miércoles, 5 de febrero de 2014

Química Perfecta. Capítulo 31.

-Narra Justin-

Dos semanas más tarde, me entero de que tengo una cita en el juzgado por los cargos de posesión de armas. Le oculto la noticia a ____, porque seguramente insistiría en que contrate a un abogado privado, y lo cierto es que ni siquiera puedo permitirme uno de un bufete.

Mientras espero en la puerta principal del instituto, preocupándome por lo que me depara el destino, alguien me golpea y casi caigo al suelo.

— ¿Qué coño… ? — espeto.
— Lo siento — responde el chico con voz nerviosa.
Me doy cuenta de que el tipo que tengo delante no es otro que el niño rico de la cárcel en persona.
— ¡Ven aquí, imbécil! — le grita Sam.
Avanzo y me interpongo entre ellos.
— Sam, déjale en paz. Lo conozco, es buena gente.
— ¿Conoces a este tío? — pregunta Sam, enarcando una ceja.
Echo un vistazo al ricachón, y agradezco que esta vez lleve una camisa azul y no la de color coral. Todavía tiene pinta de lerdo, pero por lo menos puedo mantenerme serio al defenderle.
— Tío, este tipo ha estado en la cárcel más veces que yo. Puede que parezca cortito, pero bajo ese pelo engominado y esa fea camisa se esconde un auténtico tipo duro.
— ¿Estás riéndote de mí, Justin? — me reta Sam.
— No digas que no te lo advertí. — añado, encogiéndome de hombros y apartándome de su camino.

El nene de papá da un paso adelante, aparentando ser un tipo duro. Me muerdo el labio inferior para no soltar una carcajada, y me cruzo de brazos como si estuviera esperando a que comenzara la pelea. Mis colegas de los American Blood también esperan, preparados para ver como un lerdo ricachón le patea el culo a Sam.
Sam me mira, después mira al nene y luego otra vez a mí.
— Justin, como te estés riendo de mí…
— Comprueba su expediente policial. Su especialidad son los coches de lujo.
El ricachón camina hacia mí y me tiende el puño.
— Si necesitas algo, Justin, sabes que puedes contar conmigo.
Hago chocar mi puño contra el suyo. Un segundo más tarde ha desaparecido.

Me topo con él junto a su taquilla, en el descanso entre la primera y la segunda hora.

— ¿Hablabas en serio cuando has dicho que puedo contar contigo si lo necesito?
— Después de lo de esta mañana, te debo la vida. — admite. — No sé por qué has dado la cara por mí, pero estaba muerto de miedo. Por cierto, me llamo Gary Frankel.
Le estrecho la mano.
— Mira, Gary. — continúo. — Mi juicio es la semana que viene, y preferiría no fiarme de un abogado de oficio. ¿Crees que tu madre podría ayudarme?
Gary sonríe.
— Creo que sí. Es muy buena. Si es tu primer delito, probablemente te consiga una libertad condicional reducida.
— No me lo puedo permitir…
— No te preocupes por el dinero, Justin. Aquí tienes su tarjeta. Le diré que eres amigo mío y lo hará gratis.
Cuando Gary se aleja por el pasillo, pienso en lo cómico de la situación. A veces, la persona que menos esperas puede convertirse en tu aliado, aunque sea por una vez. Y a veces, una chica rubia puede hacer que el futuro sea algo que esperas con ilusión.

-Narra ____ Ellis-

Después del partido del sábado por la tarde, decidimos ir a una pizzería todos juntos para celebrar la victoria.
A pesar de que también van a estar Sierra y el resto de mis amigas, decido invitar a Elisabeth. Ella es animadora como nosotras, y me apetece que venga.
No soy tan ingenua como para pensar que puedo cambiar Fairfield de la noche a la mañana, pero mi opinión sobre algunas personas ha cambiado en las últimas semanas. Espero que la de ellos también lo haya hecho.

En el restaurante, me siento junto a Elisabeth. Somos prácticamente todos los del equipo más las animadoras, así que el restaurante está invadido por estudiantes del instituto. Darlene entra con Colin. Él la rodea con el brazo como si estuvieran saliendo juntos.
Sierra está sentada enfrente de mí, y me mira algo asombrada.

— Dime que no lleva la mano en el bolsillo trasero de Colin. Es tan patético…
— No me importa. — le aseguro, intentando que no se note que en realidad sí me importa. — Si quieren salir juntos, allá ellos.
— Sólo lo hace porque quiere tener todo lo que tú tienes. Para ella es como una competición. Primero ocupa tu puesto en las animadoras, ahora pone las garras encima de Colin. Lo siguiente que sabrás es que quiere cambiarse el nombre al de _____.
— Qué graciosa.
— Eso dices ahora. — añade, y luego se acerca para susurrarme algo al oído. — No te parecerá tan gracioso cuando empiece a interesarse por Justin.
— Eso sí que no tiene gracia.
Me doy la vuelta, y empiezo a hablar con Eli.
— ¿Cómo progresan las cosas con ya sabes quién? — le pregunto, sabiendo que no puedo pronunciar el nombre de Ryan, porque Eli no quiere que nadie se entere de que está colada por él.
— No progresan. — suspira.
— ¿Por qué no? ¿No hablaste con él como te dije?
— No. Está comportándose como un capullo e ignora completamente el hecho de que estuvimos juntos aquella noche. Creo que no lo menciona porque no quiere ir más allá.

Pienso en mi ruptura con Colin y en mi aventura con Justin. Cada vez que me comporto al contrario de lo que los demás esperan de mí, haciendo por fin lo que quiero, me siento mucho más fuerte.

— Tienes que arriesgarte, Eli. Te aseguro que vale la pena.

Hablar con Eli sobre Ryan me hace sentir intrépida, y esa sensación me lleva a pensar en Justin. En cuanto terminamos de comer, y todos empiezan a marcharse, llamo a Justin por el móvil, de camino al coche.

— ¿Sabes dónde está el Club Mystique?
— Sí.
— Nos vemos allí a las nueve, esta noche.
— ¿Por qué? ¿Qué pasa?
— Ya lo verás. — le digo antes de colgar. Luego me doy cuenta de que Darlene está justo detrás de mí. ¿Me habrá oído hablar con Justin?
— ¿Tienes una cita esta noche? — me pregunta.
Eso responde a mi pregunta.
— ¿Qué te he hecho para que me odies tanto? Unos días somos amigas, pero otros tengo la sensación de que tramas algo contra mí.
Darlene se encoge de hombros, apartándose el pelo de la cara. Me basta con ese gesto para saber que ya no puedo considerarla mi amiga.
— Supongo que estoy harta de vivir a tu sombra, ____. Ha llegado el momento de que abandones tu reino. Has sido la princesa del instituto Fairfield demasiado tiempo. Es hora de que le brindes a otra la oportunidad de convertirse en el centro de atención.
— Todo para ti, que lo disfrutes. — le suelto. No sabe que nunca he deseado ocupar la primera posición en todo.

-Unos minutos más tarde-

Cuando llego al Club Mystique a las nueve, Justin me sorprende por detrás, en la puerta, colocando sus brazos en mi cintura, y haciéndome sentir mariposas una vez más. Me doy la vuelta y le rodeo el cuello con los brazos.

— Vaya, cariño — susurra, apartándose un poco. — Pensaba que íbamos a mantener lo nuestro en secreto. Odio decírtelo, pero hay un grupo de chicos del norte de Fairfeld justo ahí. Y nos están mirando.
— No me importa. Ya no.
— ¿Por qué?
— Sólo se vive una vez.

A él parece gustarle mi respuesta, porque tras esbozar una amplia sonrisa me coge de la mano y me lleva al final de la cola. Hace frío aquí fuera, y Justin abre su chaqueta y me arropa con ella mientras esperamos nuestro turno para entrar.
Le miro mientras nuestros cuerpos quedan el uno junto al otro.
— ¿Vas a bailar conmigo esta noche? — le pregunto.
— Por supuesto.
— Colin nunca quería bailar conmigo.
— Pero yo no soy Colin, cariño, y nunca lo seré.
— Genial. Te tengo a ti, Justin. Y creo que por fin he entendido que es lo único que necesito, y estoy preparada para compartirlo con el mundo.

Una vez dentro, Justin me arrastra a la pista de baile mientras sonríe. Hago caso omiso de las miradas estúpidas de los estudiantes norteños de Fairfield, mientras me acerco a Justin y nos movemos al ritmo de la música.
Nos contoneamos como si lleváramos toda la vida juntos, cada movimiento parece sincronizado. Y a mí me sorprende lo bien que baila. Resulta demasiado sexy. Por primera vez, no tengo miedo de lo que la gente piense al vernos juntos. El año que viene, cuando esté en la universidad, no tendrá ninguna importancia de qué lado de la ciudad es cada uno.

Troy, un chico con el que bailé la última vez que vine al Club Mystique, me da un golpecito en el hombro mientras la música hace vibrar el suelo de la pista.

— ¿Quién es tu nuevo semental? — pregunta.
— Troy, este es mi novio, Justin. Justin, este es Troy.
— Hola, tío. — dice Justin tendiéndole la mano y estrechando la de Troy.
— Tengo la sensación de que este tío no cometerá el mismo error que cometió el otro. — asegura Troy.

No respondo. Noto las manos de Justin alrededor de mi cintura y espalda, y me siento muy bien al tenerlo aquí conmigo. Creo que le gusta que le llame novio, y a mí me gusta poder decirlo en voz alta. Apoyo la espalda contra su pecho y cierro los ojos, dejando que el ritmo de la música fluya, y el movimiento de nuestros cuerpos se confunda en uno solo.

Después de bailar un rato, necesitamos un descanso. Salimos de la pista y saco el móvil.
— Posa para mí. — le digo.
En la primera foto intenta aparentar ser un chico malo. Me hace reír. Echo otra antes de que pueda adaptar otra pose.
— Ven, cariño, hagámonos una juntos. — sugiere, atrayéndome hacia él. Junto la mejilla con la suya mientras él coge el móvil, lo aleja todo lo que puede y congela el momento con un solo clic. Una vez hecha la foto, me rodea con sus brazos y me besa.
Sus labios mantienen un suave contacto con los míos, haciendo que me estremezca y no pueda evitar acariciarle el pelo.

— Oye, hace mucho calor aquí… quítate la chaqueta. — le digo.
Él vacila un instante.
— No puedo.
— ¿Por qué no?
Hace una mueca.
— Dime la verdad, Justin.
Me aparta un mechón de la cara y lo esconde tras mi oreja.
— Nena, este no es el territorio de los American Blood, sino el de una banda rival, los Fremont 5. Tu amigo Troy es uno de ellos.

¿Qué? Cuando le sugerí que viniésemos aquí, no me detuve a pensar en territorios ni nada relacionado con las bandas. Yo sólo quería bailar.
— ¡Dios, Justin! Te he puesto en peligro. Vámonos. — exclamo algo desesperada.
Justin se acerca mucho a mi oído.
— Sólo se vive una vez, ¿no es eso lo que has dicho antes? Vuelve a bailar conmigo. — susurra.
— Pero…
Me interrumpe con un beso tan apasionado que me olvido de todo lo demás. Y tan pronto como recupero el sentido, volvemos a estar en la pista de baile.



Cuando acaba la noche, Justin me acompaña al coche, le cojo de la mano y miro las estrellas.

— Si pudieras pedir un deseo ahora mismo, ¿qué pedirías? — le pregunto.
— Que el tiempo se detuviera.
— ¿Por qué?
Se encoje de hombros.
— Porque así podría vivir este momento eternamente. ¿Y tú?
— Ir a la universidad juntos. Aunque tú quieras evitar el futuro, yo estoy deseando que llegue. ¿No sería genial si los dos estuviéramos en la misma universidad? Lo digo en serio, Justin.
Se aparta de mí.
— Para alguien que quiere tomarse las cosas con tranquilidad, estás planeando cosas con mucha antelación.
— Lo sé, lo siento… no puedo evitarlo. He presentado mi solicitud para entrar en la Universidad de Colorado y así estar cerca de mi hermana. No sería tan grave que presentaras una solicitud, ¿no crees?
— Supongo que no.
— ¿En serio?
Me aprieta la mano con fuerza.
— Lo que sea por hacerte sonreír así.

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