No podía decir si la sensación de ardor en mi pecho tenía que ver con el aspecto de Justin en ese mismo instante o el Jack con coca-cola que me acababa de terminar como si fuera agua.
Un camarero llegó ante las señas de Justin, y me tomé un momento para pensar un poco en todo lo que estaba pasando mientras él pedía la bebida. Pero mi cabeza estaba demasiado nublada.
—¿Bliss? —Preguntó Justin.
Su voz envió escalofríos a través de mí.
Me miró, y luego al camarero, quien resultó ser el chico de antes. Abrí la boca para pedir otro Jack con cola, pero el camarero me detuvo con una mano en mi hombro. —Recuerdo, Jack con cola, ¿cierto?
Asentí con la cabeza y me lanzó un guiñó sonriente. Hice una pausa por un momento preguntándome como sabía mi pedido. Estaba bastante segura de que la chica camarera me había servido el último. Seguía sonriendo hacia mí, así que me obligué a hablar.
—Gracias, eh...
—Bruno —dijo.
—Gracias, Bruno.
Echó un vistazo a Justin, y a continuación, se centró de nuevo en mí.
—¿Debo decirle a tu amiga allí que volverás con ella luego?
—Oh, bueno, claro, supongo.
Sonrió en respuesta, y se quedó allí, mirándome, fijamente, durante unos segundos antes de volverse para regresar a la barra. Sabía que tenía que mirar a Justin de nuevo, pero me aterraba derretirme en un charco de excitación si me encontraba con aquellos labios magníficos otra vez.
Él dijo: —¿Sabes? A veces me pregunto si Desdémona era tan inocente como lo aparentaba. Tal vez ella sabía el efecto que tenía sobre los chicos, y disfrutaba poniéndolos celosos.
Desdémona era el personaje de una obra de teatro de Shakespeare. Otelo era su enamorado.
Me encontré con sus ojos, estudiándome.
Me tragué mis nervios y los estudié también.
—O tal vez sólo se dejó intimidar por la intensidad de Otelo y no sabía como hablar con él. La comunicación es clave después de todo.
—Comunicación, ¿eh?
—Podría haber resuelto muchos de sus problemas.
—En ese caso, voy a tratar de ser lo más claro posible. —Tomó su silla y la colocó a escasos centímetros de la mía. Se escabulló a mi lado y dijo:—Prefiero que no vayas de nuevo con tu amiga. Quédate aquí conmigo.
Traga, Bliss.
Me dije.
Tienes que tragar o podrías empezar a babear.
—Bueno, mi amiga está esperándome. ¿Qué vamos a hacer si me quedo?
Extendió una mano y empujó mi pelo sobre mi hombro. Su mano se deslizó por mi cuello, haciendo una pausa en el punto de mi pulso, el que debe de estar volviéndose loco.
—Podemos hablar de Shakespeare. Podemos hablar de lo que quieras. Aunque no puedo prometer que no me distraeré en tu bonito cuello. —Sus dedos viajaron a través de mi mandíbula hasta llegar a la barbilla, que echó un poco hacia delante con la presión de su dedo índice—. O tus labios. O esos ojos. Podría atraerte con historias acerca de mi vida, como Otelo hacía con Desdémona.
Ya estaba suficientemente cortejada. Mi respuesta fue vergonzosamente entrecortada. —Prefiero no hacer paralelos entre nuestra noche y una pareja que terminó con un asesinato o suicidio.
Sonrió, y su dedo cayó de mi barbilla. Mi piel quemó donde me había tocado, y tuve que parar de inclinarme hacia adelante para seguir su toque.
—Shh. No importa lo que hagamos, siempre y cuando te quedes.
—Está bien. —Estuve inmensamente orgullosa de haber logrado respuesta calma en lugar de ''Santo Dios, sí, voy a hacer todo lo que me pidas'' que se estaba reproduciendo en mi mente.
—Tal vez debería quedarme fuera de mi apartamento más a menudo.
Yo preferiría encerrarnos a los dos dentro, en realidad, pensé.
Mi bolsillo empezó a vibrar, y me apresuré a contestar el teléfono antes de que mi embarazoso tono de boy band sonara.
—¿Sí?
—¿Te has caído dentro de váter o qué?
Era Kelsey.
—No, Kelsey, no lo hice. Oye, ¿por qué no te vas a casa sin mí?
Los ojos de Justin se oscurecieron, y mi respiración se enganchó cuando su mirada cayó a mis labios.
—No te saldrás de esto, Bliss. Vas a follar esta noche aunque tenga que hacerlo yo misma.
Dios, ¿podía ser más gritona? Pensé que Justin tuvo que haberla oído hablar, pero sus ojos no se apartaban de mis labios.
—Eso no será necesario, Kels.
Traté de pensar en una forma críptica para decirle que ya había encontrado a mi chico, cuando oí una toma de aire, seguido de un ''OH DIOS MÍO''.
Miré por encima del hombro de Justin a tiempo para ver como la sonrisa de Kelsey se ensanchaba, y el gesto crudo de mano que siguió.
—Sí, está bien, así que hablaré contigo más tarde, Kels.
—Seguro que lo harás. Te llamaré y me contarás cada precioso detalle. —Ya veremos.
—Mejor que veas mucho esta noche, cariño. Espero que tus ojos se abran después de esto, de una vez por todas.
Colgué sin una respuesta.
—¿Tu amiga? —preguntó.
Asentí con la cabeza, porque su mirada fija tenía mi sangre hirviendo. Nunca en mi vida me había sentido tan completamente activada por alguien que ni si quiera me estaba tocando. Sexo salía del hombre en olas, y me sorprendí al encontrar cuán interesada estaba en aprender a nadar.
—¿Te vas a quedar?
Asentí con la cabeza otra vez, cada músculo de mi cuerpo estaba tenso. Si no me besaba pronto, iba a explotar. Justo cuando pensaba en que podría hacerlo, el camarero regresó con las bebidas. Él se acercó con una sonrisa, que bajó al ver lo cerca que Justin y yo estábamos.
—Siento haber tardado tanto. Estamos inundados por allí.
Me aferré a la distracción.
—No es ningún problema, Bruno.
—Por supuesto. ¿Necesitas algo más?
—No, estoy bien.
Los ojos de Bruno se posaron en Justin, y luego se acercaron un poco más a mí.
—¿Estás segura?
—Estamos seguros. —dijo Justin secamente antes de entregarle unos cuantos billetes— Quédate con el cambio.
Bruno comprobó a una pareja más que se encontraba a unas pocas mesas de distancia, y luego se fue a la parte delantera de la barra de nuevo. Cuando se alejó, me volví a Justin. Me di cuenta de que su brazo había hecho su camino alrededor de mi silla.
—¿Eres celoso, Justin?
—No realmente.
Levanté una ceja y él sonrió descaradamente.
—Tal vez esta discusión sobre Otelo me ha puesto un poco nervioso. —dijo.
—Entonces vamos a hablar de otra cosa. ¿A qué hora dijo el cerrajero que estaría en tu apartamento?
Miró brevemente su reloj, y yo aproveché para observar la increíble acumulación de sus brazos. —Debería estar allí muy pronto.
—¿Deberías ir y esperarlo? —Era difícil determinar exactamente lo que quería en ese momento. Sin duda le gustaba, y yo definitivamente quería que me besara, pero estaba acostumbrada a sabotear este tipo de cosas para que nunca llegaran demasiado lejos. Siempre en busca de una puerta de salida.
—¿Estás intentando deshacerte de mí?
Respiré hondo, no dejando salir el aire. No habría puertas traseras, no esta vez. Me mordí el labio y lo miré. Esperaba que no pudiera leer el miedo zumbando bajo mi fachada confiada.
—Supongo que podríamos ir y esperarlo juntos. —dije.
Miró mis labios.
Moría... Moría porque me besara.
—Mucho mejor.
Se puso de pie y me ofreció su brazo.
—¿Señorita?
—¿No quieres que nos terminemos las bebidas?
Me tomó la mano y apretó sus labios contra el interior de mi muñeca. —Ya estoy intoxicado.
Me reí, porque era ridículo lo que acababa de decir (y porque no quería admitir que aún así, funcionaba).
Sonrió. —¿He llegado demasiado lejos? ¿Qué puedo decir...? El teatro me da un gusto por lo dramático.
—Intentemos algo de realismo en su lugar.
—Creo que puedo hacer eso —dijo.
Apenas había procesado sus palabras antes de que me levantara de la silla y tapara mi boca con la suya. Su olor me abrumaba. Cítricos, cuero y otra cosa que me hizo agua la boca. Yo estaba casi demasiado sorprendida para reaccionar. Era muy consciente del hecho de que me estaba besando en medio de un bar, hasta que me mordisqueó el labio inferior. Luego me olvidé de todo, excepto de él. Todo mi cuerpo se estremeció, y mi corazón se dejó caer hacia mi estómago, como si la fuerza de la gravedad se hubiera duplicado. La cabeza me daba vueltas, pero no me importaba. Abrí mi boca, y al instante su lengua se deslizó adentro, tomando el control. Mis manos se aferraron a su espalda, y en respuesta, me llevó más cerca. Su beso fue lento, luego rápido, tierno y extenuante. Estábamos apretados con tanta fuerza que podía sentir cada parte de su cuerpo, pero, aún así, quería estar más cerca. Su mano se deslizó hasta el fondo de mi camisa y sus dedos calientes presionaron mi, ya demasiado ardiente, piel. Un gemido escapó de mi boca ante aquel contacto íntimo. Inmediatamente me arrepentí, porque el sonido pareció aclarar su cabeza, y se apartó.
No pude evitar que mis labios siguieran los suyos, pero se quedó fuera del alcance de mi beso. En su lugar, se quejó, agachó la cabeza y me dio un beso caliente en el cuello.
Mi cerebro estaba definitivamente volando bajo. Mi cuerpo era quién mandaba en ese momento y, Dios, me sentía muy bien. Yo era sólo la suma de mis terminaciones nerviosas, que se volvían locas. Él suspiró pesadamente, y eso quemó mi piel. Su voz era ronca cuando habló.
—Lo siento. Me dejé llevar.
Esas fueron exactamente las palabras adecuadas. Dejarse llevar. Nunca había estado tan atrapada en una persona antes. Nunca había estado tan... tan fuera de control. Era emocionante y a la vez aterrador.
Su rostro apareció ante mí, y yo traté de mantener mi expresión neutral. Su mano se deslizó fuera de mi camisa, y me estremecí, mi piel estaba de luto por la pérdida. Dio un paso atrás.
—Bien. Podría ser momento para un poco más de razón, y un poco menos de pasión.
Me reí, pero por dentro estaba enseñándole el dedo corazón a la ''razón''. Ya me había gobernado el tiempo suficiente y ya era hora de cambiar algunas cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario