Me encontré con él tan pronto como las escenas habían terminado.
Los actores se arremolinaban aún en sus trajes. Profesores felicitaban a sus alumnos, y todos corrían hacia sus grupos, haciendo planes para el fin de semana. Todo el mundo parecía tranquilo y feliz, y me sentí como si el mundo se estuviera acabando. Caminar hacia Justin era como entrar en una habitación llena de gas mortal.
Pero lo hice de todos modos.
Por suerte, él no estaba hablando con nadie, simplemente comprobando algo en su teléfono. Estuve detrás de él durante unos momentos. Solo estar tan cerca de él me afectó. Realmente era como un veneno. Lo inhalé, y pude sentir como caían los muros y la protección que había construido.
No sé si hice ruido o si me sintió detrás de él pero se volvió y me miró. Por un segundo, pensé que iba a sonreír. Entonces su expresión cambió y estuvo en alerta. Como si no confiara en mí. Entonces su rostro estuvo en blanco.
Tuve todas estas emociones y recuerdos que empujaron contra mi, tratando de derramarse hacia el exterior. Parecía que no podía importarle menos.
Quería escupirle y correr, pero sabía que era una mala idea. No es exactamente normal advertir a tu profesor de que tal vez le habías contagiado mononucleosis.
—¿Podemos hablar en privado...? —le pregunté.
Miró alrededor de la habitación, y pude imaginar hacia donde se iban sus ojos. Hacia Eric probablemente. Tal vez hacia Cade. O Dom. A quien sea que estuviese mirando, se quedó allí concentrado mientras decía:
—No creo que sea una buena idea, Bliss.
Sí, me había quedado sin buenas ideas hace mucho tiempo.
—Solo será un momento —le prometí.
Me miró, por fin. Quería creer que vi sus ojos suavizarse un poco, pero lo podría haber imaginado.
Lo hice todo el tiempo. Todo lo que tenía que hacer era cerrar los ojos y podía verlo llegar hacia mí, sus labios a milímetros de los míos. Pero siempre... siempre abriría los ojos y no sería real.
Una mano se curvo alrededor de mi hombro, y me atrajo en un abrazo. Era Eric. Empezó a hablar, acerca de los ensayos y trajes y vacaciones de primavera, y más cosas que simplemente no tienen espacio en mi cabeza.
Miré a Justin, sonriendo a su jefe. Su sonrisa era tensa, de labios cerrados. ¿Cuando fue la última vez que vi esa sonrisa tan preciosa?
Tal vez no tenía que decirle nada. Quiero decir, ni si quiera estaba enferma.
Él no se había besado con nadie más de esa fiesta (esperaba). Y si no me ponía enferma, nunca tendría que decirle nada. Además, estaba claro que solo quería olvidar que nuestra pequeña aventura había pasado. Quiero decir, él había hablado de cambiar el trabajo por el amor. Y desde entonces, he cuidado de no mirarlo demasiado tiempo o estar de pie demasiado cerca o dar algún indicio de que no había superado esto más de lo que él lo había hecho. Debido a que tan mal como estaban las cosas, serían infinitamente peores si estuviéramos en esto juntos.
Sí. No le iba a decir nada. No había necesidad de mencionarlo. ¿Para qué? Yo ni siquiera sabía si mi herpes era contagioso en el tiempo en el que lo besé. Ni si quiera estaba enferma yo misma.
Me excusé, me despedí de Eric y Justin. Luego volví a fingir. Por lo menos mi educación estaba siendo sometida a algún uso, incluso si nunca podía hacer otra cosa con ella. Me enseñó a mentir.
***
El último día de clase, antes de las vacaciones de primavera, me desperté agotada y tan fría que me puse un suéter para la clase de Justin, aunque era primavera. Era bastante obvio, o debería haber sido, pero estaba tan preocupada por sobrevivir el día y llegar al descanso que hice a un lado mi inquietud.
Justin nos dejó salir temprano, pero no antes de decir:
—Lamento darles tareas para cuando vuelvan, chicos. Quiero un plan definitivo para lo que estarán haciendo el 23 de mayo, que para aquellos que están buscando el calendario es el día después de su graduación.
Dom rió detrás de mí. —¿Cuenta todavía estar ebrio por la noche anterior como un plan definitivo?
Ni si quiera tengo la energía para hacer rodar mis ojos.
—Veré a alguno de ustedes esta tarde en el ensayo, y para el resto, ¡tengan unas grandes vacaciones de primavera! ¡No sean arrestados o se casen o cualquiera de esas cosas! Disfruten del resto del día.
Creo que hubo aplausos, pero mi cabeza se sentía un poco borrosa.
Recogí mis cosas y decidí que no necesitaba ir al resto de mis clases de hoy. Debía ir a casa y tomar una siesta. Un siesta sonaba bien. Estaría bien después de dormir un poco más.
Me sentí mareada mientras me tambaleaba hacia la puerta.
No me había dado cuenta de que todo el mundo se había ido hasta que Justin y yo estábamos solos, y preguntó:
—¿Estás bien, Bliss?
Asentí con la cabeza. Mi cabeza se sentía como si estuviera llena de algodón.
—Solo estoy cansada —le dije. Estaba suficientemente lúcida como para asegurarme de que mi respuesta fuera cuidadosamente neutral, no necesitada o maliciosa. —Gracias, sin embargo, ¡ten unas buenas vacaciones! —Mi voz sonaba muy lejos, y llevé toda mi concentración para salir de la puerta y a mi coche.
El regreso a casa era un misterio. Había definitivamente conducido, pero no podía recordar las calles, y entonces estaba frente a mi casa, tan cerca de mi cama...
Quería caer directo en ella, pero mi necesidad neurótica de colgar un calendario al lado de mi cama, me recordó que tenía esta tarde ensayo. Puse una alarma a las 5 p.m. así tendría tiempo para preparar la cena antes, y puse otra para las 5:05 solo en caso de que accidentalmente se apagara la primera. Después, la cama se hundió a mi alrededor, y me estaba volviendo directa al olvido.
Minutos más tarde, el mundo estaba gritando y era tan fuerte que traté de presionar mis manos sobre mis oídos, pero ellos estaban muertos, sin vida a mi lado. Tragué saliva, y mi lengua sentía púas, mi garganta ardía como mis labios agrietados.
Rodar en la cama hacia un lado se sentía como mover montañas.
El reloj marcaba las 5:45 p.m.
Parpadeé y leí otra vez.
5:45 p.m.
El mundo seguía gritando y finalmente, finalmente levanté mis manos y empujé mi alarma hasta que el ruido se detuvo.
Tragué saliva de nuevo, pero mi lengua se sentía demasiado grande.
Mi saliva chamuscaba como ácido en su camino hacia abajo.
Aturdida, miré el reloj. Estaba fuera de tiempo. El ensayo comenzaba en quince minutos. De alguna manera... No sé como, de verdad... me empujé fuera de la cama. Mis piernas temblaban como si el suelo fuera un barco y debajo estuviese el mar. Había cosas que tenía que hacer... lo sabía, pero no podía pensar más allá de esa sensación persistente de que había algo que faltaba. Y tenía tanto frío, ¿dónde estaba mi abrigo?
Necesitaba mi abrigo.
Envuelta en las cosas más cálidas que pude encontrar, caminé hacia mi salita. El mundo se volvió por un segundo, como un niño que se niega a quedarse quieto. Saqué una mano por la ventana para comprobar si realmente hacía tanto frío o yo me estaba volviendo loca. Definitivamente yo me estaba volviendo loca. Mis pies se tambalearon pero no me caí, logré sostenerme, a duras penas, contra la pared. Me quedé mirando el suelo, estaba tan cansada. ¿Sería tan malo estar allí? ¿En el suelo?
Aunque, hacía tanto frío. Realmente debería entrar para acostarme... o hacerlo en mi coche. ¿Tenía tiempo para una siesta en mi coche?
Negué con la cabeza, tratando de despejar la niebla y algo terrible se sacudió alrededor de mi cráneo. Dolía. Y vaya si dolía. Lo pulsé con mis manos, tratando de entender porque, y tragué otra vez, lo que dolió, también. Todo dolía. Todo.
No pude resistir más. Estar de pie era demasiado duro. Estaba casi en el suelo, buscando, pensando en como el suelo sería caliente contra mi mejilla cuando algo me enganchó por detrás.
Parecía un pececillo que lo cogían de la cola fuera del agua.
Empecé a llorar porque mi cabeza estaba palpitando y mi garganta estaba tomando medidas drásticas como el hierro. Todavía quería mi abrigo, y no quería ser un pez, quería dormir.
Dormir.
Alguien me decía que estaba bien. El gancho se había ido, y mi almohada me abrazó una vez más, y debo haber estado soñando.
Durmiendo.
Dormir tal vez soñar.
***
Algo zumbó. Pensé en las abejas. Estaba volando entre abejas.
—... Está bien. No puedo decir cuán mal, pero definitivamente tiene fiebre. Mononucleosis, sí. ¿Debo llevarla al hospital? ¿Estás seguro? Sí. Bien. Sí. Adiós.
Tendí una mano hacia fuera. Había demasiadas palabras. Las abejas no deberíamos hablar. Eso no tenía sentido. ¿Dónde estoy?
—¿Dónde? —gemí, entonces—. Ay —porque todo todavía dolía incluso después de dormir. Mi mano encontró algo. O algo encontró mi mano. Y hacía calor. Y me estaba congelando. Suspiré. La calidez encontró mi mejilla y me empujó a hacerlo, con ganas de más.
—Tengo frío —le dije al calor.
Y entonces el calor contestó, bajo y suave: —No sé que hacer.
Agarré la calidez que me cogió la cara y pedí: —Más.
Entonces el calor se fue, a pesar de que traté de aguantar. El aire soplaba a mi lado, y estaba temblando, temblando, temblando. Lloré y sentí las lágrimas como ríos de hielo.
—Frío —le dije. Tragué saliva, pero se sentía aún peor que antes.
Odiaba esto. Quería que terminara. Por favor. Por favor.
Por favor.
—Por favor.
—Estoy aquí, amor. Espera.
El mundo se cayó, se inclinó hacia un lado, roto. Y me acunaba, llevándome con él, pero en vez de morir, caí en calor, sólido y fuerte. Me aferré a él, queriendo estar dentro de él, para dejar de temblar, hacer que todo se detenga.
Era el sol, y me sostuvo en sus brazos, me llamó por mi nombre, me tocó de la frente a los pies. Me quedé dormida acunada en el cielo en los brazos de una estrella.
***
Cuando me desperté después, mi cabeza estaba lo suficientemente clara para saber que estaba enferma. Tuve que respirar por la nariz porque mi garganta estaba demasiado hinchada, demasiado frágil para resistir el paso del aire. Mis músculos me dolían y mi estómago se sentía hueco.
Todavía tenía frío, pero no me congelaba. Descongelada. El sueño me llamó otra vez. Todavía estaba muy cansada.
Pero sabía, sabía lo que eso significaba.
Había conseguido mononucleosis después de todo.
Lo que significaba que tenía que decírselo a Justin. Pero eso podía esperar hasta que mi cabeza no se estuviese reventando y mis pulmones se sintieran completos y mi garganta no estuviese en llamas. Una vez que la fiebre cesara, lo llamaría.
Me moví, deseando que mis rodillas y mis codos y hombros solo dejaran de existir porque en este momento no eran nada, pero dolían. Y entonces, sabía que estaba soñando, que la fiebre había reorganizado mi cerebro porque Justin estaba allí debajo de mí, con el pecho desnudo como mi almohada. Era cruel, esta fiebre. Pero sabía que era solo porque había pensado en él. Probablemente estaba todavía soñando.
Tenía los ojos abiertos, mirándome fijamente, sin hablar, solo mirando,
No puede ser real.
—Me hubiera gustado que fueras real —lloriqueé, antes de dejarme ir otra vez.
Dormir.
Dormir.
***
Cuando me desperté otra vez, los escalofríos se habían detenido, y estaba sola. A pesar de que sabía que era un sueño, presioné mi cara en mi almohada, deseando que no se hubiese ido.
No me había dado cuenta, hasta ahora, o tal vez simplemente no lo había admitido, pero me estaba enamorando de Justin. Tal vez nunca había dejado de enamorarme. Cada recuerdo y fantasía me llevó más profundamente a desearlo. Aunque todavía agotada, esta vez tenía que trabajar para caer otra vez en el sueño.
—Bliss, despierta.
No había pasado el tiempo en absoluto. Tiene que ser un sueño.
—Tienes que beber algo. Despierta.
Traté de darle la espalda, arrastrarme más profundamente en el sueño, pero algo tiró contra mí, y estaba sentada en contra de mi voluntad. Algo empujó mi espalda, negándose a dejar que me acostara, por lo que en lugar de eso me incliné hacia un lado.
Mi cabeza se encontró con algo sólido. No estaba recostada, pero estaba lo suficientemente cerca. Cerré los ojos.
—Oh, no, no. Primero bebe. Entonces puedes dormir.
Estaba durmiendo. Al menos, pensaba lo que hacía. Debe haber sido porque de la nada apareció una taza en mi mano. Estaba caliente, casi tan caliente como las otras manos envueltas alrededor de la mía.
Olía maravilloso, y dejé la copa tirarse a mis labios.
Sopa.
De fideos de pollo, tal vez. Tenía un sabor salado y caliente, pero era demasiado difícil tragar. Empujé la taza lejos.
—Por favor, amor. Estoy preocupado por ti. No me gusta tener que preocuparme por ti.
Conocía esas palabras, y era cruel de mi subconsciente repetírmelas de nuevo ahora, cuando él no estaba preocupado en absoluto. Levanté la mirada, y allí estaba él, quizás incluso más perfecto en mi estado de sueño que en la vida real. Él era el sol. Él siempre había sido el sol parpadeante y brillante.
Esto era demasiado. Me dolía por dentro y por fuera.
—Te echo de menos —le dije a mi sol—. Fui tan estúpida. Y ahora he perdido la luz.
Él no dijo que me echaba de menos también. No dijo nada de lo que quería de él. Él me dijo: —Bebe, Bliss. Hablaremos cuando estés bien.
Hice lo que me pidió, porque estaba demasiado cansada para luchar, demasiado cansada para hacerle frente a la irrealidad. Poco a poco, di un sorbo, inclinando mi cabeza hacia atrás y dejando que el líquido resbalara por la garganta, así no tenía que trabajar tan duro para tragar. A mitad de la copa, ya no podía más. Lo empujé y él me dejó.
—Ahora puedes dormir. Duerme, amor.
Caí hacia atrás contra las almohadas, pero fui capturada por otra cosa, por el miedo. Temía perder este... este espacio onírico entre el mundo en el que no se había arruinado todo. Tal vez Cade llegaría después, y Kelsey. Y por un poco de tiempo, mi vida podría ser simple otra vez.
El Justin de mi sueño pasó una mano por mi frente.
—Creo que la fiebre ya casi ha desaparecido. Eso es bueno. Tienes que sentirte mucho mejor por la mañana.
Fruncí el ceño.
—Eso significa que tendré que llamarte pronto.
—¿Llamarme?
—Para decirte que te puedes poner enfermo, también.
Tenía la cabeza inclinada hacia un lado. ¿Por qué no entiende lo que le digo?
—¿No crees que ya lo sé?
—No eres tú. No eres real.
—¿No lo soy?
—El Justin real no estaría aquí. —Me acurruqué en mi almohada, deseando que este sueño se detuviera.
No era agradable ya. No era real. No éramos nada el uno al otro... ya no.
Pero el Justin del sueño, se quedó allí, con la mano en mi pelo, y me dejé creer, por un poco más de tiempo.
COMO REALMENTE SEA UN SUENO TE JURO POR DIOS QUE TE MATO. OSEA COMO TE CARGUES EL MOMENTO MORIRÁS.TE ESTOY ADVIRTIENDO POR LAS BUENAS, BUENO.
ResponderEliminarSiento no haber leído antes ni comentado pero tía estoy hasta el mismísimo de exámenes y super agobiada, e incluso ahora me tengo que ir a estudiar y me da rabia no tener tiempo para un comentario acorde al capitulo.
A ver tia, es que lo primero es aclarar lo de aquella llamada de Justin, porque si no, no hacemos nada, lo segundo es que se BESEN, o sea cuando pase la enfermedad pero NECESITO UN PUTO BESO, por fi.
Bueno y después , no se, que se vayan juntos a algún sitio, que sean una pareja normal y todo eso.
Aish, siento esta mierdacomentario pero HISTORIA ME RECLAMA.
UN BESITO AMOR.