miércoles, 5 de febrero de 2014

Química Perfecta. Capítulo 29.

-Narra ____ Ellis-

Aparco en un McDonald’s, donde puedo pasar desapercibida, me pongo unos vaqueros y un jersey rosa holgado antes de tomar el camino de vuelta a casa.
Estoy asustada porque con Justin todo es demasiado brusco. Cuando estoy con él, todo parece mucho más intenso. Mis sentimientos, mis emociones, mis deseos. Con Colin nunca había sentido este tipo de adicción, ni tampoco había deseado estar con él las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Lo que siento por él es sobre todo un anhelo. Ay, Dios. Creo que me estoy enamorando de él. Sin embargo, soy muy consciente de que amarlo implica perder una parte de mí misma. Y esta noche, en el coche, cuando Justin me metió la mano bajo el vestido, tuve miedo de perder los papeles. Toda mi vida ha estado regida por el autocontrol, así que esto no puede ser bueno. Tengo miedo.

Atravieso la puerta principal de mi casa, preparada para deslizarme a mi habitación y guardar el vestido en el armario. Por desgracia, mi madre está esperándome en el vestíbulo.

— ¿Dónde estabas? — pregunta ella con seriedad, mientras sujeta en las manos mi libro de química y mi carpeta. — Me dijiste que estabas haciendo el trabajo, estudiando con ese tal Joseph.
La he fastidiado. Ha llegado el momento de hablar o callar para siempre.
— Se llama Justin, no Joseph. Y sí, estaba con él.
Silencio.
Los labios de mi madre adoptan una expresión tensa.
— Es obvio que no estabais estudiando. ¿Qué llevas en la bolsa? — pregunta. — ¿Drogas? ¿Estás escondiendo drogas ahí?
— No consumo drogas, mamá. — respondo con brusquedad.
Ella enarca una ceja y señala la mochila.
— Ábrela. — me ordena.
Resoplo pero me arrodillo para abrir la cremallera. Me siento como si fuera una prisionera. Saco el vestido y se lo muestro.
— ¿Un vestido? — pregunta mi madre.
— He ido a una boda con Justin. Su prima se ha casado.
— Ese chico te ha obligado a mentirme. Está manipulándote, ____.
— No me ha obligado a nada, mamá. — le digo, enfadada. — No soy tan estúpida. He tomado la decisión yo solita.
Su ira está a punto de estallar. Lo sé por el modo en el que le brillan los ojos y le tiemblan las manos.
— Si vuelvo… ¡Si vuelvo a enterarme de que has salido otra vez con ese chico, haré todo lo posible para convencer a tu padre de que pases lo que queda de curso en un internado!. ¿No crees que ya tenemos suficientes preocupaciones con Shelley? Prométeme que no volverás a verle fuera del instituto.

Se lo prometo. Me refugio en mi habitación y llamo a Sierra.

— ¿Qué pasa?
— Sierra, necesito a mi mejor amiga ahora mismo.
— ¿Y me has elegido a mí? Vaya, me siento halagada. — responde con ironía.
— De acuerdo, te he mentido. Me gusta Justin. Me gusta muchísimo.
Silencio.
Más silencio.
— Sierra, ¿estás ahí? ¿O simplemente me ignoras?
— No te ignoro, ____. Sólo me pregunto por qué has decidido contármelo ahora.
— Porque necesito hablar de ello. Contigo. Porque puede ser que yo… que yo sienta algo más. ¿Me odias?
— Eres mi mejor amiga. — admite.
— Y tú la mía.
— Las mejores amigas siguen siéndolo aunque una de ellas se niegue a entrar en razón, y se empeñe en salir con un pandillero, ¿no?
— Eso espero.
— ____, no vuelvas a mentirme.
— No lo haré. Y puedes compartir la información con Doug, siempre y cuando no diga nada.
Cuelgo el teléfono. Tras habérselo contado, me alivia saber que las cosas han vuelto a la normalidad. Suena mi móvil. Es Elisabeth.

— Tengo que hablar contigo. — suelta ella cuando respondo.
— ¿Qué pasa?
— ¿Has visto hoy a Ryan?
Vaya… hablando de secretos.
— Sí.
— ¿Me has mencionado?
— No. ¿Por qué? ¿Querías que lo hiciera?
— No. Sí. Bueno, no lo sé. Estoy muy confusa.
— Elisabeth, dile lo que sientes sin más. A mí me funcionó con Justin.
— Sí, pero tú eres ____ Ellis.
— ¿Quieres saber cómo es ____ Ellis en realidad? Te lo diré. Soy insegura, como todo el mundo. Me siento prisionera en un papel que me obligo a representar continuamente, una fachada que consiste en dar buena imagen y aparentar ser distinta a los demás. Y eso me hace ser aún más vulnerable, que me observen más y suscitar más cotilleos.
— Pues entonces supongo que no te alegrará conocer los rumores que circulan en mi grupo de amigos sobre Justin y tú. ¿Quieres saber lo que dicen?
— No.
— ¿Estás segura?
— Sí. Si me consideras tu amiga, no me lo cuentes.

Porque si estoy al tanto de los rumores, tendré la sensación de que he de enfrentarme a ellos. Y en este preciso momento, prefiero vivir en la felicidad de la ignorancia.

-Narra Justin- 

Tras la apresurada huida de ____, no me apetece mucho hablar. Y espero poder evitar a mi madre cuando llegue a casa. Sin embargo, me basta una sola mirada al sofá del salón para saber que mi deseo no va a cumplirse. La televisión está apagada, el salón está tenuemente iluminado, y probablemente mi madre habrá mandado a mis hermanos a nuestra habitación.

— Justin — empieza. — Yo no quería esta vida para nosotros.
— Lo sé.
— Espero que ____ no te esté llenando la cabeza de pájaros.
Me encojo de hombros.
— ¿Con qué? ¿Con que detesta que esté en una banda? Puede que no hayas elegido esta vida, pero está claro que no dijiste nada cuando entré en ella.
— No me hables así, Justin.
— ¿Por qué no? ¿La verdad es demasiado dolorosa? Soy un pandillero porque debo protegerte, a ti y a mis hermanos, mamá. Ya lo sabes, aunque nunca hablemos de ello. — digo, alzando la voz a medida que me invade la frustración. — Es una elección que tomé hace mucho tiempo. Puedes fingir que no me animaste a hacerlo, pero… — continúo, quitándome la camiseta y enseñándole mi tatuaje. — mírame bien. Pertenezco a una banda, como papá. ¿También quieres que trafique con drogas?
— Si conociera otra manera… — responde ella, con lágrimas en los ojos.
— Estabas demasiado asustada para escapar de este agujero, y ahora estamos atrapados aquí. No me eches la culpa. Ni a mí ni a ____.
— Eso no es justo. — contesta ella, alzando la voz.
— Lo que no es justo es que vivas como una viuda desde que murió papá. Despierta ya. — le digo, abriéndome de brazos. — ¿Así te imaginabas el sueño estadounidense? — le pregunto, y señalando el santuario de mi padre, añado. — Era un pandillero, no un salto.

Mi madre me da un fuerte bofetón, tras lo cual, da un paso atrás. Maldita sea, odio hacerla enfadar. Tiendo la mano hacia ella, le rodeo el brazo con los dedos para abrazarla y disculparme, pero me hace una mueca.
— ¿Mamá?
No sé por qué reacciona así.
Se retuerce hasta liberarse de mi agarrón y se aparta, pero no puedo dejarla ir. Doy un paso delante y le levanto la manga del vestido. Horrorizado, encuentro un feo moratón en la parte superior del brazo. Mi mente retrocede hasta el momento en que vi a mi madre y a Héctor manteniendo una conversación a solas en la boda.

— ¿Te lo ha hecho Héctor? — le pregunto en voz baja.
— Tienes que dejar de hacer preguntas sobre papá. — responde ella, bajándose rápidamente la manga para ocultar el moratón.
¿Por qué hace eso Héctor? ¿Por qué no quiere que averigüe nada? ¿Estará protegiendo a algún American Blood? Ojala pudiera explicármelo él mismo. Es más, me gustaría vengarme y darle una paliza por haberle hecho daño a mi madre, pero Héctor es intocable. Todos sabemos que desafiar a Héctor significa desafiar a toda la pandilla.

Me doy la vuelta y veo a mi hermano Charles plantado delante de la puerta, con las manos apretadas en puños.
Sale corriendo hacia afuera, y mi madre se encierra en su habitación.

Encuentro a mi hermano sentado en las escaleras traseras, de cara al patio de nuestro vecino.
— ¿Es así como papá murió? — me pregunta cuando me siento a su lado. — ¿Traficando con drogas?
— Sí. Oye, Charles, escúchame con atención. Pase lo que pase, no te acerques a Héctor. Concéntrate en el colegio para poder ir después a la universidad. Para poder ser algo en la vida.

No como yo. Se produce un largo silencio.

— Destiny tampoco quiere que acabe en la pandilla. Quiere ir a la universidad y ser enfermera. — se ríe. — Me ha dicho que sería genial que fuésemos a la misa universidad. Me gusta ____, ¿sabes?
— A mí también me gusta.
— Vi a ____ hablando con mamá en la boda. Se defendió muy bien.
— Si te soy sincero, le entró un bajón y se refugió en el cuarto de baño.
— De algún modo, hermano, creo que para salir con una chica del norte se necesitan más agallas que para entrar en una banda.

Mi hermano me está ofreciendo la oportunidad perfecta para contarle la verdad.

— Charles, los American Blood hablan de fraternidad, de honor, de lealtad. Y suena muy bien. Pero no son tu familia, lo sabes, ¿verdad? La hermandad durará siempre y cuando estés dispuesto a hacer lo que ellos quieren que hagas.

Mi madre abre la puerta y nos mira. Parece muy triste. Ojala pudiera evitarle todo el sufrimiento, pero no puedo.
Charles entra dentro de casa, dejándome a solas con ella.
— Justin… antes que nada voy a decirte que tengas cuidado. Yo tuve que crecer demasiado rápido al quedarme embarazada de ti. Eres lo mejor que me ha pasado, junto con Charles y Louis. Pero no dejes que un descuido arruine tu juventud.
— Mamá, ____ es…
— El tipo de chica que puede lograr que hagas cosas que no quieres hacer.
— No, pero querrá otras cosas. Cosas que nunca podrás darle.
Levanto la mirada hacia las estrellas, la luna, el universo.
— ¿Y qué pasa si yo quiero dárselas?
— Tengo treinta y cinco años, y soy lo suficientemente vieja como para haber visto morir a mucha gente que creía poder cambiar el mundo. No importa lo que pienses, tu padre murió intentando corregir su vida. Tienes una visión equivocada de lo que ocurrió, Justin. Eras tan sólo un niño, demasiado pequeño como para comprenderlo.
— Ahora soy lo suficientemente mayor.
Una lágrima desciende por su mejilla.
— Sí, ya, pero ahora es demasiado tarde.

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