Estaba en el baño, con una camiseta de ropa interior y mis pantalones al nivel de las rodillas, al borde de la hiperventilación. Justin estaba al otro lado de la puerta, como si fuera un imán. Mi corazón seguía tratando de salir hacia afuera de mi pecho, cuando él dijo que necesitaba quitarme los shorts y que evitara usar ropa ajustada sobre la quemadura por un tiempo. Hasta se ofreció a ayudarme a quitar el pantalón, pero eso me hizo sentir como si fuera a vomitar otra vez. Así que en vez de eso, empecé a menearme para quitármelos por mí misma, intentando y fallando, de mantener la tela lejos, para que no tocara mi ardiente quemadura.
Deslicé el pantalón un poco más y me mordí el labio para tratar de silenciar un gemido.
—¿Bliss? —Justin golpeó ligeramente la puerta—.¿Estás bien?
—¡Perfectamente! —dije de vuelta.
Tiré los pantalones otra vez y jadeé.
—Bliss, sólo déjame ayudarte. Me estás preocupando.
Cerré los ojos, tratando de pensar una manera de evitar esto. Cojeando torpemente con mis pantalones alrededor de las rodillas, encontré una falda con cintura elástica en el cesto de la ropa sucia. La metí por mi cabeza y la bajé hasta cubrir mi ropa interior, y luego me senté en el inodoro. Estaba segura de que mis mejillas estaban probablemente de un tono humillantemente rojo. Ahora no podía hacer nada al respecto.
—Vale. Entra.
La puerta se abrió lentamente, y la cabeza de Justin se asomó por la esquina, seguida por el resto de su cuerpo. Le echó un vistazo a mi falda y a mis pantalones agrupados en las rodillas.
Entonces él rió. Una estridente risa, en realidad.
—Esto es humillante.
¿Cómo iba a poder tener sexo con él ahora? Apretó sus labios para contener la risa, pero la diversión seguía bailando en sus ojos.
—Lo siento. Sé que te duele. Sólo es que te ves tan...
—¿Ridícula?
—Bonita.
Le di una mirada honesta.
—Ridículamente bonita.
Su risa era contagiosa, y no pude evitar sonreír a regañadientes.
—Está bien. Ahora que ya te has reído, ayúdame a sacarme los pantalones —dije con el mismo sarcasmo con el que había estado apoyándome desde que él entró.
O no captó el sarcasmo o no le importó, porque sus ojos se fijaron en mí de una manera que solo podría describir como completamente depredadora. De pronto, algo más que mi pierna estaba ardiendo.
Me miró por un momento antes de bajar los ojos y se aclaró la garganta. Arrodillándose junto a mí y tomando mi pierna entre sus manos.
Yo ya había empezado a bajar los shorts, así que la quemadura estaba casi cubierta. Él aclaró su garganta otra vez y luego deslizó su mano por una pierna del pantalón.
Ataque. Al. Corazón.
Estaba bastante segura de que estaba teniendo uno.
Usando su otra mano bajó los pantalones hasta debajo de mis rodillas y me miró, aclarando su garganta otra vez, y dijo: —¿Me das tu mano? Mantén tu mano aquí y tira de la tela tan lejos de tu pierna como puedas. Voy a hacer lo mismo en la parte de adentro, así trataremos de sacártelo sin tocar la quemadura.
Asentí, mientras mi mano estaba diez veces más estable que mi corazón.
Deslizó su mano hacia arriba y afuera, sintiendo un ligero toque que me enviaba escalofríos. Él hizo lo que dijo, apartó la tela lejos de mi piel y luego, juntos, intentamos sacar los pantalones.
No era la misión más exitosa. Esos shorts eran indecentemente apretados, y gracias a Kelsey pasé un largo tiempo encogiéndome mientras la tela chocaba contra mi piel.
—Lo siento —se disculpó como si fuera su culpa. Quería corregirlo, pero me encantaba la forma en que decía ''lo siento'', tanto, que lo dejé pasar.
Luego de un minuto o dos de una lenta y cuidadosa maniobra, los pantalones cayeron al suelo.
Ambos reímos, de la forma en que ves a las personas en las películas reír justo después de haber lanzado una bomba. Y cuando paré de reír, me dí cuenta de que su mano seguía en mi pierna. Una mano estaba ahuecada en mi tobillo, y la otra rozaba suavemente contra la piel alrededor de la quemadura.
Si él seguía tocándome así, me iba a derretir como un charco aquí mismo, en el suelo.
—Um, gracias.
Él pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y sus ojos se movieron rápidamente a sus manos y inmediatamente sonrió, pasando la mano lentamente por mi pierna, y luego retirándola.
—No hay problema. Ahora necesitamos que se enfríe, podríamos dejarla bajo agua fría. —Imaginé mi pierna subiéndola al fregadero o ambos tratando de intentarlo. Mi cara debía de haberme delatado, porque el añadió—: O sólo poner un paño frío y húmedo, funcionará.
Le entregué una toalla de la cesta que se encontraba atrás de mí y él se volteo al fregadero, esperando a que el agua se enfriara antes de ponerla sobre la herida. Contuve el aliento mientras él la puso sobre mi quemadura haciendo que el frío se sintiera bien, lo suficiente como para relajarme por primera vez desde que entramos a mi apartamento.
—¿Mejor?
Asentí con la cabeza. —Mucho. Nunca me pondré shorts tan ajustados otra vez.
Él sonrió. —Eso sería una lástima.
Iba a tener que conseguirme un ventilador si él seguía diciendo cosas como esas.
—Escucha —comenzó diciendo—. Lo siento, nunca debí forzarte para que subieras a la moto.
—No es culpa tuya que yo no tenga ni idea de motos.
—No puedo creer que nunca hayas subido a una moto.
—Sí, bueno, hay muchas cosas que nunca he hecho.
Él arqueó una ceja. —¿Cómo cuales?
—Bueno... —juro que mis latidos sonaban como estú-pida, estú-pida, mientras los escuchaba en mis oídos—. Um, hasta ahora nunca había conocido a alguien que fuera británico.
Rió, pasando sus dedos, inconscientemente, a través de su cabello, dándome ganas de pasar los míos.
Él dijo: —Por eso me besaste, ¿no? A todas las chicas estadounidenses les encantan los acentos.
Escondí mi sonrisa y dije: —Creo que tú eres el que me besaste.
Se puso de pie y su desordenado cabello castaño caía un poco por su frente, enmarcando esos ojos diabólicos. —Así que fui yo.
Mojó el trapo bajo el agua nuevamente para mantenerlo frío, pero mi cuerpo se calentó demasiado cuando puso la toalla otra vez sobre mi piel. Su otra mano sostenía mi tobillo.
Mantuve mi aliento con cuidado, dije: —Tu turno.
—¿Hmm?
—¿Qué es lo que nunca has hecho?
—Bueno, nunca he hablado con una chica en un bar antes de esta noche.
Mi mandíbula cayó. —¿En serio?
¿Cómo era eso posible? ¡Él era perfecto! Tal vez todas las chicas se lanzaban a él antes de que entrara al bar, así que nunca tuvo que preocuparse por ellas cuando entraba. Se encogió de hombros y con un movimiento, su pulgar empezó a moverse hacia atrás y adelante en la parte sobresaliente de mi pie.
—Sé que va en contra del estereotipo Inglés, pero nunca he estado mucho tiempo en un bar como para estar borracho.
—Yo tampoco —dije. Y lo decía en serio, a pesar de que mi cabeza estaba todavía algo borrosa por todo el tequila—. Así que ¿qué aporta éste británico no estereotipado a Texas?
Se encogió de hombros. —He estado en Estados Unidos por un tiempo. Vine aquí al instituto y nunca volví. De hecho, me acabo de mudar a Texas, he regresado ya que no he estado aquí por algunos años.
—Yo también, me acabo de mudar aquí de nuevo hace algunos años. Crecí en Texas cuando era pequeña, pero nos mudamos a Minessota cuando estaba en octavo. Siempre fue mi plan volver aquí para la universidad.
Humedeció el paño una vez más y nos sentamos a hablar. Me contó cómo creció en Inglaterra y lo diferente que había sido vivir en Estados Unidos.
—La primera vez que un tipo me dijo que le gustaban mis pantalones, me sorprendió y pensé que me había perdido algunas cosas fundamentales.
—¿Pantalones?
—Eso es lo que nosotros llamamos ropa interior, amor.
—Oh —me reí—. Es bueno saberlo.
—Cuando le pregunté a un compañero por una goma, vosotros lo llamáis borradores, todos se rieron tanto que estaba dispuesto a volver a Londres.
Traté de contener mi risa y fracasé. Pero pensé que se lo merecía, después de reírse de mis pantalones, o... shorts, era una terrible experiencia que no olvidaría.
—Eso debió ser horrible.
—Te acostumbras a ello. He estado viviendo tanto tiempo aquí que ya lo manejo suficientemente bien. Ocasionalmente visito Londres y al volver tengo algunos problemas de ajuste, pero en general diría que estoy bastante americanizado.
—Excepto el acento.
Él sonrió. —No puedo eliminar el acento ahora, ¿no? ¿Cómo podría llamar la atención de chicas tan guapas como tú si no?
—Leyendo Shakespeare en un bar, obviamente.
Rió y el sonido se propagó a través de mi piel, poniéndome un poco nerviosa.
—Eres preciosa. —dijo.
Rodé los ojos. —Sí... ridículamente, como dije antes.
—¿Te sentirás mejor si te llamo ridículamente sexy?
Y así de fácil, perdí la tranquilidad, desapareciendo por completo, haciendo que mi respiración se volviera demasiado superficial. No tenía respuesta. ¿Qué podía decirle en respuesta a eso?
—¿Qué es esa mirada? —preguntó.
No tenía ni idea de la multitud de emociones que había mostrado en mi cara, así que me encogí de hombros.
—Actúas como si nadie te hubiera llamado sexy antes —Eso sería porque nadie lo había hecho—. Lo que no puede ser verdad, no cuando te ves de la manera en la que te veías esta noche. A penas puedo mantener mis manos lejos de ti, y nos acabamos de conocer. Estaría avergonzado si no lo hubiera disfrutado tanto.
Eso fue todo. Puede que no haya tenido sexo, pero sabía lo suficiente como para comprender cuándo un tipo estaba haciendo movimientos hacia mí. Y, extraordinariamente, ni me importaba. Lo único que me importaba era el hecho de que él estaba sentado tan cerca de mí, y me estaba volviendo loca. Su mano seguía lentamente acariciando mi tobillo y si él no me besaba otra vez, pronto, iba a estallar.
—Mírame, ni si quiera puedo tener mis manos lejos de ti ahora.
Tragué saliva, pero mi boca de repente se sentía como si hubiera tragado una caja de arena.
Él se sentó con sus rodillas, arrastrando su mano desde el tobillo hasta la parte exterior de mi pantorrilla lesionada. Sus caderas estaban a pocos centímetros de mis rodillas mientras se sentaba en el inodoro.
—Dime que no estoy loco. —dijo.
No podía hacer eso. No estaba lo suficientemente preparada en este momento para asesorarme sobre este comportamiento tan irracional.
—Dime que puedo besarte.
Eso... eso podía hacerlo.
—Puedes besar...
Ni si quiera terminé la oración antes de que sus labios estuvieran en los míos, y mi quemadura fuera olvidada por completo.
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