la bandana para presionarse las comisuras de los labios, como si fuera una servilleta de un restaurante de categoría.
No sé qué decir ni qué hacer. Estoy solo… con ____ Ellis borracha. No estoy acostumbrado a quedarme a solas con niñas pijas a las que la bebida les hace ponerse sensibles, especialmente con una que me excita tanto. Tengo dos opciones… aprovecharme de ella y ganar la apuesta, lo que, teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra, sería una auténtica guarrada, o…

— Voy a buscar a alguien para que te lleve a casa. — suelto antes de que mi cerebro piense en el millón de formas distintas de aprovecharme de ella esta noche. El alcohol me ha dejado tocado, y las drogas también. Y cuando tenga relaciones con esta chica, quiero contar con todas mis facultades.
Ella frunce los labios, haciendo pucheros como un bebé.
— No. No quiero ir a casa. A cualquier sitio menos a casa.
Oh, mierda. En menudo lío estoy metido.
Cuando me mira, la luz de la luna hace que sus ojos brillen como una joya única y valiosa.
— Colin cree que me gustas, ¿sabes? Dice que discutimos porque es nuestra manera de tontear.
— ¿Y es cierto? — le pregunto, y contengo la respiración para oír su respuesta. Por favor, por favor, que sea capaz de recodarla mañana cuando me levante.
Ella levanta un dedo.
— Espera un momento…
Entonces, se arrodilla en el suelo y vuelve a vomitar. Cuando termina, se encuentra demasiado débil para caminar. Parece la última muñeca de trapo que queda en un rastro.
La cojo en volandas, y la llevo hasta donde mis amigos han encendido una enorme fogata sin saber muy bien qué hacer.
Cuando me rodea el cuello con los brazos, me da la sensación de que necesita que alguien la defienda. Y seguro que Colin no es ese tipo. Yo tampoco lo soy. He oído que en su primer año, antes de conocer a Colin, salió con un alumno de penúltimo curso.
Esta chica debe de tener experiencia.
Entonces… ¿por qué parece tan inocente? Puede que esté buenísima, pero sigue pareciendo inocente.
Todas las miradas recaen sobre nosotros conforme nos acercamos al grupo. Ven una niña rica y desmayada en mis brazos y enseguida piensan en lo peor. Se me ha olvidado decir que, durante el paseo, mi compañera de laboratorio se ha quedado dormida entre mis brazos.

— ¿Qué le has hecho? — pregunta Ryan.
Lucky se pone en pie. Está muy cabreado.
— Mierda, Justin. ¿He perdido mi RX-7?
— No, imbécil. No me tiro a las chicas inconscientes.
Por el rabillo del ojo puedo ver a una furiosa Alice. Mierda. Me he pasado un montón con ella esta noche, y merezco que esté enfadada conmigo.
Le hago una señal a Elisabeth para que se acerque.
— Eli, necesito tu ayuda.
— ¿Y qué quieres que haga con ella? — pregunta, echando un vistazo a _____.
— Ayúdame a sacarla de aquí. Estoy muy mal y no puedo conducir.
Eli niega con la cabeza.
— ¿Te das cuenta de que tiene novio? ¿Y de que es rica? ¿Y que lleva ropa de diseño que tú nunca podrás permitirte?
Sí, ya sé todo eso. Y estoy harto y cansado de que todos me lo recuerden continuamente.
— Necesito tu ayuda, Eli. — digo. — No un sermón, ¿vale? Ya tengo a Ryan para que me dé el coñazo. — Eli levanta en alto los brazos, a la defensiva.
— Sólo estoy afirmando lo evidente. Eres un chico listo, Justin. A ver, seamos lógicos. No importa cuánto desees que forme parte de tu vida, ella no pertenece a este mundo. No hay manera de hacer encajar un triángulo en un cuadrado. — hace una pausa y yo la fulmino con la mirada. — Ya me callo.
— Gracias.
Estoy demasiado bebido y fumado ahora mismo como para contestarle a lo que acaba de decir.
— He aparcado al otro lado de la calle. — comenta. Deja escapar un suspiro de desesperación antes de rematar. — Sígueme.
Acompaño a Elisabeth hasta el coche, deseando recorrer esa distancia en silencio. Pero no tengo tanta suerte.
— El año pasado también estuve en clase con ella. — dice Eli.
— Bien.
— Es buena chica…
— Pues la mayoría la odian.
— Eso es porque la mayoría desearían ser como ella, tener su dinero y su novio.
Me detengo en seco y hago una mueca de desprecio.
— ¿Cara Burro?
— Venga ya, Justin. Colin Adams es guapo, es el capitán del equipo de fútbol y el héroe de Fairfield. Tú eres más bien como Danny Zuko en Grease. Fumas, estás en una banda y has salido con las chicas más malas y guapas. _____ es como Sandy… Solo que ella nunca aparecerá vestida con mayas negras. Olvida esa fantasía.

Dejo a mi fantasía en el asiento trasero del coche de Eli y me siento a su lado.
____ se acurruca contra mí, me utiliza como su almohada personal. Sus rizos rubios se despliegan sobre mi cremallera. Cierro los ojos durante un segundo e intento quitarme la imagen de la cabeza. No sé qué hacer con las manos. La derecha está apoyada sobre el reposabrazos de la puerta, y la izquierda cuelga sobre ____.
Vacilo un momento. ¿A quién pretendo engañar? No soy virgen. Soy un chico de dieciocho años que puede soportar tener a una chica sexy y dormida justo a su lado. ¿Por qué tengo miedo de poner el brazo donde esté cómodo, justo sobre su pecho?
Contengo la respiración mientras coloco el brazo sobre ella. ____ se acurruca más cerca de mí. Me siento raro y mareado. O son los efectos del porro o… no me apetece mucho pensar en la otra opción. Su larga melena me cae sobre el muslo. Sin pensarlo dos veces, deslizo la mano entre su cabello y lo observo mientras los sedosos mechones resbalan lentamente entre mis dedos. Me detengo. Tiene una zona del cuero cabelludo sin pelo. Como si hubiera ido a un análisis de drogas, y le hubieran arrancado un gran trozo como muestra.

Cuando Eli da marcha atrás, Ryan la detiene y se sube al asiento del copiloto. Me apresuro a tapar la calva de ____, no quiero que nadie vea esa imperfección. No sé por qué actúo así, pero tampoco voy a comerme la cabeza ahora.

— Eh, chicos. He pensado en apuntarme a dar una vuelta con vosotros. — dice Ryan.
Se vuelve y ve mi brazo descansando sobre _____. Chasquea la lengua y agita la cabeza.
— Cállate. — le advierto.
— No he dicho nada.
De repente, algo empieza a sonar. Puedo sentir la vibración del teléfono de _____ a través de sus pantalones.
La inclino ligeramente y distingo el bulto en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Mierda… me siento como si acabara de secuestrarla, ¿y ahora voy a contestar a su teléfono móvil?
— Contesta… — susurra Eli.
— Yo lo haré. — sugiere Ryan, inclinándose sobre el asiento y acercando la mano al trasero de ____.
Le aparto la mano de un manotazo.
— No le pongas las manos encima.
— Joder, tío, sólo intentaba ayudar.
A modo de respuesta, le dirijo una mirada asesina.
Deslizo los dedos en el bolsillo trasero, intentando no pensar cómo sería poder acariciarla sin los pantalones. Saco el teléfono poco a poco mientras sigue vibrando.
— Es su amiga Sierra.
— Contesta. — dice Ryan.
— ¿Estás loco, hermano? No voy a hablar con una de ellas.
Cuelgo el teléfono y lo vuelvo a guardar donde estaba.
— Deberíamos llevarla a casa. — dice Ryan. — No puedes retenerla contigo.
Lo sé. Aunque todavía no estoy preparado para alejarme de ella.
— Eli, llevémosla a tu casa.

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