miércoles, 4 de diciembre de 2013

First Love. Capítulo 25.

Estuvimos días en lo mismo, acurrucados en los brazos del otro, durmiendo y despertándonos a cada segundo, comíamos y nos bañábamos sólo cuando sentíamos que podíamos. Era extraño pensar en la enfermedad como un oasis, pero eso era lo que era. Cuando nuestras necesidades físicas necesitaban triunfar sobre nuestros cerebros. No teníamos que hablar ni de nuestra relación, ni de lo que había roto. Ni de resolver nada, ni explicarnos. Ni siquiera tenía que preocuparme de ser virgen o de la idea de tener sexo con él.

Nos abrazábamos mutuamente y encontrábamos sanación en la quietud, debajo de mis cobijas y lejos del mundo. Ya para el sábado, nos encontrábamos lo suficientemente bien para pasar más tiempo fuera de la cama, para comer comida de verdad, para ver la tele... para hablar.

Nos recostamos en el sofá, con mi espalda contra su pecho, y su brazo a mí alrededor. Se supone que veíamos la tele, pero su frente se encontraba presionada a mi cuello, y yo le preguntaba sobre el primer día de mi enfermedad.

—¿Qué dijo Eric cuando lo llamaste?
—No se molestó, si eso es lo que me estás preguntando. Creo que ahora la mitad de la clase está enfermo.

Genial. Nuestro show apestaría si todos nos sentíamos exhaustos todo el tiempo. Lo llamaríamos una pieza experimental —Fedra Letárgica.


Hice otra pregunta:—¿Qué dijo de que tú me cuidaras?

Su frente se levantó de mi cuello.—No lo sabe. Me dijo que te llevara a la cama, y que estarías bien. Me sugirió que utilizara tu teléfono para llamar a tu madre.

Ahora eso si sería horrible. Conociendo a mi madre, le preguntaría que cuándo me lo propondría justo luego de saber su nombre.

—Pero te quedaste.
—No podía simplemente dejarte y ya está. Le dije a Eric que tampoco me sentía bien y me quedé contigo.
—¿Pero por qué?
—¿En verdad tienes que preguntar?
—Si.—Lo había escuchado en el teléfono hace ya tantas semanas, lo escuché decir que ya no le importaba, que solamente era una inconveniencia. Sea cual sea la razón por la que se quedó... necesitaba escucharla.
Dijo:—Bueno, entonces, si haremos esto, lo voy a hacer bien.

Intentó sentarse detrás de mí, pero nuestra posición en el sofá era incómoda y ambos aún nos encontrábamos un poco fuera de nosotros, así que terminamos enredados, con él prácticamente encima de mí. Todavía me encontraba de lado, aplastada por él. Finalmente, se rindió, y se levantó lo suficiente para que yo pudiese acostarme sobre mi espalda, y luego se acomodó con mas gentileza sobre mí.

A pesar del hecho de que habíamos dormido en la misma cama durante una semana, esto aún se sentía íntimo, aún era excitante, aterrador. Se sostenía los más que podía sobre sus codos, pero como aún se encontraba débil, su peso lo sentía sobre mi.

Me gustaba.

—¿Qué decía?—preguntó—. Oh, sí, que puede que me esté enamorando de ti.

Parpadeé. Luego parpadeé un tumulto de emociones —shock, incredulidad, emoción, miedo, lujuria, inseguridad, y me establecí en algo... algo demasiado grande como para nombrarlo. Había una galaxia en mi interior —compleja, infinita, milagrosa, frágil. Y en el medio se encontraba mi sol. Justin. Amor. Los dos ahora eran como sinónimos para mí. ¿Se estaba enamorando de mí? ¿De mí?

Una caricia de su mano me sacó de ese universo, y de vuelta a este momento. —Podrías volver loco a un hombre con esa clase de silencios.


—También te amo —dije.


Luego recordé que, en realidad, él no había dicho esas dos palabras como tal. Había dicho que se estaba enamorando de mi. Y puede que haya habido un 'tal vez' ahí. Mierda.

—Es decir... lo que debía haber dicho es que siento lo mismo. Solamente me estoy enamorando, también. Porque estar ya enamorada de ti es demasiado rápido. Eso sería loco. Es demasiado, ¿verdad? Demasiado. Muy pronto. Así que... no estoy enamorada de ti. No lo estoy. No es que no pueda amarte, simplemente es que hay una diferencia ente enamorándose y estar enamorado. Y nosotros aún somos los primero, no lo segundo. Así que, también puede que me esté enamorando de ti. Eso fue lo que quise decir. Eso fue todo lo que quise decir.

Me desmoronaba. Sus ojos eran suaves y serenos, lo cual no me decía nada, así que continué nadando en la incoherencia. Finamente, me besó, fue rápido, pero se sintió como una puntuación como si finalmente pudiera dejar de hablar.

Suspiré: —Se supone que debiste hacer eso antes de que comenzara a hablar como una loca.

Se rió y me besó otra vez, un poco más esta vez.

—Me gusta que hables como una loca. Es más, me encanta que hables como una loca. Está decidido. Ya no me estoy enamorando. Definitivamente estoy enamorado de ti. No es demasiado, ¿verdad? —Su sonrisa era tan cegadora y tan burlona que le di un golpe en el brazo.

Ni si quiera tuvo la decencia de fingir que le dolió. Simplemente me besó, presionando su peso sobre mí, y fue la mejor sensación del mundo.

Siempre había pensado de más, demasiadas cosas en mi cabeza, como decía Eric. Pero desde que conocí a Justin, tenía la vergonzosa tendencia de dejar de pensar por completo. Las cosas que salían
de mi boca como respuestas, normalmente siempre eran embarazosas, pero a veces... funcionaban. A veces, decir la primera cosa que pasaba por mi mente funcionaba. A veces lo mejor era lo simple y lo honesto. 

Tenía la esperanza de que este fuera uno de esos momentos. 

—Soy virgen —le dije—. Fue por eso que huí la noche que nos conocimos. No tenía un gato. No estaba con Cade. Simplemente tenía miedo. 

Se detuvo a medio beso en mi cuello. Luego, lentamente, como cambiándose de placas tectónicas, levantó la cabeza. Me miró fijamente, a través de mí. Resistí la urgencia de esconder mi rostro, de correr gritando, de inventar cualquier excusa ridícula que involucrara a otro tipo de animal. 

Murmuré: —Podrías volver loca a una chica con esa clase de silencios. 

Reaccionó aunque muy ligeramente con la piel en medio de sus cejas frunciéndose. 

—Déjame ver si lo entiendo... ¿Nunca tuviste un gato? ¿Adoptaste un gato solo para no tener que decirme que eras virgen?

Apreté los labios para evitar que temblasen. Asentí. La mirada en su rostro era una mezcla entre sorpresa y diversión. Se veía atónito. Esa era la mejor palabra. Lucía completamente incrédulo y espantado.

—Dijiste que amabas mi locura —le recordé.
—Lo hago. Te amo. Es solo que... ¿Quieres que sea honesto? Estoy aliviado.
—¿Te alivia que sea virgen? ¿Qué, creíste que era una guarra?
—Nunca creería que eres una guarra. —¿Era completamente inapropiado encontrar adorable la manera en que decía ''guarra''?—. Pero sabía que ocultabas algo. Me preocupaba que hubiese otra razón por la que no quisieras estar conmigo. Me he sentido paranoico durante meses por tu culpa.
—¿Has estado paranoico? Escuché esa llamada donde decías que yo era una inconveniencia. Planeabas cambiar de trabajo debido a mí. Me aterraba que si te miraba demasiado rato o si dejaba ver lo mucho que te echaba de menos, recogerías tus maletas y te irías.
—¿De que estás hablando? Nunca planeé irme.
—Yo te escuché. Ese día que fui a tu oficina. Hablabas por teléfono con alguien en Filadelfia, y dijiste que nos habías superado, que solo había sido una inconveniencia...

Llevó un dedo a mis labios.

—Bliss, ahora si detendré tu locura. Aunque nuestra situación sea todo menos inconveniente, nunca sería una inconveniencia para mí. Y no me hubiese ido incluso si me despidieran. Me encontraba demasiado enamorado de ti. —Resistí la urgencia de corregir su uso de pasado. Está enamorado de mí. Me ama. Dios, esto sienta bien. Tan bien que puede que me lo tatue en alguna parte de mi cuerpo.

Dejé salir un suspiro, y se echó el flequillo de la cara a un lado con la mano. Se veía tan sexy...

—Esa llamada de hecho se trataba de algo que sucedió antes de que me fuera a Filadelfia. Es parte del porque me fui.

Recordaba ese día en que le había preguntado porque se fue de Filadelfia, había cambiado el tema de manera muy efectiva al besarme. En ese momento no me había importado. Quizá si lo hubiese hecho, las cosas hubieran ocurrido un poco diferentes. Cambió de posición sobre mí, una vez más acomodándose de nuevo a mi lado. Casi ni me miraba al hablar.

—Tuve una amiga, Jenna. Nuestra relación era muy parecida a tu amistad con Cade. Nos hicimos amigos durante el postgrado, y aunque sabía que era una mala idea, intentamos ser algo más. Ella me importaba mucho, pero como amiga, nada más. Cuando terminé la relación... bueno, fue un desastre. Trabajábamos juntos en un show. Trabajábamos bastante en los mismo teatros, y así como muchos de los ensayos de Fedra, arruinábamos todo lo que hacíamos juntos. Y, como resultado, me costaba mucho conseguir trabajo y la mayoría de nuestros amigos se pusieron de parte de Jen, así que cuando Eric me ofreció una salida, huí. Estuve muy avergonzado al principio. Había renunciado. Me había rendido. Y había perdido a una muy buena amiga en el proceso. Esa llamada que escuchaste era sobre Jen. Eso era lo que yo había superado. Y fue por eso que fui tan duro contigo y con Cade. Me sentía aterrado de que fueras hasta él, incluso cuando sabía que solo erais amigos. Tenía miedo de que cometieras el mismo error que yo. Lo lamento. Lo manejé muy mal. Si te hubiese dicho esto cuando me preguntaste, quizá hubieras entendido...

Era mi turno de interrumpirlo con un beso. Me puse de lado y tiré de él hacia mí. Derramé cada una de esas emociones fuera de lugar en el beso —la incertidumbre que había sentido sobre sus sentimientos, el miedo a perder mi virginidad, el remordimiento por todo el tiempo que perdimos. Dejé ir todas esas cosas, las envié lejos con un beso.

—Ahora lo entiendo —dije—. Eso es lo que importa.
—Te amo —dijo. Nunca me cansaré de escuchar eso.
—Yo también te amo.
Dijo: —¿Puedes decírmelo una vez más? ¿Para poder estar seguro de que no es la enfermedad nublando mi cerebro?

Lo besé suavemente. En nuestro estado actual, suavemente era lo único de lo que éramos capaces.

—Te amo, Justin.

Era impresionante lo 'no aterrada' que me encontraba.

Ya no más.

2 comentarios:

  1. LO SIENTO. Siento no haber podido comentar antes pero entre examenes y subidas de nota estoy que no paro. Pero ¡JODER! Me voy yo y pasa lo más interesante, pues no es justo señorita, no, no, no.
    OMB.
    A ver. Dios. Me.Puto.Da.Un.Infarto. ¿Cómo pueden ser tan monos?. OMBSSS *_* Esto es lo que yo quería, que hablasen y arreglasen todo, que las cosas vayan como tienen que ir. Jodeeeeeeeer, me muero, Bliss es tan...eiogeoigeoi, no sé, es muy loca. Pero es que la historia de Justin, oh pobre, y no sé porque me da a mi que la tal Jenna va a hacer de las suyas como puta putisima, y que me tocará matarte seguro.
    Es que esta novela es jodidamente perfecta , te lo juro. Mientras la leo siento que me evado de todo lo que pasa a mi alrededor y eso es lo que realmente me gusta de tu forma de escribir, que haces que parezca real, y por lo tanto me das unos minutos de escape de la realidad en la que vivo.
    ¡GRACIAS!.

    ResponderEliminar
  2. Hola preciosa :) soy Ana la del comentario del capítulo anterior. Chica, no sé que más decirte que no sepas... Sabes lo mucho que me encanta el trabajo que haces, tu capacidad de imaginar historias increibles... Absolutamente todo. Espero poder disfrutar de otro capítulo pronto y que me sorprenda tanto como los demás o más. Gracias por esto que haces, por persuadirme de la realidad unos minutos e introducirme en otra totalmente diferente. Gracias.

    ResponderEliminar