martes, 1 de octubre de 2013

First Love. Capítulo 18.

La simplicidad de la noche anterior había desaparecido para la mañana del viernes. Cade no estaba enfadado en sí, aunque tampoco, realmente, no estaba mucho en nada. No me hablaba en la sala de espera, y tampoco se sentaba a mi lado. Cuando me unía a una conversación, él la dejaba. Yo era un hábito, y él parecía estar dejándolo. 

La sonrisa de Justin en la preparación para los de último grado, me ayudó. Habíamos usado los ordenadores del aula de diseño durante el día, para investigar sobre los postgrados, otros las prácticas. Kelsey buscaba billetes de avión y hoteles en ciudades alrededor del mundo al azar. 

Yo miraba la página principal del buscador. 

Unas manos se curvaron alrededor del respaldo de mi silla, y el cuerpo de Justin se inclinó hacia mí. La proximidad era del todo una distracción. 

—¿En qué estás pensando, Bliss? 

Debería haber dicho, tú. Desnudo. Eso lo hubiera sorprendido. No es que estuviera pensando en él desnudo... Bueno, ahora que lo mencioné... Demonios. 

Como dije, una distracción. 

Sacudí mi cabeza porque no tenía una respuesta, al menos una que pudiera decir en voz alta. Él caminó a mi lado y se inclinó sobre la mesa, mirándome. 

—¿Actuación o Dirección escénica? —La mirada que fijó en mí se sentía muy personal en aquella aula llena de mis compañeros de clase, incluso cuando ninguno de ellos estaba mirando, bueno, a no ser por Kelsey. Ella nos miraba cada vez que Justin se me acercaba, lo cual me recordaba que debíamos ser cuidadosos. 
—No lo sé —murmuré. 
—De acuerdo, ¿qué tal una ciudad? Puedes comenzar a buscar apartamentos. Eso es ciertamente algo en lo que tienes que pensar, especialmente si vas a ir a Nueva York. 

Contemplé el cuadro de búsqueda de la página. Se estaba burlando de mí. 

—No puedo permitirme ir a Nueva York —contesté. 
—Está bien. La mayoría de las personas no pueden. Hay montones de mercados regionales que puedes considerar. Filadelfia. —Me giré abruptamente para mirarlo. ¿Me estaba diciendo que buscara en Filadelfia? ¿Dónde él vivía? ¿Intentaba decirme algo o yo estaba leyendo demasiado en sus palabras? Su rostro estaba inexpresivo cuando continuó: —Tanto Dallas como Houston tienen una cantidad razonable de trabajo. Chicago. Seattle. Boston. DC. En realidad hay muchos dónde elegir. —Me di la vuelta hacia el ordenador, mi corazón seguía todavía latiendo demasiado rápido. Sin duda estaba leyendo entre líneas. No era como si nuestra relación fuera seria. Habíamos pasado la noche abrazados en mi sofá. Eso no significaba que estábamos juntos o que tuviera que mudarme al otro lado del mundo con él. —Sólo explora, busca algo para comenzar —dijo, antes de dejarme para seguir caminando alrededor de la habitación. 

Coloqué mis dedos sobre el teclado pero se sentían como plomo, pesaban demasiado para moverlos. Me quedé mirando la tecla ''P''. Podía ver a Kelsey mirándome por el rabillo del ojo, y aunque me moría de curiosidad por buscar en Filadelfia, sólo escribí ''Prácticas para Dirección de Escenografía'' en el buscador. 

Luego entré en un sitio tras otro, mirando el reloj de la esquina de la pantalla, dándole fuerza de voluntad a los números para que se movieran con más rapidez. 

Cuando la clase terminó, mi alivio duró poco. 

La lista de elenco había sido publicada. 

Todavía era Fedra, lo cual era bueno. ¿Qué tan embarazoso hubiese sido si Eric hubiera cambiado de opinión? Kelsey había obtenido Afrodita, como quería. Rusty un soldado, como había predicho. 

Y Cade era Hipólito.     

***

Esa noche llamé a la puerta de Justin, nerviosa, a pesar de nuestro acuerdo de tomar las cosas con calma. No habíamos hablado sobre hacer algo esta noche, realmente, y a pesar de nuestra tenue relación, todavía teníamos que intercambiar números. Así que esperaba no parecer necesitada al buscarlo por segunda noche consecutiva. Hamlet, definitivamente, estaba contenta de tenerme fuera del apartamento. Todavía no coexistíamos muy bien. 

Mi preocupación disminuyó cuando abrió la puerta y dijo: —Oh, gracias a Dios. He estado pensando si debería ir a tu apartamento durante una hora, pero temía que tocara a tu puerta y tuvieras invitados o algo. 

Me reí. 

—Entonces, deberíamos darnos los números. 
Él contestó: —¿Vas a ponerme bajo un nombre secreto para que nadie sepa quien soy yo cuando te envíe cosas guarras? 

Mis ojos se abrieron ampliamente. 

—¿Planeas enviarme mensajes de ese tipo? 

Sus ojos bailaron divertidos, y esa deslumbrante sonrisa suya estaba de nuevo en su rostro. 

—No lo estoy descartando. 

Oh. Oh. Mis nervios salieron disparados. 

Cogió mi mano y me dirigió hacia su sala de estar, donde un libro abierto descansaba sobre el sofá. Era poesía, claro, porque era perfecto, y estaba tristemente fuera de mi alcance. Marcó la página, y puso la colección sobre una pila de libros al final del sofá. 

Se estiró y entrelazó nuestros dedos en la distancia entre nosotros. Quería recostarme sobre él, enredarme en sus brazos y no moverme de allí hasta que tuviera que hacerlo, pero todavía me sentía un poco extraña si hacía eso por mi sola. ¿Estábamos ya en esa parte de la relación donde podía simplemente hacerlo? ¿O todavía teníamos camino que recorrer para eso? 

—Entonces, ¿la lista de elenco? —preguntó. Me quejé y me recosté en el respaldo de su sofá—. No está tan mal, ¿no? 
—Eso depende de si Cade me hablará para cuando empiecen los ensayos en dos semanas o no. 

No tuve que preocuparme por facilitarme la postura, ya que Justin no tuvo reparos para atraerme hacia él. Mi cabeza cabía perfectamente en la curva de su hombro. 

—Cade parece ser un tipo razonable. Estoy seguro de que después de un tiempo en que lo procese, todo estará mejor. 

Asentí, esperando que tuviera razón, aunque no estaba muy segura. Cade era razonable. El problema era... que la razón probablemente le dijo que se mantuviera alejado de mí, si no quería que su corazón fuera pisoteado. Y tal vez, eso fuera lo mejor. 

Él merecía a alguien mejor. 

—De acuerdo —dijo Justin—. Ya basta con eso. No me gusta esa mirada triste que tienes. Por desgracia, nuestras opciones durante la noche son ilimitadas, ya que no podemos salir a ninguna parte. Así que, ¿qué tal una película? 

Coloqué una sonrisa en mi rostro. Cuando él sonrió de regreso, me costó mucho menos mantenerla allí. 

—Una película suena bien. 

Elogió algo divertido, probablemente en un intento de animarme un poco. Luego, apagó la luces y se me unió en el sofá. Cuando los créditos de apertura comenzaron, se recostó y me atrajo hacia él. Se encontraba estirado en el sofá sobre su espalda, y yo estaba sobre mi lado, instalada entre el respaldo del sofá y él. Vacilé por un momento antes de colocar mi cabeza en su pecho. 

Intenté mirar la película, de verdad que lo hice, pero era difícil concentrarse con sus tranquilas y continuas respiraciones alborotando mi pelo, y su mano acariciando mi espalda de arriba hacia abajo. Estaba entre seductivo y cosquilloso. Era increíblemente consciente de que, de vez en cuando, su dedo continuaba un poco más abajo por mi espalda, hasta el pequeño pedazo de piel que estaba el descubierto entre el final de mi camiseta y la cinturilla de mis pantalones cortos. Se quedaba allí durante un vacío segundo antes de volver a mi espalda. Entonces, su dedo viajaba hasta la piel descubierta de mi nuca, donde me hacía tener que reprimir un gemido. Miré rápidamente a su rostro, pero estaba concentrado en la película, completamente inconsciente de la locura a la cual me estaba llevando. 

Finalmente, decidí que era tiempo de que tuviera una dosis de los que yo estaba sintiendo. Desarmé el puño que descansaba sobre su pecho, presionando levemente la punta de mis dedos en él. Comencé por delinear el diseño abstracto de su camiseta, algo que supuse que era de una banda. Una vez hice eso, mantuve mis manos deslizándose por su pecho, por la curva de uno de sus pectorales, bajando por su esternón hasta su duro estómago, haciendo un camino de vuelta por su pecho hacia los músculos extendidos desde su hombro hasta sus bíceps. Cuando mi mano imitó uno de sus movimientos, apenas deslizándose a lo largo del dobladillo de su camisa, la mano que mantenía en mi espalda se congeló. 

De alguna manera, ese hecho me puso todavía más nerviosa. 

Sintiéndome un poco más valiente, volví al dobladillo, empujé mis dedos hacia arriba y debajo de la camisa, usando mis uñas para aplicar el más suave de los toques en su piel. La mano detrás de mí se movió, reptando sobre mi espalda, mi cuello, hasta mi pelo. La mano de mi pelo se tensó, no lo suficiente para doler, sólo para inclinar mi cabeza ligeramente hacia atrás. 

Él me miró, sin ningún rastro de su sonrisa juguetona, con sus marrones ojos luciendo completamente negros en la oscura habitación. Estos danzaron por mi rostro, parpadeando con más frecuencia entre mis ojos y mis labios. La anticipación me estaba matando, así que clavé mis dedos en su piel. Su respiración ya no estaba tan estable, pero siguió simplemente mirándome. Relamí mis labios, y sus ojos contemplaron ese lugar por más tiempo, tanto que el calor se estaba agrupando entre mis piernas a causa de solamente la anticipación, haciendo que me retorciera, intentando aliviar la presión. 

Cuando levanté mi pierna y la enredé con la suya, finalmente se puso en acción. 

La mano en mi pelo me inclinó hacia adelante, pero me detuvo a mitad del camino. 

Toda la anticipación de esos diez minutos, se concentró en el momento en que nuestros labios se encontraron. 

La conexión era demasiado pequeña para atraer fuegos artificiales a mi mente, pero se le acercaba. Era como la emoción de sostener una bengala; esa emoción que sientes cuando las chispas se acercan cada vez más a tu mano. 

Su boca se mantuvo cerca, y a pesar de haberlo probado varias veces antes, el misterio me estaba matando. 

Se sentía como el primer beso. 

Se echó hacia atrás y apoyó su frente en la mía. 

—Gracias —dijo. 

¿Gracias? ¿Fue como un, gracias, pero no gracias? ¿Gracias, pero estoy mirando una película, déjame en paz? 

—¿Por?
—Por darle una oportunidad a esto. Sé que estabas, probablemente estás, asustada. Pero acabas de hacer mi vida inmensamente mejor. 

No sé si por ser un actor lo había hecho tan honesto, sin miedo a ser vulnerable, o si simplemente era quien él era. Deseaba poder hacer lo mismo, pero eso no era quien yo era. 

—¿Puedo hacerte una pregunta? 

La mano que había estado en mi pelo, hizo el camino hacia mi mandíbula. 

—Claro —respondió.
—¿Por qué aceptaste este trabajo? No es que no me alegre que estés aquí, pero tu mismo dijiste que eras miserable. 
—Ya no lo soy... —se inclinó, y me besó otra vez, zumbando cuando presionó sus labios contra los míos. No se me ocurrió que no había respondido a mi pregunta, pero no me importó lo suficiente para dejar de besarlo, especialmente cuando su boca finalmente se abrió y probé su dulce y mentolado aliento, mezclándose con el mío. 

Su lengua se deslizó con la mía, y mi mano debajo de su camisa volvió a la vida, cerrándose contra su lado, atrayéndolo hasta que mi pelvis hizo presión contra su cadera. El beso era relajado y divino, pero demasiado lento, lento, lento. 

Quería más. Quería que nuestro cuerpos se sofocaran, nuestros labios se aplastaran, no esta burla suavidad. No quería perder el contacto con su piel, pero quería tomar el control. Mi otra mano estaba atrapada debajo de mí, sosteniéndome. Así que saqué mi mano de su camisa, y la coloqué en su rostro. Lo atraje más cerca e intenté cambiar el ritmo. 

Él lo permitió durante un momento, nuestro labios se movían con rapidez, con el aire escapando cuando inclinábamos nuestras cabezas y nuestras bocas batallaban entre ellas. Y Dios, me sentía en las nubes. Continué atrayéndolo, insatisfecha, sintiendo que no estaba lo bastante cerca, hasta que él se inclinó hacia arriba y giró sobre su lado para estar frente a mí. Un suspiro de éxito se escapó de mi boca, entonces cogió la mano que tenía en su rostro y la empujó lejos, hasta que estuvo atrapada detrás de mí, la sostuvo allí, presionada contra mi espalda baja con su mano. 

Entonces otra vez, se recostó, cambiando el ritmo, rozando mis labios, lentamente, suavemente. Era enloquecedor. Intenté inclinarme hacia él, pero me sostuvo con más fuerza, reteniéndome, tomándose su tiempo. Gruñí con frustración. 

Y él sonrió. 

—¿Qué sucede, cariño? 

Cualquier cantidad de palabras podrían haber salido de mi boca, algunas de ella incoherentes, la mayoría de ella no muy agradables. 

Afortunadamente, las que me arreglé para soltar era exactamente a lo que quería referirme. 

—Demasiado despacio —gemí. 

En realidad, estaba lloriqueando. 

—Te dije que podía tomármelo con calma —respondió.
—Idiota. —Es en realidad era la palabra más agradable que estaba pasando por mi cabeza. Él ni siquiera tenía la decencia de parecer preocupado. Simplemente se rió. Me retorcí, tratando de liberar mi brazo, y él intentó sosegarme con un beso, este un poco más profundo, más satisfactorio que el anterior. Y justo cuando estaba olvidando porque había estado tan frustrada antes, volvió a alejarse. 

Era absurdo, pero de verdad sentí que podía llorar. Sus besos se arrastraron a través de mi mandíbula hasta ese lugar debajo de mi oreja que hace que cada parte tensa de mi cuerpo se vuelva blanda. 

—No intentaba ser inteligente —suspiró—. Sólo intentaba darte lo que quieres. Es duro cuando me dejo llevar, cuando te beso como quiero. Porque en todo lo que pienso cuando lo hago, es en el sabor de tu piel, y lo mucho que me gustaría volver a probarla. —Su boca quemó mi cuello. Sus dientes rozaron mi piel, y por impulso, mi cadera se lanzó hacia adelante, apenas haciendo contacto con él. Gimió en respuesta, sus suspiros volviéndose bruscos y perdiendo su suavidad—. Recuerdo el peso de tu pecho en mi mano, y la forma en la que reaccionaste con mis dedos dentro de ti. —Mordí mi labio combatiendo el gemido que crecía en mi garganta. Quería sus manos en mí. Quería que nuestras ropas no estuvieran—. Pienso en tu cuerpo bajo el mío. Pienso en estar dentro de ti. Pienso en ello, y me consume. E ir despacio, es la última idea que cruza por mi mente. —Lo perdí. No pude retener el gemido, y me sentí como si fuera a hacerme pedazos sólo con sus palabras—. Así que tengo que besarte lentamente. A no ser que hayas cambiado de idea, ¿lo has hecho? ¿has cambiado de idea? 

¡SÍ! POR FAVOR, OH DIOS, SÍ. 

Esto era una tortura. 

Pero la razón se desplegó en el fondo de mi mente, tomando control de todo, manteniéndome con los pies en la tierra. ¿Qué pasaba si intentábamos tener sexo y me asustaba otra vez, y lo arruinaba todo? 

 —No, no he cambiado de idea —dije. Entonces agregué—: Idiota. 

Porque aquello era una tortura, y por la sonrisa en su rostro, él lo sabía. 

—Hmmm... entonces iremos despacio. 

1 comentario:

  1. OH MY GOD.
    No se si matarte por que no han hecho nada mas, o si adorarte por subir capitulo y por esta escena que me has regalado que es tan sumamente bonita y perfecta y mimosa, y eso es lo que yo necesito leer cositas mimosas.
    Es que después de una tarde de estudio, llego y leo esto y pues me hace sonreír y me alegra el resto de día, me voy a la cama con una pequeña sonrisas y contenta por haber leído un poco mas de esta historia que me tiene en las nubes.
    Tu amaras mis comentarios, pero es que yo amo tu novela, por que es demasiado perfecta.
    Lo de Philladelphia es obvio que es una indirecta, pero seguro que como eres cruel, harás que ella se vaya a Nueva York y oh maldita distancia, entonces te pegare.
    Mira yo es que de ti sacaba a Cade de Hipolito y ponía mejor a Justin, que el haga el papel. JAJAJAJAJAJAJA OCNO.
    A mi el chiquillo no me cae mal, pero es que no me gusta que sienta eso por Bliss, ella es del Justino.
    Luego esta Kels, es la puta ama, en serio. Yo es que me identifico con ella en lo cotilla que es y en todas esas cosas.
    Para mi Bliss y Kels son como mi mejor amiga y yo, seriously.
    Una vez mas te has superado a ti misma, y me has dejado con ganas de mas.
    Siento la mierda de comentario pero estoy reventada.
    SIGUIENTE Y LOVE U.

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