miércoles, 5 de febrero de 2014

Química Perfecta. Capítulo 27 parte 1.

-Narra Justin-

-Tío, estaba besándote como si fuera el último beso de su vida. Si besa así, me pregunto cómo...
-Cállate, Henrie.
-Va a acabar contigo, Justin - continúa Henrie-. Mírate, anoche en el calabozo y hoy no vas a clase para ganar dinero y recuperar la moto. No cabe duda de que la tía está muy buena, pero ¿realmente merece la pena?
-Tengo que ponerme a trabajar -suelto, mientras las palabras de Henrie resuenan en mi cabeza. Me paso toda la tarde currando debajo de un Blazer, pensando únicamente en besar una y otra vez a ____.
    
Sí que merece la pena. No tengo la menor duda.
  
-Justin, Héctor está aquí. Ha venido con Chuy -anuncia Henrie a las seis, cuando estoy a punto de irme a casa.
    
Me limpio las manos en el mono de trabajo.

-¿Dónde están?
-En mi oficina.
    
A medida que me acerco al despacho, me invade una sensación de terror. Abro la puerta y veo a Héctor cómodamente instalado, como si estuviera en su propia casa. Chuy está en un rincón, un espectador no del todo inocente.

-Henrie, es un asunto privado.

No me he dado cuenta de que mi primo me ha seguido hasta allí, actuando como un secuaz que no necesito. Le hago un gesto para que nos deje solos. Siempre he sido leal a los American Blood, no hay razón para que Héctor dude ahora de mi compromiso para con la banda. La presencia de Chuy le añade importancia a la reunión. Si solamente estuviéramos Héctor y yo, no me sentiría tan tenso.
   
-Justin. -Héctor se dirige a mí en cuanto Henrie desaparece-. Está bien quedar aquí en lugar de en el almacén, ¿no te parece?
    
Le miro con una tímida sonrisa y cierro la puerta.
Héctor señala el pequeño y estropeado sofá que hay al otro extremo de la habitación.

-Siéntate -ordena, y espera a que tome asiento para añadir-: Necesito que me hagas un favor, amigo.
  
De nada sirve aplazar lo inevitable.

-¿Qué tipo de favor?
-Hay que hacer un intercambio el 31 de octubre.
    
Aún queda un mes y medio. La noche de Halloween.

-No quiero tener nada que ver con asuntos de drogas -le digo-. Lo sabes desde el primer día.
    
Miro a Chuy, quien parece haberse puesto tenso, como el perro del pastor cuando las ovejas se alejan demasiado del rebaño.
Héctor se pone en pie y me apoya una mano en el hombro.
   
-Debes olvidar lo de tu padre. Si quieres llegar a dirigir a los American Blood, tendrás que involucrarte en el tráfico de drogas.
-Entonces, no cuentes conmigo.

Héctor me estruja el hombro y Chuy da un paso adelante. Es una amenaza silenciosa.

-Ojalá fuera tan simple -confiesa Héctor-. Necesito que hagas esto por mí. Y, para serte sincero, me lo debes.
    
Mierda. Si no me hubieran arrestado, no le debería nada a Héctor.

-Sé que no me decepcionarás. Por cierto, ¿cómo está tu madre? Hace mucho que no la veo.
-Está bien -replico, preguntándome qué tiene que ver mi madre en esta conversación.
-Dile que le mando saludos, ¿lo harás?
    
¿Qué coño significa esto?
Héctor abre la puerta, le indica a Chuy que le siga con un gesto y me deja solo para que piense en ello. Me vuelvo a sentar, observando la puerta cerrada, y me pregunto si seré capaz de traficar con drogas. Si quiero mantener a salvo a mi familia, no tengo otra opción.
Miro mi reloj, debería volver a casa ya que ha sido un largo día de duro trabajo.
Al llegar a casa encuentro que no hay nadie, nose donde estarán, pero ahora mismo no tengo las fuerzas suficientes para pensar en ello, me dirijo a mi cama y me tumbo sin desvestirme, antes de darme cuenta se me estan cerrando los parpados pensando en ____.
Oigo el sonido del timbre y me dirijo a la puerta haciendo un gran esfuerzo para levantarme. Paso por delante de un espejo de mi habitación y me veo el pelo alborotado y me doy cuenta de que mi camisa está encima de la cama, pero sigo hacia la puerta.
Al abrir, veo que es ella. ¿Que estará haciendo aquí? Está perfectamente arreglada y su olor a galletas de vainilla me invade haciendo que me quede embobado, pero ella entra cerrando la puerta.

-Necesitaba verte.-Dice sonriente, toqueteandose sus perfectos rizos de color oro-.
-Pero si la boda es...-Me interrumpe con un salvaje beso al que no puedo negarme y le sigo sin pensar en que mi madre y mis hermanos pueden llegar en cualquier momento-.

El beso se hace cada vez más intenso y las ganas de hacerla mía aumentan cada vez más y más, el control se me está llendo de las manos. No paro de tocar todas las partes de su cuerpo, mientras ella gime sobre mis labios. Entonces sus piernas rodean mi cintura de un impulso.
Nos dirigimos a mi habitación y la tumbo en la cama sin apartar su boca de la mía, estoy empezando a entrar en calor y siento la necesidad de pasar mis manos por sus pechos, sus perfectos pechos, ____ vuelve a gemir ante mi acto. 
Entonces se levanta. Porfavor que no pare ahora. Y mirándome salvajemente se quita su camisa de algodón dejando su precioso cuerpo al descubierto, mis ojos no se apartan de ella, y aunque quisiera tampoco podría hacerlo.
Se inclina hacia a mí y desabrocha sensualmente mis baqueros ajustados, me está volviendo loco. No puedo contenerme más y hago lo que llevo tanto tiempo queriendo hacer. ¿Si fuera por la apuesta, me llevaría el RX-7 de Lucky? No me lo puedo creer.
Le quito como puedo los shorts ajustados que ha decidido ponerse hoy para seducirme aún más. Ella queda encima de mi y empieza a besar mi cálido cuello, pasando por mis abdominales, no puedo pensar en otra cosa, estoy tan concentrado que parece que el mundo ya no exíste, suelto un leve gemido cuando noto que pasa su lengua por el tatuaje que tengo en la cintura, me está haciendo tocar el cielo.
Estoy empezando a sudar y mi amigo está completamente erecto, ____ se levanta de la cama una vez más. No puede dejarme así, pienso. ____ termina de desnudarme con delicadeza y hace lo mismo con sí misma. Mientras yo contemplo su cuerpo de escándalo, es más perfecta de lo que parece, más incluso de lo que un hombre puede llegar a imaginar.
¿Está apunto de ocurrir? Este es el momento perfecto para hacerla mía, todo lo que llevo deseando desde que la conocí se va a hacer realidad.

Un cojín golpea mi cabeza fuertemente haciendo que vuelva a la realidad. ¿Pero que...?

-¡Despierta! -Me grita mi hermano Charles-. Mamá te necesita en la cocina -Dice marchándose, dando un portazo brutal-.

Mierda, ¿En que estaría pensando? No hace ni un día que estoy con ____ y ya me obsesiono soñando en como sería hacer el amor con ella. 

-Narra ____ Ellis-

-No puedo creer que hayas cortado con Coliln -dice Sierra mientras se pinta las uñas sobre mi cama después de la cena-. Espero que no acabes lamentándolo, ____. Lleváis juntos mucho tiempo. Pensaba que le querías. Le has roto el corazón, ¿sabes? Llamó a Doug llorando.
-Quiero ser feliz -le digo, sentándome a su lado-. Y con Colin hacía tiempo que no lo era. Ha admitido que este verano me engañó con otra chica. Se acostó con ella, Sierra.
-¿Qué? No me lo puedo creer.
-Pues créetelo. Colin y yo ya habíamos terminado cuando llegó el verano. Lo que pasa es que tardé mucho en darme cuenta de que ya no podíamos seguir con esta farsa.
-Así que has hecho progresos con Justin, ¿eh? Colin cree que estás mezclando algo más que tubos de ensayo con tu compañero de laboratorio.
-No es verdad -le miento. Aunque Sierra sea mi mejor amiga, ella sigue pensando que deben respetarse las divisiones sociales. Quiero decirle la verdad, pero soy incapaz de hacerlo. Al menos por el momento.
    
Sierra cierra el esmalte de uñas y resopla:

-____, lo creas o no, soy tu mejor amiga. Y sé que me estás mintiendo. Admítelo.
-¿Qué quieres que te diga?
-Quiero que por una vez me digas la verdad. Joder, ____. Entiendo que no quieras que Darlene se entere de tus cosas porque le encanta criticar a los demás. Y también puedo entender que quieras dejar al margen al factor triple M. Pero estás hablando conmigo, tu mejor amiga. La única que está al corriente de lo de Shelley, la única que ha sido testigo de cómo tu madre pierde los papeles.
    
Sierra coge el bolso y se lo cuelga del hombro.
No quiero que se enfade conmigo, pero me gustaría hacerle entender lo importante que es todo esto.

-¿No irás luego a contárselo a Doug? No quiero poner entre la espada y la pared, en la tesitura de tener que mentirle.

Sierra hace una mueca de desprecio muy parecida a la que yo suelo hacer.

-Vete a la mierda, ____. Gracias por hacerme sentir que mi mejor amiga no confía en mí -espeta, y antes de salir de mi habitación, se da la vuelta y añade- ¿Sabes esas personas que tienen oído selectivo? Pues lo tuyo es confesión selectiva. Esta mañana te he visto hablar muy animadamente con Elisabeth en el pasillo. Si no te conociera, diría que estabas compartiendo secretitos con ella -dice, levantando las manos-. Vale, admito que me puse celosa porque mi mejor amiga estaba compartiendo sus secretos con otra. Cuando te des cuenta de que lo único que me importa es que seas feliz, llámame.
    
Tiene razón. Pero lo de Justin es tan reciente que aún me siento vulnerable. Eli es la única que sabe lo que hay entre nosotros, por eso recurrí a ella.
    
-Sierra, eres mi mejor amiga y lo sabes -le digo con la esperanza de convencerla de mi sinceridad. Puede que tengamos un problema de confianza, pero eso no significa que no siga siendo mi mejor amiga. 
-Pues entonces empieza a comportarte como tal -dice antes de marcharse.
   
-Al día siguiente-

Me dirijo en coche a recoger a Justin para acompañarlo a la boda.
He elegido para la ocasión un vestido de tirantes ajustado y de color crema. Como mis padres estarán en casa cuando regrese, he cogido una muda y la he guardado en la bolsa de deporte. Mi madre se encontrará con la _____ de siempre cuando llegue a casa: la hija perfecta. ¿Qué importa que tenga que representar un papel? Mientras ella sea feliz. Sierra tiene razón, soy selectiva con ciertas cosas.
Doblo la esquina y me dirijo hacia la entrada del taller. Cuando diviso a Justin junto a su moto, me da un vuelco el corazón.
Ay, madre. En menudo lío estoy metida.
No lleva puesta la bandana. Su cabello color miel le cae sobre la frente. Unos pantalones negros y una camisa de seda negra sustituyen sus habituales vaqueros y camiseta. Tiene el aspecto de un chicano joven y temerario. No puedo evitar esbozar una sonrisa cuando aparco a su lado.
-Nena, parece que ocultas un secreto.

   Pues sí, pienso mientras salgo del coche. A ti.

-Vaya. Estás... preciosa.

Doy una vuelta sobre mí misma.

-¿Qué te parece el vestido?
-Ven aquí -ordena, atrayéndome hacia él-. Ya no quiero ir a la boda. Prefiero tenerte para mí solo.
-De ninguna manera -contesto, recorriéndole la línea de la mandíbula con un dedo.
-Muy graciosa.

Me encanta este Justin juguetón. Consigue que me olvide de todo.

-He venido para asistir a una boda, y eso es lo que voy a hacer -le explico.
-Vaya, y yo que pensaba que venías para estar conmigo.
-Tienes mucho amor propio, Bieber.
-No es lo único que tengo.
    
Me arrincona contra el coche. Siento su cálida respiración sobre mi cuello, más caliente que el sol de mediodía. Cierro los ojos y espero el contacto de sus labios, pero en lugar de eso, oigo su voz.
   
-Dame las llaves -exige, alargando las manos y arrebatándomelas.
-¿No irás a lanzarlas a los arbustos, verdad?
-No me tientes.
    
Justin abre la puerta del coche y se instala en el asiento del conductor.

-¿No vas a invitarme a entrar? -pregunto, confusa.
-No. Voy a aparcar tu coche dentro del taller para que no te lo roben. Esto es una cita oficial. Yo conduzco.
-¿No creerás que voy a ir en esa cosa? -le pregunto, señalando la moto.
   
Justin enarca las cejas un segundo.
    
-¿Por qué no? ¿Julia no es lo suficientemente buena para ti?
-¿Julia? ¿Llamas Julia a tu moto?
-En honor a mi tía abuela.
-Me gusta Julia. Pero no quiero montarme en ella con este vestido tan corto. A no ser que quieras que todo el que venga por detrás me vea las bragas.
    
Se frota la barbilla, reflexivo.

-Pues le alegrarías la vista a más de uno.
   
 Me cruzo de brazos.

-Estoy de coña. Vamos en el coche de mi primo.
    
Nos acercamos a un Camry que hay aparcado al otro lado de la calle.
Después de conducir durante unos minutos, Justin saca un cigarro de un paquete que hay sobre el salpicadero. El chasquido del mechero me provoca náuseas.

-¿Qué? -pregunta, con el cigarrillo encendido colgándole de los labios.

Puede fumar si quiere. Puede que esta sea una cita oficial, pero no soy su novia oficial ni nada de eso.

-Nada -respondo, negando con la cabeza.
   
Le oigo exhalar y el humo del tabaco me molesta más que el fuerte perfume de mi madre. Bajo la ventanilla mientras intento contener la tos.
Cuando nos detenemos en un semáforo, me mira y dice:

-Si te molesta que fume, dímelo.
-Vale, me molesta que fumes -confieso.
-¿Y por qué no lo has dicho antes? -responde, apagando el cigarrillo en el cenicero del coche.
-No puedo creer que te guste fumar -digo cuando reemprende la marcha.
-Me relaja.
-¿Te pongo nervioso?

   Su mirada me recorre lentamente. Los ojos, el pecho, los muslos.

-Con ese vestido, no te lo puedes ni imaginar.

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