-En la vida de Justin-
Sabía que en algún momento del curso acabaría en el despacho del nuevo director del instituto, pero no esperaba que ocurriera el primer día de clase. Había oído que la inflexible personalidad que el director Simons demostró en el instituto Milwaukee le había hecho ganarse el puesto en Fairfield.
Alguien debe de haberme señalado como cabecilla, porque es mi trasero el que está sentado aquí en lugar de otro American Blood. De modo que aquí estoy. Me han hecho salir de clase de gimnasia para que Simons pueda advertirme sobre las estrictas normas del instituto. Puedo percibir que está tanteándome, preguntándose cómo voy a reaccionar ante sus amenazas.
— … y este año hemos contratado a dos guardias de seguridad a jornada completa, que van armados, Justin.
Me mira fijamente, intentando intimidarme. Sí, de acuerdo. Ahora mismo podría decirle que aunque él sea canadiense como yo, no tiene ni idea de cómo funcionan las cosas en nuestros barrios. Ahora le oigo divagar de donde creció, rodeado de pobreza, como yo. Es probable que nunca haya pisado la zona de la ciudad en la que vivo, ni siquiera en coche. Tal vez debería ofrecerle un tour turístico.
Se planta ante mí.
— He prometido al superintendente, así como al comité, que me encargaría personalmente de detener la plaga de violencia que se ha extendido por este instituto los últimos años. No dudaré en expulsar a cualquiera que no respete las normas del centro.
No he hecho nada. Aparte de divertirme un poco con la diva de las animadoras… y este tipo está hablando de expulsión. Quizá sepa que ya me expulsaron el año pasado. Aquel incidente hizo que me echaran a patadas durante tres días. No fue culpa mía, o bueno… no del todo. Paul tenía la estúpida teoría de que el agua fría no afecta del mismo modo a los pijos que a los American Blood. Nos pillaron en la sala de calderas, mientras discutía con él después de que hubiera apagado los calentadores de agua.
No tuve nada que ver con eso, pero me culparon. Paul intentó decir la verdad, pero no le hicieron ni caso.
Es obvio que ____ Ellis es la responsable de que me encuentre hoy aquí. Es evidente que el idiota de su novio nunca acabaría en el despacho de Simons. Ni hablar. Él es un jugador de fútbol idolatrado. Incluso si decidiera saltarse las clases y le diera por pelearse con los demás, es probable que Simons siguiera haciéndole la pelota. Colin Adams no deja de provocarme porque sabe que siempre se sale con la suya. Cuando estoy a punto de ir a por él, encuentra el modo de escapar o salir corriendo hacia donde están los profesores… Profesores que no esperan otra cosa que el momento oportuno para fastidiarme.
Uno de estos días…
Levanto la cabeza a Simons.
— Yo no he empezado ninguna pelea — Digo. Aunque en realidad piense que va siendo hora de acabar con la que tengo pendiente.
— Muy bien. — responde Simons. — He oído que hoy has estado acosando a una estudiante en el aparcamiento.
¿Acaso es culpa mía que el nuevo y brillante BMW de _____ Ellis haya estado a punto de arrollarme? Durante los tres últimos años, me las he arreglado para no cruzarme con esa ricachona. El año pasado oí que sacó un aprobado justo en su boletín de notas, pero bastó una llamada de sus padres al colegio para que se la subieran a sobresaliente.
Esa nota acabaría con sus posibilidades de entrar en una buena universidad.
Al diablo con todo eso. Si yo consiguiera un aprobado, mi madre me soltaría un golpe en el brazo, y me daría la tabarra para que estudiara más. Me he partido el lomo para sacar buenas notas, aunque la mayoría de las veces me hayan interrogado sobre el medio que he utilizado para conseguir las respuestas. Como si fuera un copión. No se trata de entrar en la universidad. Se trata de demostrar que yo… que puedo conseguirlo.
Los que viven en la zona sur son considerados más estúpidos que los que viven en la zona norte, pero eso tan sólo son tonterías. Lo que pasa es que no somos tan ricos, ni estamos tan obsesionados con las posesiones materiales. Tampoco con entrar en las universidades mas caras y prestigiosas del país. La mayoría del tiempo intentamos sobrevivir y siempre tenemos que cubrirnos las espaldas.
Puede que la decisión más dura que haya tenido _____ Ellis que tomar en su vida, sea elegir el restaurante donde va a cenar cada noche. La chica se vale del cuerpazo que tiene para manipular a todo el que se le acerca.
— ¿Te importaría contarme lo que sucedió en el aparcamiento? Me gustaría oír tu versión. — Dice Simons.
Eso no va a pasar. Hace tiempo que aprendí que mi versión no cuenta para nadie.
— Pues esta mañana… todo fue un malentendido. — Respondo.
____ Ellis no ha entendido que dos vehículos no caben en una única plaza de aparcamiento.
Simons sigue inmóvil frente a mí, se inclina sobre su mesa pulida e impecable.
— Procuremos que los malentendidos no se conviertan en una costumbre. ¿De acuerdo Bieber?
— Justin.
— ¿Cómo? — Pregunta frunciendo el ceño.
— Me llaman Justin. — matizo — No me gusta que me llamen por mi apellido.
Simons asiente con la cabeza.
— De acuerdo, Justin. Prepárate para tu siguiente clase. Te aseguro que veo todo lo que ocurre en este instituto, y seguiré todos tus movimientos. No quiero volver a verte en mi despacho. — Dice. Y justo cuando me levanto, me pone la mano en el hombro. — Sólo para que lo sepas, mi objetivo es que todos los alumnos de este instituto tengan éxito. Todos los alumnos, Justin. Incluido tú, de modo que ya puedes deshacerte de los prejuicios que tengas contra mí. ¿Me entiendes?
— Entiendo. — Digo, preguntándome al mismo tiempo si cree realmente lo que dice.
Al salir al pasillo me encuentro con una manada de alumnos que echan a correr hacia la siguiente clase. No tengo ni idea de a dónde se supone que tengo que ir, y todavía llevo el chándal.
Después de cambiarme en el vestuario, oigo por el altazo la canción que anuncia el comienzo de la sexta hora. Saco el horario del bolsillo trasero de los pantalones. Química con la señora Peterson. Genial. Otro hueso duro de roer.
-En la vida de ____ Ellis-
Antes de ir a clase de química, enciendo mi teléfono móvil y llamo a mi casa para saber cómo le va a mi hermana. Baghda, su nueva cuidadora, no está muy contenta porque a Shelley le ha dado un arrebato a la hora de comer. Al parecer, a mi hermana no le ha gustado demasiado la comida.
¿Era demasiado pedir que mi madre renunciara un solo día de paso por el club de campo, para quedarse en casa con Shelley?
El verano ya ha acabado, y no puedo estar allí para relevar a las cuidadoras, y que por regla general acaban largándose.
Debería estar centrada en mis clases. Mi principal objetivo es ir a la universidad de Northwestern, porque está cerca de casa y así no tendré que estar lejos de mi hermana. Después de dar a Baghda un par de consejos, aspiro una bocanada de aire, fuerzo la sonrisa y entro en clase.
— Eh, guapa. Te he guardado un sitio. — Dice Colin señalando el taburete que queda a su lado.
El laboratorio está formado por altas mesas, cada una para la capacidad de dos personas. Eso significa que estaré sentada con Colin el resto del año, y que haremos juntos el temible proyecto de química de último curso. Sintiéndome algo estúpida por pensar que las cosas habían cambiado entre nosotros, tomo asiento en el taburete y saco mi pesado libro.
— ¡Eh mira! ¡Bieber está en nuestra clase! — Gritan algunos chicos en la parte de detrás del aula. -Justin aquí, ven.
Intento no mirar a Justin mientras saluda a sus amigos con palmaditas en la espalda, y apretones de manos demasiado complicados para ser imitados.
Además del gesto, se llaman ‘hermano’ entre ellos. Muy típico. La presencia de Justin atrae las miradas de toda la clase.
— He oído que le arrestaron el fin de semana pasado por uso de drogas.
— ¿En serio?
— En serio — Dice Collin, asintiendo con la cabeza y enarcando ambas cejas.
Bueno, no es que me sorprenda la noticia. He oído que Justin pasa la mayoría de los fines de semana colocado, trapicheando con drogas o metido en cualquier otra actividad ilegal.
La señora Peterson cierra con fuerza la puerta de la clase provocando que todas las miradas abandonen en el acto la parte trasera del aula, y se centren en la parte delantera. Ella tiene el cabello castaño claro, recogido en una tirante cola de caballo. No ha cumplido aún los treinta, pero sus gafas y su expresión ceñuda la hacen parecer mucho mayor. Tras su primer año como profesora adoptó una actitud más dura, ya que muchos jóvenes la trataban como su hermana mayor.
— Buenos días y bienvenidos al último curso de química. — Dice mientras abre una carpeta. — Agradezco que se hayan tomado la molestia de elegir asientos, sin embargo, yo ya había dispuesto la organización de los mismos.
Toda la clase protesta, pero la señora Peterson ni se inmuta. Simplemente se limita a plantarse delante de la mesa de laboratorio.
— Colin Adams, ocupe el primer asiento. Su compañera será Darlene Boehm.
Darlene Boehm es la segunda capitana del equipo de animadoras. Me lanza una mirada cargada de disculpas antes de sentarse en el taburete que queda al lado de mi novio.
A medida que la señora Peterson sigue con la lista, los estudiantes van cambiándose a sus asientos asignados sin mucho entusiasmo.
— _____ Ellis — Dice la señora Peterson señalando la mesa que queda detrás de Colin. Acepto gustosamente mi nueva plaza asignada.
— Señor Bieber — Continúa la señorita, señalando el taburete que hay a mi lado.
¡Oh no! Justin… ¿Mi compañero de laboratorio? ¿Durante todo el curso? De ningún modo, ni hablar, me niego. Lanzo a Colin una mirada suplicante mientras intento con todas mis fuerzas que no me entre el pánico. Debería de haberme quedado en casa. En la cama, bajo las mantas. Mierda… me siento intimidada.
— Llámame Justin.
— Justin Bieber. — Dice seria — Quítese esa bandana. No permitiré que nadie entre en mi clase con algún accesorio relacionado con alguna pandilla. Y por desgracia, Justin, usted tiene mala reputación. El director Simons me respalda. ¿Me he explicado con claridad?
Justin agacha la cabeza, y al quitarse la bandana revela un cabello castaño muy claro, casi rubio, algo alocado.
— Es para esconder los piojos… — Le susurra Colin a Darlene, pero yo lo oigo, y Justin también.
— Vete a la mierda. — Le dice Justin, fulminándolo con la mirada. — Cierra la boca.
— Claro, amigo. — Responde Colin, antes de darse la vuelta. — Ni siquiera sabes decir una frase sin soltar un taco.
— ¡Ya es suficiente Colin!. Justin, siéntate. — Ordena la Sra. Peterson, dirigiéndose al resto de la clase. — Esto también va por los demás. No me importa lo que hagan fuera, sin embargo en mi clase mando yo. — Dice girándose después a Justin. — ¿Ha quedado claro?
— Sí, señora. — Replica Justin en un tono deliberadamente bajo.
La Sra. Peterson continúa con el resto de la lista, mientras yo hago todo lo que puedo para no mirar a los ojos al tipo que se sienta a mi lado.
— Qué asco. — Murmura Justin en un tono contrariado y ronco. ¿Es que lo hace a propósito?
¿Cómo voy a explicar a mi madre que tengo de compañero de laboratorio a Justin Bieber? Oh no, espero que no me eche las culpas de todo esto.
Miro a mi novio, quien está absorto en su conversación con Darlene. Tengo celos. Ahora mismo, sería perfecto poseer el poder de retroceder en el tiempo, y que, con sólo pronunciar unas palabras mágicas, el día empezara de nuevo. Hoy sería el día idóneo para hacerlo.
¿Acaso cree la Sra. Peterson que es razonable emparejar a la capitana de las animadoras con el tipo más peligroso del instituto? Esta mujer está delirando.
La señora delirios termina por fin de asignar los asientos.
— Ahora — Comienza diciendo — Mirad a la persona que se sienta a vuestro lado.
‘Cualquier cosa menos eso’. Sin embargo, no tengo elección. Miro de nuevo a Colin, que parece muy contento con la compañera que le ha tocado. Si Darlene no tuviera novio, me estaría cuestionando seriamente por qué se acerca tanto a Colin. Deduzco que estoy siendo paranoica.
— Puede que no les guste vuestro compañero — Dice la señora delirios. — Pero deberán estar juntos los próximos diez meses. Tómense cinco minutos para conocerse, y después deberán presentarlo al resto de la clase. Hablen de lo que han hecho este verano, sus aficiones, o de cualquier otra cosa interesante que quizá sus compañeros no sepan de ustedes. Sus cinco minutos empiezan ahora.
Saco la libreta, me pongo en la primera página y se la paso a Justin.
— ¿Por qué no escribes cosas sobre ti en mi libreta, y yo hago los mimos en la tuya? — Pregunto. Es mejor intentar tener una conversación con él.
Justin asiente, parece estar de acuerdo. Creo observar una pequeña sonrisa en sus labios mientras me pasa su libreta. ¿Son imaginaciones mías o ha pasado de verdad? Aspiro una bocanada de aire, me quito esa idea de la cabeza y escribo cosas sobre mí, hasta que la señora Peterson da el final de los cinco minutos, y se dispone a escuchar las presentaciones de los alumnos.
— Os presento a Darlene Boehm. — Empieza Colin.
Pero yo no oigo el resto de su discurso sobre Darlene y su viaje a Italia, o su experiencia en el campamento de baile del verano. En lugar de eso, bajo la mirada a la libreta que Justin me ha devuelto, y me quedo boquiabierta al reparar en las palabras que ha escrito.
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